TRAS LAS HUELLAS DE ORHAN EN EL MONTE SÜPHAN, CUANDO LA REALIDAD SUPERA LA FICCIÓN. 2. la subida interminable al Monte Süphan, la épica de la nieve blanda.

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Ha amanecido en el hotel, el único hotel de Adilcevaz, no tenemos prisa, subiremos al Süphan al medio día y  como Orhan supone que habrá mucha nieve blanda, vamos a hacer un campamento base intermedio y salir de madrugada cuando haga más frío para que la nieve esté dura y no nos hundamos, pues no tenemos raquetas de nieve ni esquíes que es como se sube a estas montañas con nieve recién caída, va a ser una experiencia muy dura físicamente y todavía nos duelen las piernas de ayer, que estuvimos cuatro horas andando en nieve blanda…

No hay desayuno en el hotel, pues es Ramadán y desde el amanecer hasta que se pone el sol no se puede comer, beber, fumar ni practicar sexo, así van a estar todos los musulmanes durante un mes, lo bueno es que cuando se pone el sol lo puedes hacer todo hasta morir…

Orhan sale pronto de la habitación, pues no se subió equipaje, yo me puse a preparar la mochila que subiré al Süphan y abro el balcón de la habitación que está en la primera planta y podría salir a la calle saltando por allí si quisiera, al abrirlo escucho a Orhan hablando en español, me asomo y veo que hay seis personas alrededor del coche y Orhan habla con ellos, termino de preparar mis cosas y cuando salgo me encuentro a Orhan preparando un té, hay seis españoles, y dos son de Granada y uno de Cáceres, los demás del norte de España, me cuentan que han venido a esquiar y que mañana subirán también al Süphan, casualidades de la vida, ellos van con esquíes subirán y bajarán muy deprisa, a nosotros nos costará mucho más.

Nos deseamos suerte mutuamente y ellos van a pedir su permiso y nosotros a comprar víveres, vamos por la tumultuosa calle, donde predominan los hombres, en los países musulmanes las mujeres no se ven por las calles, se supone que las habrá porque siguen naciendo niños y niñas, que nadie se ofenda.

Compramos barbacoa, parrilla , carbón, alas de pollo y verdura para asar, lo haremos en el campamento base, estamos largo tiempo de tienda en tienda hasta que al final termina Orhan de comprar en un supermercado mientras yo estoy con las bolsas fuera…

 

Volvemos al coche y soltamos las bolsas, le pido a Orhan que volvamos a la vista del castillo de Adilcevaz para hacerme una foto y quedar constancia de mi visita, nada más terminar, suena su teléfono y son los municipales, le dicen que su coche está estorbando en una salida y que lo quite, esto es Kurdistán,  y Orhan aquí es muy conocido y no van a multarle…

Nos acercamos a la orilla del lago Van, él se queda llamando por teléfono mientras yo paseo por la orilla de este lago de agua salobre, a la vuelta me dice que la carretera que sube a la pequeña aldea desde que comenzaremos a andar está despejada de nieve, y que no iremos solos, vendrán dos personas más en la subida, lo que me parece estupendo, el número perfecto para ir a la montaña son cuatro personas, si pasara algo dos cuidan al herido y el cuarto va a buscar ayuda si no se puede contactar por teléfono, de manual de supervivencia.

Salimos en dirección a la aldea, y paramos en una recta a tomar un té y a esperar nuestros nuevos compañeros que llegan en pocos minutos.

Dogu es guía profesional de montaña, ha realizado el Monte Lenin en solitario y es discípulo de Orhan en la montaña, es un joven de unos treinta años alto y delgado.

Kubilair es profesor de esquí, tiene 32 años y su buen humor le antecede, risas y alegría surgen de su inglés turco que nos hace entendernos bastante. Ya somos los cuatro que subiremos a esta gran cima, nos esperan temperaturas de quince bajo cero, y mucha nieve blanda para dificultar nuestro paso.

Salimos tras el té hacia el poblado de Aydinlar, los bordes de la carretera están llenísimos de nieve.

 

Paramos en el poblado y cargamos con todo lo que necesitamos para montar el campamento base.

 

Orhan se pone delante abriendo paso en la nieve, pero cuando llevamos media hora andando cae en la cuenta que se ha dejado la linterna  frontal  en el coche y saldremos a las tres de la mañana hacia la cumbre, se da la vuelta y yo sigo abriendo huella según sus indicaciones hasta que llegamos a una explanada donde dice Dogu que es el sitio para poner el campo base.

Me vuelvo a buscar a Orhan que va muy cargado y le encuentro a medio camino para volver a subir al campamento base.

Montamos las dos tiendas, la de Dogu es de marca y se tarda más tiempo en ponerla pero pasarán menos frío por la noche.

Y ahora toca la barbacoa, es hora de comer y no vamos a hacer Ramadán que cuando caiga el sol estaremos a quince bajo cero y no podremos salir de la tienda de campaña, Orhan monta en un santiamén la barbacoa, enciende el carbón y en poco estamos poniendo comida sobre la parrilla.

 

Así que al «solecito» comemos verdura asada y pollo con «hamburguesitas», una gozada comer en la nieve, una experiencia única. He comido de más, me encuentro pesado y empieza a darme frío, el típico bajón de la siesta, la montaña está tapada de nubes continuamente, y parece inalcanzable, imposible de hacer, allá en los cielos, y menos con este frío, frío…, frío por dentro, frío del alma, que te inunda de un mar de dudas, qué hago yo aquí…, que hacemos en esta vida, a dónde vamos, qué queremos  de la vida, y todas esas lindezas se te pasan por la cabeza por una siesta no echada…

Pero al rato ya me siento normal, se van las nubes, se despejan las dudas y aunque hace mucho más frío, apenas tengo frío, ya no tengo frío en el alma, así que tomaremos té para calentarnos…

Y no se puede hacer grandes cosas en la nieve así que antes de meternos en la tienda voy a grabar la puesta de sol que no apreciamos directamente pues estamos en la subida este de la montaña.

 

Nos metemos Orhan y yo en nuestra tienda de campaña, intentaremos dormir algo hasta las tres de la mañana que saldremos para la cumbre, son las siete de la tarde, tendremos un rato para descansar antes de empezar la subida…

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Capítulo cuatro. La subida al Monte Süphan. Martes 12 de Marzo.

 

Y el frío era tan intenso que casi se masticaba, acabo de abrir los ojos, son más de las dos de la madrugada, en la apretujada tienda del “Decathlon”  estábamos Orhan y yo insertados a la inversa para poder entrar mejor, Orhan también se había despertado hacía un rato, no se si llegué a dormir más de dos horas pues el té que nos calentó antes de acostarnos tuvo doble función, tuve que salir dos veces a desaguar a más de diez bajo cero en la nieve, y encima la excitación de la teína se unió a la de la aventura y me costó mucho dormirme , y eso que en mi saco de plumas solo sentía frío en los pies, sólo en los pies, y no había manera de calentarlos.

  • ¿Qué tal has dormido, Orhan?.

  • Pues algo he dormido, y eso que no terminaba de calentarme. Pero creo que estoy bien. ¿ Y tú, qué tal?

  • Pues los pies me han enfriado y el té me ha calentado de más, tuve que salir dos veces de la tienda.

  • Pues a las tres salimos, ya tiene que estar la nieve dura para que podamos caminar sobre ella sin hundirnos.

  • Esperemos que sea así, porque vamos a morir como esté todo el rato blanda.

  • No quiero ni pensarlo, amigo.

Y escuchamos hablar en la tienda de Dogu y de Kubilair escuchamos hablar y Orhan les dijo en turco que a las tres salíamos para arriba, al menos eso intuí.

A las tres menos cuarto salimos empezamos a prepararnos para salir de la tienda, la verdad que asustaba un poco la idea, se había congelado el agua dentro de la tienda…

 

Consigo salir de la tienda, realmente no sentía frío, pero me encuentro con una dificultad que no esperaba, las botas que estaban dentro de la tienda se habían congelado y ni podía apenas ni abrirlas, luego me costó un mundo poder metérmelas en los pies, tuve que golpear con todas mis fuerzas contra el suelo de nieve hasta que por fin lo conseguí, pero como me paso en el polo norte otra vez tenía insensible el pie izquierdo.

Así que en los veinte minutos que tardaron en terminar de prepararse  Kubilair y Dogu, estuvieron calentando agua para los termos, estuve caminando y dando zapatazos en el suelo tratando de recuperar la sensibilidad perdida…

Y el cielo oscuro de estrellas es infinito, estrellas que miran solitarias en el cielo, que parecen que están juntas unas con otras agrupadas  en pequeños grupos, en constelaciones, pero en realidad están solitarias en el espacio, perdidas a miles de kilómetros de distancia unas de otras.

Parece que por fin ya están preparados Dogu y Kubilair, se me hizo inmenso el espacio de tiempo bajo la oscuridad del cielo turco a dos mil metros de altura, el frío se me ha olvidado salvo en mi pie izquierdo que sigue dormido sin sensibilidad.

Comenzamos a caminar, Orhan nos guía, yo detrás, Kubilair y por último Dogu. Al principio hay una costra de nieve congelada que nos mantiene casi sin hundirnos, pero en apenas cien metros en cuando se pone con algo de pendiente nos comenzamos a hundir hasta la mitad de la pantorrilla en el mejor de los casos.

El que abre la huella hace un esfuerzo descomunal, a los cinco minutos Dogu le sustituye en la cabeza, sus huellas me gustan más porque da los pasos más cortos que Orhan que no lleva bastones, cuando Orhan va delante sólo me sirve una huella al ser demasiadas largas y me desequilibro al pisar tan ancho y me canso más.

A la medio hora me pongo yo delante a abrir huella en una zona que te hundes hasta las rodillas, esto es una pesadilla, nos miramos en la oscuridad, nadie lo quiere decir, pero va a ser imposible llegar arriba con la nieve tan blanda, es un esfuerzo inhumano…

He tenido que dejar de abrir huella, me choco con mi  realidad, llevo  nueve meses  sin entrenar y sin hacer grandes cosas y no estoy preparado físicamente, si quiero llegar a la cima tengo que “chupar” huella…

Kubilair lo está pasando muy mal, resopla y jadea y eso que llevamos apenas una hora, la altura la está notando además de su afición al tabaco, en Turquía hay demasiada afición a este veneno, y hasta los treintaañeros que son guías de esquí se asfixian en el comienzo de la cuesta, nos quedan ocho horas de subida, según cálculos de Orhan.

Kubilair me ha ofrecido agua muy caliente de su termo, le pregunté a Orhan si hacía falta y me dijo que no, además dejé la cantimplora aislada térmicamente a instancias suyas y se me está congelando el agua en la botella de plástico aunque la tengo arropada en el fondo de la mochila.

Y en la oscuridad vamos subiendo, huella a huella , paso a paso, casi siempre en cabeza Orhan, algunos relevos le da Dogu, yo no me atrevo y Kubilair se va quedando atrás y tenemos que esperarlo, cada hora paramos a comer algo y a beber, a veces antes de la hora, miro en el GPS la altura y apenas la ganamos, se alarga el camino en la oscuridad, pero no importa, tengo muy claro cómo se sube, son nueve horas en la nieve blanda y  no estoy entrenado, pero no me importa, bajo las respiraciones, trato de bajar mis pulsaciones, y pongo mi mente en la huella de Orhan,  y huella, huella, huella, huella, huella, huella, así es y será durante horas, me evado de mi cuerpo y funciona sólo , con el paso con la huella de Orhan, guiando en la oscuridad de la noche inmaculada de  blanco nieve, reluciente de oscuridad, de silencios, y estrellas, roto por la voz de Maese Viento que apenas sopla y me saca del sopor, del sopor de las huellas de Orhan.

Las primeras luces clarean el oscuro borrando estrellas, y empiezan a borrar las luces del horizonte de las ciudades humanas, dejando poco a poco el contorno de la montaña presentarse en nuestros ojos, acabamos de pasar una ladera de hielo, Kubilair lo pasó muy mal porque al estilo Orhan tampoco lleva bastones, y andar en pendiente en el hielo sin apoyos sólo se le da bien a Orhan.

Este tramos de hielo ha cansado cada vez más a Kubilair, ya no tiene ni fuerza ni de bromear conmigo en inglés cuando llegaba a nuestra altura, el sol se eleva sinuoso poco a poco , casi con pereza, sin hacernos caso, olvidándonos en nuestros pasos inundados de nieve, nieve blanda que nos hunde en la lucha continua contra la montaña y  contra la nieve…

 

El espectáculo del amanecer es inmenso, me deja sin aliento más que la cuesta y la nieve blanda, el sol debatiéndose por salir entre las aguas del lago Van mientras el blanco de las cientos de montañas arañan el cielo con frialdad, con gélida y pasmosa letanía de blancos y amarillos infinitos…, pero apenas nos volvemos a verlo, pues nos queda muchísimo, pero tenemos que pararnos a esperar a Kubilair, está pasando un verdadero calvario, no llegará muy lejos…

 

 

Y así ha sido, Kubilair tras acercarse y hablar con los dos guías se da la vuelta y comienza el descenso de vuelta al campo base, llevamos tres horas y nos quedan cinco, es muy duro lo que estamos haciendo.

Y ese era mi cometido, durante horas, seguir las huellas, casi siempre de Orhan, duro cometido con menos oxígeno y hundiéndote en nieve blanda, la cuesta empinada no termina.

 

 

Y así hora tras hora, paso tras paso, huella tras huella, con el sol reflejándose en el lago Van a nuestras espaldas, y el silencio roto por Maese Viento hablando  suavemente, levemente, pero hoy no puedo ni gastar energías  en hablar con él…

De repente tras una zona de hielo aparece una parte sin nieve, me había puesto los crampones, pues la caída era muy larga y me senté a ponérmelos, empezamos ahora a andar por una senda de tierra, que nos deja en un collado muy venteado, desde donde se ve nuestro objetivo. Han sido casi ocho horas para llegar hasta aquí…

 

Paramos a abrigarnos, bebemos y comemos, el agua gélida me sigue provocando ataques de tos cada vez que bebo. La próxima vez llevaré un termo. Salimos hacia la antecima caminando por un zona sin nieve que está muy venteada.

 

 Orhan se ha detenido a mitad de la colina, no ve clara la última subida, la más empinada y peligrosa, está preocupado porque nos cayeran aludes en la empinada pala que nos queda,  y yo me hundo en la ladera una vez más…

 

Hemos parado antes de la subida a comer y beber, Orhan que ha abierto huella todo el rato prácticamente está agotado, yo soy sabedor de ello y no quiero forzarlo a hacer la última subida aunque yo que he ido a rueda todo el rato tengo todavía energía para una hora más, pues son ocho las que llevamos de subida y yo me programé para nueve, lástima que llevo tanto tiempo sin entrenar y no pude dar relevos…

 

Dogu y Orhan hablan y hablan entre ellos, Dogu lleva una hora que se iba quedando atrás, también está reventado, le doy un gel energético con cafeína, yo ya me había tomado dos previamente y si me tomo un tercero, lo que equivaldría a tomarme tres cafés, tendría que estar tres horas más subiendo para poder asimilarlo…

Discuten sobre aludes, o eso me dicen que hacen pues hablan en turco, aunque yo solo veo una pala de nieve muy empinada y dura pero no muy diferente a las que he subido decenas de veces sin complicaciones ni aludes, en ese momento a nuestra derecha aparecen los españoles con los esquíes que vimos el día anterior, Dogu empieza a  subir, mirando por dónde hacerlo…

 

Veo que Orhan no se arranca aunque yo le insto a hacerlo, y salgo detrás de Dogu, pero a los pocos metros me llama Orhan y me dice que mejor subir por el otro lado, mientras él se acerca a los españoles y empieza  a hablar con ellos, tengo que volver a subir la vaguada que bajé buscando las huellas de Dogu, pero impaciente por empezar a subir o nos quedaremos sin tiempo ni fuerzas, pues hay que bajar después de hacer cima.

Orhan estaba hablando con varios españoles pero no me acerco mucho pensando en subir, luego al ver que no viene me acerco y me dice que vamos mal de tiempo para subir y que en la antecima son las mismas vistas sin peligro, que nos queda una zona de hielo muy complicada, le contesto que no me importa quedarnos en la antecima tomando fotos y videos, tampoco tenemos porque arriesgar estando tan cansados, mientras miro de reojo a Dogu que sigue arriba por la pendiente sin detenerse ni volverse.

Y cuando ya me había hecho a la idea de no intentar los últimos cien metros, me dice Orhan.

  • Fran, ¿te queda energía para bajar?, porque no solo es subir, si se sube es si se sabe que se puede bajar.

  • Me queda como mínimo una hora más de resistencia subiendo y bajar en nieve blanda es menos cansado que subir, sin problema. He hecho bajadas peores estando más cansado.

  • Pues hemos venido a subir,¿ entonces subimos?

  • Pues venga, ya estamos tardando. Vamos

  • Venga, pues vamos.

Orhan  se pone a acometer la enorme pala de nieve, y yo detrás cansado pero feliz…

 

En apenas cincuenta metros se complica, me pongo yo delante a abrir huella pues me encuentro con más energía, pero al llegar a la zona de las rocas hay una placa de hielo, hay españoles subiendo con sus esquíes en otra zona pero detrás nuestra nos alcanzó uno que los había dejado en la antecima al ver la peligrosidad de la pala y va andando como nosotros.

Me paro al resbalarme, Orhan me dice que está muy peligroso, y que se nos acaba el tiempo de margen que hay que bajar, pego dos patinazos en el hielo…, puedo sentarme a ponerme los crampones pero recuerdo que luego hay que bajar y es más peligroso, sobre todo estando tan cansado y con el tiempo acabándose, así que dejamos al español poniéndose los crampones y nosotros nos damos la vuelta, nos faltan apenas cincuenta metros para la cumbre…,es doloroso pero es lo mejor, es más importante nuestra integridad física y estamos al límite de nuestras fuerzas…

 

Llegamos de nuevo a la antecima y están allí dos españoles que no han subido a la cumbre de momento;

  • Así que las huellas eran vuestras, las hemos estado siguiendo todo el camino…

  • Pues sí, salimos a las tres de la madrugada.

  • Nosotros a las ocho, y nos íbamos preguntando que quien sería capaz de subir sin raquetas y con bastones sin rosetas…

Nos dieron con una mirada incrédula entre la admiración y el reproche.

  • Es una barbaridad lo que habéis hecho, tiene mucho mérito llegar hasta aquí.

  • No quedamos sin cima, pero al menos Dogu la hará por nosotros. Hemos disfrutado y la verdad que es una montaña muy bonita.

  • Pero Fran, ¿tú siendo de Granada como es que no esquías?, habrías subido sin problema con nosotros…

  • Pues porque aunque yo me crié en Granada y tuve muchas oportunidades de aprender, soy objetor de conciencia, amo la montaña y nunca he aceptado el destrozo de la estación de esquí en mi Sierra Nevada, siempre lo he criticado, así que nunca subí a aprender, si hubiera tenido la oportunidad de hacerlo en otro sitio alejado de la estación de esquí…

  • Pues si aprendes subirás más montañas y mejor, hoy lo has experimentado.

  • Me lo pensaré …, gracias. Aunque ahora vivo muy lejos de la nieve.

Nos quedamos un rato hablando con los tres compatriotas, Orhan ha tomado la decisión de aprender a esquiar después de lo de hoy, se lo dirá a Dogu cuando baje, que tiene más confianza que con Kubilair.

No paseamos por la antecima, y nos sentimos algo rotos, nos despedimos y nos bajamos, me cuenta Orhan que cuando se acercó a los españoles en la antecima antes de intentar subir, le dijeron – Es una  “animalada”, no  lo siguiente…lo que habéis hecho, subir sin raquetas y sin esquíes en la nieve blanda.

 

Nos reíamos al repetir que éramos más que animales, que ni los animales lo hacían, y ahora tocaba bajar…

Pero antes disfrutamos de las vistas desde la antecima, ha faltado muy poco para llegar, casi nada. Orhan me dice que la mayoría de las expediciones que suben en verano se quedan en antecima para evitar la peligrosidad del último paso hasta la cima, y que donde estamos se considera cima…

Tengo un regusto amargo por lo poco que ha faltado para llegar, pero estoy contento, ni en mis mejores sueños había pensado en poder estar nueve horas subiendo en la nieve blanda sin parar, y sobre todo sin entrenar. Sin Orhan no lo habría conseguido pues abrió la huella casi las nueve horas, aunque sus grandes zancadas  al ir sin bastones  me obligaban a usar solo una huella suya en cada paso teniendo que pisar sin huella el otro pie,  pero estuve en meditación de subida y bajé mis pulsaciones y mis respiraciones para no cansarme, aparte de comer y beber cada hora, y el beber me provocaba tos por lo gélida que estaba el agua, creo que no ha sido fácil, aunque tampoco me ha parecido difícil.(No recuerdo haber hecho nunca nada difícil…)

Y tras los videos y las fotos Orhan me mete por una ladera muy empinada sin nieve, al principio dudo pues mis piernas están cansadas, pero cuando veo que es arena blanda, bajo corriendo con la felicidad de vivir…

Estamos reventados los dos, y nos quedan muchas horas de bajada, vamos mirando por si viene Dogu, iremos despacio para que nos alcance, pero no podemos parar pues al cansancio no le viene bien enfriarse…

Bajamos y bajamos entre bromas, lo conseguido es grande, ya no sigo las huellas de Orhan, me hundo libremente en la nieve, paso a paso, huella a huella, esta vez mis huellas rompiendo la nieve inmaculada, mientras el lago Van me mira sorprendido de mis pasos cansados, pero no perdidos, mientras Maese Viento me sopla en la cara suavemente, tapando el frío por completo, y la inmensidad del horizonte nevado me va cubriendo de blancos, azules, verdosos, todo en el silencio de mi corazón cansado…

Nos hemos parado, Orhan ha visto a lo lejos a Dogu, nos sentamos o más bien nos tumbamos en la cuesta, al sol dulce  y fiero que me estaba asfixiando…

Me ha venido genial tumbarme, me he enfriado y estaba empezando a pasar calor, lo que para mis músculos cansados es peor que el frío. Seguimos para no enfriarnos, ya veo a lo lejos a Dogu.

Vamos cada vez más  despacio, es increíble la enorme cuesta que subimos esta mañana, no se acaba nunca y es muy pronunciada.

Justo antes de una vaguada nos alcanza Dogu, viene roto, como nosotros, le felicito en inglés por la cumbre y apenas sonríe, después me contó Orhan que le parecía increíble el haber hecho cima, pues no creyó que lo consiguiera, nos adelanta y sigue muy deprisa, se ha quedado sin agua y tiene los pies destrozados, después me los enseñó y se le habían cocido dentro de las bota.

 

Dogu me pasó dos videos, uno hundiéndome en la nieve y otro en la cima.

 

Yo voy más despacio, se me hace larga la bajada, Orhan me espera, es de agradecer, el final es lo más largo, metro a metro vemos acercarse la montaña bajo la que está nuestro campo base.

Hemos llegado al campo base, son las cinco de la tarde, llevamos doce horas andando, nos queda una hora hasta el coche. Kubilair estaba esperándonos, nos ha recibido con su sonrisa habitual y su alegría contagiosa. Lástima que se tuvo que volver.

Recogemos los sacos,  y luego las tiendas, la nuestra lo hacemos en breves minutos, y dejamos a Dogu y Kubilair recogiendo las suyas, que es de marca y abriga más pero también se tarda más, hasta el pueblo no hay pérdida, se ve desde aquí.

Orhan partió con prisa para llegar primero e ir organizando, nos quedan dos horas  de coche hasta su ciudad, Dogubayazit, y tenemos que cenar antes cuando nos abra  algún restaurante después de las seis  y media que acaba el ramadán.

Hemos llegado al coche, recogemos que pronto se hará de noche…

 

Kubilair y Dogu también están ya en su vehículo, recogemos y partimos hacia la ciudad de Muradiye, allí se separan  nuestros caminos…

Encontramos un restaurante abierto, en el Ramadán se come deprisa y cuando cae el sol, tomamos unas sopas y unos pinchos con arroz y nos despedimos en una gasolinera, Orhan y yo nos vamos a Dogubayazit, allí es donde vive él y está a dos horas de camino y nos ha atrapado la noche.

En la gasolinera Kubilair nos invitó a café antes de despedirnos, Orhan está muy cansado y me pregunta que si podría yo conducir en el caso de que él tuviera sueño en el camino, vamos a cruzar un puerto de montaña y apenas habrá coches, en una carretera muy buena por lo que no tengo problema de hacerlo si fuera necesario.

No hay coches en la autopista, la noche nos ha engullido y los controles de la gendarmería ya no tienen guardas, hace mucho frío, de repente nos encontramos rodeados de un metro de nieve en los bordes de la carretera, y cruzamos una ciudad llamada Caldiran que a pesar de ser las ocho de la noche está llena de gente caminando tranquilamente, algunos con un traje y chaqueta, el coche marca 10 bajo cero en este momento, aquí hace más frío que en el polo norte y la gente apenas va abrigada…

Tras dos horas de coche llegamos a Dogubayazit y Orhan me deja en un buen hotel llamado Athilan Plus, parece que ser que es de un pariente suyo, y aquí me acogen como si fuera de la familia, en el vestíbulo se me presenta un señor mayor llamado Alí Babá que me acomparñará durante muchos momentos en los próximos días…

Me he ido a descansar…

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Capítulo cinco. Dogubayazit , el descanso del dragón.

Y es miércoles día 13 de marzo de 2024, he amanecido en el hotel de Dogubayazit de Athilan Plus, me levanto a las ocho de la mañana, tengo algo dolorido el cuerpo después de la paliza de la subida al Süphan,  Orhan que estuvo abriendo huella casi todo el rato me dijo que no nos levantáramos ni para desayunar, yo no puedo estar más en la cama, me subo a desayunar a la sexta planta del hotel, no hay casi nadie, con el Ramadán hasta que se vaya el sol no pueden comer ni beber los musulmanes devotos…

Como no como gluten poco variedad tengo en el desayuno, unos huevos que me han hecho, tomate y muchos tipos de quesos, no me variarían de desayuno en los cuatro días que desayuné allí…

 

Tras conversar un rato con el encargado, ya mayor, cuyo nombre he olvidado, salgo a la terraza, estamos en una altiplanicie rodeados de montaña, es otra cultura…

 

 

Sobre las doce tengo conocimiento de la existencia de Orhan, quedamos para dar una vuelta, es nuestro día de descanso y aunque le propuse volver a subir alguna montaña no estaba para ello, así que tendremos tres días en Dogubayazit de turismo.

El miércoles transcurre apaciblemente entre charlas con amistades de Orhan y la visita al peluquero, mañana será el día de turismo.

Y hoy es jueves ,14 de abril, después del desayuno en la sexta planta vino Orhan a recogerme.

Me ha llevado al palacio de Ishak Pachá en la montaña que está encima de Dogubayazit, Orhan me cuenta que en un principio la cuidad estaba junto a las murallas del palacio desde donde se controla la ruta de la seda.

Orhan es muy conocido en todas partes, nos dejan entrar a los dos gratis, el palacio se compone de una mezquita a la derecha muy bella…

Y luego entramos a las habitaciones del harén, cocina, baños y resto del palacio…

Al salir nos encontramos un séquito de fotógrafos con dos militares, me dice Orhan que si me quiero hacer una foto con ellos, así que me coloco junto a ellos, mientras me preguntan amablemente de dónde soy, pues no tengo pinta de español, luego me dijo Orhan que eran mandos muy importantes del Erdogan…

Y al salir del palacio de Ishak Pachá reparé que un poco más arriba había una mezquita, Orhan me contó que era la mezquita del cementerio, y allí estaba enterrado un hombre santo.

Así que no corto ni perezoso entré en el recinto, la mezquita estaba cerrada pero podía pasear por el cementerio, saludé al guarda de la puerta que me miró de hito en hito sin decirme nada y pasé tranquilamente entre los diferentes pasillos de las tumbas.

Las tumbas musulmanas están en el suelo del cementerio, allí no hay nichos, y al bordear la mezquita reparé en tres mujeres musulmanas atareadas con unos papelitos en el suelo junto a una tumba, pasé junto a ellas para ir al extremo del cementerio desde el que había unas bellas vistas del palacio, las saludé en inglés y me sonrieron sin contestarme.

Estaba absorto haciendo mis fotos cuando reparé que la mujer más mayor me llamaba y por señas me indicaba que fuera hasta ellas, así que hice caso y me acerqué.

Estaban ataviadas con sus vestimentas musulmanas y la que me había llamado me dio dos pastelitos de chocolate y me dijo que les hiciera una foto a ellas tres…

Luego tras la foto entre sonrisas y risas se fueron del cementerio, quedando yo gratamente sorprendido…

Al salir me acerqué a Orhan a contarle lo que me había pasado y me contestó que estaban honrando a sus seres queridos muertos , y la mejor manera de hacerlo era tratar muy bien a todo aquel que se acercara hasta sus tumbas….

Bella historia me quedó, los seres humanos somos seres de luz y de bien, sin importar la cultura, son nuestros gobernantes ávidos de poder y codicia los que ponen diferencias y etiquetas entre las personas.

Orhan  me hizo unas fotos en la zona.

Y se quedó en el quiosco bar y yo tras unas fotos me subí a dar un paseo por la montaña, hay una pare impresionante sobre nosotros, Orhan me dice que no puede dar un paso y me marcho buscando huellas…

De repente en la montaña empieza todo a vibrar, es la voz cantante desde la mezquita, que me otorgan  un momento de los que no se olvidan…

 

Se ha callado el imán , vuelve el silencio en la montaña…,está todo lleno de barro, pero consigo llegar  a la nieve, mis huellas manchan la nieve inmaculada, volviendo marrón la nieve inmaculada, mis pasos no son capaces de limpiarse a pesar  de que llevo mucho rato andando por la nieve que nunca nadie pisó y la brisa de Maese Viento llega a mis oídos…

  • Maese Viento, amigo mío. No me dijiste nada en la montaña.

  • Estabas muy sumido en tu silencio, humano, pero ya sabes que siempre hablo, aunque tú no escuches, ni me entiendas…

  • Si estuve casi dos días en silencio gran parte del día, mis acompañantes hablaban en turco habitualmente, te habría escuchado si me hubieras dicho algo…, pero Maese, tan manchados estamos que nuestros pasos no se limpian nunca…

  • Ya estás con tus preguntas…, sé lo que me quieres decir, no olvides que todo lo sé, pero aclárate mejor, si quieres que los demás humanos te entiendan.

  • Maese, he visto mientras andaba en la nieve cómo nacemos limpios e inocentes al comienzo de nuestra vida, pero enseguida empezamos a caminar por el barro bajo la lluvia, nos manchamos de dolor y de muchas emociones negativas, ¿pero tan difícil es limpiarse? , ¿llevo media hora caminado por la nieve y mis botas siguen con las suelas marrones y dejando un rastro oscuro en la blanca nieve.

  • Cada cual tiene su camino lleno de barro, humano, pero no olvides que tenéis pequeñas decisiones en vuestra vida que os harán salir del barro o no, el destino no está escrito, tú puedes dirigir tus huellas en la nieve.

  • En la nieve o en el barro, Maese Viento, es mi decisión…

  • Así es humano, la vida te condiciona al nacer, no puedes elegir dónde ni quienes son tus padres, pero con tus continuas decisiones y tu actitud interior en la vida caminarás por un verde prado, por nieve blanda e inmaculada  o barro sucio y resbaladizo, en tus pies se hallan el destino de tus huellas…

El imán ha seguido cantando durante largo rato y Orhan estaba sentado en el quiosco junto a la mezquita, seguro que estará desesperado, allí sonará muy fuerte al tener los altavoces al lado, me acerco corriendo y me encuentro a un joven oriental con aspecto de japonés sentado en su silla, nos saludamos en inglés y me pregunta si soy el cliente de Orhan, sale un hombre del quiosco y me dice que Orhan ahora viene y en minutos aparece, me dice que el japonés quiere ir a ver el arca de Noé, yo no tengo ni idea de esa atracción, que si quiero ir con él que así puedo aprovechar más la tarde, le digo que sí y monta al muchacho en el coche y nos baja hasta Dogubayazit, llama a un taxi que nos pone en carretera.

Tras media hora de trayecto dirección Irán, nos sube hasta una colina que tiene un centro de interpretación del Arca de Noé, allí se para, está cerrado el centro y nos bajamos el muchacho y yo.

El muchacho se llama Michael y es Taiwanés, nunca había conocido un Taiwanés, pero enseguida nos hacemos amigos.

El Arca de Noé es una formación geológica que desde el aire tiene la forma y las dimensiones de la famosa arca de la biblia, desde aquí solo se ve montes, no aprecio ninguna forma, pero sigo a Michael por el bosque y cruzamos un arroyo para meternos en el arca, todo está lleno de barro, y hay una zona con aspecto de barco, nos metemos dentro y hacemos fotos y fotos, pero desde el suelo no parece nada más que campo…

Nos aburrimos de hacer  fotos y de pasear por el barro y decidimos volver, el taxi me dejó cerca del hotel, y antes de subir fui a un supermercado a comprar frutos secos son las cinco de la tarde y sin querer he hecho yo también ramadán…

 

Capitulo seis. La vuelta a casa.

 

Y está nevando copiosamente sobre la carretera que me trae de vuelta al aeropuerto de Van, ha sido una semana muy intensa en el Cáucaso turco, en las entrañas del Kurdistán. Va conduciendo un primo de Orhan que no sabe una palabra de español ni de inglés, así que cuando quiere decirme algo suelta las dos manos  del volante y escribe en el traductor del móvil para que lo traduzca al inglés. Los bordes de la carretera están llenos de nieve y llevamos una casi una hora entre paisajes nevados, menos mal que la carretera es muy buena y apenas hay vehículos, el primo de Orhan, cuyo nombre me dijo y sencillamente no me enteré, conduce despreocupadamente un Hyundai muy pequeñito, según Orhan era un modelo de coche de alta gama, no sé si se refería a las altas ganas de correr de su conductor.
Pero en Turquía se conduce así, despreocupadamente mientras que a mí me preocupa que la nieve tape la carretera y no pueda tomar mi avión que a las tres de la tarde sale hacia Estambul desde Van, que es donde haré el trasbordo para volver a Madrid.

Pero realmente me preocupa más que la nieve el conductor, en su afán de llegar  va a toda velocidad , ya desapareció la nieve de la carretera y vamos por la orilla del lago, allá entre las nubes he podido ver el monte Süphan que me atrajo hasta Turquía. Estamos en las calles de Van,

ahora el conductor se salta todos los semáforos, unos subiéndose a las aceras por la derecha, otros por la izquierda colocándose el primero delante de la fila de coches que esperan…

Gracias al cielo, estamos en el aeropuerto, me baja mi enorme petate del maletero, me da la mano y desapareció en breves segundos, creo que su prisa para llegar no era por mí, tendría alguna otra cosa entre manos…

Entro en el aeropuerto, nada más entrar está el control, pasan por escáner el equipaje y tras él hay una sala, esto es el aeropuerto de Van, no hay más, luego para embarcar habrá otra sala…

He visto en la información vertical que tengo que facturar en el «checking» número 6, allí hay una señora mayor con su vestido musulmán «tipo monja», me acerco y no habla una palabra de inglés, se pone a intentar pasar mi pasaporte por la banda de su teclado y hace un pitido, teclea, vuelve a pasarlo, no lo coge, se le ve contrariada, le pasa mi pasaporte a la chica joven y vestida a la occidental que hay en el siguiente «checking», tampoco va, y ésta se lo pasa al muchacho de la siguiente, tampoco…, me voy a quedar en tierra, me estoy preocupando un poco. Por señas me dice que me aparte que detrás vienen más pasajeros, así que cojo mi petate y me separo un poco. Detrás mía viene una familia turca, realmente, todas son familias turcas, soy el único extranjero en el aeropuerto y me miran por mi sombrero, una vez apartado, no me devuelve el pasaporte y se lo queda junto al teclado, al mismo tiempo que empieza a sacar los billetes de la familia que estaba detrás mía, de repente empiezan a discutir, yo creo que por las maletas y se lían a voces, la empleada no se corta y ni corta ni perezosa rompe los billetes, me quedo sobrecogido temiendo que rompiera mi pasaporte que estaba junto a los billetes, pero no lo hizo por fortuna, tras el incidente, en el que yo había sufrido por mi pasaporte, la familia se marcha y se pone de nuevo a pasar mi pasaporte por la banda del teclado y al final con mala cara me señala que me cambie al siguiente «checking», me cambio saltando una barra y poniendo mi petate en la otra cinta, allí una chica joven y muy mona me sonríe y se dirige a mí en inglés…,Dios existe, estoy salvado… En breves instantes me ha dado los billetes con una bonita sonrisa de oreja a oreja y me dice que el equipaje lo recogeré en Madrid, y lo mejor es que me ha dado clase «business» por el mismo precio, no sé si lo ha hecho por resarcirme de las molestias o porque le ha gustado mi sombrero, me gusta pensar lo segundo, la invitaría a cenar si no fuera porque me marcho…

 

En «business» se va de escándalo, por mucho que me recline no toco con el pie el asiento de adelante, además me dieron ventanilla, por la que voy viendo múltiples paisajes nevados, esto se parece más al polo norte que al mediterráneo…

He llegado al aeropuerto de Estambul, es enorme, tiene techos de catedral y tiendas por todas partes, tengo dos horas de espera mi avión, me sorprende todos los restaurantes que hay y todos de comida con gluten, este aeropuerto es la torre de Babel, se ven personas de todas partes menos turcos…,por algo estoy en la zona internacional.

Tras darle dos vueltas me siento en una zona lateral a meditar lo que he vivido estos días…

Realmente ha sido una aventura muy intensa, de la que no podría haberse realizado sin la ayuda y esfuerzo de Orhan, organizándolo todo y abriendo huella durante nueve horas, algo al alcance de muy pocas personas, se me vienen la palabras de «animalada, no. Lo siguiente.»

  • Orhan, ¿Cual es el sitio más peligroso del mundo?.

  • Esa sí me la sé, Fran. me la dijiste.

  • Venga, Orhan, dímela.

  • El sofá de tu casa, allí pierdes seguro tu vida…

 

 

 

 Y así estuvimos toda la bajada del Süphan entre risas y calores, gracias Orhan por estos días, os dejo con el vídeo de la subida al palacio de Ishak Pachá, que hizo mientras conducía ,todo un genio es Orhan.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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