El Morezón y la Laguna Grande de Gredos. Nieve,nubes, hielo y cielo.

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Era el viernes 13 de Febrero, día de la buena suerte, el perfecto para una nueva ruta invernal. Nos juntamos en esta ocasión los de siempre, sin poner ninguna falta; Candy, Jesús, Josechu, Alejandro y yo.
Salimos de Extremadura a las 5:45 para recoger a Candy en Béjar a las 9:00 horas, el día prometía, la pasada ola de frío y nieve había suministrado de un compacto bloque de nieve a todo Gredos, que me traía recuerdos helados del Mont Blanc. Las previsiones eran de nubes y claros con empeoramiento por la tarde a partir de la cinco, según los americanos, los medios españoles cada vez los miramos menos…

Llegamos a la plataforma sobrepasadas las diez  y  empezamos a andar poco más de las diez y media. Yo estaba más contento que Marisol con mis «patos» nuevos (raquetas de nieve) que me trajeron tres señores de oriente y los iba a estrenar… era el único que iba con zapatos emplumados.

Hacía frío, tres  bajo cero o así, pero como Maese Viento estaba calladito en cuanto pillamos el sol empezó a sobrarnos mucha ropa.

 

Cogimos nuestro estimado caminito de Gredos,¡sin piedras!,y tras ascender por él hasta poco después del cruce del refugio de Reguero Llano nos desviamos a la izquierda buscando al Cerro Cagarruta, curioso nombre…

 

 

Era realmente espectacular, un desierto nevado y  el sol con su brillo suave de invierno se reflejaba en un infinito espejo blanco de nieve  y nubes besando perezosamente las cumbres…

El ascenso era largo y precioso, con las vistas de La Serrota y todas la comarcas norteñas avulenses heladas y por encima la cuesta comida de nubes que comenzaron a engullirnos en brumosa digestión.

 

 

 

  » -Maese Viento, cuánto tiempo, te he echado de menos, me dejaste a medias en la historia del Enano de Gredos…
          – Pues si me echas de menos, humano, es porque no me escuchas, yo estoy  en todas partes, no sabes escuchar, como casi todos los humanos.
          – Maese Viento, no entiendo porqué aquí en Gredos entiendo tus palabras…
          – Humano, ya te dije que Gredos es un sitio diferente, aquí estáis más cerca de vuestra esencia, de vuestra naturaleza, todo aquí habla mucho más fuerte, las nubes, los ríos, las rocas, pero vosotros no lo entendéis, estáis sordos, no escucháis a la Naturaleza… «

Nos quedamos Alejandro y yo algo retrasados haciendo fotos y más fotos, y nos volvimos a juntar en Navasomera, un pradito de nieve inmaculada que cruzamos para empezar la última cuesta hacia el Morezón, con las nubes abrazándonos por momentos pero sin querer subir a los altos, íbamos a tener mucha suerte.

 

 

 

Al día siguiente era San Valentín,las nubes lo sabían.

 

 

 

 

 

Ascendimos al Morezón con Maese Viento racheado, contándome a ratos la historia del Enano de Gredos, aquel que iba  a ver muy pronto desde la cumbre del Morezón, asomado al circo helado de Gredos…

 

 

 

 

Momento en que coronamos la cima.

Le pedí por favor a Maese que se silenciara en la cima, para poder disfrutar del paisaje, la última vez con su furia nos congeló hasta las cámaras, y Maese, cortés y clemente, me concedió ese don. Un gran don, las mejores vistas de Gredos que se puedan alcanzar en dos horas o poco más de marcha.
Las Nubes en la cara sur queriendo saltarse las cumbres con Almanzor regentando el aire en nuestro frente, abajo la gélida laguna, enterrada bajo una losa de nieve, y a nuestras espaldas, lejano,  el pico de la Mira discutiendo con las nubes para que le dejaran tomar el sol…

 

 

 

 

Busca a Wally,digo al refugio Elola…,al pie de la laguna.

 

Pico la Mira, el último de la cuerda,muy al fondo.

Nos hicimos todo tipo de fotos, hasta una programada a 12 segundos para la que puse  la cámara en una roca a unos diez metros, la única que asomaba en el manto helado, y tuve que emplearme a fondo con mis patos para poder llegar a tiempo a la pose.

 

Pocas veces he disfrutado tanto en un alto, con Maese calladito, el sol calentando y todo atiborrado de blanco níveo, inmaculado, puro…deseo, sueño de cualquier montañero que busca cumbres…

Nos teníamos que ir, con gran desgana, de aquel mágico lugar , bajaríamos a la laguna que yacía a nuestros pies, sin ningún signo de vida, helada de sueño e indiferencia . Por dónde, no lo sabíamos, subimos por el lado soleado con nieve polvo, muy buena para mis»patos», pero la bajada en sombra prometía hielo y emoción.
Hacia el norte por la cuerda en dirección barrerones  tratamos de encontrar la forma de bajar vivos a la laguna, Maese empezó a hablarme con mucha furia y tenía todo cada vez con más  hielo, por lo que pisábamos con más cuidado.

 

 

 

 

 

 

Por fin Josechu y Candy dieron por la zona menos peligrosa y más soleada ,y comenzamos a bajar por una pendiente de nieve con una capa de hielo debajo,muy peligrosa, y descendimos la primera parte de la cuesta con más miedo que vergüenza.

 

 

 

 

 

En el tramo final  me quedé atascado, ni para arriba ni para abajo, así que Alejandro me hizo un hueco en la pendiente helada con sus crampones, donde me senté y me ayudó cambiarme las raquetas por los crampones. Creí que sería más difícil cambiarse en una cuesta de hielo agarrado con una mano al piolet clavado  para no bajar de golpe, podría haber sido divertido, si no fuera por la roca de la izquierda que amenazaba con golpearme más de la cuenta…

 

 

 

Junto a esa roca tuve que calzarme los crampones,demasiada pendiente con mis patos,con hielo debajo.

Con crampones el bajar era un juego de niños, así que alegremente llegamos una vez más Alejandro y yo muy rezagados al caminito de la laguna, perdido en nieve y pisado de huellas e ilusiones.

 

 

Enseguida vimos el circo de Gredos, un contraste de cielo azul y nubes, de sombra y blanco radiante, y la laguna escondida bajo una  llanura alba y plana, sin vestigio de su vestimenta veraniega acuática.

 

 

Seguimos andando, son cerca de las tres, nos aproximamos al refugio Elola, allí si Maese Viento nos deja un abrigo, podríamos comer algo.

 

 

 

En el refugio las cumbres se aliviaron en algunos instantes del acoso de las amorosas nubes, dejándonos fotografiar las numerosas cumbres, incluido a la del Enano, protagonista de la historia que me iba contando Maese Viento por el camino.

 

 

 

Para colmo de bienes, dimos con la fabulosa suerte de encontrarnos con Joao García, mito viviente del alpinismo, el décimo ser humano en subir los 14 ocho miles sin oxígeno suplementario y sin serpas, además de los 7 grandes(las cimas más altas de cada continente), nos impresionó su humildad, madurez, sensatez y buen humor. Nos contó entre nuestras muchas preguntas cómo perdió todas la falanges últimas de ambas manos en el Everest al tratar de salvar a un amigo, la cara triste de este deporte, el hombre enano frente a la inmensa naturaleza. Cuando le conté que me había quitado la raquetas para bajar, se sonrió, me miró los pies y me dijo que había bajado pendientes de hielo de 45º muchas veces con raquetas como las mías,¡yo no lo dudo…!

En medio,color glaciar,Joao García leyenda viviente del alpinismo.

Picamos algo rápido que había que volver y las previsiones empeoraban por la tarde, aunque nada presagiaba que fuera así, las nubes seguían a raya en la cara sur, abrazando melancólicamente las cimas de vez en cuando.
Salimos tras despedirnos de Joao, cruzando por medio de la laguna, pero nos tuvimos que volver ya que la laguna engulló  a Alejandro y  a Candy , se hundieron hasta el pecho, así que volvimos y cruzamos la laguna por donde habíamos venido.

 

 

 

La subida de vuelta a Barrerones, se hace continua y cansina tras todo el día de marcha; es como una serpiente blanca que se escapa y jamás ves su cabeza, con el ruido de las raquetas rajando la nieve y el sol en la espalda haciéndote sudar con sólo una manga, parecía que se equivocarían los del tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

Alejandro y yo llegamos a Barrerones solos, puesto que  al resto les dio prisa olímpica y marcharon cuesta arriba como si les persiguiera el diablo, nosotros dos preferimos seguir disfrutando del día, que nos cuesta mucho venir…

 

 

 

 

En los Barrerones estaba Maese Viento esperándonos soplando con furia, rápidamente comenzó a cambiar el tiempo,y en pocos minutos estábamos en un infierno de ventisca gélida y nubes, todo un espectáculo, me tuve que poner toda la ropa que llevaba en la mochila, volverían a acertar los americanos con sus previsiones meteorológicas,¡increíble!.

 

 

 

 

 

 

-Maese Viento, a qué se debe esta furia repentina.
– Tú eres la causa humano.
– ¡Yo!, si no soy nadie, cómo te puedes enfurecer de esta manera por un pobre humano como yo…
– Me has pedido que te contara la historia del Enano, y su recuerdo trae mi furia, escucha…
Maese Viento, me contó el triste final de Isabel, pobre niña, me quedé helado y congelado con la historia y con la  furia de Maese Viento…

 

Seguimos avanzando disfrutando de las condiciones adversas climáticas que con el coche  a poco más de media hora y con buen equipo es una gozada.

 

 

 

 

 

 

Topamos con la fuente de los Cavadores, y para nuestra sorpresa brotaba agua, Alejandro repuso su cantimplora dándome a probar un exquisito granizado de agua, una delicia en medio de aquel desierto.

 

 

El caminito sin piedras aparecía en hitos marcándonos la senda, sin huellas que perseguir borradas por la ira de Maese Viento.

 

 

 

 

 

Supuestamente ahí estaba el río del prado de las Pozas.

 

La aventura tocaba a su fin, llegamos a la plataforma sobre las seis de la tarde, donde nos esperaban los marchadores atléticos ateridos de frío(Alejandro llevaba las llaves del coche), y es que se pasa más frío esperando que andando…

 

 

 

 

Os prometo contaros en cuanto pueda » El día de la Furia de Maese Viento», tercer capítulo del  Enano de Gredos.

 

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