Las instrucciones de su madre habían sido muy claras, no te entretengas por el camino que es de noche, así que había cruzado el oscuro pasillo entre los dos edificios que llevaban a una pequeña plaza sin árboles entre pisos de color blanco y color beige, era un barrio obrero de poco nivel económico en el principio de la década de los ochenta. En la esquina de la plaza había una tienda de ultramarinos en la que se vendía de todo, y se sumaba todo con un bolígrafo y un papel pues las calculadoras de mano no existían todavía.
Llegó corriendo y le pidió las ocho barras de pan para el domingo, el olor a pan recién hecho, el pico, le tentaba de tomar un extremo de una barra y comérsela antes de llegar de nuevo a casa, pero la madre le había dado un duro para que comprara alguna chuchería, un duro para cada hermano, así que con sus tres duros el niño de unos nueve años de incertidumbre se quedó dudando ente chicles de bola, palotes, pero vio en una gran bolsa transparente los gusanitos que tanto le gustaban.
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Antonio, por favor. Deme tres paquetes de gusanitos Risi.
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Aquí tienes Chavea. Ahora se reparten premios, toma una papeletica que te corresponde con la compra por cada paquete.
Antonio era el padre de familia que regentaba Casa Antonio, se iban turnando los diferentes miembros de su familia atendiendo a los clientes durante todo el día de lunes a sábado, pero el sábado por la tarde que vendía el pan para el domingo estaba allí cuando llegaba el panadero con sus sacos de papel cartón llenos de barras de pan casi humeantes.
El niño agarró los papeles y se los metió en el bolsillo, estaba en el intermedio la serie televisiva de los “Ángeles de Charlie” y no quería perdérselo, la televisión se componía de dos cadenas y no emitían a todas horas, en las que ponían una carta de ajuste con un zumbido molesto, los sábados por la tarde emitían series para todos los públicos, los niños tenían muy pocas horas de programación televisiva a la semana y no quería perderse la serie.
Y salió corriendo de nuevo por la plaza y el oscuro callejón para cruzar la calle, que siempre paraba y miraba a ambos lados, las motos ruidosas que pasaban haciendo cabriolas corriendo por la avenida nunca paraban en los pasos de peatones, ni tampoco los coches que ignoraban a los peatones, mal endémico desde siempre en la ciudad de Granada.
El niño subió corriendo los tres pisos sin ascensor del edificio, jadeaba, pues el niño era obeso y no podía hacer ejercicio en el barrio obrero, allí no había parques ni zonas deportivas para niños, todo estaba pensado para apilar a seres humanos en pisos de noventa metros cuadrados sin espacios verdes ni de expansión, eso lo aplicarían en Granada mucho después, además el niño no tenía apenas tiempo para jugar, los “curas” del colegio que iba entre semana se ocupaban de que en el fin de semana no tuviera apenas tiempo ocioso, los “deberes” se llevaban casi todo su tiempo en el fin de semana, “ora et labora”, la mente no puede estar desocupada, que se piensa…( y puedes entender las verdades verdaderas).
El niño pulsó el timbre con el típico ding dong, y le abrió su hermano la puerta.
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Corre, Fran que ya ha empezado, te lo estás perdiendo.
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He comprado, gusanitos. Un paquete para cada uno, y me ha dado papeletas de premio.
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Vale, cierra la puerta. No la dejes abierta. Ya las veremos que está terminando el episodio.
El niño se sentó delante del televisor en la pequeña salita comedor donde hacían la vida aparte de su dormitorio, le dio el paquete de gusanitos al hermano pequeño de apenas dos años y a su hermano mayor, dos años mayor que él, se pusieron a comer los gusanitos viendo los tiros y la música estruendosa de los “Ángeles de Charlie”, las superpolicias que siempre triunfaban contra el crimen, mientras se rechupeteaba los dedos pegajosos que le habían dejado los gusanitos.
Entonces cuando ya estaba acabando la serie, en la que habían rodeado al malo y lo habían desarmado, sacó las papeletas del bolsillo, le dio una al hermano mayor, otra la puso en la mesa que era la del pequeño y se quedó la tercera. Abrieron la del hermano, “sigue jugando no has tenido suerte”, la de su hermano rezaba lo mismo y él se dispuso a rasgar la papeleta por la línea de puntos y a desdoblar la papeleta.
Entonces empezó a temblarle las manos y empezó a gritar.
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¡Mira!, mira. Antonio Jesús, ¡Me ha tocado!, ¡me ha tocado!
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¡Deja que lo vea!, ¡Dámelo! Dijo el hermano mientras le arrebataba la papeleta de las temblorosas manos.- Anda. Te ha tocado un balón.
La blanca papeleta rezaba “premio un balón” y los dos niños salieron corriendo a la cocina donde se hallaba su madre preparando la cena.
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Mamá, mamá. Mira. A Fran le ha tocado un balón en los gusanitos “Risi”.
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Dámela, la papeleta que es mía.
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Pero no la pierdas. Que eres un torpe.
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No la pierdo.
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Si la pierdes.
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¡No!
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¡Si!
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Niños callad, anda, os ha tocado un balón. Pues Casa Antonio cierra a las ocho. Os da tiempo de ir a por él. ¡Antonio Jesús!, dale la papeleta a tu hermano que le ha tocado a él.
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Pero es que la va a perder.
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¡No la pierdo! Yo no pierdo las cosas, es mentira.
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Venga, Antonio Jesús, dale la papeleta e iros los dos, ¡que me tenéis muy harta!, ¡Me tenéis hasta el moño! De aquí a Casa Antonio no la va a perder son cinco minutos.
Y los dos niños salieron corriendo escaleras abajo, mientras el hermano pequeño se quedaba llorando que también quería ir a por el balón.
Cruzaron el estrecho entre los pisos y Antonio seguía tras el mostrador con su camiseta blanca y su barriga prominente.
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Qué queréis Chaveas. Voy a cerrar.
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Nos ha tocado, ¡Mire!
El niño le alcanzó la papeleta y Antonio la agarró con la mano derecha, se puso las gafas de ver, luego frunció el ceño, se rascó la cabeza y empezó a mirar alrededor suyo pensando, miró por todo el comercio y de repente su vista se paró en una red que colgaba del techo llena de pelotas de colores, y le alargó al niño una de color verde con cuadros negros.
Los niños tomaron la pelota y se fueron mientras Antonio salía para bajar la persiana y cerrar el comercio.
El niño iba botando la pelota, contento con su premio pero su hermano mayor no iba contento.
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¿Qué pasa Antonio Jesús?
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Que nos da dado una pelota y te ha tocado un balón.
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¿Y no es lo mismo?
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La pelota es de goma y el balón es de cuero, te ha engañado.
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¿Pero por qué me iba a engañar?
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El balón es mucho más caro. Seguro que lo pedirá a Risi y cuando le llegue se lo quedará para él…
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Y Maese Viento había estado toda la noche muy furioso, soplaba con tanta intensidad que parecía que iba a partir los grandes árboles del jardín del hotel Boruta en Zakopane de Polonia.
César y yo estábamos en los Montes Tatras de Polonia, y ese día, el lunes 22 de setiembre de 2025 nos tocaba la ruta más difícil.
Cruzaríamos la frontera de Polonia a Eslovaquia donde pasaríamos los próximos 5 días, y para ello César había elegido la ruta que subiría por la cumbre más alta de Polonia, el Monte Rysy, era el día más complicado pues cargaríamos hasta la cumbre la mochila con todo el equipaje a cuestas, y yo me había comprado una mochila, para no tener problemas de dimensiones con “RyanAir” , que no era nada cómoda, me tiraba hacia atrás y no apoyaba el peso en las caderas, lo que hacía más duro e incómodo el llevarla.
Pero habíamos tenido mucha suerte, el viento por la noche tenía velocidades de más de cien kilómetros, pero iría amainando y cuando llegáramos a la cima, calculábamos que sobre las dos de la tarde apenas tendría rachas de 30 o 40 km hora, lo que era un lujo después de la noche que pasamos que había volcado hasta las sillas de la terraza de nuestra habitación, y eran bastante pesadas. Y además con la fortuna que el viento era a causa de una borrasca que se aproximaba por el sur desde el mediterráneo y no llegaría hasta el día siguiente, así que hoy disfrutaríamos de muchísimo sol.
A las siete y media a cinco minutos del hotel en la misma calle, César había comprado los billetes del autobús eléctrico, que nos quitaría una hora de camino a 20 euros el trayecto, pero era la mejor opción pues la ruta es larga y los días se van acortando cada vez más.
El pequeño autobús nos dejó en un recodo de la pista, habíamos adelantado a muchos senderistas que llevaban nuestra dirección, los bosques nos rodeaban y tras ellos una muralla pétrea que tendríamos que atravesar.
Seguimos César y yo por la pista nos espera el refugio de Morskie Oko, con su gran lago aposentado en sus pies, nos paramos a hacernos fotos, desde aquí se intuye la subida, muy vertical, no nos podemos entretener mucho, el día se va muy deprisa.
Dejamos el paraje y rodeamos el lago y a su izquierda sube un camino en escaleras que lleva al siguiente lago entremetido de bosque.
Poco a poco tomamos altura y tras pasar una cruz llegamos a la segunda laguna( Czarny Staw pod Rysami), de aspecto más agreste y besando directamente las paredes de ascenso hasta el Rysy, desde aquí parece algo difícil la subida, nos espera en la zona más vertical una cadena para asegurar el paso, no hemos traído arneses ni cascos, no parecía difícil en los vídeos que vimos.
Hacemos la misma operación, bordeamos el lago hasta el lado opuesto y vamos ascendiendo por la sombra de la montaña, estamos en cara norte.
Cada vez hay más gente, casi todos bajan, parece que desde Eslovaquia se sube con menor dificultad y deciden bajar por nuestro lado en vez de subir.
Las escaleras se alternan con sendera pero sin dejar de subir, empezamos a ver las dos lagunas, volvemos a estar al sol de nuevo.
Es increíble toda la gente que baja, y eso que es lunes de septiembre, dentro de poco ya no se podrá hacer senderismo por aquí, se cubrirá todo de nieve.
Empezamos a subir las cadenas, la roca está muy pulida de las miles de personas que suben y bajan a la cumbre más alta de Polonia, el Rysy tiene varias cimas pero la Noroeste es la enteramente polaca a 2499 metros, la central con 2501 m la comparte con Eslovaquia, hubo un puesto fronterizo en la cumbre hasta finales de 2007, funcionaba únicamente del 1 de julio al 30 de setiembre para controlar la entrada a ambos países, pero al integrar en el acuerdo Schengen se cerró.
Tenemos que pararnos continuamente para dejar pasar a los que bajan, aunque no tienen preferencia son mayoría, y esperamos agarrados a las cadenas para que se vayan sucediendo los grandes grupos de personas.
Subimos y subimos, es costosa porque hemos tenido que pisar más escalones que en un templo budista chino, ahora con las cadenas son tramos de trepadita, es más divertido, y cuando nos damos cuenta estamos en la antecima.
Unas fotos y seguimos hacia la cima , nos falta apenas cinco minutos, hemos llegado, dejamos las mochilas unos metros abajo del punto geodésico y allí nos prestan un cartel de chapa con el nombre del Rysy, echamos unas risas y subimos a la cumbre de al lado, que es más alta dos metros pero tiene menos gente al no ser exclusiva de Polonia, las vistas de los Montes Tatras son sobrecogedoras.
Son más de las tres de la tarde ,toca bajar, se nos hará de noche en el monte otra vez, pasamos la primera parte de piedras desprendidas y tomamos senda hasta el refugio de Rysmi, allí nos tomamos un pequeño tentempié, no hemos comido en todo el día.
Nos “medio echan” del refugio, tienen que limpiar, así que seguimos y vemos dos lagunas que para llegar hasta ellas hay que pasar una nueva zona con cadenas y pasarelas, esta vez muy sencillas.
Después de estos lagos ( Zabia dolina Mengusovskà) tenemos de nuevo más escaleras ,esta vez bajando, el camino se retuerce hasta poco a poco penetrar en el bosque, han desaparecido casi todo el mundo, nuestra vuelta a la civilización es casi solitaria.
De nuevo encontramos pinos enanos que van creciendo a medida que descendemos, pasamos el cartel de prohibido el paso a partir del 1 de noviembre, es parque natural y en invierno su acceso es prohibido.
Ya en el bosque se va retorciendo el camino, se está nublando, mañana lloverá, se alarga el camino, la mochila me está matando, me dan ganas de patearla y tirarla rodando…
Llegamos al refugio del lago Popradské, allí paramos a descansar, estoy muy irritable, creo que tengo una gran hipoglucemia, no he comido apenas en el día salvo un par de cucharadas de sopa.
Pero el lago me sirve de alimento, el atardecer nos pilla en él, me siento en su orilla mientras unos patos se me acercan y se regodean delante de mí…
Tenemos que volver por la carretera, es noche cerrada y la vereda tiene mucha piedra, aunque sea más larga iremos más deprisa.
La noche se exprime entre los árboles rodeándonos de oscuridad salteada de copas de árboles ,que se asaltan bajo las nubes que tapan las adormecidas estrellas, la carretera se alarga, pero no importa, el tiempo es nuestro, la fortuna de que nuestros pasos van regidos por el sosiego, el tiempo es nuestro, no pertenece a nadie, y lo vamos saboreando en cada bocanada que penetra de aire en nuestros pulmones, César tiene la clave para entrar en el apartamento en el que nos quedaremos en los próximos días y los trenes viajan hasta las once de la noche, la suerte de que en Eslovaquia tienen un servicio público en el transporte, no como en España que todo está supeditado al servicio político…
Llegamos poco antes de las ocho de la noche a la estación de Popradska Pleso , en medio del bosque resurgió en la oscuridad, diseñada para recoger montañeros que bajen de los Montes Tatry hasta altas horas de la tarde noche, impensable en España que todo se arregla con prohibiciones para los vehículos privados sin poner alternativas reales para moverse.
Nos subimos en el tren, a las nueve cierran los restaurantes así que nos quedamos a cenar en la estación intermedia de Stary Smokovec, nos costó encontrar un sitio abierto para cenar, y había hambre, poco habíamos comido en el día.
Tuvimos que hacerlo deprisa para no perder el último tren hasta nuestro destino en Tatranska Lomnica, donde César había alquilado el apartamento, a instancias mías, pues la alternativa era tomar plaza en los refugios de montaña, pero tres meses antes al plantearme las dos opciones, le dije que la del apartamento era la correcta, Maese me había dicho que en Eslovaquia llovería, y así fue, nos llovió los cinco días que estuvimos allí…
Y mi habitación azul,
aquí en Eslovaquia
quedará sobre las nubes…
“Es tiempo de ir nuevamente
A tu habitación azul
Tengo algunas preguntas que hacerte
En tu habitación azul
El aire es puro
Tu piel es clara
Ya tengo suficiente
De rondar por aquí
Me viste venir
Dentro y fuera
Al este de la luna
Algún día regresaré
Un nuevo cuadro
Una nueva perspectiva
Al este de la luna
Y espero recordar
Dónde estaba mi habitación azul…”
©U2. 1992.
-
Maese Viento, no me mentiste.
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Yo nunca miento humano. La mentira es una capacidad humana para no afrontar la realidad.
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Al final llovió mucho. Creí que no volverías a hablarme en este viaje por Eslovaquia.
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En la subida estabas encadenado al Rysy, humano. Apenas prestaste atención. Pero hoy voy a ser yo quien te ¿Qué hiciste con la pelota que te tocó en la papeleta de los gusanitos Risi?
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Anda, me has pillado fuera de juego. Eso no es propio de ti, Maese. Déjame pensar, supongo que se desinfló de no poder usarla. Dentro del piso no podía jugar con ella.
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Entiendes ahora por qué siempre vuelves a tu habitación azul, humano.
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Es cierto Maese, de niño apenas tuve la oportunidad de jugar, creo es mi manera de seguir siendo niño…,¡bajo el cielo azul!
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