La Covacha desde Navalguijo. Cuando los grises se vuelven blanco…La terrible historia de Pablo, el constructor de Ameales.

publicado en: Gredos, Rutas | 2

Y gris es la sustancia que rellena el cerebro, y gris es el cielo de un día de noviembre, y gris es el sueño que se queda atrapado en tus ojos  sin llegar a tocarte, y  gris, más gris…, es la ausencia de ese mismo sueño que no te tocó…, gris, y para gris,  tan gris, más gris…, es el dolor que te oprime el pecho y te toca cada día embarrizando  tus horas, tus minutos, tus segundos,  asfixiándote, dejándote transparente, invisible, sin ideas, sin esperanzas ni consuelos, sin sueños ni anhelos…

He estado demasiado tiempo sin color, sin expectativas, tan gris…, pero ese tiempo se ha acabado, tras el gris siempre vuelve el color, pues el azul del cielo está esperando…, solo para mí.

Larga es la sequía que transforma los campos Extremeños en desierto de polvo y paja, mis ojos se tornaron con la esperanza de ver de nuevo las montañas de los Pirineos, pero una vez más las borrascas otoñales que se ausentaban en nuestra tierra, regaban con lluvia y nieve aquellas montañas impidiéndome el pisarlas.

Pasaban y pasaban los días griseándose de sequía y tristeza otoñal, y llegó el día esperado pues por fin nevaría en Gredos, y tras esas nieves un día de sol antes de otra borrasca, el gris se volvería blanco en un día de cielo azul…

Contacté en seguida con Candy, el GPS de Gredos, le dije que iría dónde fuera y me contestó que ese día, sábado, pensaba subir a la Covacha aunque no sabía por dónde todavía, yo no había hecho la subida por la garganta de los Caballeros, así que le sugerí hacerlo por allí.

Tras una guardia sin sueño y mi primera libranza de guardia en mis veinte años en Extremadura, preparé mis botas nuevas que llevaban dos meses encerradas en su caja de cartón sin ver la luz.

Tomé el coche sobre las cinco de la tarde para encaminarme a Béjar, allí busqué una pensión cuyo nombre no quiero ni puedo acordarme, para llegar más allá de las siete de la tarde, donde me recibió con simpatía un muchacho de color con rastas y acento francés, dejé la maleta y me fui a casa de Candy a cenar, allí me esperaba con su esposa Mari Salud.

Tras una hermosa velada amenizada con los goles del 7-0 del España-Malta, quedamos en que volvería por la mañana a las ocho menos cuarto para desayunar con churros y me fui a mi pensión…

El cansancio me hacía olvidar los muelles del colchón, pero el ruido de fondo no me dejaba dormir, sonaban motores de fórmula uno y por más que cerraba los ojos parecía que estaba en pleno circuito de Montecarlo esquivando los coches…, y escuchaba voces de una conversación en lo que pensaba que sería una televisión en alta voz…, así estuve hasta las tres de la mañana que caí dormido…, en ese tiempo comprendí el cartel de detrás de la puerta que rezaba que mi estancia sería inolvidable…

Las siete y media suena el despertador, me visto, me aseo y salgo rápido hacia casa de Candy tras comprar unos churros, para luego partir hacia Navalguijo donde Candy había quedado con tres amigos que llegarían desde Salamanca.

Llegamos al sitio convenido en el aparcamiento que hay tras pasar Navalguijo, pedanía de Navalonguilla, desde donde se accede  a la garganta de los Caballeros, lo cual hicimos a las nueve y siete minutos, no acostumbro a llegar tarde, pero tuve que conducir despacio, pues llevaba dos días sin sueño…

Allí encontramos a nuestros tres acompañantes, Maxi, Lorenzo y Teo  Llorias, este último con 70 años y es un mito de la montaña de Gredos…

Son las 9.15 empezamos a andar por el bosque, vamos justos de tiempo, pues son casi 26 Kms y anochece muy pronto, en seguida Teo Llorias se coloca adelante a tirar del grupo con su energía incombustible, apremiándonos con que nos devorará la noche…, nos adentramos en el bosque con sus primeras luces y el olor a mojado nos toca suavemente amedrentado por una pequeña capa que nieve recién caída que se irá engrosando a medida que avanza nuestro paso.

El bosque de robles con su manto de hojas “engeladas” deja paso brevemente a un bosquete de pinos para volver “otoñocido” de dorados suaves de mañana temprana y fría, vamos a buen paso, no queda otra, pero para Llorias le sabe a poco y se escapa y se vuelve a esperarnos una y otra vez, van cediendo los árboles dejando ver las cumbres emblanquecidas de nubes soporíferas que contrastan con el azul cielo que va poco a poco desesperezándose en vivo color…

El valle se alarga incluso con nuestro ligero paso, vemos el Púlpito y  el risco del Cancho un poco más arriba sigue oprimido de nubes y no se exhibe a nuestros ojos, me explican por dónde se sube a esta cumbre desconocida por mí…, mientras la nieve tapa el verde prado que vamos pisando…

El valle se bifurca en dos, pero seguiremos por el mismo, así que giramos y nos metemos en una garganta que empieza a aumentar su pendiente, aquí nos cuenta Candy que hay unas bellas pozas donde guarecerse del calor en verano, y las vemos…

La garganta se abre en amplio valle, el blanco empieza a predominar en todo nuestro mirar, encontramos un pequeño refugio, y más allá las ruinas  de una mina de blenda que Candy nos quiere enseñar pero dejamos para la vuelta pues el tiempo apremia.

Tenemos que cruzar el río, Llorias en un segundo ha cruzado, nosotros no lo vemos claro, las piedras están congeladas y si las pisas vas al agua, subimos río arriba buscando el vado, por fin Candy se decide hacerlo aunque acaba bañando la pierna derecha, nosotros aprendimos de su baño y lo hicimos por  el mismo sitio en modo seco…

Aquí el sol aprieta, hace calor y la nieve se derrite dejando un reguero de agua en nuestro camino, seguimos las huellas de tres montañeros que nos preceden, el paso se va haciendo más lastimero pues nos hundimos en nieve, en agua y a veces en roca, vadeamos algunos arroyos y de nuevo el río para acabar en el refugio de la Garganta de los Caballeros, desde aquí vemos los Riscos Morenos, paramos un momento a beber y comer y seguimos apremiados por Llorias que hace de nuestra voz de conciencia y nos recuerda la oscuridad de la noche que vendrá…

La nieve se va espesando, la marcha se haca larga, ya vemos el Juraco, cumbre a cuyos pies se encuentra la laguna desde donde parte la senda final a La Covacha, nos asaltan piornos que vamos franqueando con facilidad pues la senda permanece…

Nos ha cundido poco, vamos muy tarde, Llorias se para a beber y yo como tengo bolsa de hidratación continuo la marcha, llego a la laguna, detrás de mí llega Candy , encontramos a los tres montañeros que nos abrieron paso en la nieve, están comiendo tranquilamente, vienen de Valladolid y no subirán pues son las una y media, es tarde.

Candy en la Laguna de los Caballeros…

Candy me dice que él tampoco subirá a la Covacha, desde aquí se ve la capa de hielo que cubre la montaña y será muy peligroso, en eso llega Llorias y nos dice que hay que subir, que si no lo vemos , no lo sabemos, y sigue adelante, Lorenzo va detrás de él, yo había decidido no subir, pues no voy muy fino, la inactividad y el asma se están cebando conmigo, tuve incluso que tirar del dispositivo medicamentado pues la cabeza me iba a estallar de dolor por la falta de aire…

Maxi dice que va a subir  hasta arriba de  la Portilla, yo me voy detrás, Candy se quedará en la laguna de los Caballeros de fotógrafo…

Llorias y Lorenzo nos llevan 5 minutos de ventaja, en nuestras dudas de subir o no, y suben muy deprisa, yo empiezo a encontrarme mejor de mi asma tras usar el “ ventolín “ y subo la portilla sin dificultad, Maxi está a punto de volverse pues le amenazan los calambres, necesita reponer sales…

Seguimos tras dudar un poco, llegamos a lo alto de la Portilla, salimos por encima de los Riscos Morenos, Llorias y Loren ya se han metido en roca, en la zona peligrosa, nosotros vamos para allá, los perdimos de vista.

Seguimos por la cuerda viendo el espectáculo de las letanías Extremeñas, vamos relajados, no subiremos, se nos ha hecho tarde, comeremos al sol bajo la mole de La Covacha sin subirla, nos quedan apenas 500 metros para la cima, pero es hielo y roca, la capa es muy fina y aumenta su peligro pues los crampones no sirven y hay algunos pasos expuestos, así que toca disfrutar con la laguna a nuestros pies…,y nos quedamos aquí.

Y aquí Maxi y yo disfrutando de nuestra mutua compañía, a sabiendas que nos hubiera gustado subir, pero también nos ha gustado mirar y disfrutar sin prisas de nuestro pequeño logro, la subida era complicada y habríamos retrasado al grupo por lo menos una hora, se nos haría de noche…,esa que tan poco le gusta a Llorias.

 

Empezamos a bajar y en cuanto nos separamos un poco de la montaña que nos protege, Maese Viento nos abraza fuerte y gélido…

  • “Maese Viento, hoy estás gélido, cuanto tiempo sin escuchar tu voz, amigo mío…

  • Eres tú quien me sientes gélido, humano, pues sois vosotros los que sentís y queréis dejar de hacerlo cuando lo que os llena es el gris, ¿verdad, humano?

  • Por mí lo dices…, Maese, no quiero hablar de mí, la vida a veces son luces y otras son sombras, sin grises no hay color, y sin lágrimas no hay risas, me lo dijiste una vez…

  • Todo depende del color del cristal que mires, humano, y tú decides qué vidrio poner delante de tus ojos…

  • Así es Maese, pero déjame con mis pesares, pues cada cual que sostenga su vela…

    Estuve en Agosto bajo el Ameal de Pablo, Maese, allí pasé la noche y  me sentí sobrecogido, notaba algo terrible flotando el ambiente, pese a ser  un lugar tan bello y tan mágico…

La esbelta figura del Ameal de Pablo…

  • No querrás que oscurezca aún más tu gris con tan tenebrosa historia, es turbadora incluso para mí, los humanos podéis llegar a ser tan crueles…, sois una especie un tanto peculiar.

  • Cuéntamela, Maese, por favor, y deja que mis grises  se llenen de blanco…, tu voz siempre es mi aliento, y tus historias mi alimento…

  • Si es tu voluntad, escucha, humano, pues es larga y no repetiré dos veces…

  La terrible historia de Pablo, el constructor de ameales. 1. ¿Dónde estás?.

Haz click en el enlace si quieres leerla…

 

http://pisandocumbres.com/portfolio/la-terrible-historia-de-pablo-el-constructor-de-ameales-1-donde-estas/

 

 

Maxi y yo vamos bajando de nuevo a la laguna, allí nos espera Candy que estuvo bordeándola y haciendo fotos, aunque tuvo alguna dificultad con el hielo al hacerlo.

Maxi bajando

Nos ponemos a esperar que aparezcan Llorias y Lorenzo, hoy han sido los afortunados de hacer cumbre, La Covacha es un buen recuerdo…, en lo alto de la Portilla los vemos al filo de las tres de la tarde, vienen con su ritmo habitual, alegre y ligero, Maxi me cuenta que han estado ellos dos todo el verano haciendo montaña, de ahí la ligereza de sus piernas, nosotros estamos bastante oxidados ante la ausencia de alturas…

Aprovecho el momento para hacer fotos y un vídeo de la laguna…

 

Han llegado, las sombras están a punto de cubrirnos, tengo frío, nos dicen que van a comer algo, pues la cumbre tiene el sacrificio de no poder parar pues la noche nos acecha, Llorias dice que no llegaremos de día pues son casi las tres y media y somos un poco tardones, serán unos 12 km de distancia pero todo cuesta abajo…

Decidimos empezar a bajar, ellos ya nos pillarán pues corren más que nosotros, en ese momento llega una pareja a la laguna de avanzada edad, a ellos se les va a hacer más de noche que a nosotros…, empezamos a bajar…

Cuesta abajo con nieve blanda se marcha muy bien, vamos muy deprisa, pero el valle se alarga y se alarga, yo voy quedando atrás mientras la laguna desaparece y los piornos nos rodean…

Paramos a mirar atrás, merece la pena, vemos de lejos a Llorias y a Lorenzo, nos atraparán pues no se detienen ni un segundo, a Llorias no le gusta la montaña de noche ni a Candy tampoco, y a mí menos…

La cara norte del valle se ha transformado en hielo a medida que avanza la sombra en su seno, y la sur se debate entre múltiples arroyos…

 

Empezamos a cruzarlos, en esos momentos aparecen Llorias y Lorenzo, ya nos alcanzaron, nos detenemos en el refugio grande  a tomar resuello.

De nuevo Llorias incombustible a la cabeza, aceleramos y llegamos al vado del río, esta vez pasamos por donde lo hizo Llorias, no hay hielo, ha sido fácil, ya ha pasado lo peor de la ruta, por si se hace de noche, pero ahora si tenemos buen ritmo cuesta abajo.

Llegamos al refugio más pequeño casi sin quererlo y ya empezamos a enfrentarnos a la garganta, la nieve desapareció de esta ladera, las cumbres nevadas aparecen ante nuestros ojos, su fina capa blanca nos recuerdan la roca de los Picos de Europa…

Estamos en el valle, camino sencillo, Lorenzo y luego Llorias me cuentan su cumbre, “había mucho hielo, pero su poco grosor no nos permitía usar los crampones pues los clavabas en roca, por fortuna en los sitios más expuestos tenían una capa de nieve gruesa sobre el hielo que impedía que te resbalaras…”

Subida a La Covacha

Y llegaron a la cumbre, que estaba cubierta de hielo y el viento no paraba de soplar con gran fuerza y sensación de frío, pero La Covacha es una gran cumbre y les ha merecido el esfuerzo, pienso mientras me lo cuentan y me muero de envidia…

Teo Llorias el intrépido…,en la cima de La Covacha. Y Lorenzo detrás de la cámara, no menos intrépido.

El camino ahora es sencillo, el bosque de robles enrojecido de otoño y crepúsculo se va apagando a medida que las sombras se extienden sigilosamente por el valle, Candy se sorprende que siga haciendo fotos, como si no me conociera a estas alturas…

Llorias sigue delante y yo voy detrás, me encuentro muy bien, el asma se me aplacó, noto mis pulmones plenos y me pongo a apretar, por ahí atrás preguntan si me he dopado, pues se sorprenden de mi celeridad pues adelanté hasta al gran Llorias…

Acelero y acelero, quiero llegar con algo de luz, ahora que nadie me escucha, lo hacía para poder sacar la última foto, pues mi cámara de noche no vale un duro…, llegamos a las seis y media. Ha sido increíble, muchas gracias a todos por este maravilloso día…, pues en la montaña es la compañía lo que te da calor…

Maese me seguirá contando la terrible historia del Ameal de Pablo, cada vez que vuelva a Gredos…

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2 Respuestas

  1. Fran Morales Fuentes

    Y a punto he estado de deprimirme, leyendo el arranque de esta jornada de lectura que nos ofreces… y que buenas botas… y que buen estreno.
    Un saludo, compañero y tocayo.
    ¿Ese chaval de rastas regenta un rincón llamado El Extremeño, o algo así? Nosotros también nos solemos quedar en Béjar, en La Otra Casa. Ya los conocemos, y está muy bien.
    Digo yo, que meter la pata con esas temperaturas… no debe ser muy agradable. ¿Se mojó los calcetines?
    Veo una de las fotos (magníficas todas, por cierto) con un poste de PR-AV-XX con una piedra encima. Yo también tengo esa costumbre.
    Me gusta lo intrépido que es Llorías. Esa es la actitud. Llegasteis con la luz justa… aquella pareja que apareció en la laguna, arribaría en plena oscuridad, supongo. A mi tampoco me gusta mucho caminar de noche, la verdad. Procuramos salir muy temprano. Prefiero caminar un poco a oscuras al principio, y garantizar la vuelta con suficiente luz.
    Muchas gracias por este reportaje… prcisamente ando buscando alguna caminata por esa zona, pues el 3 de enero subimos el Corral del Diablo, y me pareció una zona magnífica, y por explorar. Muchas gracias, de verdad.

    • Fran Pascual

      Ey, tocayoo. El arranque depende de como se me dé el día en que escribo, parece que no fue un buen día…,ya pasó. La pensión tenía un nombre inombrable, me acuerdo que etaba en la calle Gibraleón, y fue la estancia inolvidable…
      Llorias quería hacer esta ruta por el corral del diablo pues le aburre mucho la garganta de los Caballeros, son las dos largas, más de 25 km ida y vuelta, pero es más sencilla por los caballeros, merecen las dos la pena, la subida por el corral del diablo también aparece en este blog, allá por el 2015 creo…
      A ver si nos juntamos para alguna aventura y escribimos en nuestros respectivos blogs, un abrazo, compañero.

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