He abierto los ojos, estoy en una habitación de un hotel, me asomo a la ventana, los rosas acarician el cielo griseado de sopor anunciando en su letanía que amanece en Harstad, en el archipiélago noruego de Vesteralen, las luces de las casas palidecen en amarillo mientras la nítida luz de la mañana penetra poco a poco por las calles cubiertas de nieve, César se está duchando, siempre lo hace por la mañana para despertarse mejor…
Son cerca de las ocho de la mañana, Pablo nos dijo que a las nueve teníamos que estar abajo con el equipaje pues teníamos un ferry en el camino de las islas Lofoten, las islas de los colores nítidos del hielo…
Pablo Losada es un aventurero que ha creado la empresa “Montainpics Adventures” , y nos guiará durante una semana por el archipiélago más templado del círculo polar ártico donde el sol desaparece durante un mes bajo el horizonte.
César y yo bajamos a desayunar y en una mesa nos encontramos a Pablo y con él estaban Marta y su padre Raúl ambos de Madrid, llegaron por la tarde el día anterior, los demás lo hicimos en el último avión que llevaba retraso así que hasta las dos de la mañana no llegamos al hotel.
Bajan los demás componentes de la aventura, Moisés, Omaira, María y Rafa todos de las islas canarias.
Pablo empieza con sus doctas explicaciones, es una enciclopedia, sabe de todo y nos cuenta continuamente detalles de Lofoten y de todo lo que nos rodea en el desayuno y luego nos montamos en la furgoneta de nueve plazas de alquiler con Rafa al volante.
Salimos a las nueve y cuarto, vamos bien, el ferry que nos llevará desde Refsnes a Flesnes parte a las diez de la mañana. Vamos circulando por las carreteras rodeadas de nieve con su capa de hielo que permite a las ruedas de invierno adherirse con eficacia. Los sureños no nos acostumbramos a tanto blanco, ni a tanta nitidez en nuestros ojos hechos a la ceguera intensa del sol de España.
-«Hvis du ikke liker været, bare vent ti minutter.» Si a ti no te gusta el tiempo, sólo espera diez minutos. Aquí en Lofoten es un dicho de todos los días, las previsiones siempre fallan y en un día pasa de todo, por eso iremos día a día viendo el tiempo para hacer las cosas que tenemos planeadas para la semana- Nos contaba Pablo mientras esperábamos a que la cola de coches marchara para ser engullida en el vientre del ferry-. Si habéis leído el programa tenemos Kayak en el mar, museos, rutas con raquetas, auroras boreales si no está nublado, y veremos todo tipo de animales por el camino, iremos tachando de la lista a medida que los vayamos divisando, que nadie se irá de Lofoten sin haber hecho y visto lo que tenemos en la lista, y acabaremos en la sauna y bañándonos en el mar.- Seguía contando Pablo dentro de la furgoneta sentado en el asiento delantero junto a Rafa que conducía.
Hemos subido al ferry, antes un joven con cara de noruego estándar, que me parecía haberle visto ayer en otro sitio, pica en la palanquita de una pequeña máquina que sostiene en la mano, una vez por cada pasajero de nuestra furgoneta, el importe les llegará a la empresa del alquiler de la furgoneta que a su vez se la pasará a Pablo.
El ferry surca las aguas embelesadas de nieves y montañas que circundan con sus siluetas las recortadas orillas, me extraña el poco frío que siento con lo vivido en Oslo, y parece ser que Lofoten es todavía más templado que el archipiélago de Vesteralen donde surcamos…
Salimos del vientre de la bestia y nos encontramos coches enterrados en la nieve al borde de la carretera mientras una fila espera poder entrar en el metálico flotante que nos condujo a Flesnes.
Pablo nos dice que hemos tenido mucha suerte, está todo lleno de nieve, el año anterior apenas nevó en Lofoten y este año no la vamos a echar en falta…
Apenas las diez y media y el ferry se marcha, el sol no termina de despegar de las montañas, aquí en estos mundos nórdicos no lo hará, se asirá dorado sobre las recortadas elevaciones que se afanan en rodearnos por todas partes, estamos en Noruega.
La carretera discurre junto al agua del mar, todo repleto de blanco nuclear, blanco nublo de grises que taparán nuestra aurora esta noche.
Pablo nos ha llevado a un aparcamiento junto a la carretera llamado “Vedhøgga Rastplatz”, allí ha sacado dos grandes petates del maletero de nuestra furgoneta, y comienza a repartir raquetas de nieve y bastones, comienza la aventura, y el día está bien, pese a la previsiones de viento, para algunos va a ser su primera experiencia con raquetas de nieve…
Ha nevado muchísimo esta noche, la nieve llega hasta la cintura, Pablo se pone a abrir camino, nos llevará al lago Storvanet dentro del parque nacional de Møysalen, debido a una cumbre de este nombre de 1262 metros de altura, estamos todavía en el archipiélago de Vesteralen.
Nos hundimos en la nieve, sobre todo Pablo que es el que hace el gran surco en la pequeña cuesta que parece una montaña enorme.
Los abedules se retuercen por Maese Viento que los ha moldeado con sus ventiscas marinas, la nieve se sube a los troncos y se posa en las copas, dando un aspecto algodonoso a todo lo que nos rodea, seguimos por el bosque con la promesa de Pablo de que quien caiga más veces en la nieve paga la ronda de cervezas del final…
Cruzamos el bosque, inmaculado de manto níveo que se aplana en surco a nuestro paso, Pablo nos ha conducido hasta el borde del lago tras sortear un arroyo casi congelado, allí nos encontramos una cabaña solitaria en el paisaje boscoso de silencio y viento silencioso…
Nos enseña lo profundo del hielo bajo la nieve, César y yo ya hemos caminado muchas veces por lagos congelados pero para algunos en su primera experiencia, temen que se parta el hielo, Pablo nos explica que es muy seguro pero que si cruje, el que corre peligro es el que está a tu lado, que por la línea de fractura es más fácil que le toque irse al agua.
Comenzamos a cruzar el lago, primero todos juntos en fila, luego cada uno va a su aire, mientras Pablo nos graba con un dron.
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“Silencio.
Solo el sonido de las raquetas,
maqueando la nieve de quejido,
susurrando nuestro paso
en su cuerpo mullido,
mullido del esponjoso blando
del sueño inquieto de un ángel,
me pierdo,
en mi onírico caminar;
He vuelto de nuevo,
atrapado en ti,
dentro de ti,
tú eres mi silencio.
Es tan bueno estar aquí,
perdido en ti,
abrazado al blanco,
que me envuelve y me consume,
en copos de pasos,
en crujidos de nieve,
fría, delgada, sincera,
la luz me invade,
la paz en el aire,
que abruma y acongoja,
lloro y lloro…
Alimentado por tus sueños,
de ángeles inquietos,
que tocan sus arpas,
que liban sus voces,
melodiosas de sueños,
de sueños de vuelos,
lloro y lloro…
Acoplado en tu abrazo,
dentro de ti,
perdido en ti,
abrazado de blanco,
soñando sin soñar,
respirando sin aire,
mirando sin ver,
mis ojos nublados,
lloro y lloro,
de felicidad…”
Me he quedado muy rezagado, hemos salido del lago, y ahora caminamos por el borde del bosque entre los árboles remedados de blanco
Nos volvemos a la furgoneta, tras las risas níveas y ahora nos iremos por fin a Lofoten, para ello cruzaremos el puente que le une con Vesterålen, el puente de Raftsundbrua .
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Desde aquí paramos en el mirador de Austnesfjord, en el aparcamiento empezamos a ver decenas de asiáticos, Lofoten está repleto de turismo oriental buscando las auroras boreales, a Pablo no le gusta trabajar con asiáticos, pues son personas muy diferentes a los occidentales y tienen habilidades motoras muy diferentes a las nuestras.
Hay una pasarela de madera que lleva hasta el mirador oculta bajo la nieve, vemos la iglesia de Sildpollnes a lo lejos y todo presidido por la cumbre más alta de Lofoten, el Higravstinden con 1146 metros.
Pablo nos hace fotos en la pasarela del mirador uno a uno, Omaira decide salirse de la pasarela en decúbito supino pero es rescatada al segundo, y nos damos la vuelta al aparcamiento que se agolpan los asiáticos esperando su turno para la foto.
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«Imaginación.
Qué manera de vivir tu vida.
De todos modos, quería intentarlo.
No puedo estar solo todo el tiempo en mi mente.
Imaginación ,el mundo está lleno de mentiras.
Algunas son simplemente hermosas, cubren mis ojos.
Besa mis párpados, pequeño sueño cobrando vida.
Sigo contigo, siempre lo estaré.
Incluso en mi imaginación.» Madrugada . Chimes at Midnight. 2022.
Seguimos la carretera E10, hasta Hammerstad, aquí impresiona realmente de estar en el polo norte, hielo gris acero de redondeadas formas en sintonía de blancos deleznados de sombras casi invisibles en espejo de luna y hielo…
Y a las 15:45 horas llegamos a nuestro último destino en el día de hoy, donde pernoctaremos, Svolvaer.
“Svolvaer es la capital administrativa de Lofoten con casi 4500 habitantes, perteneciente al municipio de Vågan. Vågan es un municipio de la provincia de Nordland en la región de Nord-Norge, Noruega. A 1 de enero de 2018 tenía una población estimada de 9611 habitantes.” De wipkipedia.
Aparcamos en el puerto de Svolvaer, nuestros alojamientos son unos apartamentos de madera que están al borde del mar, “Lofoten Rorbuer”, todo está impregnado de nieve que se acumula virgen sobre los barcos, sobre la pasarela, sobre cada centímetro de nuestra vista en inmaculado regalo.
César y yo vamos al mismo apartamento que Marta y su padre Raúl, nos dice Pablo que a las 16.30 saldremos a dar una vuelta a Svolvaer y luego cenaremos en el restaurante “Bacalao”, como todavía falta los cuatro del mismo apartamento nos fuimos a dar una pequeña vuelta por el vecindario, casas de madera junto al mar todo empaquetado de nieve polvo, tuvimos dificultades para dar la vuelta pues algunas calles estaban cortadas por el agolpamiento de la nieve y un lugareño nos llamó la atención de manera poco amistosa por entrar en su calle a hacer fotos de la bahía…
A las cuatro y media llegamos y comenzamos a caminar mientras Pablo nos iba contando que la montaña detrás de Svolvaer se debe a un Troll que fue molestado y lanzaba ovejas en su enfado, Marta y yo nos percatamos de la suerte que tuvimos unos minutos antes en la calle junto a la bahía cuando una voz grave se asomaba por la abertura de su pequeña ventana de la planta superior de su cabaña, increpándonos por hacer fotos al mar, el Troll de Svolvaer sigue viviendo bajo su montaña, faltó poco para que nos lanzara una oveja…
Vamos hacia el puente y lo cruzamos, la anochecida es inminente y las luces de sueños oníricos se empiezan a topar en nuestras cámaras.
Svolvaer aparece pletórico delante de las montañas con las luces iluminando la pista de esquí nocturna, y las luces cálidas que se desprenden de las ventanas dando aspecto de una postal navideña, María y yo quedamos por momentos sin aliento en el sueño de una noche de invierno…
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“ Y te dejaré una carta
debajo de tu puerta
por debajo de las paredes
que cantan cerca del lugar
donde pasan tus pies
escondiéndose en un hueco
de tu sofá favorito.
Y cuando estés sola
por un momento
saldrán mis palabras
saldrán de perfumes
de rosas y ensueños
perdidos junto a la luz
de tu mirar sereno
por favor
llévame contigo
Cuando quieras
llévame contigo
quiero estar junto a ti
siempre junto a ti,
llévame contigo…”
Patrick Watson. Je te laisserai des mots. Año 2010.
Hemos paseado con las explicaciones de Pablo, de cómo al ser la noche tan larga se van a esquiar fuera de las pistas iluminadas, la luz de Lofoten es nítida de día y de noche, y su aura de paz te invade con solo cerrar los ojos, quitando el olor permanente a bacalao secándose, no es muy romántico en realidad…
Llegamos a los secaderos y Pablo nos cuenta todo lo que significa el bacalao para Lofoten, es la economía principal hasta que llegó el turismo.
Y tras admirar el bacalao secándose fuimos al restaurante bacalao donde tomamos bacalao, en Noruega adolecen de la falta de una cocina propia, abunda la comida rápida y pocos platos propios tienen para ofrecerte.
Y tras la cena volvimos al apartamento y allí nos esperaban unas cervezas para celebrar el final del día, mañana más y mejor.
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Humano, no sólo has vuelto escribir sino que además me has sacado de la narrativa. Vas a volver loco a tus lectores, y eso que jurabas que era la salida final de tu blog, la anterior que escribiste.
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Es cierto, Maese Viento, te agradezco que no te irritaras por ello, aquí en Lofoten podríamos haber tenido muy mal día si te lo hubieras propuesto.
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Humano necio. No eres tan importante para mí, pero explícales que te hizo cambiar de parecer, yo lo sé pero ellos no, si es que alguien te lee.
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¡Siempre con el dedo en la llaga, Maese!. Realmente, nunca me planteé dejar de escribir, me planteé dejar de compartirlo.
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Pero si dices que no te importa lo que los demás digan, hagan y piensen y que no necesitas la validación de nadie, qué te hizo zozobrar y plantearte el dejar de compartir.
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Maese Viento, a veces parece que en el mundo no hay nada ni nadie más tú. La soledad se vuelve una carga demasiado insoportable para arrastrarla continuamente, pero ya tengo claro que “Ef ég vinn i petta eina sinn, er pad samt daudi minn”. Aunque gane esta vez, seguirá siendo mi fin…
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