El Belesar de Gredos, nieves, aguas, rocas… Cuando las nubes se embelesan en el Belesar.

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Y pasan los días, los meses, los años…, las hojas del calendario se mecen desnudas deshojándose sin parar, cayendo sin demora ni recuerdo…, el invierno ya se vació de sombras y la primavera…, vestida de invierno, baña de nubes y brumas los cielos despojados de su azul celeste…

 Lo que los humanos llamamos mal tiempo, al hacedor de ríos y verde, al  que puebla de vida nuestro planeta, coincidía una y otra vez en fin de semana, así que, desprovisto de mis montañas veía caer pesadamente «finde» tras «finde»…,pero tras una semana de Mayo intensamente lluviosa, se abrió una ventana de tiempo, era perfecta para celebrar que la marea de días siguen sumando en cumpleaños, esta vez el mío.

Mi mirada se posó en un valle de Gredos, el de Bohoyo, el valle que antaño fue puerta del Almanzor, el rey de Gredos, y de La Galana, su reina, que en tenue ascenso te lleva al corazón de Gredos, en camino olvidado repleto de soledades y ausencias humanas…

El tiempo lo daban aceptable el sábado y bueno el domingo, así que esta vez quedé con mi amigo Miguel Angel Espartano para la gran aventura, en poco más de treinta kilómetros se sucederían arroyos desbordados, nieves exultantes y picos escarpados, la aventura prometía…un regalo bueno de cumpleaños.

A las siete y media pasé a recogerle a su casa en Villanueva, y salimos hacia Bohoyo, tras un desayuno copioso en Hervás llegamos al aparcamiento de la garganta de Bohoyo, detrás de un campo de fútbol.

El día estaba triste y amenazante de lluvia, el gris se mezclaba con el verde, en tonos abigarrados de esperanza y temor… Eran las once y media, puse en marcha el GPS,  cargamos nuestras nutridas mochilas, de quince kilos según  Migue, y nos adentramos en el bosque melojar, que comenzaba a despertar en brotes de primavera…

 

Comenzamos a andar, el bosque silencioso agradecía nuestros pasos, regalándonos flores de diversos colores, las nubes abrazadas a las cumbres se movían sigilosamente, una se nos acerca a saludarnos, sacamos las capas, nos vamos a mojar desde el minuto uno, hoy toca así.

Parecemos jorobados de un cuento de Disney, y en poco la nube se silencia, guardamos las capas, seguimos el camino con el bramido del río mucho más que de fondo, y al poco vemos que no estamos solos, una piara de jabalíes escarban en el bosque tranquilamente, ajenos a nuestra presencia, saltamos algún arroyo crecido, que  era lo que más haríamos durante toda la ruta, llegamos al primer refugio, en este valle hay cinco refugios, que están en muy buenas condiciones, sobre todo el segundo y el tercero, nuestro objetivo era el último a 2155 metros, el del Belesar.

Seguimos caminando entre las voces infantiles de los regueros de agua que empiezan a surgir por todas partes, su tintineo suave se mezcla con el chapoteo descuidado de nuestros pasos, llegamos al segundo refugio, con tablas de madera a modo de cama, en todos habría alguna tabla o tablas, empiezan a asomar nieves por las cumbres, discutiendo con las brumas para ser protagonistas de nuestras fotos, seguimos despacio, disfrutando, cruzándonos continuamente con rebaños de cabras montesas que han despojado las alturas de su presencia, sabemos que en nuestro destino habrá un metro de nieve, y una vez que lleguemos nos quedará meternos en el saco para pasar el frío, así que, no hay prisa.

Poco a poco, el valle se va hundiendo en las profundidades y las cumbres nevadas compiten por rodearnos, las nubes nos respetan, no han vuelto a sollozar…

 

En el cuarto refugio, del Landrón, nos rodean las piedras y a casi 1800 metros, las nieves comienzan a ofrecerse a nuestros pies, poco a poco, nos vamos adentrando en un paraje nevado, el valle toma su forma de U glaciar, y las nubes blanquean amenazadoras…, aligeramos la marcha, el susurro líquido del camino, da paso al crepitar de la nieve, primero en chapoteo de nieve moribunda, para luego en crujido, que tanto nos gusta escuchar a los montañeros.

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La nieve es muy blanda, nos hundimos, se complica el camino, ya no sabemos dónde pisamos y podemos caer a un arroyo, vamos despacio, tanteando con los bastones por delante a modo de sonda, para no caer en un hoyo antipersona…., con regalo de agua gélida para tus piernas.

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La capa de nieve se va haciendo cada vez más gruesa, nos hundimos hasta media pierna, nos vamos turnando abriendo huella, la soledad de estos parajes nos premia con nieve virgen ,las mochilas nos hunden más y más, el cansancio se afianza en nuestras piernas.

 Veo una nube con olas de nieve que se aproxima, como se nos eche encima se complicará mucho la marcha, aceleramos, buscando vehementemente el refugio, solo vemos rocas y nieve, cruzamos por encima del arroyo despacio, si la nieve cede y caemos a él, pasaremos mucho frío…

Miguel no marcha bien, la mochila le está castigando de más, y las botas las tiene caladas completamente, pero aun así sigue sin rechistar, es lo que tienen los espartanos…

Por fin vemos a la izquierda del valle el refugio, son las siete de la tarde, la marcha por nieve blanda ha sido muy dura…, nos acercamos, es un chozo rodeado de un metro de nieve con una cascadita a sus espaldas…, bonita estampa.

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Refugio del Belesar.

 

Desatranco la puerta, tras quitar parte de la nieve, el refugio está muy bien, es ideal para dos con sus dos tablas-cama.

 

 

Miguel se quita las botas y escurre los calcetines, podría llenar una botella de litro y medio con cada uno…, hace frío.

Me asomo a la cascada, para ver si allí se puede coger agua, no habrá más agua salvo la nieve hasta mañana al medio día…, es imposible, si me acerco a ella puedo acabar dentro.

El chozo tiene dos tablas a modo somier y no es muy grande, pero sumergido en la nieve a modo iglú es un oasis, el termómetro marca cinco grados, estaremos bien.

El problema es que no me entraban las chanclas en la mochila y cuando me quite las botas, que están llenas de nieve, me quedaré descalzo, esta noche va a ser difícil salir…, no beberemos mucha agua  por si acaso.

Son casi las ocho, las mochilas deshechas, las nubes  bajando, van a devorarnos en poco rato, es posible que nieve esta noche…

Las botas  de Miguel son una balsa de agua, no para de sacar pañuelos empapados, Miguel…, a ver si ahorras y te compras unas de verdad, antes de  que tenga que amputarte algún dedo por congelación…

Migue hincha su colchón esterilla, luego su almohada hinchable, y se coloca sus mallas nocturnas, con razón le pesa tanto la mochila…

 Acomodados en nuestros sacos, esperamos que caiga la noche, apenas ceno, no hay hambre ni ganas de tener sed, ni de salir afuera a lo que fuera…

El silencio de la montaña llena nuestros oídos,  la oscuridad va avanzando poco a poco, llenando de sopor cada rincón del chozo, oscureciendo nuestros pensamientos en sombras,… cuando apagamos la luz de la linterna, la oscuridad es absoluta, parece que estamos como  muertos…, la noche será larga.

Siempre la duermevela antecede una subida, la incertidumbre de la cima, el miedo a lo desconocido, a las dificultades imprevistas, a la inclemencia del tiempo, la dureza de la esterilla, todo se junta con alevosía y nocturnidad.

Mi cumbre me asalta en sueños y huye de mí, en mi ensoñaciones pasan las más disparatadas imágenes, las tormentas más recias, que me hacen desistir una y otra vez de mi cumbre, que en tu  sueño te hacen  en volver sin querer volver…, son sólo sueños, por la mañana viene la claridad…

Son las siete, entra claridad, vemos el cielo azul, los temores de la noche se disipan por la mañana…, Miguel se ha pasado media noche hinchando su almohada pinchada, yo no fui capaz de terminar de calentar mis pies del todo a pesar de los agradables dos grados que hacía en el refugio…

Tengo que meter los pantalones en el saco antes de ponérmelos, tiene cristalitos de hielo, a ver si se calientan un poco, se nos va pasando el tiempo, Miguel tarda un buen rato en hacer otro secado de emergencia de sus botas, ya han pasado las ocho, necesito empezar a subir…, recojo y salgo a tantear la nieve, está blanda, pero mejor que ayer tarde, me pondré los crampones, siempre hay que ir seguros…, y subiendo agarran mejor en la nieve. Hay nubes y claros, ojalá se abra del todo y pueda celebrar mi cumpleaños en El Belesar rodeado de picos sobre las nubes…,espero a Miguel un buen rato, se está peleando con todos sus enseres…

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Salimos a las nueve y cuarto, vamos derechos a la pendiente de enfrente, hoy Miguel está renacido, coge la cabeza de la ascensión, como es habitual en él, es su marca…

Atrás quedo en la cuesta, el crepitar de mis huellas hundidas me acompañan con una leve brisa…,¡Maese Viento!

 

 

  • Maese Viento…, cuánto tiempo, te necesito amigo…, te eché de menos…

  • Ya te he dicho humano, que estoy en todas partes, pero tus débiles oídos solo me perciben aquí.

  • Si, Maese…porque esta es mi verdadera casa, cuyo techo es de azul cielo, sus ventanas  de nubes, de nieve su suelo,  tu voz es la música de mi televisión, y  mi corazón palpitante ascendiendo…, es el calor de mi  lar,  qué más puedo soñar…,qué más puedo pedir, nunca jamás tendré mejores posesiones…

  • Así es, humano,  lo has entendido, como hizo el Enano de Gredos, las verdaderas posesiones están dentro, dentro de ti…,quien quiera poseer  cosas, mientras más quiera y más lo quiera, tendrá cada vez menos, será esclavo de sus posesiones y  al final se irá como vino a este mundo,sin nada…

  • Maese Viento, qué fue de Martín, el Enano de Gredos…, ¿murió ahogado?,… no me terminaste la historia.

  • A veces hay que morir, para vivir. Parece difícil de entender, morir en vida es doloroso, pero una nueva vida, es mejor que una muerte continua en vida…

  • Sí, Maese, sé muy bien de qué me estás hablando…, demasiado bien, no sigas…

  • Martín tuvo que morir para que naciera el Enano de Gredos, todo tiene su fin y su principio…todo tiene su finalidad, todo tiene sentido…

  • Bien, Maese…, pero me contarás la historia.

  • Calla y escucha, humano…es mi regalo de cumpleaños.”

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La cuesta se va aplacando, llego a la cuerda, allí atónito observo  las figuras de las cumbres lejanas siendo engullidas por las nubes,  y a mis pies en tonos verdosos los llanos con Candeleda y las Villuercas de fondo, disfruto del momento…, pero desde abajo serpenteantes se ven acercarse nubes hacia las cumbres, temo que en poco estaremos bajo la niebla…

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Seguimos por la cuerda hacia El Belesar, nos tenemos que acercar al borde donde bate el viento, que está la nieve más dura, ya que por el centro nos hundimos en los piornos, un pequeño aperitivo de lo que vendría después…, vamos acelerando , viendo estupefactos como las nubes van abrazando las cumbres , se nos echan encima, nos quedamos sin vistas…

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Tiramos de GPS para llegar al Belesar, la nubes embelesadas no quieren marcharse y me dejan sin regalo de cumpleaños en forma de foto…

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Llegamos al Belesar, eso dicen nuestros GPSs, apenas vemos un poco la sombra de Cinco Lagunas bajo nuestros pies, pero no podemos acercarnos al borde, el tupido manto de nieve forma cornisas que amenazan en desprenderse…, son trescientos  metros de precipicio.

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Esperamos a ver si  las embelesadas nubes, ya sabemos el porqué del nombre de esta cima, deciden irse, dicen que las vistas hacen honor a su nombre…

Saco el bizcocho tarta, enciendo las velas y celebramos Miguel y yo mi cumpleaños, es el sueño de todo montañero…

 

 

Tendremos que irnos, nos quedan 20 kilómetros de vuelta, son las once, pero el tiempo tiene mala pinta, nos iremos buscando la cumbre del Meapoco, la niebla va y viene, dejando ver algún risco, pero no  las ansiadas cumbres ocultas a nuestras espaldas.

Llegando al Meapoco comienza a granizar, Miguel tiene los pies helados, sus botas están caladas desde ayer, tiene prisa por salir de allí, le tengo que frenar, va en dirección opuesta, no vemos nada a más de dos metros, mi GPS nos tendrá que sacar de ésta, gracias al Track del montañero Extremeño Keducc.

 Vamos con mucha precaución, se anda bien por la nieve, pero a nuestra derecha hay una caída infinita…

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Miguel sigue delante, vamos ya bajando, no vemos donde nos metemos, las líneas del GPS son anchas, la nieve blanda, no hay problema, llegamos a un Hito helado, el callejón de los lobos, ya estamos fuera de la niebla, pero Miguel no para, tiene los pies al borde de la congelación, de repente a nuestra derecha aparece la cima del Cabeza Nevada  de reciente recuerdo, con sus prados del Cervunal a sus pies…

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Cada vez nos hundimos más, vamos siguiendo el Track hacia la «plaza de Toros» , según el mapa, seguimos bajando rápidamente, las nubes siguen amenazantes de su líquido de vida…

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Vemos abajo el refugio de la Cuerda de los Copetes, hacia él nos dirigimos, comienzan las sorpresas…, nos hundimos continuamente, ahora hay piornos que al pisar te engullen hasta la cintura, es un infierno los cien metros que nos separan del refugio.

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Caída tras caída, parece que refugio nunca nos refugiará, tenemos que quitarnos los crampones, o nos lo clavaremos tarde o temprano, y puede ser una lesión grave…

En el refugio se dejaron la puerta abierta, hay un túmulo de nieve en su interior, nos quitamos los crampones y Miguel se cambia los calcetines empapados con la esperanza de entrar en calor, va a ser muy duro, estamos rodeados de piornos, y nos tapan cualquier salida, comemos y bebemos algo, nos va a ser falta, es descorazonador lo que nos espera , una caída cada diez metros con suerte…, disfrutamos de las vista al valle del Tormes.

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Seguiremos el arroyo de Navamediana, es el camino más corto y el que nos indica el track, andamos y caemos, caemos y andamos…,los piornos antipersonas convierten el monte en una pesadilla…, tienes que ir leyendo la nieve, buscando relieves en el blanco que te indiquen dónde tienes que pisar, muchas veces no aciertas y se queda tu pie incrustado en el hielo…, empezamos a sudar por el esfuerzo…

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Cambiamos de lado del arroyo, huyendo de los piornos, está más pendiente, el resultado es el mismo, se nos sigue abriendo el suelo continuamente tragándonos hasta la cintura…, por fortuna no hay sol, no quiero ni imaginarme pasar por aquí con la nieve superblanda, tendríamos que arrastrarnos como serpientes…

Poco a poco, caída tras caída, vemos un llano que parece una pradera, aquí los hoyos serán con arroyo debajo, nos mojaremos pero no nos quedaremos tan incrustados…

Sorteamos el arroyo con fortuna, y ahora los hoyos antipersonas son de agua, es más fácil leer ahora la nieve, pequeñas depresiones apenas perfectibles te indican un posible remanso de agua bajo la nieve…

Vemos a lo lejos dos personas subiendo hacia el Gargantón, tienen valor…, cuesta arriba ya no quiero ni pensar en el infierno de la nieve blanda…

Se estrecha la garganta y se pronuncia su pendiente, seguimos las huellas de los que subían, las primeras que vemos en toda la ruta, al menos veremos dónde han caído ellos…

Todo el suelo es agua, estamos calados, la nieve pierde espesor poco a poco, tratamos de no meternos en las lagunitas tapadas, alguna nos pilla, ya nos da igual mojarnos, tratamos de salir ilesos. Hay  muchas rocas, que te pueden hacer resbalar mojadas, Miguel se cae esta vez sobre la rodilla, temo que se haya hecho daño…, puede continuar…

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Se acaba la nieveeee, nunca pensé que me alegraría tanto, al menos veremos dónde pisamos, ahora es un berrocal de granitos redondeados, bien cubiertos de charcos, arroyos y regatos, ya no miramos si metemos el pie en hasta la pantorrilla…, queremos salir a un camino…

Vemos gente a lo lejos, pero hay que meterse en el lecho del arroyo , el camino va o iba, por ahí, de salto en salto llegamos hasta las hoyuelas, un cartel nos habla…¡de una senda!

Es un prado verde  y en poco escuchamos…, un regalo de cumpleaños, las cascadas rugientes saltando y bramando ante nuestros asombrados ojos…

 

El sonido del bramido de las nieves moribundas vuelven a embelesar nuestros oídos, y nuestros ojos reciben la corriente de imágenes que fluyen líquidas saltando sobre gris y verde…

 

 

Seguimos por la senda, saltamos una acequia, vemos otro refugio con mucha gente en su puerta, volvemos a saltar la acequia, nos acercaremos.

El refugio de quemaculos hace honor a su nombre y  allí la lumbre se ofrece a tal efecto, hay muchos excursionistas y están para volver, son de Salamanca y de Avila, algunos de Madrid, salimos de nuevo de vuelta por una senda entre retamas bien marcada con sus señales amarillas y blancas, aceleramos y pasamos a los excursionistas, seguimos chapoteando y saltando ríos, es increíble…cuánta agua.

 

Todo está verde y sale el sol, empezamos a darnos cuentas de las ventajas del nublado, nos sobra toda la ropa…

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Aceleramos el paso son las cinco de la tarde, y estamos ya cansados…, pero tenemos que frenar…,nos perdemos el espectáculo del valle, con su río, sus bosques, sus arroyos, sus pájaros cantores en pleno celo, todo rebosa de color y vida…

Ya se abre en pista el camino, llegamos al pueblo de Navamediana, una vez allí cogeremos la carretera hacia Bohoyo, son cerca de tres kilómetros.

Tenemos pavor al asfalto, con nuestras botas de alta montaña, es curioso el contraste…, hace unas horas rodeados de cima, nieve y niebla, y ahora andando por una carretera con las cumbres muy lejanas al fondo rodeados de prados verdes.

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Antes de lo esperado llegamos al aparcamiento, eran justo las siete de la tarde, el coche está solitario, nos cambiamos toda la ropa, Miguel busca agua para lavarse, usamos la que cogimos arriba del deshielo…, ya sólo nos queda la cerveza y una buena cenita, pues no hemos comido casi nada…

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Maese Viento me contó un nuevo episodio del Enano de gredos, en cuanto pueda lo publicaré…

 

 

 

 

 

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