EL CABEZA NEVADA DE GREDOS. HIELO, PIEDRAS, ROCAS, NIEVE,…CUANDO LA MONTAÑA NO TE QUIERE.

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Cabeza Nevada, Mogota del Cervunal, nombres para la montaña más al norte del Circo de Gredos, su cima ansiada y mirada, con su forma redondeada, está salpicada de grandes pendientes, lo que le hace pico de pocos amigos…
Hace dos años intentamos subirla desde Navalperal de Tormes, pero en la primera ocasión la nieve blanda, en la que nos hundíamos hasta el pecho nos impidió llegar a su cima.

Y no pudimos subir, nos hundíamos en la nieve.
Y no pudimos subir, nos hundíamos en la nieve.

Pocas semanas después lo intentamos con la guía de Candy y lo conseguimos entremezclándonos de niebla…
Así que apenas lo habíamos disfrutado, nos juntaríamos de nuevo los de Vertiente Sur, los locos del Mont Blanc, Aneto y del Mulhacén entre otras…
Nuestros ojos soñaban de nuevo con el Cabeza Nevada, pero desde la plataforma de Gredos, ruta que hace su paso por las inmediaciones de la laguna de Gredos, para luego bajar por Navalperal de Tormes.
Hablamos con Candy, nuestro amigo y guía de las nieves, y pusimos fecha en domingo, el único día que nos venía a todos bien.
Alejandro vendría desde Madrid y dejaría el coche en Navalperal y Candy con sus amigos los Montañeros de Béjar, lo recogerían para encontrarnos todos en la plataforma de Gredos.
Tenía muchas dudas, era una ruta dura y por mi costilla rota llevaba un mes sin hacer ni la más mínima actividad física, y mi ánimo no era el mejor para tal empresa, pero la montaña tira más que dos carretas…
Quedamos a las cinco de la mañana, Josechu y Jesús pasaron por mi casa de Villanueva a recogerme y luego fuimos a por Miguel Angel Espartano, queríamos estar a las nueve en la plataforma de Gredos, antes que llegaran las hordas de domingueros de la nieve, que había nevado mucho hacía dos o tres días y este año estaba parco en nieve.
Arribamos a las nueve menos cuarto, y en poco llegó Alejandro con Candy y seis montañeros de Béjar más, iba a ser una ruta de trece, el número de la buena suerte. Las previsiones eran de sol y temperaturas rozando los cero grados, iba a ser un buen día. Maese Viento rugía rabioso, hacía un frío terrible en la plataforma, aunque apenas hacía dos grados sobre cero , nos pertrechamos y en la caseta parada nos pusimos los crampones, había hielo desde la primera piedra del caminito de Gredos.

Está todo muy descarnado, muy desangelado para ser febrero, se ve más gris que blanco por todas partes, y además una calima gris rojiza amenaza con taparnos la vista de los picos, el cambio climático dirían por la bendita tele…
Los Fabulosos Béjar Boys empiezan muy deprisa, el camino es una pista de hielo, mis crampones nuevos clavan bien, su crujiente crepitar metálico marca mi ritmo al final del grupo…, como siempre.
Tras cruzar el puente del prado de las pozas giramos a la izquierda, para subir la cuesta directamente, la nieve permite ascender sin rodeos, casi me despisto en este desvío, puesto que los Montañeros de Béjar llevan una marcha que van a levantar toda la nieve…de Gredos. A mitad de cuesta nos paramos, empiezan a mirar para atrás, falta alguien, parece que Jose Manuel de Béjar no ha visto que nos desviamos, están gritando a pleno pulmón, creen que está abajo parado. Alejandro y yo que vamos a un ritmo más humano y disfrutón seguimos a nuestro paso…no por mucho correr se llega antes, sobre todo si vas perdiendo a la gente.

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El caminito descarnado y congelado.

 

Parece que Maese Viento se va calmando y vamos estando más a gusto, nos paramos en la helada fuente de los Cavadores, bonita estampa.

 

 
Allí empezamos a ver gente del grupo que ya vienen, sabemos que nos darán una pasada que nos van a llenar los ojos de nieve…
Efectivamente, nos alcanzan y nos dicen que por lo visto va por delante, este muchacho de Béjar también corre mucho, los Montañeros de Béjar son un grupo increíble, se han pasado toda la vida en la montaña, están curtidos de verdad, son duros como rocas y no saben lo que es el frío ni el cansancio, y además la mayoría rondan los sesenta años o más…Bernardo, el más veterano, tiene 73 años es un auténtico portento, ya quisiera yo hacer la mitad a su edad…
Seguimos hasta Barrerones, donde enfrente tenemos el Cabeza Nevada, nos recreamos pocos instantes…creo que los de Béjar tienen que estar ya por la laguna, ni siquiera he podido verlos a todos desde que salimos.

Bajamos por el camino a la laguna, hay más nieve y menos hielo, nos paramos un instante en una preciosa cascada de hielo, seguimos y en un recodo nos reagrupamos, creo que es la primera vez que veo a los trece juntos, ha costado casi dos horas.

Y a nuestros pies la laguna, gélida, y casi desnuda de nieve, los picos de Gredos medio inmaculados de blanco, no parece Febrero…y dale con el cambio climático.

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Me paro a hacer algunas fotos, tras el desvío hacia Cinco Lagunas, no llegaremos a la Laguna de Gredos, me quedo esta vez sólo, el silencio me rodea, me embarga, las cumbres atiborradas del polvo gris juegan a desvanecerse en un sueño calimoso, Gredos, pétreo altar de nieve y rocas, hielo y sueño que te atrapa al mirar, si no has venido, nunca lo sabrás…

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El susurro suave susurrante del agua me despierta de mi leve ensueño, Alejandro me está esperando, y bastante más allá están cruzando el arroyo que nace de la laguna, hermoso enclave de hielo, nieve y roca…
Avanzamos por el camino del Rey, subiremos cerca del Cerro de los Huertos para luego bajar al Gargantón, donde se asientan los pies de nuestro Cabeza Nevada, la nieve se agolpa hundiéndonos en blanda alfombra , empiezo a disfrutar de verdad, este tramo parece más invierno, más puro, más montaña, aunque no hace apenas frío.

Candy nos está esperando a media subida, y los tres vamos ascendiendo por la nieve blanda de frenar, haciéndonos jadear y casi sudar, ya vemos el Gargantón…y el Cabeza Nevada con su mole casi piramidal, medio provista de nieve,…nos queda mucho que subir.
Apenas me duele la costilla, aunque voy en ayunas, el desayuno de las cuatro de la mañana sentó mal y no me atrevo a comer por ahora.
Bajamos al Gargantón, en la sombra hay buenas placas de hielo, pero el descender por la nieve blanda es un gran placer…

Nos paramos en medio del Gargantón, comemos algo antes de la gran cuesta, subiremos por la Portilla del Pluviómetro, la pendiente desde abajo asusta un poco, parece ardua y peligrosa empresa, si hay hielo, no podremos subir, no llevamos tornillos ni estacas de hielo. Según nos cuenta Candy, el subir no debe ser gran problema, por este lado da el sol y la nieve debe de estar bien, pero una vez arriba la bajada norte hacia Navalperal suele tener mucho hielo, ya veremos arriba para donde tiramos.
Poco más adelante, volvemos a pararnos, nos quitamos los crampones, apenas hay nieve, el sol calienta, Gredos se deshiela una vez más, este invierno, y dale con el cambio climático.
Ascendemos por la senda retorcida que va a Portilla del Rey, pisando la poca nieve que tiene, pero al situarnos bajo la canal de la portilla del Pluviómetro nos desviamos, en la canal hay mucha nieve, y además esta dura, así que nos volvemos a poner los crampones…nos queda lo mejor, la placa de nieve es muy grande en este lugar.

Gargantón.


Comienza lo mejor, “ zeteando” subimos cada uno a su aire, mirar arriba cansa, mirar abajo asusta, una vez más un lugar donde no puedes fallar, si caes, no paras hasta abajo…
El ruido de nuestra respiración nos acompaña, a veces caen pequeñas bolas de nieve de los que van por arriba, se anda bien, hay uno 30 centímetros de nieve blanda sobre una placa de hielo, donde clavamos nuestros crampones, va cayendo la distancia, poco a poco, es increíble como sube Bernardo a sus 73 años, la pendiente es muy dura, queda algo rezagado y Josechu le acompaña.

Cada uno se apaña como puede.
Cada uno se apaña como puede.

 

Ya queda menos
Ya queda menos…

Son poco más de las dos de la tarde, estamos arriba, en el collado o Portilla del Pluviómetro, a nuestros pies yace el gargantón que dejamos huérfano, al otro lado se atisba las cinco lagunas heladas y congeladas, y al sur las cumbres de Gredos, entremezcladas en gris letanía de polvo calimoso del desierto del Sáhara , y una vez más alborotándonos los cabellos,…Maese Viento:

Miguel Angel y la cuesta de la Portilla del Pluviómetro.

 

Cinco Lagunas escondida y durmiente.
Cinco Lagunas escondida y durmiente.

“ – Maese Viento, silencioso estás a mis oídos, hace mucho que no sé de ti…
-Una vez más, eres tú quien no escuchas, humano, tus oídos están tapados por el ruido de tu interior…
– Tienes razón, Maese, pero déjame, no quiero que hables de mí, ni de ruidos, cuéntame Maese, de dónde sale todo este polvo gris…que nos tapa las montañas, hoy esperábamos tener un día azul.
– Humano, lo que tú esperes no me importa, os creéis que está todo a vuestro servicio, que todo es vuestro, que lo controláis todo, queréis poseer la tierra, os aferráis a ella, cuando ella es vuestra dueña y no al revés, os marcharéis como vinisteis, sin nada, todo quedará aquí, y  en vuestro final ella cubrirá vuestros cuerpos…
Vuestro recuerdo se desvanecerá entre mis nubes de polvo, yo os enterraré, …enterraré vuestras civilizaciones, una tras otra , que caerán bajo mi polvo soterradas en la tierra que queréis poseer, si queréis que las llame civilizaciones…,¿es que sois civilizados…?, ¿lo seréis alguna vez?, la avaricia os puede… “

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Hacemos fotos y más fotos, paramos a comer, antes de la última subida hasta la cumbre, yo no puedo comer hasta que esté bajando, mi estómago no lo permite, me tomo un plátano y me entretengo haciendo fotos con mi móvil nuevo, como un chiquillo de diez años…

Móvil nuevo, pose nueva...
Móvil nuevo, pose nueva…

Salimos, dejo que me adelanten, quiero hacer fotos, vamos por el lado derecho de la ladera siguiendo los hitos, Candy y Mario van detrás de mí y se dejan retratar, parece que vamos muy abajo, el camino va por la cuerda, así que tiro hacia arriba directamente, ellos se han metido en una placa de hielo, bastante empinada, de repente cae un paquete negro ladera abajo, por suerte se detiene, se puede recuperar, son los crampones de Andrés y lleva dos pares en la bolsa,…me sorprende que estén en la bolsa y no en sus pies.
Los he adelantado, estoy arriba, los espero por una vez, no siempre me van a esperar ellos, se han entretenido rescatando los crampones de Andrés, sigo…, que me entra frío.

Los últimos serán los primeros dijo alguien bastante famoso…, así que llegué primero a la cumbre del Cabeza Nevada…¡Lleguéeeeeeee!!!!!.

Hito del Cabeza Nevada. 2426 metros
Hito del Cabeza Nevada. 2426 metros

Ha costado, son las tres de la tarde, disfrutamos de nuestro gran momento, la vista está desangelada con el polvo gris que lleva Maese Viento, que no para de soplar como siempre hace aquí, dicen que hace frío,…yo no lo noto.
Nos turnamos en el hito que hace testimonio de nuestra hazaña, estoy inquieto deseando ver la bajada, no me apetece volver por donde hemos venido, me adelanto otra vez, la cuesta es de hielo y rocas, creo que podremos bajar sin mucha dificultad…,bueno, sin demasiada dificultad.


Ya llegan los más corredores de los Montañeros de Béjar, es factible bajar por la cara norte, sin matarse.
Los crampones se clavan muy bien en el fiero hielo, y el hecho de que haya muchas rocas al descubierto, puede ser una ventaja, si caes no vas muy lejos, te puedes hacer daño, pero no matarte…
Vamos bajando con precaución, donde da el sol, la nieve está blanda, así que te puedes hundir y caerte, vamos buscando las zonas con hielo…quién lo diría, antes de bajar que el hielo sería lo más seguro.

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Superberrnardo con su 73 años...
Superberrnardo con su 73 años…

 

Mario y la Cima.
Mario y la Cima.


Bajamos lentamente, hielo, rocas, nieve, esto me recuerda al supermercado de los peligros del Mont Blanc…, nos topamos de frente con una placa de hielo enorme muy vertical, esta sí que quita el hipo, un resbalón y son doscientos metros para abajo, pasito a pasito, que el coche está abajo…
Con gran alivio salimos de la placa, estamos en el centro del valle, ya bastante más llano pero quedaba lo peor. Desde este rellano hasta los llanos del Cervunal hay otra gran bajada, pero ahora nos esperan ¡Piornoooos!, la “plagaverde”, rocas y nieve de relleno muy blanda. Nos quitamos los crampones, con nieve blanda y rocas son peligrosos, si te caes, que te caerás, te los puedes clavar.
Buscamos los hitos, y siguiendo el track del Espartano Miguel Angel vamos a la derecha, cruzamos un arroyo de nieve sorteando piornos.

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Es lo peor de la ruta, la montaña no nos quiere aquí…, el cansancio se nota, las piernas no son seguras, vamos saltando de roca en roca y cuando pisas la nieve te hundes en ella, los hoyos antipersonas están por todas partes, vamos despacio de tropezón en tropezón y alguna caída…,algunas. Nunca sabes dónde pisas salvo que lo hagas en roca, y con pies llenos de nieve,…te resbalas.
Voy quedando atrás, no he comido nada en todo el día, he pillado un “pajarón”, tendría que pararme a comer pero no esperan, corren y corren, menos mal que una vez más mi amigo Alejandro se ha quedado atrás conmigo y él tiene las llaves del único coche, así que no irán muy lejos…
Son momentos difíciles, me entran náuseas, la cabeza me va a estallar, me duele la costilla rota y me cuesta respirar…,cuantas cosas para una hipoglucemia. Sigo andando, pues es cuesta abajo, cuesta arriba no podría, tengo que comer algo, pero estos van como motos, como comieron antes…
Josechu me da un Kit Kat, que devoro pese a las náuseas, todo esto sin parar, pues la marcha del grupo no espera rezagados…
Pasamos cerca del chozo refugio del Cervunal, pero apenas podemos fotografiarlo con la marcha del grupo, Jesús y yo desistimos de acercarnos, seguimos por los llanos cubiertos de su manto níveo, atrás queda la pirámide del Cabeza Nevada, perdida en la calima.

Jesús y el chozo del Cervunal...
Jesús y el chozo del Cervunal…


El descenso a Navalperal es largo, pero muy cómodo, el camino siempre tiene restos de nieve que amortiguan nuestro paso, Alejandro y yo vamos a nuestro paso, disfrutando de la ruta hasta el final, la noche se aproxima, luna llena sale a saludarnos cuando cruzamos el penúltimo puente, llegamos al aparcamiento ya casi de noche, Alejandro tiene que llevar a los tres conductores a la plataforma de Gredos a recoger los coches, me ofrece subir hasta el pueblo y evitar el último paseo de casi dos kilómetros cuesta arriba, rechazo su oferta, mi sangre ya tiene glucosa y ahora es cuando me encuentro en condiciones de andar, los nueve que quedamos sin coche subimos a Navalperal a oscuras, Jesús y Bernardo con sus 73 años y diez horas de ruta se ponen a tirar cuesta arriba, sigo su ritmo, Bernardo es increíble…,cuando sea mayor quiero ser como él…
Nos paramos en el bar del pueblo a echar la cervecita en espera de que lleguen los coches, son casi las ocho de la noche,subimos a la parada en la carretera y en poco llegan los coches, nos despedimos de nuestros amigos, los supermontañeros de Béjar, aunque luego acabaríamos allí tomando nuestro bocata de lomo con la cervecita…
Otra muesca más para el machete…

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