Y el último día en Lofoten se había despertado, descubierto de cielos azules se tapaba en ávidos grises que se afanaban en darnos una fría despedida, nos bajamos de nuestras habitaciones en la cabaña de Myrland que había sido nuestra casa por poco tiempo, pero lo habíamos sentido hogar, refugio, lugar de los acontecimientos más maravillosos vividos en nuestra retina, todavía con la duda de si había sido un sueño o había sido real en el baile de la noche anterior de la Aurora Boreal de nuestras mejores fantasías…
Bajo lentamente por la escalera empinada de escalones de madera, habíamos desayunado lo que quedaba de comida en la casa y algo nos llevaríamos para el mediodía en la que almorzaríamos en terreno Sami.
La melancolía decrepita chirría en mis pasos que bajan cada escalón, topada de la luz nítida que entra por los amplios ventanales de la cabaña de madera, la última vez que bajaría , me dirijo a la puerta, cruzo el porche donde el jacuzzi tapado nos recuerda los baños de nieve en la noche, son tantas cosas que se arremolinan en mi memoria, en tan poco tiempo los acontecimientos sucedieron dejando la impronta del recuerdo de un sueño cumplido, de una meta alcanzada en el camino que no cesa de la vida, que no tiene marcha atrás, por mucho que te guste el pasado…
Y disimulando, como queriendo aparentar que no nos importaba nuestra marcha, llevamos nuestro equipaje a la furgoneta aparcada junto a la cabaña del vecino, no nos atrevimos a meterla cercana a la nuestra por si la gran nevada nos impedía salir por la mañana y por la cabaña del vecino pasaba la quitanieves, a Pablo le preocupaba que le molestara al vecino, tienen la piel fina los noruegos, pero nos íbamos, ya se terminó todo lo que aquí vivimos.
Las máquinas de la carretera seguían indiferentes a nuestra marcha irreversible, afanadas en raspar la montaña para dejar hueco a la nueva carretera de Myrland, el sol se debatía por asomarse entre las gélidas nubes de gris sopor, dando un color dorado al horizonte que se desprendía ante nuestros ojos tras pasar el túnel submarino “Nappstraum- tunnelen”, por última vez, tras ponernos en la cola, por última vez, para pasar junto a la fila de coches de nuestra misma dirección, por última vez.
Las lívidas luces aparecen reflejadas en el mar, de blanco nítido se agolpan a los lados de nuestro vehículo mientras el sol resopla de rosas manchando las nubes subyacentes, desprovistas de su olor, rellenas del suave susurro de sueño pasado y que se va a perder…
Los kilómetros se suceden y los paisajes de Lofoten desfilan a nuestro lado en despedida de blancos, de cielos atemperados de blandas y moldeadas nubes del invierno que se marchita…
Blancos y más blancos, en sentido inverso pasamos los puentes donde hicimos el Kayak, todo son recuerdos que se repasan rápidamente en los kilómetros que se suceden para llevarnos al fin de nuestra aventura en Lofoten.
Llegamos al ferry que nos sacará de Lofoten, Fiskebol-Melbu, es increíble que no nos haya nevado, las previsiones eran malas, y vamos pasando por zonas cada vez más frías a medida que nos alejamos de la tibieza de Lofoten, son las 10:30 horas de la mañana.
Y tras el viaje de algo menos de media hora nos bajamos en Melbu, hoy estoy destemplado, mis botas siguen húmedas desde ayer y siento frío, nos bajamos en nuestro vehículo del ferry, estamos en la isla Langoya del archipiélago de Vesteralen, nos dirigimos hasta Sortland y en las afueras de esa localidad, nos acercaremos hasta el poblado Inga Sami Siida, allí Lena, una Sami de pura cepa, nos adentrará en los misterios de su cultura.
Vemos los renos que están al otro lado de la valla en su recinto pero antes de entrar a darles de comer Lena nos explicará en su cabaña Sami los intríngulis de la vida Sami.
Pablo nos cuenta el mito de papa Noel, los renos machos en invierno no tienen cornamenta, las mudan para que le vuelven a crecer en primavera, en cambio las hembras siguen con ellas pero son más pequeñas y puntiagudas, así que los renos que tiraban del trineo de Papá Noel no eran machos o no lo hacían durante la navidad, algo falla en el cuento; Rudolfa.
No metemos en una cabaña redonda Sami, yo tengo bastante frío, mis pies están gélidos, tiene calefacción en las paredes pero está muy débil, nos dan pieles y utensilios Sami para verlos de cerca, y Lena en inglés nos explica el día a día de los Samis, son una cultura que vive en las zonas más frías del ártico sin llegar a meterse en el casquete de hielo del polo norte, son ganaderos y tienen los derechos sobre los renos , que los marcan con espray de colores. No termino de entrar en calor, hay otros grupos junto al nuestro pero tienen prisa y marcharan tras la explicación de Lena, tomamos algo caliente.
Nosotros vamos a dar de comer a los renos, Lena nos abre la cancela y entramos en el recinto, los renos están acostumbrados a los humanos y comen de nuestras manos. Pablo nos fotografía uno a uno dando de comer a estos bellos animales.
Me quedo pensativo, Maese Viento no terminó de contarme la historia de Aanar, la Saami que consiguió salvar a la humanidad de la vuelta de la oscuridad…
Son momentos de disfrute, la energía de los renos es pura e inocente, luchan a veces entre sí para alcanzar el pienso que le ofrecemos, parece que hoy hace bastante frío. No estoy cómodo, los pies me duelen demasiado.
Volvemos a la cabaña Sami con Lena tras visitar otras zonas del poblado que reproducen la vida Sami.
Allí nos vuelven a ofrecer café o té y sacamos el almuerzo que traíamos de Myrland, yo aprovecho para quitarme las botas y calentarme los pies, no soy el único que está pasando frío, ni el único que se quita las botas y arrima los pies a las brasas del centro de la estancia. Lena le calienta los pies a Moisés, que está al borde del colapso.
Lena tiene toda la energía y la belleza de la Madre Tierra, rezuma alegría, amabilidad y autenticidad, ella descubrió después de su infancia que provenía de los Samis, y decidió vivir como ellos.
Nos subimos a la furgoneta a las 15.30 horas y nos vamos, el sol lucha con las nubes en su dorado horizonte, se debate entre la nieve y el agua marina en su mirada invernal, pero al fin parece que se van a cumplir los pronósticos, se va nublando rápidamente, se acaba la tregua que pacté con Maese Viento, se tapará todo de gris y nevará muy intensamente.
Pablo nos cuenta que aquí en Vesteralen se inventó la máquina de vapor para utilizarla en los barcos pesqueros y eso fue un hito para que Lofoten se colonizara de pescadores, allí el secado del bacalao es más productivo y sencillo, el exceso de frío de Vesteralen lo estropea, y con la máquina de vapor se podía llegar hasta el pescado desde Lofoten, por lo que los pescadores empezaron a asentarse en Lofoten que está más adentrado en el mar y por lo tanto es más templado gracias a la corriente del golfo de México que dicen ahora que se va a colapsar.
A las 16.30 subimos al Ferry de Refnes-Flesnes, el mismo que nos trajo hace 6 días, todo suena a despedida, la aventura se acaba.
Cierto aire de melancolía y tristeza flota con los copos que nos caerán, a nuestra izquierda vemos la oscura tormenta de nieve que se abalanzará sobre nosotros acercándose inexorablemente.
Y nos bajamos del ferry, y la tormenta fría y triste nos cubre de grandes copos, apenas se ve la carretera, es un temporal de nieve intenso, hace tres días que tenía que habernos atrapado, pero no fue así y tuvimos nuestras actividades y sobre todo nuestras auroras a pesar de los pronósticos siempre a la contra, Maese Viento y su sincronicidad.
A la 17.30 horas llegamos al hotel Scandic de Harstad, aquí empezó todo y aquí termina todo, quedamos en el hall del hotel en una hora, nos iremos a las saunas del puerto, a hacer el ritual de bañarse en el mar helado, Raúl no está nada convencido de ello, ni le gusta el agua de mar en caliente.
César y yo nos paseamos por Harstad, en una hora se pueden ver muchas cosas bajo una intensa nevada, que en Madrid habría sido el colapso total y aquí es normal.
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Volvemos corriendo al hotel a por la toalla, nos vamos al muelle, allí nos espera la prueba de la sauna con baño en el mar helado.
Vamos hasta el muelle entre la nevada coposa y copiosa, la ilusión y un poco de temor al agua gélida del mar que nos cubrirá tras la sauna nos acompaña. Llegamos y Pablo nos explica en que consiste la sauna y el baño de mar mientras esperamos que terminen los que la alquilaron la hora previa.
Es una pasada la sauna, parece increíble poderse bañar en el agua del mar de Noruega en Febrero, no veo a Raúl muy convencido de ello.
Entramos en la sauna dejamos la ropa y las mochilas en aseos previos al recinto de la sauna, entramos con nuestros bañadores y toallas, al principio cuesta tomar la decisión de saltar al agua gélida del mar, pero Pablo lo hace indicándonos el camino, yo no me lo pensé mucho, estas cosas es mejor no pensarlas. La sensación de tirarse al agua del mar en invierno es un poco gélida, pero el calor que acumulas en la sauna te protege, me tiro al agua y rápidamente tras unas brazadas busco la escalerilla, la próxima vez haré los largos dentro del recinto como nos contó Pablo,Raúl probó en la escalerilla a meterse hasta la cintura, algo es algo…
Ya me he tirado tres veces, Pablo dice que hoy el agua está caliente, estará a unos seis grados, la verdad que tiene razón, ya le he dado los largos a todo el recinto nadando y todavía estoy vivo.
Raúl consiguió meterse completamente, así que los nueve hemos completado el ritual de la sauna-baño imprescindible antes de irse de Noruega.
Al final me lancé cinco veces al agua, al final casi me voy nadando hasta la orca que esperaba al borde del muelle, ¿o era una foca?
Salimos de la sauna muy felices, es una experiencia que te alarga la vida y la salud, no es para tanto el agua fría, casi que es peor el calor de la sauna que me recuerda a Extremadura en Agosto…
Vamos al hotel y de allí a la cena de despedida, en un restaurante Italiano que se come bien, los noruegos carecen de cocina propia.
Tras la cena, la mayoría del grupo se va al hotel a descansar, pero César, Rafa y yo decidimos aprovechar la nevada para dar un paseo por la ciudad y entrar en un pub noruego en sábado noche, a ver el ambiente nocturno local, o como diría César, a ver un rato a las “churris”, al final tenemos conversaciones muy filosóficas para un pub de “churris” pero es lo que hace la edad, la vida se ve de otra manera…
Mañana se acaba la historia de nuestro viaje en Noruega, el avión sale de Evenes a las 11:30 horas, por la noche llegaré a Extremadura y creo que no sabré si lo he soñado…
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Y el grupo de humanos se levantó y bajó a desayunar a las siete y media de la mañana, tenían casi una hora hasta el aeropuerto y Pablo, el guía de la experiencia tenía que marchar a Suecia a hacer una expedición con trineos a casi treinta bajo cero, humano mira melancólico por la ventanilla de la furgoneta, los paisajes nevados que se perderán en la memoria, un alce se cruza en su despedida, humano cree que el año que viene irá a Svalbard a ver los osos polares o a Suecia con los treinta bajo cero que todavía no los ha probado, el grupo humano se encomienda a una avería del avión para no marchar, y por un momento la luz se va antes del despegue, pero finalmente vuelve, es el fin de la aventura de Lofoten, en sus memorias quedarán grabadas las olas del mar golpeando el Kayak mientras la nieve les toca suavemente la cara, la bahía de las ballenas en su descenso, las luces nítidas del nevado blanco que continuamente les rodean, el baile circular de Aurora tocando los sueños nocturnos, tantos recuerdos…, para unas simples mentes humanas.
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Maese Viento, no me devuelvas a Extremadura, por favor. Que es mucho peor que el calor de la sauna. Déjame aquí en Lofoten.
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Humano, se acabó el pacto, te traje para revivirlo de nuevo, ¡volverás a Extremadura en verano con sus cuarenta grados a la sombra!
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Nooooooo, Maese. Por favor, déjame aquí con mis amigos, ¡ha sido demasiado bonito para terminarlo!, ¡no, calor no, por favor!
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Pues mira que estuviste a punto de dejar de revivirlo y cerrar la web para siempre. Humano, por qué no has querido escuchar la continuación de la historia de Aanar, la chamana Saami que salvó la humanidad de la vuelta de Oliver, el Señor Oscuro, el padre de todos los Seres Oscuros y demonios que dominan la oscuridad.
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Ay, Maese. No digas su nombre, recuerda que Culibillas condenó su recuerdo al olvido en castigo de sus crímenes contra la humanidad y su soberbia. Estas historias del pasado ya no interesan a nadie, Maese. hace mucho calor para gastar mi tiempo delante del teclado aquí en Extremadura, nunca nadie preguntó por nada de lo mucho que he escrito dictado por ti. No creo que lo hagan ahora…
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Bueno, humano, pues no seas plasta con tus historias entonces, despídete de tus compañeros de Lofoten y ahora amigos para siempre…
Y las siete salidas de Lofoten van dedicadas para mis amigos de aventura, Moisés, Omaira, Rafa, María, Raúl, Marta y César. Pero sobre todo al que ha sido nuestro guía de aventura y guía espiritual en el sentido que tiene la vida, Pablo Losada, la persona que nos ha hecho estos días que sean inolvidables, ¡Gracias, Pablo!¡ gracias, a todos!, nos vemos en la siguiente…
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