Con Montañeros de Monfragüe en Salbaguardia. El centinela del Macizo de las Maladetas. La historia de Culibillas(5 y 6)

publicado en: Pirineos, Rutas | 5

Y era el tercer día que Inma y yo estábamos en Benasque con Montañeros de Monfragüe, el segundo de rutas, Rafa ofreció después de la cena del día anterior  dos  alternativas de ruta, el Salbaguardia y el Mulleres, ambos de desnivel parecido pero el segundo con más  kilómetros,  la alerta por el calor nos hizo desistir del segundo así que unánimemente nos apuntamos todos al Salbaguardia, el centinela del macizo de las Maladetas, que lo vigila desde el norte y en tiempo antaño su ladera franqueada por el Portillón de Benasque fue el modo de comunicación entre España y Francia, actualmente es lugar frecuentado por senderistas y montañeros para ver las vistas al glaciar del Aneto que desaparece día a día devorado por las temperaturas ascendentes del  celebérrimo  cambio climático.

Después de la cena se me acercaron Domingo y Javi López y me contaron que iban a subir al Maladeta, cumbre que no tengo en mi colección, pero decliné en su invitación, apenas podía bajar escalones por el dolor que tenía en mi rodilla derecha, no sabía ni siquiera si podría hacer el Salbaguardia que era mucho más sencillo.

Otra vez desayunaríamos a las siete y saldríamos a las ocho, pero Inma y yo iríamos en nuestro coche sin compartir con nadie, pues yo no estaba seguro si podría andar tras haberme dañado la rodilla en la bajada de ayer de Batisielles.

Salimos hacia el aparcamiento de los llanos del Hospital y en poco más de 20 minutos habíamos dejado   los coches para agruparnos para salir.

Había decidido ponerme las botas de invierno, con la idea de intentar que me doliera menos la rodilla derecha, pero al calzármela apenas me entraba en el pie,  me las dejé en el maletero del coche  y con el calor la piel se había  retraído y me apretaban  muchísimo, pero he decidí seguir con ellas a pesar de ello, tampoco pude pensar mucho tiempo  en las botas, pues en poco empezarían a andar y hay que estar muy pendientes del grupo.

Efectivamente, empezamos a andar y en breves momentos Inma y yo nos hemos quedado muy atrás del grupo, la fama de Monfragüe de correr es bien ganada, voy sufriendo pues temo pisar mal y que se me termine la ruta antes de tiempo, pero a pesar de ir a lo máximo de velocidad que dan mis piernas  y mi dañada rodilla, no conseguimos recortar la distancia que nos separa del grupo, el sol nos da en la cara, no voy nada a gusto, pero tengo la tranquilidad de que ya llegará la cuesta y allí no se correrá tanto, pasa en todos los grandes grupos…

Por fin han parado al principio de donde empieza el desnivel, le digo a Inma que no se detenga para  colocarnos cerca de Joaquín, que es quien lleva la cabeza, en la subida hay que situarse en la cabeza para que cuando subamos  a  nuestro ritmo nos quedemos  en medio del grupo, si vas a la cabeza aparte de solo ver la camiseta del de delante tienes que esperar mucho rato a que se reagrupe todo el mundo y te enfrías y  si te quedas al final siempre vas estresado pues cuando se para el grupo y consigues alcanzarlos emprenden la marcha de nuevo y no tienes tiempo de comer nada y menos de hacer fotos, se corre demasiado para mi gusto, aunque sé que hay quien piensa que en los días  como hoy se va muy despacio…,son diferentes formas de ver la montaña, yo siempre soy partidario de la  “Slow Mountain”, de mi amigo  de Facebook  y  gran escritor  Juanjo Garbizu, a ver si un día me leo uno de sus interesantes libros  y quedo con él a conocer la maravillosa Sierra de Aralar…

Tenemos que andar un poco campo a través para retomar la senda, nos fuimos un poco a la derecha, ya en la senda ésta se va retorciendo para salvar el gran desnivel  del camino que arranca entre pinos  negros…

Seguimos ascendiendo y cogiendo altura atravesando una roca blanca que ha sido horadada por la senda, paramos un momento a reagruparnos y a ver las vistas hacia las Maladetas que tenemos en frente, Maese Viento sopla con fuerza y nos está librando del calor.

Reanudamos de nuevo, otra vez estuve atento para salir en la cabeza, mi rodilla me está respetando, se calentó en la cuesta pero mi pie izquierdo está muy comprimido por la bota, voy bastante incómodo, en poco tiempo llegamos a una llanura donde se cruzan varios caminos y vemos el Portillón de Benasque y el Salvaguardia,  la vista   que podemos disfrutar enfrente es impresionante…

 

Estamos un rato, allí nos dicen que vamos al Portillón y quien no se vea con fuerzas para el Salvaguardia de puede quedar por allí y esperar la bajada del grupo que decida subir.

Seguimos  muy poco, pues el Portillón llegó sin más, de repente apareció en nuestras vidas  y  allí nos apretamos con Maese Viento soplando con fuerza y miramos el lago francés del Port, que el mirar o no, le costó algún tropezón   a Mari Ángeles…

 

Estamos un buen rato, y salimos hacia el Salbaguardia, nos queda el último empujón, Inma está muy cerca de su primera cumbre pirenaica y está muy ilusionada, esta vez vamos despacio, disfrutando, me da igual quedar al final pues la cumbre está cerca, las botas me aprietan bastante sobre todo la izquierda, nos paramos un momento a mirar desde la cuerda la panorámica de Boms du Port, los lagos del lado francés…

 

Y Maese Viento sigue soplando con mucha intensidad, su voz es clara y fresca…

  • Maese Viento, así que el mañana ya no lo es, pues es hoy, por favor, amigo mío, sigue contándome la historia de Culibillas, que me dejaste en ascuas…

  • Qué amable te pones cuando quieres algo, humano, todos sois iguales…, unos ególatras,… sólo buscáis vuestro interés.

  • Maese, no empecemos…, que tienes todo el invierno por delante para ponerte gruñón, venga amigo, sabes que sin ti en la montaña no soy nada…

  • Pues calla y escucha, humano, pues sabes que no te sobra el tiempo…

                    5.La huida.

Y qué es lo más preciado de una vida humana,  vosotros que apenas vivís en un breve suspiro, yo que todo lo veo con mi aliento de viento, siempre lo siento, siempre lo sé,… es el tiempo, es  vuestro tiempo.

Efímero como la caída de una hoja, delgado como el rayo de luz que se cuela en el bosque, continuo  como la onda de una lágrima que cae en el lago…, sois casi nada, los humanos, pero sin embargo…, … os siento.

Balaitous no cejó en su empeño de alcanzar el refugio de Culibillas, más bien lo contrario, el tiempo, el preciado tiempo esta vez  corría a su favor pues los sitiados morirían de hambre y sed en lo alto de la montaña, por lo que se atrincheró esperando que la fruta madura cayera del árbol…

Desde el refugio rojo tras el júbilo de su primera victoria, luego se fueron dando cuenta de lo desesperado de su situación, no quedaba otra que esperar, mientras tanto, Culibillas se entristecía y languidecía al sentirse responsable de tanta destrucción, así que decidió escapar una noche, mientras todos dormían, para entregarse a Balaitous.

Esperó que el silencio se adueñara del refugio y cuando la noche se hizo espesa se acercó a la empalizada con intención de saltarla, y cuando estaba a punto de sobrepasarla notó que alguien le agarraba por detrás del hombro derecho, se volvió sobresaltada, y se encontró cara a cara con Arafita, su madre.

  • Hija mía, no puedes hacerlo.

  • Madre, por favor déjame marchar…, tengo que detener esto.

  • Sé que estás perdida, ten paciencia. Pero tu destino no es lo que acabas de elegir…, ven conmigo que te tengo que enseñar algo…

Arafita la llevó hasta su estancia, rebuscó entre sus pertenencias que estaban apiladas en un rincón y sacó un pequeño cofre, luego se fueron a un lugar solitario donde nadie podía escucharlas.

  • Esto te pertenece, es tuyo. Sé que ha llegado el momento, de que lo sepas…

  • Qué tengo que saber, Madre.

Sacó del cofre un pequeño colgante con una pequeña piedra blanca redonda  y se lo colocó en el cuello a su hija.

  • Escucha con atención, hija mía. Pues solo una vez lo he de contar, así como tú lo harás con tu hija primogénita cuando llegue el momento;

Hace muchas generaciones el mundo era diferente a lo que hoy vivimos, los seres mágicos velaban por el bienestar de los humanos, y entre ellos estaban las tres fadas, hijas de la Luna, que eran las encargadas de mantener la felicidad y la armonía entre los humanos.

Pero un día un genio maligno envenenó a las Tres Fadas y ellas perdieron sus poderes, pues se hicieron humanas, y  luego de sentir el amor y la felicidad murieron por obra del mismo genio, Olivier, que trajo el dolor, la guerra y la peor de las pestes…, la codicia.

 Pero el Amor de las Fadas, conocidas como las Tres Sorores no se extinguió pues tuvieron hijos, que quedaron al cuidado y la tutela del Basajarau, el ser mágico protector de los bosques, y los protegió y escondió de la ira de Olivier, que los buscó infructuosamente durante años y años para destruirlos, así que la lucha entre el Amor y la Codicia sigue a lo largo de nuestro tiempo.

Basajarau escogió a la hija mayor de cada Fada y le entregó un colgante con una piedra lunar y les contó que tendrían que hacer lo mismo con su hija mayor cuando llegara el momento, pues la transmisión del Amor se hace de madres a hijas, y  será una mujer, hija de las hijas de las Sorores, quien acabará con el reinado de Olivier…

  • No sé si serás tú esa persona, hija mía. Pero ha llegado el momento de que lo sepas. Somos descendientes de Nieus, la Fada del entendimiento y la humildad, por eso puedes hablar con los seres más pequeños y humildes, y por eso entiendes lo que nadie entiende…

White Fairy by Martanael.

Culibillas que  estaba en silencio se abrazó a su madre.

  • Madre, yo haré lo mismo con mi hija. Cuando salgamos de aquí, saldremos…, no sé cómo, pero lo haremos…, lo sé, ahora lo siento.

Pasaron algunos días y Culibillas tenía su corazón lleno de ilusión y esperanza,  llevaba la cajita con la piedra lunar  guardada en su bolsillo izquierdo,  de nuevo su sonrisa florecía en sus labios pues el entendimiento le había vuelto.

Al tercer día tras la luna llena se ciñó  un vestido blanco y se sentó en una piedra mirando las montañas que hay enfrente a la montaña roja.

De repente cuando el sol se aproximaba al horizonte en su nueva caída, un relincho se escuchó en toda la montaña, y por lo alto de la cresta de las montañas apareció un unicornio blanco al galope, que se detuvo en el borde de la roca que estaba justo encima de la empalizada. Todos los sitiados y sitiadores estaban maravillados por el animal, cuyo blanco resplandecía en la luz mortecina del atardecer.

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Culibillas se subió rápidamente al unicornio, se giró hacia los sitiadores y gritó:

  • Balaitous, ¡Balaitous!, ¿no queréis ser mi esposo?, ¿no queréis tomarme? Pues si tenéis hombría tendréis que alcanzarme, vuestros hombres no saben cabalgar ni a una sucia rata negra, no me atraparéis, ¡ni en cien vidas!

El unicornio empezó a andar desafiante por la cresta de la montaña, despacio, como mofándose de las tropas de Balaitous. Que encolerizado gritaba a sus huestes;

  • A los caballos, ¡a los caballos!, sucios bastardos, ¡una bolsa de oro para quien me traiga la cabeza de esa zorra…!

Y salieron  tras  Culibillas, ella por la cresta de la montaña y sus perseguidores por el valle al pie de ella que se encamina hacia Formigal…

Nos dirigimos al cable que facilita el paso por una zona rocosa, aquí según me contó Javi López hay bastante hielo en invierno,  pero en verano no es  necesario su uso pues  es sencillo su paso.

Algunos componentes del grupo van quedando rezagados y Gauden y Rafa están pendientes del cierre, Rafa se queda atrás esperando, vamos tranquilos disfrutando como a mí me gusta…

Inma y yo hacemos fotos y fotos con el continuo aliento de Maese Viento que nos alegra el día, estamos andando por la cuerda que lleva a la cumbre donde vemos a lo lejos el grueso del grupo.

 

Una vez todos en la cima  es el momento bocadillo, aparte de nuestro numeroso grupo que ronda los treinta hay otros senderistas en la cima, y entre ellos hay una chica que está muy nerviosa pues padece de vértigo y lo ha pasado mal subiendo y teme pasarlo peor bajando…

La chica me dice que hay gente en el glaciar de enfrente, pues está mirando con prismáticos y me los ofrece, me los coloco pongo  y al mirar el macizo de las Maladetas  veo a dos figuras humanas  cruzando el glaciar de la Maladeta,… podrían ser Domingo y Javi que ayer me dijeron que fuera con ellos, ¡sí!, …los son, uno de ellos lleva unos pantalones amarillos y no puede ser otro que Domingo, me dan ganas de gritarles, pero se encuentran al otro lado de valle a varios kilómetros…

Tras el bocadillo el grupo va a ir al Forau de Aigualluts que está en el valle al pie del Aneto, y empiezan a marchar, pero  Inma y yo nos quedaremos, pues no tengo la rodilla para muchos trotes  y preferimos disfrutar tranquilamente de la cima, una de las más bonitas que hay en el valle de Benasque.

 

Grabo un vídeo explicativo de todo el valle en el que Maese se torna en protagonista absoluto y no me deja hacerme oír, así que fotos y fotos y decidimos empezar a bajar en dirección al aparcamiento.

Aquí viene el primer contratiempo cuando empiezo a bajar no me duele la rodilla como esperaba…, me duele el pie izquierdo, cada paso que doy es un infierno, cuesta abajo al apoyar la planta del pie se queda totalmente oprimida por la piel de la bota y me duele muchísimo, me quito la bota y le aflojo los cordones, nada, sigue igual, avanzamos muy despacio por el dolor…

Pero no desaprovechamos el momento,  fotos del valle,  y del cruce del cable en el paso rocoso.

Encontramos de nuevo las vistas al Boms du Port, y allí aprovechando el fondo y nos  retratamos para la posteridad…

Cuando continuamos no ha mejorado el problema, cada paso es terrible, me vuelvo a quitar  esta vez las dos botas y me dejo los cordones desabrochados, pero no hay manera, no me mejora el dolor, seguimos despacio…

Llegamos al llano de las encrucijadas debajo del Portillón y decidimos seguir por donde vinimos a lo más recto tratando de bajar al valle lo más directo  posible, abajo el calor puede ser infernal, otra vez me paro por el dolor, y esta vez Inma me sugiere que le eche crema solar a la piel de las botas a ver si cede, así que nos sentamos le quito los cordones a ambas botas y las embadurno de crema solar, y me espero unos minutos a que la piel la adsorba…, el resultado es increíble, han dado de sí las botas y aunque me molestan  ya no es dolor, es tan  hermoso andar sin dolor…

Se me había olvidado hasta el problema de la rodilla que ahora me molesta un poco más pues ya no me duele el pie, es lo que tiene el cuerpo escuchamos  la parte que más se queja, vamos Inma y yo muy relajados temiendo llegar al valle, pues allí si no sopla Maese Viento, vamos a pasar mucho calor,…pero Maese sigue con su voz fuerte y clara;

·        Lo he pasado muy mal, Maese. ¡Qué mal rato con el dichoso pie!

·        Necio humano, eres, temes al dolor como todos los de tu especie…

·        ¿Y por qué no iba a temerle Maese?,  pues nadie quiere el dolor, te hace el tiempo insoportable.

·        Eso es, hace vuestro tiempo insoportable…, pero no os dais cuenta del sentido del dolor…

·        ¿El dolor tiene sentido?, no me lo puedo creer, Maese.

·        Todo tiene un sentido, todo tiene un porqué…

·        Y cuál es ese sentido Maese…, ilumíname, una vez más.

·        El dolor os hace estar más vivos, pues sentís el presente  segundo a segundo y tenéis vuestras mentes en él, no lamentando el pasado o preparando el futuro…

·        Pues visto así no es tan malo, pero no me convence…

·        El dolor os hace más humanos, y si sois capaces de  superarlo os hace más fuertes y conscientes del valor de vuestra vida, de vuestro tiempo…

·        Bueno, bueno. Maese, déjame de dolores y cuéntame algo más de Culibillas, por favor, que ahora puedo escucharte pues ya estoy libre de ese dolor que me hacía tan consciente…

·        Pues calla, humano y presta atención, pues mi voz no estará ahí para ti para siempre…

 

                      6. La Peña Foratata.

Y vosotros humanos os creéis que sois dueños de vuestras vidas y de vuestros actos, cuando no sois conscientes de lo que estáis haciendo en este momento, en cada momento, siempre estáis mirando  el pasado o pensando en el futuro que está por venir…

Sed el dueño de los hilos que pretenden manejar la marioneta de vuestra  forma humana, dejad la mente a un lado y permitid que la intuición y vuestra alma sean los guías del destino, viviendo con plena consciencia el presente…

Mis manos de viento acariciaban los rubios cabellos de Culibillas, había llegado a Formigal antes que sus perseguidores, los caballos no podían competir con la velocidad del unicornio, por eso estaba a la espera de que los soldados estuvieran cerca de ella, pues quería alejarlos del refugio rojo de Anayet.

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Cuando tenía a los soldados a tiro de una piedra les dio la esplada  y comenzó a correr ladera arriba, no muy velozmente para que sus enemigos no la perdieran de vista, Balaitous venía detrás de su tropa cabalgando y perjurando, azuzando a sus hombres para alcanzar a Culibillas.

Culibillas aminoró la marcha y se fueron acercando cada vez más mientras cruzaba el bosque y empezaba a ascender por la ladera de una peña de roca blanca.

Entonces se paró desafiante, se sonrió y siguió hacia arriba por donde había más pendiente, aquí los caballeros de Balaitous apenas podían ir montados en sus caballos y se bajaron de ellos, y en cuanto tocaron la roca, ésta comenzó a moverse y empezó a engullir a los hombres  de Balaitous…

 

Eran hormigas blancas, que en cientos de miles se subían sobre los hombres y les cubrían asfixiándolos  y empezaron a trepar también  por las patas de los caballos, y éstos presas del terror  corrían  despavoridos ladera abajo, mientras Balaitous observaba de lejos como morían sus hombres que se bajaban o se caían de los caballos…

Culibillas entró en una cueva desde donde observó la terrible escena y en donde le esperaba Farmica la reina de las hormigas blancas.

El ejército de Balaitous se retiró a sus dominios  tras dejar un contingente frente al fuerte de Anayet para seguir el sitio,  tras esta nueva derrota, Balaitous incendió la aldea de Culibillas.

Estaba desconcertado y por primera vez en muchos años  volvía a sentir miedo, ese miedo que le era tan familiar. Se encerró en su torre al pie de la gran montaña  y nadie le vio durante muchos días.

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Ardía el pasado de Culibillas con su aldea, ella lo observaba tristemente, sabía que no podía volver con los suyos, sitiados en el fuerte rojo, pues antes de que llegara el unicornio, habló con Anayet  y le contó a su padre lo que iba a pasar, pues ella lo había presentido, en la anterior noche luna se lo había mostrado.

–         Tengo miedo, hija mía, temo por ti. Eres lo más importante que tengo.

–         No os preocupéis padre, todo saldrá bien.

–         Antes de que te vayas tengo que darte algo, hija mía.

Anayet sacó una pequeña bolsita que tenía en un bolsillo interior de su sayo, y se la puso en sus manos.

–         Es un amuleto, me lo dio mi madre cuando estaba en su lecho de muerte, me dijo que yo era el primogénito y que tenía que llevarlo antes que mis dos hermanos, no entiendo su significado pues falleció nada más dármelo, pero creo que te protegerá.

Culibillas abrió la bolsa y se le iluminaron los ojos, cuando descubrió un colgante con una piedra blanca, y se lo guardó en el bolsillo derecho.

Volvió a la cueva de la Peña que ahora llamáis Foratata, y que tiene forma de hormiguero pues las hormigas blancas las moldearon para hacerla su hogar después de la riada, estaba triste, muy triste, de nuevo se sentía perdida…

–         Que no os colme el desaliento, querida Culibillas le dijo Farmica. La reina de las hormigas blancas. Cuando llegue el momento sabréis qué hacer, siempre lo sabéis.

–         Pero no sé si volveré a ver a mi familia, ellos siguen sitiados en el fuerte y llegará en invierno, no podrán soportarlo…

–         No os preocupéis por ello, todo se arreglará, todo tiene su momento, ten esperanza, querida Culibillas,  Balaitous  te quiere a ti  no gastará más hombres en atacar a tu familia, y aquí estás a salvo.

–         Pero porqué tanto interés por mí, si hay mil mujeres más bellas que podría tener sin esfuerzo.

–         Pero querida, tú no eres una mujer cualquiera…, él  cree que eres la elegida.

–         Pero a Balaitous  qué le importa que sea yo la elegida…, entonces Culibillas se quedó muda y su expresión cambió a una mezcla de asombro y temor, – salvo que Balaitous y Olivier sean lo mismo…

Farmica respondió con su silencio.

 

Inma y yo seguimos bajando hacia el aparcamiento, todo parece diferente, vemos los bosques de pino con los prados entremezclándose continuamente, todo parece distinto, nuevo, no tengo recuerdo de haber pasado esta mañana por aquí, incluso miro el GPS pensando que vamos por otro sitio, pero no, vamos por el mismo valle…

Se nota bastante el calor aunque Maese Viento sigue aliviándonos con su aliento, llegamos al coche y nos volvimos al hotel.

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llegamos poco antes que el grupo que se fueron al Forau de Aigualluts , esa oquedad en el suelo que se traga un río y lo devuelve al otro lado de la montaña, toda una belleza de la naturaleza…, y tuve la suerte de estar  allí en Febrero.

Al día siguiente tenía cita con la osteópata para tratar la rodilla que me tenía en vilo, pues quería subir al Perdiguero como fuera, así que Inma y yo nos tomamos el lujo de hacer por la mañana una pequeña ruta por las tres cascadas de Cerler que mereció  la pena.

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La osteópata me dijo que el problema no era de la rodilla sino de una gran contractura que tenía en el cuádriceps, que debería hacerme una punción en seco para mejorarla pero entonces no podría andar en 3 ó 4 días, le dije que no, que subiría al Perdiguero  aunque fuera a gatas, llevo mucho años esperando y  una simple contractura no me impedirá subirlo…

Así que mañana será mi gran día, me espera uno de los tres grandes de Benasque y puede que la cumbre más dura psicológicamente del Pirineo, pues tienes que avanzar por grandes bloques de rocas durante horas y horas, espero que Maese Viento me esté esperando…

 

 

5 Respuestas

  1. Fran Morales Fuentes

    Bonitas vistas desde Salbaguardia. Una vez subí hasta el Portillón, y bajamos un poco por la vertiente vecina, pero nunca subí a ese formidable pico.
    Es extraño que la bota te molestase si antes no lo había hecho… caminar con dolor, por mucho que insista Maese Viento… no es agradable, aunque nos haga más fuertes.
    Espero que ya hayas solucionado la contractura que te tiraba y provocaba esa molestia en la rodilla. Es fundamental estirar tras una actividad.
    Oye, que punto ver a tus colegas cruzando el glaciar, con los binoculares. Yo siempre llevo unos en la mochila… me encanta otear desde las cimas.
    Un saludo, tocayo… nutrido grupo el que te acompañaba… espero poder acompañarte algún día… pero con menos gente… a mi no me gustan nada los grupos, y menos si son rápidos.
    Salud.

  2. Fran Morales Fuentes

    Se me olvidó, perdona que meta otro comentario.
    Conozco a un chaval de Castellón que tiene un blog llamado Per Dalt i Per Baix… se llama Daniel. Él me recomendó hace unos meses la lectura de Monterapia y Slow Mountain… ¿Casualidad?
    Un abrazo, de nuevo.

  3. Fran Pascual

    Hola Franeto, me encanta de nuevo verte por aquí. Desde luego que no es lo mío los grandes grupos en la montaña, prefiero el silencio para escuchar a Maese Viento, es curioso que nadie se acuerde de él, entiendo que entre en cólera de vez en cuando, la verdad que lo pasé bastante mal en general en estas rutas de Pirineos,no fueron mis mejores días con respecto al físico,aunque siempre trato de suplirlo con cabeza. Estuve leyendo ayer vuestra aventura del Kilimanjaro en vuestro blog, te estuve escribiendo unos comentarios pero no sé que hice mal que se borraron, todo pasa por algo, será para que lo lea con más detenimiento y tranquilidad, y no con el móvil que no se ven nada bien las fotos. Saludos, amigo.

    • Fran Morales Fuentes

      Gracias Fran. No me ha llegado tu comentario, pero no te preocupes, tenemos este canal, y el de Facebook. Al tratarse de Blogger, los comentarios tienes que hacerlo usando cuenta de Google. No se si será por eso.
      Nos gustó muchísimo la montaña tanzana, pero hay aspectos intolerables, como lo de las basuras. No es normal el vertedero en que han convertido la única zona de África que conserva glaciares. Eso es inadmisible. Nunca entenderé a quienes van a la montaña y tiran basura. Nosotros que siempre vamos recogiendo lo de los demás… pero en fin, es lo que tiene la masificación y la falta de cultura montañera. No todos los que suben, son montañeros… ahí la prueba.
      Espero que estés mejor de esa contractura en el isquio, y que las botas hayan cedido un poco.
      Salud, compañero.

  4. Inmaculada Martín Gallardo

    Mi primer Pico pirenaico, y esa Cubilla me encanta, me fascina leer y seguir tus leyendas

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