Maese Viento me prometió que seguiría contándome episodios del Enano de Gredos, camino del Belesar de Gredos, os dejo con su voz…

 

 

La nieve caía con fuerza cubriéndolo todo, Pedro estaba angustiado, la carreta se había quedado encallada en la  nieve y junto a su hijo Manuel iban de viaje   para vender lana, su sustento.

La situación era desesperada , cada vez nevaba más, apenas se veía y la mula no tenía fuerzas para sacar las ruedas de la nieve.

–         Vamos, Manuel, una, dos, y tres, vamos tira fuerte, tira, tira…

–         Es inútil, padre, no lo podemos mover…¡Qué vamos a hacer!, hace mucho frío…

–         No lo sé hijo, sólo podemos rezar, que pase alguien y nos ayude…no lo sé.

Pedro sabía que estaban perdidos, quién iba a pasar por el puerto de Candeleda en un día como aquel, había sido una temeridad, no tenía que haber subido, les iba a costar la vida…

–         ¡Padre, que es eso!, he visto una silueta blanca entre la nieve, algo viene hacia nosotros…

De entre la nieve surgió casi de la nada, una pequeña figura, deforme con una gran joroba, llevaba un hábito blanco que le tapaba todo el cuerpo, y una capucha impedía verle el rostro. Pedro y Manuel retrocedieron atemorizados, la figura se acercó al carro, una triste mueca parecida a una sonrisa  brilló en su rostro oscuro, hizo unos signos extraños con las manos y con una sola mano sin ningún esfuerzo sacó las ruedas de la nieve, luego se acercó a la mula, le susurró algo a la mula en la oreja y tiró de las bridas, el carro circulaba sin dificultad por la nieve, a pesar de que la nieve llegaba a mitad de la rueda. Pedro y Manuel no se atrevían a  articular palabra, estaban atónitos, el enano les hizo un gesto con la mano para que se subieran al carro y ellos obedecieron sumisamente.

El enano les acompañó tirando del carro, sin ningún esfuerzo, hasta que llegaron cerca de Hoyos del Espino, donde ya no nevaba, y sin que se dieran cuenta desapareció en la oscuridad…

–         Padre, es cierto, el enano existe, no es un cuento de viejas…

–         Sí hijo y hoy nos ha salvado la vida…

wolves from the north
wolves from the north.

El vaho se escapaba de su boca jadeante, la sangre le goteaba por la cara continuamente, miraba alrededor buscando salida,… no la había.

Había sido atacado por un grupo de maleantes, y en la huida su caballo se había despeñado por un barranco, sin montura, con un hombro dislocado, había corrido con toda su alma, mientras que las ramas del bosque en la oscuridad de la noche le habían rajado la cara, pero estaba acorralado.

Don Gonzalo sabía que era su final, estaba rodeado,  decenas de ojos inyectados de sangre le rodeaban por todas partes, los lobos se darían un buen festín…

Contra un árbol apoyó  su espalda, y con el brazo sano agarró un tronco para defenderse, sabía que era inútil, su final era inminente, pero lucharía  hasta el último gramo de fuerza.

Pero de repente cuando los lobos estaban a punto de saltar sobre él, algo ocurrió, se relajaron y dejaron de gruñir, miraron atrás y de entre las sombras…,surgió una pequeña figura, vestida con un hábito blanco que le cubría la cabeza.

La figura se acercó al macho dominante de la manada, le hizo una reverencia y una señal circular con la mano, le susurró algo al oído y éste se dio la vuelta, y tras él todos  los lobos desaparecieron entre la oscuridad de la noche.

Don Gonzalo estaba atónito, no creía lo que estaba viendo, la historia del Enano blanco era cierta…;

–         Quién sois vos, os debo la vida señor…

El Enano se acercó a Don Gonzalo, una triste mueca parecida a una sonrisa brilló en la oscuridad, y con pausa de despojó de su capucha.

–         ¡Don Martín!, estáis vivo, le juré a Don Alvaro que os daría caza…, es imposible, que sobrevivieráis al invierno…¡Es imposible!

Don Gonzalo cayó de rodillas ante el Enano…

–         ¡Por qué…!, ¡Por qué!, lo habeís hecho, yo fui la causa de vuestra desdicha, sé que Isabel se suicidó…, por mi culpa, ¡porqué!….

El Enano con su mueca triste le brillaron los dientes en la oscuridad:

–         Don Gonzalo,…nunca lo entenderéis…

Se dio la vuelta y desapareció entre las sombras dejando a Don Gonzalo  tumbado sobre  la nieve hincado de  rodillas.

–         Por qué, por qué , por qué…, vuelve aquí maldito enano, te mataré, vuelve aquí…, ¡porqué lo has hecho!,¡ vuelve!, enano …te mataré, vuelve, ¡POR  QUEEE….!

–         Por qué , Martín , por qué…

–         Maese Viento, cuánto tiempo, he estado años sin escucharos, querido amigo…

–         No me has escuchado , porque no has querido,  pues no dejé de hablarte, Martín…o debo llamarte el Enano Blanco o Enano de Gredos ,como ya te dicen…

–         Llámame como quieras, Maese, no sabes lo que me alivia el oírte…

–         Bien, Martín, por qué…

–         Por qué qué, Maese Viento.

–         Por qué no lo hiciste, por qué no saltaste del risco que te subías cada mañana esperando que te empujara…, sabías que no lo haría. Por qué no te dejaste morir tras saltar  al río, ya sabes que todo  lo sé…, pero quiero escucharlo de tus labios.

El Enano calló un momento, una lágrima hizo amago de caer de su rostro, pero sin embargo su  triste sonrisa afloró a sus labios…

–         Maese Viento, durante un tiempo interminable que no puedo recordar, deseé la muerte cada minuto, cada segundo,  cada instante, cada vez que respiraba, no quería vivir…pero no encontraba razón alguna cada mañana para saltar. El dolor no es razón suficiente…

–         Y qué te ocurrió entonces, por  qué no te dejaste morir cuando  te lanzaste  al río, te rompiste medio cuerpo y te has quedado desfigurado…

–         Sí, Maese, hubiera sido lo fácil, estuve buscando  la muerte tanto tiempo, soñando con ella, viviendo con ella, sin vivir, sin morir…del todo, que cuando vino a besarme con sus labios fríos me dí cuenta, en el último instante.

–         De qué, sigue…

–         De qué todo tiene un sentido, todo tiene un orden, las hormigas siguen su camino en vereda continua cada día, los pájaros vuelan y trinan cada mañana …, las nubes blanquean el azul y las noches apagan los días y los días encienden las noches…, todo tiene un orden, todo tiene sentido…

–         Sigue…te estoy escuchando.

–         Pues mi vida tiene un sentido, estoy aquí por algo…, cuando salvé a ese niño de ahogarse comprendí que si hubiera saltado al vacío, ese niño hubiera muerto…, tuve que vivir para que  lo hiciera…ahora tenía que salvarme a mí mismo, de mi propia muerte…

–         De tu muerte en vida, querido Martín, tuviste que casi morir del todo para volver a estar vivo…, has muerto en vida y has revivido de una muerte segura,  eres otro, es otra vida, …aprovéchala, amigo.