El Almanzor en Mayo. Cuando los sueños se alcanzan salvando la nieve húmeda…

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Y el calendario dejaba caer sus hojas fríamente, pesadamente, con la celeridad del tiempo que avanza sin piedad, sin mirar atrás ni permitir concesión alguna, tapando los ojos mientras  marcha sigiloso sin dejar recuerdo…

 Y este año las nieves llegaron con inusitada abundancia colmando las montañas del blanco elemento, brillando distante en lo alto lejos de mis dedos…., montañero en dique seco, varado en  llano con la maldición del marinero en tierra, por una persistente y recurrente lesión sin sentido…, si alguna vez el dolor puede tener sentido.

Y llevaba casi un año sin poder entrenar, y la desesperanza comenzaba a colmar mis anhelos, viendo de lejos morir el invierno en las montañas con sus nieves tan inalcanzables, pero  entonces vino primavera con sus haces de luz y color y empezó a hacerse de día cuando decidí ignorar el dolor, pues el dolor es parte de ti, parte de tu esencia humana, sin dolor no podríamos apreciar la felicidad, son las dos caras de la misma moneda.

Quería volver y soñaba con algo especial, volver a las alturas que ya casi había tenía olvidadas, y lo haría en mi cumpleaños, necesitaba demostrarme que podía  resurgir de mis cenizas. Fue entonces cuando   Bene me sugirió   hacer una invernal al Almanzor, y el brillo volvió a mis ojos, una vez más. Tenía tres semanas  para prepararme y no estaba muy seguro de si la pierna respondería, pero tenía que hacerlo, por algo es mía, así que  tuve una conversación con ella y le pedí que dejara de importunarme pues necesitaba de su colaboración, y no sé si fue la charla o las largas sesiones de fisioterapia, pero me hizo caso (en el fondo quiero creer lo segundo pues me habría ahorrado una buena pasta).

Lo planeamos rápidamente, dormiríamos en la plataforma y saldríamos con los frontales de noche para tratar de llegar lo más alto posible cuando saliera el sol, pues después tendríamos nieve sopa, propia de la primavera que no te deja avanzar, sobre todo si vas cuesta arriba, pues después bajaríamos en rápel, de 50 metros que es lo que medía cada una de nuestras cuerdas en doble.

Partimos el viernes en la furgoneta de Bene hacia la plataforma, llegamos sobre las nueve, y vimos cómo había otras furgonetas y vehículos con montañeros que esperarían al día siguiente como nosotros, las previsiones hablaban de bajada de temperaturas y de tiempo libre de precipitaciones, tendríamos suerte.

Maese Viento soplaba fuerte en la plataforma desprovista de nieve, normal para la época del año en que estamos, nos tuvimos que abrigar pues con 10 grados y el viento, la manga corta no funciona, nos metimos pronto en la furgoneta de Bene y nos dispusimos a cenar, pues  nos levantaríamos a las cuatro.

Bene puso la calefacción pues yo no llevaba saco, de tanto preocuparme en echar cuerdas en la mochila, no reparé en lo que no iba dentro y eso que lo tuve en la mano, inflé la almohada que si la había cogido, pero para mi disgusto estaba pinchada, hoy no doy una, nos dispusimos a dormir, la ansiedad me impedía conciliar el sueño, tan cotidiana antes de las grandes citas, pero esta vez era mayor pues me preocupaba de no saber si mi pierna izquierda aguantaría los 20 Km de ruta con nieve, rocas y hielo, así como los 2600 metros de desnivel acumulados, después de tanto tiempo sin hacer nada serio.

El rugido ronco del río tapizaba el fondo, vi las doce y media en el reloj, y  caí en los brazos de Morfeo, me desperté, eran las cuatro menos cinco, me encontraba descansado, nos levantamos y tras tomar algo ligero, nos preparamos y empezamos a andar con los frontales a las cuatro y media.

Hacían 8 grados, pero la sensación térmica era muy baja, así que nos pusimos las tres capas. Bene, iba muy acelerado, en seguida se puso delante y se diluyó en la oscuridad impenetrable de la noche sin luna, las estrellas apenas brillaban pálidas de calima y salvaje oscuridad…

Las formas redondeadas de las grandes piedras de granito del camino del refugio entretenían mi vista con sus formas abigarradas desnudas ante el halo de luz de mi frontal, el rugido del arroyo llenaba mis oídos y el viento revolvía mi ropa de abrigo….Maese Viento.

  •    Maese Viento…, querido amigo. Recuerdas…

  •   ¿Qué se supone que debo recordar humano?, ya sabes que todo lo veo y recuerdo.

  •  Aquí fue la primera vez que comprendí tus palabras, Maese, y ya  no puedo vivir sin ellas…

  •   Siempre igual, ya he te dicho que estoy en todas partes, pero tus sordos oídos solo me entienden aquí en las montañas…

  •   No  sigas, Maese, ya me lo has repetido tantas veces,…que en las montañas estoy más cerca de mi esencia humana, que estoy más cerca de mi interior, y por eso soy capaz de entender tus palabras, pero no terminaste de contarme la historia del Enano de Gredos, el protector de las montañas, que acabó petrificado en las alturas del circo de Gredos…

  •   Calla, necio humano y escucha, si sabes dónde están tus oídos, pues a ambos lados de tu cabeza no están…

Sigo avanzando por el camino en soledad tratando de mantener un paso adecuado, mientras el gemelo izquierdo que tanta guerra me ha dado, se hace notar un poco así que procuro pisar con cuidado pues  sé que cuando se caliente se portará bien…

Y las formas fantasmagóricas de las montañas se mezclan con las estrellas, he creído ver el cartel del refugio de reguero llano y cada cierto tiempo Bene me espera para luego volverse a perder en la oscuridad, tengo que tener cuidado de no acabar con la empresa demasiado pronto, así que sigo a mi ritmo.

Tras pasar el puente del prado de las pozas empezamos a pisar nieve, está dura, el frío ha hecho  su cometido, aquí empieza la primera cuesta de verdad que lleva hasta Barrerones, voy viendo a ratos la silueta de Bene, que me sigue esperando continuamente.

El viento sopla con frialdad, la oscuridad es absoluta y empezamos a seguir unas huellas en la nieve, posiblemente de mujer, que nos llevan directos en gran cuesta hacia Barrerones sin pasar por la fuente de los Cavadores.

Son poco más de las seis de la mañana, estamos en Barrerones, la oscuridad de la noche empieza a apagarse, divisamos ya las siluetas de las montañas queriendo mostrarse fantasmagóricamente, sinuosamente, con la pasmosa irrealidad de la imagen que se debate entre el sueño y la vigilia, vamos a descender al circo de Gredos, la nieve está prácticamente por todas partes, así que decido  ponerme los crampones, la nieve está muy dura y aunque está todo lleno de huellas no quiero arriesgarme a que la pierna me dé un problema por un resbalón.

Bene, que sigue delante está un poco irritado por el retraso que llevamos, cada vez clarea más y en un cuarto de hora ya se ve.

 Aparece la laguna de Gredos, partida en dos por el hielo, nos disponemos a cruzarla guiados por las numerosas huellas que llevan al refugio,  yo sigo recto por todo el medio, Bene que no se fía se tira por el borde derecho, le cojo delantera y la cruzo rápidamente sin problema, no pasaremos por el refugio, seguiremos a su derecha. Bene, ha tenido un pequeño percance, ha metido un pie en la laguna y lo tiene helado, me pregunta si llevo calcetines de repuesto, es la primera vez  que no los llevo, vacié la mochila para llevar la cuerda de rapel de 50 metros, temía que me pesara de más la mochila en esta mi primera ruta seria tras la lesión.

Son poco más de las siete de la mañana, acabamos de dejar atrás el refugio, hemos tardado dos horas y media, paramos un minuto a tomar unas barritas, según Bene llevamos tres cuartos de hora de retraso, para mí ya es un éxito, la pierna no me duele y empiezo a ser yo, el de siempre…

Las brumas matinales se deslizan perezosas tapando las cumbres, se revuelven lentamente con la seguridad de que tienen que marcharse hacia el país de los sueños, allí donde los anhelos y las esperanzas se reúnen cada mañana a  esperar que los puedas alcanzar, el mío, cada vez más cerca… Pasamos la zona llana y giramos buscando la base del Almanzor, a lo lejos vemos cinco montañeros,  han empezado la cuesta que lleva a Portilla Bermeja, están muy lejos, el sol tímido y pálido empieza a reflejarse en la nieve de la subida.

Seguimos sus huellas, me he colocado delante, dejé atrás mis miedos con la luz del amanecer, renacido de fuerza y confianza, Bene se va quedando atrás, ahora yo soy el que espera, nos tenemos que quitar  ropa pues Maese Viento ha silenciado su voz, vamos parando  y tomando aliento, en poco estamos enfilando el nacimiento de la Portilla del Crampón mientras abandonamos la Bermeja.

 

La nieve está buena, aunque va ablandándose por minutos, tratamos de apretar la marcha, las brumas de las alturas se van marchando, y ahora vienen desde abajo, justo antes de meternos en el desfiladero de la Portilla nos cruzamos con los cinco montañeros, ellos van a ir por la ruta norte bordeando la pared del Almanzor, se han pasado de largo del desvío y ahora se nos cruzan y siguen adelante rompiendo nuestros horizontes de nubes y letanías…

 

Hablamos con ellos y les deseamos suerte, seguimos a nuestro desfiladero, empieza lo bueno, trato de coger un ritmo adecuado para mi baja forma, voy avanzando bien, trato de beber continuamente y de reponer sales con mis bolsas de hidratación, cada vez hay más pendiente, Bene sigue detrás, yo voy a buen ritmo, veo el final del Crampón que es un muro de nieve, esta vez hay mucha acumulación, empiezo a maldecirme por haber echado un solo piolet, con dos se sube y se baja mejor, pero es lo que hay, me concentro paso a paso, llego a lo más empinado, y entonces ocurre…

En mi pierna izquierda, la lesionada, se me monta  el cuádriceps, y al levantar la pierna derecha me da otro tirón en el gemelo, estoy  en lo peor de la pared, me van dando calambres en ambas piernas a la vez, trato de respirar despacio y profundo, no puedo beber de la bolsa de hidratación pues estoy aferrado con ambas manos a la pared, trato de tranquilizarme, doy un paso, luego otro, y es la necesidad la que funciona, pasos más cortos, clavando las puntas de los  crampones en la pared, paso a paso, el dolor es intenso…, he llegado a la Portilla del Crampón, tengo muy acalambradas  ambas piernas, miro abajo y veo a Bene que me ha  recortado distancia, he tenido que estar un buen tiempo parado en la pared con los calambres, me pongo a grabarle, busco la chapa para el rápel ,está tapada, empiezo a agobiarme, no puedo bajar con un solo piolet teniendo las piernas acalambradas…

 

Ya llegó Bene, que lejos de tranquilizarme me apremia a seguir a la cima, me estoy agobiando,…me está agobiando, no quiere parar y yo no puedo apenas andar,  y me preocupa bajar sin rápel por la Portilla…

Nos ponemos a andar sobre las rocas de la salida de la Portilla y tras ellas, tenemos que cruzar las canales oscuras, son hielo puro y muy duro, es la zona más peligrosa y con funesta fama, piso el hielo, está durísimo, el piolet apenas clava, me voy agobiando más y más, discutimos Bene y yo, le digo que me doy la vuelta y no subo, que no puedo seguir así por el hielo.

Bene se gira y  llega hasta dónde estoy, me dice que si lo que tengo es miedo o calambres, que si es miedo que él me asegura, y que me quede quieto  dónde estoy, así que saca su cuerda de 50 metros  y me da un extremo , sigue adelante por las canales oscuras despacio, yo me quedo pendiente de desenredar la cuerda y tenerla tensa mientras él avanza, aprovecho el descanso para beber en abundancia agua y sales, pues sé que ese es el problema de los calambres, respiro despacio y hago un poco de relajación, poco a poco mis piernas se desbloquean, los calambres desaparecen, necesitaba un respiro, de repente Bene me da la voz de que ya está en sitio seguro, empiezo a andar, esto es otra cosa, puedo levantar bien los pies, y mi cabeza empieza a funcionar, me encuentro bien aunque estoy en una ladera de hielo y rocas con mil quinientos metros de caída hasta la Vera cacereña…

Avanzo rápido, o más rápido de lo que esperaba, ya estoy en una canal, dónde en lo alto me espera Bene tranquilamente, hay hielo muy duro en la parte de arriba pero al ir asegurado todo parece muy  fácil, increíblemente fácil.

Me queda un pequeño paso de escalada en roca hasta la reunión que ha montado Bene, me cuesta un poco hacerlo con los crampones pues no quiero subir mucho  las piernas, no fuera a tener otro tirón, pero cuando subo que quedo sorprendido…, estamos ya en la reunión que está situada justo debajo de la gran roca de la cima, sólo falta rodearla para llegar, nunca pensé que estuviéramos ten cerca, si no fuera por Bene, no habría subido, estaba muy agobiado…

Empiezo a rodear la roca sin quitarme los crampones, pues al principio hay hielo, pero luego está limpio, lo rodeo con cuidado, ahí está el geodésico, hay que subirse a él, estoy muy torpe, trato de quitarme los crampones, mis movimientos son lentos, Bene ya se subió al geodésico mientras yo me peleaba con  los crampones, le hice fotos en el geodésico, ahora me toca a mí, son casi las diez y cuarto de la mañana.

Saco mi tarta Brownie y las velas, hace un poco de viento, no las encenderé, en lo alto del Almanzor tampoco es zona para distraerse, pues estás rodeado de precipicios y en un mal paso  te espera la eternidad…

 

Ha sido un gran regalo de cumpleaños, nos comemos un trozo de tarta, Bene, tiene prisa por bajar pues dice que tiene el pie mojado y se está quedando frío, yo me quedo haciendo unas fotos y un vídeo, pero Bene va apremiando para bajar…

 

Le doy la vuelta a la roca y Bene está montando el rápel, vamos a hacer primero uno de 25 metros, me pongo a colocarme de nuevo los crampones, no soy capaz de hacer el nudo, me cuesta trabajo pensar, me encuentro torpe y confuso.

Rapelo yo primero por el canal, cuando llego a la siguiente chapa de aseguramiento me detengo y me suelto…

Bene baja rapelando tras de mí.

Ya lo hizo Bene, estamos a la misma altura, quedan sólo 25 metros sobre las canales oscuras, bajo yo primero asegurado, poco a poco voy recuperando frescura, me parece más sencilla la bajada de lo que creía, aunque lo hago con cuidado.

Cuando llego a las rocas donde terminan las placas de hielo sobre las canales me encuentro una pareja, me preguntan por lo que les queda y les explico que están a 50 metros de la cima y  dónde se tienen que asegurar, me suelto la cuerda y me quedo un momento viendo el cuerno del Almanzor…, el viento me roza la cara suavemente…

·        Maese Viento, lo he pasado mal, bastante mal, me he agobiado mucho, he sentido miedo, he estado en circunstancias peores decenas de veces, incluso en alguna en la que tuve que luchar por mi vida, nunca había sentido este miedo, no entiendo que me ha pasado…

·        Humano, y por qué me lo preguntas, deberías saberlo…

·        Tú habitas en mi cuerpo y en mi sangre, Maese, dímelo…

·        Sea así, humano, lo que has sentido se llama hipoglucemia, no has comido lo que debías cuando ascendías, así de sencillo.

·        De ahí el miedo y mi torpeza, es verdad Maese, me he abrochado mal el crampón por lo que estoy viendo ahora mismo, y viendo las canales oscuras no tienen ninguna complicación para lo que estoy acostumbrado…, todo lo veía oscuro, y ni cabeza no funcionaba, pero ya me encuentro bien, ha sido el buen trozo de tarta que he comido arriba en la cumbre la que me ha devuelto la normalidad.

·        Así es, humano, has tenido lo que llamáis una buena “pájara”, haz bien las cosas si no quieres devolverle a Madre Tierra lo que es suyo antes de tiempo, necio humano…

 

Maese siempre tiene razón…, he llegado a la Portilla del Crampón por la que ascienden cuatro personas, el sol le da de pleno  y la nieve está bastante blanda, ahora me parece factible bajar incluso con un solo piolet…,la cabeza cambia las cosas en un momento y para ello hay que darle buen alimento, ¡No lo olvides!

La niebla quiere abrazarnos suavemente, mientras las figuras humanas salen de su vientre como aparecidos del interior de la tierra, Bene también acaba de llegar, estuvo recogiendo la cuerda, nos ponemos a hablar distendidamente con los recién llegados…

Conocemos a Javier y a Antonio, que deciden bajarse con nosotros, pues vamos a montar un rápel de 50 metros sobre la portilla del Crampón, aprovecharemos que la pareja que iba delante con ellos van a seguir al Almanzor, ellos soltarán la cuerda de la roca en la que lo montamos y así no tendremos que dejar material en el sitio, que es lo que se hace normalmente cuando no hay chapas en la roca…

Bajo yo primero, la niebla me va engullendo, la nieve está blanda, pero en rápel todo es fácil y divertido, he salido de la zona más vertical, en 30 metros más podré bajar de cara sin problema, me encuentro con una pareja que van asegurados el uno al otro y se disponen a afrontar la parte más vertical de la subida, la nieve está muy blanda y eso que ahora no le da el sol por la niebla, pero se nota el calor ,me quedo con una sola manga.

Espero un buen rato a que bajen todos y a que Bene recoja las cuerdas, no hay prisa, cuesta abajo la nieve plasta es una gozada, y como hay mucho espesor por ahora no hay que preocuparse en caerse a un arroyo o en una grieta.

Bajamos los cuatro conversando, intercambiando experiencias, disfrutando del momento, con la gran empatía que nos hace a los montañeros  entendernos en estos lugares que tanto nos llenan…

Salimos de la pendiente del Crampón, la niebla se disipa y aparece ante nuestros ojos la grandeza del circo de Gredos…

Empezamos a cruzarnos con muchas personas, gente con esquíes, gente bien equipadas, otras en plan excursionista, hicimos bien en madrugar pues tuvimos la montaña para nosotros solos y con la nieve muy buena, con la nieve blanda las pendientes se vuelven difíciles y peligrosas, nos quedamos sorprendidos de ver a dos con esquíes en las espaldas que suben por la ladera de enfrente hacia el Morezón, hay gente para todo…

Grabo un video y me quedo sin batería en el móvil, ya no habrá más fotos ni podré terminar la ruta del Wikiloc…

 

Llegamos al Refugio Elola y es un hervidero, hay de todo, pero lo que más abundan son excursionistas, algunos con zapatillas de deporte en la nieve, lo he visto demasiadas veces,  hoy está blanda y te mojas los pies, lo peor es cuando está dura y no saben que se pueden matar por ir a la montaña de cualquier manera…

Antonio nos invita a unas cervezas, se me adelantó pues me tocaba invitar por mi cumpleaños, comemos un poco y brindamos por el Almanzor, disfrutamos de nuestra compañía mutua, ellos se quedarán un rato más y se volverán por la tarde, nosotros que llevamos desde las cuatro de la mañana en danza, estamos deseando volver, son las dos de la tarde… nos volvemos.

Cruzamos la laguna por el medio, avanzamos a buen ritmo, la nieve blanda te permite andar fácil y casi sin esfuerzo, nos queda la subida a Barrerones, me encuentro muy bien, cada vez mejor, mi lesión parece que ya es pasado, aunque mi forma física no es la mejor…

Subimos con algo de calor a Barrerones, está todo lleno de gente, vemos muchas excursiones de escolares, y desde Barrerones el viento aprieta  mucho dando mucha sensación de frío…

Vamos recortando por donde podemos, salimos a los prados de las Pozas, se acaba la nieve, nos queda el últimos tramo por las rocas del caminito de Gredos, que tan poco aprecio le tenemos los que las pisamos habitualmente…

Llegamos a la plataforma a las cuatro y cuarto de la tarde, hemos tardado dos horas desde el refugio para un total de 12 horas de marcha, ha sido inolvidable, me encuentro muy fresco, la bajada por la nieve blanda te amortigua las articulaciones y apenas te cansas.

Bene y yo celebramos mi cumpleaños  en Hoyos del Espino con un buen chuletón de Ávila, que nos sirvieron a las cinco de la tarde, lo que no lo hacen en todos los sitios…

Y gracias Bene por el cable que me echaste para subir al Almanzor, sin ti ni hubiera subido…

Si tengo un rato os relataré la siguiente historia del Enano de Gredos…, Maese Viento una vez más cumplió su palabra y en mi cabeza la tengo…

El Track se quedó en la vuelta cerca del Refugio, me quedé sin batería.

 

 

Las fotos de la ruta.

Subido al Almanzor el 12 de mayo de 2018 por la Portilla del Crampón.

Publiée par PisandoCumbres sur samedi 19 mai 2018

 

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