5. Anayet. De ocres , de cielos, de lagos…cuando los reflejos brillan en tu interior. La Leyenda de la hija de Anayet.

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No sé cuándo, ni cómo…, sólo sé de esa imagen del Pic Du Midi mirándose en los lagos de Anayet, de esa cumbre entre roja y oscura que se elevaba por dos veces destellándose en reflejos preñados de historias y sueños…,que pude ver en Facebook en algún momento…

 

Y cuando estaba en el refugio de Respomuso y a pesar de emborracharme de cimas, cielos, rocas y sueños en ibones,… no podía quitarme de mi cabeza esa imagen embelesadora de la paz en los prados e ibones del Anayet, tenía que ir allí a conocerlo

Tras dejar a mi querido amigo Luis en Sallent de Gállego me encaminé a un hotel viejo y desvencijado en Tramacastilla de Tena, allí pude disfrutar del ocaso otoñal bañado de ocres y dorados sobre los tejados del encantador pueblo en el Valle de Tena.

 

Me acosté temprano y me levanté al alba, quería estar pronto en el Anayet, el sábado no era el mejor día, pero era lo que tenía…

Llegué a las nueve de la mañana al aparcamiento de las pistas de esquí del Anayet como me habían explicado varias veces, donde estaba la valla cerrada, así que hay poco más de 2 Km de asfalto antes de  andar por senda, no es agradable cuando calzas botas.

 

Allí en el aparcamiento, que ya estaba completo, crucé unas palabras con una pareja y su perro, que apretaron el paso y se fueron disipando en la carretera, yo quería disfrutar cada bocanada de mi Anayet, con Sosiego y recogimiento.

Comencé a andar tratando de evitar el asfalto, que tanto nos disgusta a los montañeros, pero al rato estaba sumido en mis pensamientos, Maese Viento me prometió que me contaría una vez más, historias junto a un lago, esta vez me volvía a tener  intrigado, aunque allí rodeado de tanta belleza no haría falta mucho para sentir…

Sin darme cuenta estaba ya fuera del asfalto, pasé las instalaciones de esquí que tanto disgustan a mi vista, aunque puedan ser necesarias…, y desde aquí las señales de la GR-11 que tanto ha marcado mi vida en Pirineos, me van indicando que tengo que cruzar un arroyo para subir por La Garganta, con el susurro líquido de testigo de mi paso.

 

Levemente asciendo por mi camino tocado de suave prado, hasta que encuentro un pequeño bosque encantado de color…

 

Se va empinando la Garganta y el sol también, me han pasado algunos senderistas, no tengo prisa. Llego arriba, contengo el aliento…

 Estoy en mi prado soñado, algo deslucido de verde, es real, Anayet está frente a mí, y su vértice prendado de rojo ocre, me atrapa  la vista.

Me voy acercando a los Ibones del Anayet, buscando con ansia sus reflejos…, una enorme paz me invade, mis sentidos se quieren percatar de lo que tienen delante, pero no pueden, ando sin andar, piso sin ver donde lo hago, pues mis ojos están fijos, en cada recodo  de las orillas que se mojan sosegadamente en mi alma, impregnándome profundamente de esa esencia, de esa materia,… con la que se hacen los sueños.

 

·       Y el silencio llenará tus oídos de paz y plenitud, humano. Hoy has venido acompañado de tu soledad. Esa a la que tanto teméis…

·       Maese Viento, yo nunca estoy sólo, siempre te encuentro cuando te busco…, escuchándote en mi interior…

·       Entonces, quieres  oír a los Ibones preñados de reflejos, no es cuestión de pensar, sólo de sentir…

·       Siempre quiero, Maese, por eso he venido.

·       Pues sabrás que esto no era así hace tiempo, el pico Anayet era bastante más grande…

·       Maese, así que me vas a hablar del Anayet…

·       No exactamente, humano.

·       No te entiendo Maese,  una vez más, qué me quieres decir…

·       Calla, humano, si hablas no escuchas. Te contaré la historia de Culibillas, la hija de Anayet. Que habitó estos lugares en otro tiempo…

            La historia de Culibillas. La hija de Anayet.

 

«Humano  que crees conocerme, que crees saber quién soy,…pero no lo sabes,…no tienes ni idea.

Crees que Yo soy quien silva en la reja de tu ventana, quien roza tus cabellos, quien te corta  la cara en la fría mañana,…el viento.

No, crees erróneamente, estás equivocado, Yo soy mucho más, mucho más que el simple viento.

 Soy aquel que seca tus lágrimas…, cuando te afliges,

soy aquel que sostiene tus risas…, y las lleva a otros oídos,

  soy aquel que te arranca los suspiros,… cuando sueñas.

 Pues todo lo sé de ti, en tu sangre viajo y en tus células, habito, …silenciosamente, sigilosamente, sin que lo sepas.

Siempre he estado desde el principio en Madre Tierra, y conozco a cada uno de vosotros…

Y de todo lo que ocurre soy testigo,…humano, escucha, si quieres escuchar, pues tienes oídos y no sabes dónde están, mira, si puedes ver, pues tienes ojos y en tu cara no se hallan…

Acércate conmigo, y serás testigo de lo que ocurrió hace mucho tiempo en esas tierras de lo que  llamáis Formigal, mucho antes de que la historia humana se escribiera, tal y cómo la creéis conocer…

La noche era clara, las estrellas brillaban en lo alto, el silencio llenaba la llanura, Luna  miraba pletórica en lo alto del firmamento, llena y plateada, conocedora de que algo extraordinario iba a ocurrir…

De repente, un unicornio blanco apareció, y descendió  junto al Ibón encaminándose hacia la cabaña, empezó a llover del cielo partículas, eran plateadas, muy finas, parecían de nieve, pero no lo eran, provenían de luna,…de repente un llanto quebró el silencio de la noche, un llanto fuerte, un llanto vital, el de un recién nacido.

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De la cabaña salió un hombre, en sus brazos llevaba al recién nacido, era una niña, hermosa, sana, de pelo rubio, el hombre la elevó sobre sus hombros, mientras las partículas de Luna la tocaban, la acariciaban…,  entonces el Unicornio se acercó y se puso a lamer la sangre de la piel del bebé…»

Estoy buscando la laguna pequeña, en la que se refleja la imagen del Pic Du Midi, saco el mapa y miro, es un poco más abajo y a la derecha, unos metros y me topo de bruces con ella…, es un sitio único, sobrecogedor…

 

Fotos y fotos, he disfrutado de los Ibones y sus reflejos como nunca, la soledad es buena compañía…a veces.

Me he cruzado con un grupo de senderistas que me han preguntado si es fácil subir al Pico de Anayet, al mismo tiempo que me ofrecían un trozo de queso, como buen ratón, he aceptado las dos cosas, mi explicación entre bocado a queso y queso decía “la subida hasta la cuerda es sencilla, una vez allí es un sendero que  si vas a la derecha está el Pico Anayet, que es algo más complicado pues tiene un paso de cadenas en roca, que para quien no esté habituado puede dar algo de reparo, en cambio si vas a la izquierda encuentras el Vértice del Anayet que es vereda  y no tiene dificultad para un senderista…”

Creo que no se quedaron muy convencidos de lo de la cadena y no subirán, yo me voy para allá…

 En seguida tomo un camino rojo en el prado y a medida que me acerco al Anayet empiezo a ver que no estaba tan sólo como creía, me empiezan a adelantar más y más senderistas en un paisaje lleno de grandes rocas desprendidas…

 

Hay una pequeña subida entre los rojos ocres de la roca de la falda del Anayet, llego a la cuerda entre el Pico y el vértice, me voy primero al Pico  como me aconsejaron, estoy rodeado de muchos senderistas que pugnan por subir, el sendero llega hasta un rellano rojo, desde aquí se ven las cadenas, situadas tras pasar otra zona roja desgastada de ocre, baja mucha gente…, es increíble lo sólo que estuve en los ibones…

 

Cruzo con cuidado la zona ocre, el problema son los desprendimientos de los que bajan…,¡He olvidado el casco!, qué descuido…,en el maletero de mi coche no caerán piedras…

Llego a la famosa zona de las cadenas, allí la roca es bastante lisa y hay un trozo muy vertical, espero que baje una familia francesa que tiene poca soltura en montaña, luego unos españoles y entonces subo tranquilamente, el primer tramo es el más vertical, pero la cadena es un buen agarre, luego es  muy sencillo pues avanzas en horizontal y la cadena es un quitamiedos, y sin darme cuenta he pasado…,estoy un poco decepcionado, esperaba un tramo más largo y complicado de las cadenas, me he divertido un poco, después del Balaitous necesitaría más caña…

 

En poco de las cadenas te encuentras el último tramo de subida vertical por una chimenea muy erosionada, es peligrosa por la caída de piedras, me estoy acordando de mi casco, que lo paseé por todo el Pirineo y hoy está castigado en un maletero…

Espero de nuevo que bajen, y cuando no escucho que lo hace nadie subo, me doy prisa, es trepada fácil, un giro a la derecha y estoy en lo alto…, la cima del  Pico Anayet.

En ella hay cerca de veinte personas, intercambio impresiones con algunos y conozco una pareja Donostiarra, Alberto y Rosa, son muy agradables y Alberto me explica todos los picos y me hacen unas fotos con el Midi de fondo…

 

 

Espero que bajen todos para quedarme sólo, necesito un poco de aire…

 

 

«Culibillas era una niña especial, diferente, su rostro plácido radiaba de su mirada comprensiva  y  su voz era fresca, como el rumor de un arroyo de montaña. Ella era la hija de Anayet y de Arafita, su padre, el señor de las montañas de ese rincón del Pirineo, no era un hombre rico, no poseía grandes cosas, pero  no necesitaba más, el amor por su esposa y su hija le llenaba  y era muy querido por los miembros de la comunidad a la que dirigía.

No eran tiempos fáciles, tras la muerte de Las Tres Sorores, el dolor y la destrucción se había adueñado de los humanos en  las montañas, que vivían en conflicto continuo y no existía la paz, se formaron comunidades   para defenderse del ataque de los señores de la guerra, los que dominaban y llenaban las tierras de hambre y muertos, los mismos que os gobiernan  ahora disfrazados en otros roles…, sois necios los humanos, y siempre lo seréis.

Olivier, el genio maligno que destruyó a las Tres Sorores, se perpetuó entre los humanos, con sus enseñanzas de codicia y odio, se encargaba de dirigir a los humanos disfrazándose  y cambiando de forma continuamente, regiendo el destino de los humanos en su reino continuo de conflicto y dolor…

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Culibillas  tenía una sensibilidad especial que le hacía entender a todos los seres vivos de la montaña, especialmente los más pequeños. Su padre era sabedor de que no era una niña como todas las demás, y que Luna, madre de todos los seres mágicos, la había ungido al nacer…

La vida pasaba apaciblemente desde hacía años, pues Balaitous el señor de la guerra de aquel rincón de las montañas, aceptaba tributos de la comunidad de Anayet, a cambio de no usar la fuerza, pues su caballería no tenía competencia en ningún lugar cercano.

Un buen día estaba Culibillas observando a las hormigas blancas, pues eran sus seres favoritos, de repente escuchó una voz que le hablaba…

Miró en todas las direcciones, y no veía a nadie…

  • Culibillas, hija de Madre Luna, Culibillas, mira con tu corazón y no con tus ojos…

Culibillas se sonrió, y se agachó aún más hasta tumbarse en el suelo…

  • Pero si es una hormiga que habla, qué alegría, escucharte, querida amiguita…,¿quién sois?, pues sabéis mi nombre.

  • Yo soy Farmica la reina de las hormigas blancas, yo velo por su seguridad, las aconsejo y guío pues son todas hijas mías…

  • ¡Todas hijas tuyas!, pues mucho trabajo tienes, con tanta hija. Mi madre dice que voy a acabar con ella y eso que soy única. Dijo riendo Culibillas con sus dientes blancos.

  • Pues más hijas tiene Madre Luna, ella cuida de todos los seres mágicos, los humanos no podéis verlos, normalmente. Pero hay personas que si pueden hacerlo, por eso me estás viendo ahora mismo…, Culibillas tienes un Don, y un día tendrás que usarlo…

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Desde aquel día, Culibillas y Farmica se hicieron amigas, e iba siempre que podía al encuentro de   Farmica , que con su sabiduría le iba enseñando muchas cosas, le contó que ellas  llamaban Formigal a su hogar  y que las hormigas blancas cuidaban de la blancura de las nieves de las cumbres, y para ello en las noches de Luna llena recorrían la nieve buscando sustento y manteniendo limpias las montañas…»

Alberto y Rosa han salido para el vértice, yo iré después, me percato de que nadie sube por la chimenea, dejo pasar a dos parejas que suben, y empiezo a bajar, estoy muy tenso, bajo con mucho cuidado, una piedra puede matar a alguien abajo…

 Llegué a la cadena, hay un guía con tres muchachas aseguradas a la cadena, les va a llevar un buen rato, así que les pido permiso y las rebaso después de esperar un rato.

Bajar en seco, es fácil, y el tramo vertical, mejor hacerlo tipo bombero descolgándote en la cadena…

 

Llego de nuevo a la zona ocre,  y luego a la explanada, me vuelvo a encontrar con Rosa y Alberto, vamos juntos al vértice del geodésico, todo  empapado  y calado de rojo volcán, es precioso…

 Bajan muchos senderistas, pero cada vez hay menos, son cerca de las tres, el sol empieza a descender hacia el oeste, dejando más nítida la imagen de los picos de la zona de Respomuso, muchos de ellos los subí todos estos días, se me mezclan sentimientos de gozo, con los de pena por lo ya  terminado…, y el rojo melancolía se va adueñando de mis ojos entornados por el sol…

A medida que nos separamos del Pico Anayet, su mole cilíndrica se va recortando en el cielo mientras a lo lejos el Midi se asoma, y se resiste a perder el protagonismo al que está acostumbrado…

 

Mis pasos pisan en rojo ocre, mis ojos tocan rojo, mis pensamientos se tiñen del fuerte color de la ladera del geodésico, en muy poco estamos en él.

 Posamos los tres en una foto que nos hace un francés muy simpático de edad avanzada, cazando en la instantánea a su señora…

 

En ese momento llega una pareja joven con la que me había cruzado al bajar del Pico, son Amaia y Asier, dos donostiarras que derrochan vitalidad, energía y sencillez, se quedan hablando con Rosa y Alberto, me separo un poco a respirar…

«Era por entonces primavera, Culibillas estaba sentada bajo un gran pino, escuchando la voz de un arroyo que le contaba historias de lo que  ven  las gotas de agua al caer, antes de convertirse en copos de nieve. Los humanos no tenéis ni idea de las cosas que os rodean y os perdéis continuamente con vuestra forma de vida, sois necios los humanos…

De repente escuchó unos pasos en el bosque y sintió una presencia, dulce, grata, entrañable, se giró sobre sí misma y de frente se lo encontró…

Era un unicornio, blanco e inmaculado como la nieve, estaba quieto delante de  ella, le miraba con la paz que sólo tienen los seres mágicos, y sin pensarlo lo tocó y al hacerlo, empezó a ver imágenes…

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Estuvo un rato acariciando al animal, luego le miró con una sonrisa de agradecimiento, se dio la vuelta y empezó a correr en dirección a su aldea.

Anayet estaba en la puerta de su cabaña mirando con el entrecejo fruncido a las nubes que se acercaban por el suroeste.

  • Padre…,¡padre!. Por favor escuchadme.

  • Culibillas…, qué te ocurre hija mía, ¿a qué viene tanto alboroto?

  • Padre…, decía jadeante Culibillas. Tenéis que confiar en mí, hay que desalojar la aldea e irse al refugio rojo, pues todo va a ser arrasado por las aguas.

  • Hija, es cierto que han subido las temperaturas y si llueve puede arrastrar toda la nieve…, pero cómo sabes tú lo que me dices…

  • Padre, tenéis que creerme. Me lo ha enseñado el unicornio. No estoy loca…, he visto la aldea arrasada por el agua y moríamos todos…, ¡padre!, tienes que creerme…, hay que salir de aquí…

El rostro de Anayet palideció como  la nieve, se tocó el mentón con la mano izquierda, y le respondió;

  • Hija mía, nunca te hablé del unicornio, cuando naciste apareció de la nada y se acercó hasta tocarte. Nunca entendí por qué lo hizo…, y ahora creo que lo empiezo a entender… ¡Vamos!, que hay mucho trabajo, deprisa…las nubes son cada vez más oscuras…

Anayet convocó a toda la aldea y mientras les estaba hablando empezó a llover intensamente, todos comprendieron la necesidad de marchar, pues no era la primera vez que una desgracia acaecía en las montañas, así que  con todos los animales que tenían y las pertenencias más importantes, partieron a la cima de la gran montaña roja, allí estarían a salvo.

La lluvia seguía cayendo con intensidad, se refugiaron en un gran techado junto a la pared de la roca que tenían preparado de refugio. Cada vez la lluvia era más fuerte, pero Culibillas no estaba tranquila, seguía frenética, empezó a llorar y se acercó a Anayet…

  • Padre…, por favor. Escuchadme. Las hormigas, las hormigas blancas se ahogarán…, hay que ir a ayudarlas…, están atrapadas en Formigal, lo sé…

  • Pero hija, es muy peligroso bajar por el barranco, tiene mucha agua, para salvar unos bichos…

  • Padre, por favor…Escuchadme, no podemos dejarlas. Si ellas perecen la nieve no será limpia y sin ellas las montañas perderán su pureza…

  • Está bien, hija. Vamos…, pero a dónde.

  • Padre, no me preguntes cómo. Pero sé dónde están, coge un hacha y sígueme.»

Las vistas desde el geodésico son mejores que las del Pico, y además es un poco más alto que aquel, estamos disfrutando muchísimo, Alberto y Rosa van a bajar, les digo que les hago una foto a la pareja de jóvenes y ahora les sigo…, pero no fue una, fueron más…, el sitio lo merece, creo que a Alberto y Rosa ya nos lo veré más…

Así que Asier, Amaia y yo comenzamos a descender tranquilamente, disfrutando de cada instante, yo con el terror de la aventura que se acaba, del sueño que termina…, pues mañana me vuelvo a casa, voy remoloneando todo lo que puedo y más…

 

Amaia me cuenta que ha subido a casi todos los picos más altos de cada provincia de España, ha perdido la cuenta y los nombres. Es un proyecto de su padre que arrastró a toda su familia, le faltan el Torrecerredo y el Aneto…, los más difíciles lo han dejado por el momento tras un accidente que tuvo su padre bajando por una chimenea…

 Somos casi los últimos en abandonar la montaña, ahora al llegar a la llanura de los ibones nos recreamos en fotos, en risas, son muy buena pareja y muy buenas personas…, están un buen rato de malabarismos sobre la hierba, me lo estoy pasando muy bien con ellos…

 

El sol va cayendo, tenemos que volver, nos adentramos en el barranco y nos encontramos con unos caballos salvajes, le hago alguna foto, me quedo un poco rezagado…, pues me habla Maese Viento…

 

«No paraba de llover, bajaban por el barranco mientras el arroyo era cada vez más grande y furioso ,la lluvia apenas dejaba ver a un metro, pero Culibillas fue directa al sitio, en lo alto de un saliente, apiñadas y apretadas unas contra otras, se encontraban miles de hormigas  sin escapatoria con el agua a punto de engullirlas.

  • Padre, rápido…, cortad el árbol para que haga un puente. Dijo Culibillas gritando para que su voz superara el rugido del agua.

Los fuertes brazos de Anayet  cortaron  el tronco del árbol,  que cayó sobre el montículo, las hormigas se pudieron escapar andando por el tronco. Ahora tocaba buscar un sitio elevado para salvarse, era imposible volver al refugio rojo.

Así que se subieron a una gran peña que se iba tornando blanca y adoptando forma de hormiguero, a medida que iban llegando las hormigas.

Pasaron dos días más de lluvia, el agua y el fango inundaron todas las zonas bajas pero por fin paró y salió el sol.

Culibillas y Anayet volvieron al refugio rojo, donde encontraron a todo el mundo  a salvo, eso sí, no pudieron escapar del abrazo  de Arafita, que ya les creía muertos y poco faltó para que los matara…, a besos entre lágrimas.

Estaba todo arrasado, no habría pastos hasta bien avanzado el verano, pues el fango lo cubría todo, y de la aldea no quedaba casi nada, el agua se había llevado las casas. La gente lloraba y se quejaba desconsolada al ver sus pertenencias  destruidas.

  • Dejad de llorar. Gritó Anayet, estamos todos vivos…, tenéis que dar gracias a Madre Tierra que nos ha dejado seguir respirando y a ninguno de nosotros nos ha pasado nada, si es voluntad de ella que trabajemos para reconstruirlo todo… ¡Lo haremos!

Así que el pueblo se puso a trabajar con la tranquilidad del liderazgo de Anayet, que siempre parecía saber lo que había que hacer. Pero esta vez, su semblante no se relajaba, algo le preocupaba terriblemente.

Culibillas que lo conocía se acercó y le cogió la mano.

  • Padre, ¿qué os preocupa?. Si estamos todos bien.

  • Hija, hemos perdido todas las cosechas que estaban naciendo y no tenemos simiente, pues nuestras reservas se las ha llevado la riada…

  • Sé la solución, dejadme a mí…Padre, y yo lo resolveré…

Sonrió con esa sonrisa cálida que sólo ella era capaz de expresar, miró a su padre;

  • Volveré, confiad en mí, padre.

  • Pero a dónde vas sola, hija mía, ¿si está todo arrasado?.

  • Dejadlo todos en mis manos, volveré, lo verás…

Y se metió entre las sombras y desapareció, Anayet se quedó estupefacto, desde luego que era un ser muy especial…; el unicornio, sus visiones, estaba bendecida por  la Luna sin duda, y confiaba en ella, sin importarle que fuera sólo una niña…

El sol rozaba las crestas de la mañana, mientras la niebla de levantaba sutil acariciando las ramas de los árboles, Anayet y Arafita estaban muy preocupados, hacía más de una semana que Culibillas había desaparecido, de repente empezaron a ver movimiento en el bosque, poco a poco vieron por el suelo una masa blanca que se acercaba hacia los prados, y junto al Ibón una figura humana, Culibillas se acercaba sonriendo  y detrás de ella venían miles de hormigas, que portaban en su boca semillas, miles de semillas.

  • Dije que volvería y aquí estoy, las hormigas nos salvarán a nosotros, como las salvamos a ellas.

  • Pero…,pero…,¿Cómo es posible? Que ellas tengan tantas semillas.

  • Padre, las hormigas siempre guardan en sus hormigueros semillas de todo tipo, y luego las usan de muchas maneras…, os creéis que sólo son unos bichos pequeños, pero son mucho más, ellas mantienen el ciclo de la vida y la muerte en la montaña…

  • Es increíble, hija. Nunca me lo imaginé…, van a salvar los prados y las cosechas con su ayuda…¡Benditas hormigas…!»

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Las sombras van cayendo y poco a poco nos vamos acercando al aparcamiento, temo que esto se termine, pero como diría Maese Viento, “Todo tiene fin, nada perdura, todo cambia y se transforma…, la vida fluye”

 Hemos llegado al aparcamiento, nos despedimos como si nos conociéramos de toda la vida, echamos otras risas y un “selfie”.

Gracias Amaia, gracias Asier, gracias Alberto, gracias Rosa, ha sido un día inolvidable…

Maese Viento me contó la historia completa de Culibillas, ya la iré publicando…

 

Las fotos del albún de Facebook en el siguiente enlace…

Ruta por los Ibones y cimas del Anayet. Mirando los reflejos y los ocres encumbrados…

Publié par PisandoCumbres sur mercredi 29 novembre 2017

 Y le wikiloc que tuve que hacer después…, pues no me funcionó en su momento.

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