En Oslo. 14 de febrero. Azul y dorado solar.
“Necesito caminar hasta que el amanecer
roce mis manos…,
necesito llegar a una orilla
sin turbulencias ni olas,
solo un sendero que pueda seguir,
lejos del ruido que llena mi cabeza.”
Y el humano y César se levantaron temprano en el apartamento de Oslo, tenían que aprovechar el bono de 24 horas de trasporte en la zona uno de Oslo, se le acababa a las 9:45, así que a esa hora tenían que estar en Frognerseteren.
Era el mejor día de su estancia en Oslo, aunque daban mínimas de 18 bajo cero y las máximas rondarían los diez bajo cero, el sol radiante sin nubes invitaba a aprovechar el día en su totalidad.
Amanece a las ocho de la mañana en Oslo, así que a las nueve estaban ya en la calle, tras dar un breve paseo se dirigieron al teatro nacional bajo el cual estaba la estación que les llegaría al pueblo de los esquiadores, allí en el andén había numerosos esquiadores esperando, por algo Noruega es la campeona en el medallero de los juegos olímpicos de invierno.
El trayecto ascendente discurrió durante media hora dejándoles en Frognerseteren, la idea de César era aprovechar tres “track” del “wikiloc” y caminar durante todo el día por el bosque de la montaña tomando las múltiples pistas de esquí de fondo hasta llegar a Oslo, pues ya no tenían ni necesitarían más bono.
Blanco, blanco, azul y verde, se suceden en el paso, César delante y humano detrás, el paso de esquiadores de fondo les hace tener cuidado,
Evitando los raíles marcados en la nieve por donde circulan los esquiadores, paso a paso, en ojos blanco de sus pies, uno tras otro, los caminos se rectifican suavemente en curvas , se han topado con una prueba de esquí, por algo es sábado, tienen que cambiar de camino, entre pinos y abetos repletos de blanco y de corona el azul, al sur el sol dorado, sin siquiera un resquicio de mis nubes que vistan el disco dorado …
Y van buscando por las pistas hasta que llegan a Ullevalseter Sportsstue , un refugio lleno de esquiadores, donde toman un plato de Gulasch…
Salen del refugio para seguir con su marcha, marcha de blanco bajo el azul, rodeados de verde, el camino se perpetua bajo sus pies ,como si el tiempo se hubiera parado, han llegado al lago de Skjaerjoen y desde aquí han decidido ir más al norte buscando el lago Oskjuken para finalmente bajar al sur al lago más grande , el Maridalsvannet , desde allí nace un arroyo que en su ribera se llega a Oslo, y siguiéndolo se llegaría casi hasta Oslo S, donde tienen el apartamento.
El camino hacia Oskjuken está sin limpiar de nieve, el cartel lo marca, pero andar con nieve hasta la cintura es imposible así que siguen al noroeste, se están desviando de su destino marcado y además se introducen en un bosque en el que no han pasado esquiadores, solo se ve rastro de una pequeña quitanieves, humano piensa que aunque se hiciera de noche, si no paran de caminar no se congelarán, pero están en una zona que no hay rastro de otros humanos y a veces da para pensar.
De repente han salido a una pista ancha, por aquí si pasan esquiadores, están salvados, y en poco un desvío al lago Oskjuken, que en una eternidad sin tiempo llegan…
Disfrutan nuevamente de la salida de agua del lago y luego se van a pisarlo, su superficie blanca bajo azul acompaña, el humano está muy silencioso y no me escucha, si me escucha pero me ignora.
Dejan el penúltimo lago buscando el más grande, el sol se desliza dorado sobre el verde de los árboles aclarando el azul a pálido en su derredor.
Los azules se intensifican en las sombras, que van oscureciendo con la caída del sol, la nitidez en entre los árboles empieza a estar griseando por momentos.
César aprieta la marcha aún más, está acostumbrado a hacerse 20 km todos los días y hasta 100 Km es algún evento, el humano se lamenta de no llevar los bastones, con tanto llano se le cargan las caderas.
Se alarga el níveo camino, parece que nunca llegará el lago y César quiere llegar hasta el apartamento caminando a pesar del evidente declinar del sol que se va arrimando a la copas de los árboles.
Han tomado una carretera asfaltada para evitar desviarse, están al pie del lago, César cree que se puede cruzar por el medio sin problema, si no lo hacen y van por el borde se les hará de noche antes de llegar a las farolas de las afueras de Oslo, así que deciden lanzarse al lago para cruzarlo.
Humano lo hace a través de la vertical ladera, no le gusta dar rodeos, César retrocede buscando una entrada menos vertical, humano ha encontrado de nuevo los raíles que marcan la pista de esquí de fondo, esta vez cruzando el lago, mientras el sol dorado se cae, llenando el horizonte de sus rayos…
César ha quedado muy atrás, pero con su mejor paso alcanzará a humano que ha entrado en trance, el sol invernal huye congelado, mientras las sombras se estiran para devorarle. El frío atenaza los árboles que se apaciguan en los últimos rayos dorados…
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“Necesito caminar hasta que el amanecer
roce mis manos…,
necesito llegar a una orilla
sin turbulencias ni olas,
solo un sendero que pueda seguir,
lejos del ruido que llena mi cabeza.
El mundo se inclina en un sentido
que no puedo seguir,
demasiadas reglas para un hombre solitario,
cómo se puede encajar en un mundo
que no te entiende,
ni tú lo entiendes a él…
Un mundo cerrado al amor,
¿por miedo al dolor?
Es absurdo.
¿Por qué te cierras al amor?,
¿por miedo al daño?
¿Dónde crees que van nuestras sombras
a aliviar su dolor?
¿Acaso nuestros ojos se secan por el dolor?
¿Por qué temes tanto al dolor?
¿Acaso nuestras lágrimas no tocan el viento?
Acaso el viento no las lleva consigo.
Ignoras que el sol esta hecho de nuestro llanto,
que cada lágrima que soltamos es oro,
y así brilla el sol cada día.
¿Por qué temes tanto al llanto?
Desnuda tus ojos,
para que puedas sentir de nuevo la vida.
Limpia tus ojos con las lágrimas que nutren al sol.
El sol que te toca cada día la piel
y te hace sentir vivo.
Verás el mundo a través de mis ojos,
cubiertos de lágrimas,
demasiadas veces de dolor,
algunas otras de felicidad,
y ahora por la belleza
que me acaricia,
pero siempre ojos llenos de vida.
Acaso el dolor es la excusa para no vivir…
¿Por qué temes tanto al dolor?
¿Por qué vives en tu miedo?
Con una coraza que te impide sentir.
Te estás perdiendo todo lo más bello
que te rodea en la vida,
cada día.
¿Por tu miedo al llanto?
Ya te dije que tus lágrimas son oro,
oro de los rayos de sol,
que te hacen sentir vivo.
No te has dado cuenta,
que los muertos no lloran.
Y te lo dice alguien
que estuvo muerto;
…demasiado tiempo”.
César ha alcanzado a humano nada más apagarse el sol, y en muy poco atracan en el puerto, suben al embarcadero de madera, ahora irán a la presa del lago y desde allí comienza Oslo ciudad.
Ven un guarda junto a la puerta que cierra el lago y sigue abierta, les queda la duda si por la noche la cerrarían y se quedarían dentro del lago.
Van al río Aker, su ribera es un lugar de disfrute para los habitantes de Oslo, la oscuridad se adueña de todo, pero ya están en Oslo, incluso las orillas del río tienen luz mientras la ciudad engulle el cuerpo del río.
César y humano van dando patinazos por el hielo, les hace replantearse el alejarse de su lecho, se encuentran a los habitantes de Oslo, haciendo deporte en parques de calistenia a 15 grados bajo cero cuando no pasan corriendo por el hielo sin mirar la suelo.
Se van a desviar del camino que lleva al apartamento en Oslo S, César quiere probar los mejores perritos calientes de Oslo en un Kiosco llamado “SyverKiosken”, humano también lo probará, llevan 30 km prácticamente en ayunas salvo por el plato de gulasch del refugio.
La noche se adueñó de las calles de Oslo, siguen caminando, en un sinfín de pasos que se hacen eternidad, llegan al kiosco de los “perritos calientes” y tienen que hacer el esfuerzo de quitarse los guantes a quince bajo cero para comérselo.
Volverán al apartamento tras pasarse por algún supermercado para buscar cena, aquí en Oslo cierran a las once de la noche y muchos se quedan abiertos 24 horas, a humano le llama la atención los elevados precios de la comida, y apenas hay agua en los estantes, se suponen que los Noruegos son muy saludables pero hay estanterías de decenas de bebidas azucaradas y gaseadas para todos los gustos, ninguna sociedad humana es congruente con lo que predica, sois necios los humanos.
Han llegado al apartamento, el agua de la botella se hizo un bonito granizado, mañana será su último día en Oslo, se irán a Lofoten por la noche. El humano me ha ignorado durante todo el día, algo le ocurre, yo lo sé pero me callo…
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15 de febrero de 2026. En Oslo gélido. De grises a blanco hueso.
Hoy es el peor día de la semana, no por ser domingo, no por marcharse de Oslo. El frío es intenso y no para de nevar, el gris se ha adueñado de las calles y la luz nítida invita a recogerse en el apartamento y no pisar la calle.
A las once tienen que abandonar el apartamento y exponerse a los quince bajo cero, no apetece nada, sobre todo cargar con todo el equipaje, que no es demasiado pesado pero es molesto para cargar con él todo el día.
Así que César y humano deciden buscar unas taquillas para dejarlo durante todo el día, se acercan a la estación de tren, no quedan de las pequeñas, sólo medianas, que son unos 30 euros el día,César dice que es mucho para el pequeño servicio que van a dar.
Se van a buscar otras taquillas más baratas en la estación de autobuses y valen lo mismo, así que salen fuera de la estación a buscar taquillas que vienen marcadas en el “google” por las calles con el frío intenso.
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Maese Viento, por favor, dile a César que deje ya de dar vueltas buscando una maldita taquilla, la mochila me está matando…
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Por fin apareces, humano, creí que no abrirías la boca en todo tu relato, me has dejado narrar pero estás muy molesto.
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Maese Viento, por favor, la mochila que compré en el “aliexpress” es una porquería, por tal de que tuviera las dimensiones para viajar en la cabina de “RyanAir”,me está saliendo muy cara, en Eslovaquia estuve a punto de tirarla barranco para abajo, ahora estoy pensando en meterla en una papelera directamente, como César no encuentre esa maldita taquilla…
Volvieron a la estación de tren y dejaron allí el equipaje, unas cuantas vueltas infructuosas por Oslo y el mucho frío después les ayudó a la decisión.
Ya sin tirantes destrozándole los hombros, humano respira aliviado, irán de turismo aunque el día gris no invita a ello, salen de la estación, hacia el puerto por las inmediaciones de la ópera, hay bastante gente en la calle, pero el día es gélido.
El puerto se está congelando por momentos, el blanco hueso nuclear y el gris blanquecino se turnan, el hielo avanza sobre el agua del mar blanqueando el mundo de gélido soplo, soplo guiado por mí. Se han quedado absortos de ver gente en las saunas dentro del mar que pasean en bañador para meterse dentro del hielo a quince grados bajo cero.
Se han acercado al puerto desde donde parten los ferry para las islas, allí tuvieron que meterse en una sala de espera a recuperar calor.
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Maese Viento, ¡sácame de aquí! Me estoy congelando, no quería revivir este momento.
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Cuando me pediste que te volviera a traer a Lofoten es con todas las consecuencias, humano, debes revivir hasta el frío.
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Pero no quiero estar aquí, ¡devuélveme a Extremadura! Si este relato nadie lo leerá y soy yo el que está pasándolo mal.
Entre hielos y nevadas están en la fortaleza de Akershus, allí se ve el fiordo que parece un lago interior, los cañones que recuerdan que podían llegar enemigos en barco, y el gris tapando el cielo y llenando de blanco el horizonte y de niebla los ojos, están pasando frío de verdad los dos humanos. – Puedes intentarlo-
Deciden volver a la estación de tren, allí se está caliente, el avión a Lofoten saldrá con retraso, a las 22.30 horas en vez de las 21.30 horas y con el día tan adverso en Oslo no les queda salvo esperar en un sitio caliente, van a un bar restaurante donde los camareros no se acercan a la mesa hasta que han pedido y pagado con un código «QR» para traerles las consumiciones.
– Puedes intentar-
César y humano están bastante tiempo en el bar relajadamente, disfrutando de la música de fondo hasta que se acercan a las taquillas para recoger sus equipajes.
– Puedes intentarlo-
Y esta vez van en el tren barato hasta el aeropuerto, apenas once euros por media hora de trayecto de un tren que llega a los 200 Km hora.
– Puedes intentar-
Llegan al aeropuerto y comienzan a pasar los controles, una vez más la rutina, llegarán a Lofoten en un grupo de 8 personas, todas españolas bajo la dirección de Pablo Losada, un aventurero que fundó la empresa “Mountainpics Adventures”, gallego de nacimiento y ciudadano del mundo, su vida es un viaje de aventuras perpetuo y les ofrece a otros aventureros compartir estas aventuras.
– Puedes intentarlo-
Llegar a la puerta de embarque con bastante tiempo debido al retraso del vuelo, ha estado nevando copiosamente en toda Noruega y tiene sus consecuencias.
César va a buscar alguna fuente para beber y humano se sienta en la sala de espera a revisar fotos y meditar de los días en Oslo, cuando de repente siente detrás una voz femenina hablando en español, se gira y se encuentra una joven morena y esbelta con acento canario;
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Vale, Maese Viento. Siempre tan omnisciente, para ya. A nadie le interesa el diálogo que tuve con María y Rafa cuando nos conocimos en el aeropuerto. Al final soy yo el que escribe y gasto mi tiempo en baldío de manera absurda y gratuita.
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Humano, ya sé que otra vez te has rayado, siempre te pasa lo mismo cuando vas en grupo, al final no escribes ni la tercera parte de lo que yo te cuento.
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Vale, vale, Maese. Déjame en paz. Que no quiero alargar más el relato, pues la gente se aburre, si es que hay alguien que lo lea, lo dudo mucho.
Por fin embarcan y se suben al avión, en la espera se enteraron que además de María y Rafa había un matrimonio Canario en el mismo vuelo que iban a la aventura,-Moisés y Omaira-, también de Canarias pero no llegaron a verles en persona antes de subir al avión.
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Puedes intentar, puedes intentar, puedes intentar-
Se suben al avión, César reservó junto a las ventanillas, él delante de humano que observa con sorpresa cómo limpian las alas de nieve y hielo antes de despegar, ese es el motivo de tanto retraso, el viaje dura una hora y tres cuartos hacia el norte para llegar al círculo polar ártico, donde en verano hay días que no se pone el sol y en invierno no llega a amanecer durante un mes.
-Tú puedes intentar, tú puedes intentar, tú puedes intentar-
Aterriza el avión en Evenes, César y Humano salen sin tener que recoger el equipaje de bodega pues lo llevan todo en cabina, son más de las doce y media de la noche, está todo blanco, todo nevado, no ha parado de caer nieve y el aeropuerto apenas tiene una sala para todo y es donde se recogen los equipajes.
César y humano se acercan a la salida y tras diez minutos de no encontrar a Pablo, que seguro que debería estar esperándoles, se volvieron a la otra parte de la sala donde se recogían los equipajes y efectivamente, allí estaban, Pablo, María, Rafa, Omaira, y Moisés, les tapaba una columna.
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Vale, Maese. No más literatura, da igual lo que se dijo y se hizo, que se alarga y nadie lo lee.
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No me has dejado decir que habían llegado por la tarde en otro vuelo el resto de los componentes del viaje, Marta y Raúl. Hoy estás insoportable, no me dejas narrar la historia.
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Pues porque lo haces tú, yo no hubiera sido capaz de realizarlo.
Salieron los siete al aparcamiento del aeropuerto, Pablo había alquilado una furgoneta para nueve, estarían una semana de aventuras en el vehículo, y Rafa se puso al volante, en Noruega los guías no deben conducir las furgonetas alquiladas, por raras leyes humanas, son necios estos humanos.
La nieve se agolpaba sobre los coches, el blanco nuclear se exprimía en la oscuridad de la noche, humano emocionado graba un vídeo.
Se suben a la furgoneta, se van camino al hotel Scandic en la ciudad de Harstad, en el archipiélago de Vesterälen, Pablo estuvo muy preocupado con que suspendieran el vuelo al ser el último y le trastocara toda la programación del viaje. Ha tomado la decisión en el futuro recomendar vuelos a Lofoten que no sean el último del día.
-Tú puedes intentar-
El trayecto en la oscuridad de la noche les lleva hasta el hotel “Scandic”, todo es un maravilloso mundo de navidad en un sueño de blanco y suaves mullidos e inmaculado blanco…
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Basta, Maese. No te extiendas, a nadie le interesa la poesía, son malos tiempos para la lírica… ¡Y qué demonios puedo intentar!, Maese Viento, me has acribillado toda la parte final del relato y sabes que no estoy para bromas…
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Puedes intentar seguir escribiendo, no cierres la web para siempre, hay personas que te leen.
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No me leen, Maese. nadie lo hace, y yo como todo literato escribo para compartir, para trasmitir emociones y vivencias, me paso horas y horas escribiendo, preparando fotos y vídeos, desde hace más de diez años con mis 164 publicaciones, y haga lo que haga, escriba como escriba siempre obtengo el mismo resultado, nadie lee lo que construyo con tanto esfuerzo…
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Si te leen, pero no te dicen que lo hacen. Se silencian.
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Pues peor me lo pones, Maese. El silencio es indiferencia, es desprecio a todo lo que escribo y hago.
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No es así, humano. Sólo que el resto del mundo ve las cosas de modo diferente a ti.
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Me odian por ser un “friki”, me envidian por ser diferente y hacer cosas que casi nadie hace, por eso callan.
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No, humano. Estás equivocado. Solo que el resto de la humanidad tiene unos valores diferentes a los tuyos, y aunque tú vivas en la gratitud, no tienen por qué hacerlo los demás, proyectas como te gustaría que se comportara todo el mundo y el mundo es como es. No va a cambiar de golpe aunque prediques mis enseñanzas.
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Vale, Maese. Te lo compro. Cerraré la web para siempre, nada de lo que hago sirve para nada, es tiempo perdido, me acabas de decir que no puedo cambiar el mundo por mucho que escriba y escriba…
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No, exactamente. Humano. En el universo todo suma, cada granito de arena forma una playa, y la arena de la playa grano a grano son capaces de modificar la marea, tú puedes impulsar ese cambio a un nivel superior de conciencia y respeto hacia todo.
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No me embauques, no estoy para lecciones esta vez, y no me cuentes historias de Odin ni de su hijo rubio con casco de cuernos, que nadie lo va a leer, que tengo ya seis sagas de historias literarias a medias porque a nadie le interesa lo que me cuentas, solo acabé la de Culibillas pues tuve público durante unos meses.
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Entonces, necio humano, lo intentarás…
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¿Y seguir aguantando este silencio perpetuo y la soledad delante de un teclado?, he compartido decenas de veces para no decir cientos, individualmente y a grupos de whatsapp , por Facebook, por instagram lo que escribo y rara vez he recibido un me ha gustado, gracias, sigue escribiendo, o no vales para escribir, no me gusta nada lo que haces, dedícate a criar gallinas guineanas. ¿Tan difícil es…?, apenas son unos segundos de tiempo por algo que ha costado hasta meses hacerlo con toda la ilusión del mundo.
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Deberías seguir escribiendo, humano. Vas dejando una breve huella de tu paso por el mundo, y algún día las personas serán más humanas, más empáticas, y tú tomaste hace tiempo esa senda, puedes mostrársela al mundo.
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No lo sé, Maese Viento. Esta salida ha sido una tortura para mí, todavía no sé cómo pude terminarla, el silencio y la soledad me han derrotado, hoy estoy roto y triste, he fracasado por completo en la vida. Mi cisne cayó hace mucho tiempo y ni siquiera sé dónde ni cómo ocurrió…
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¡Qué has fracasado en la vida!, humano…, ¡y que perdiste tus cisne sin saberlo!, dirás si acaso tu gaviota, llorando todo el día como una plañidera no necesitarás un lago sino un océano bien salado y grande.
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Jooooo, Maese. Me acabas de arruinar el final melodramático…
¡Hasta siempre?
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