Buscando el Monte Rosa. 2. Ascenso y descenso al refugio de Testa Grigia, cuando los hielos pétreos marcan impronta en tu vida…. Días 13 y 14 de septiembre.

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Y así que era la última cuesta, día martes y trece, el día elegido, quedaba una cuesta, la última…, y ante mis ojos aparecería el Monte Cervino, la montaña más mítica de los Alpes, llevaba más de 30 años esperando este momento, el momento que apareciera ante mí su efigie de forma piramidal, imponente de piedra, enorme de abismos, siempre y cuando no estuviese tapada de nubes…

Subía la última cuesta antes de verlo con el corazón en un puño, estaría tapado de nubes o nos mostraría su sonrisa más bella…

Nos volvimos a parar e hicimos más fotos  y vídeos de las lagunas  que acabamos de abandonar…, (Lac de Cimes Blanches)

 

 

Ya mismo nos asomaremos al otro lado de la montaña, me late el corazón, estoy impaciente, pues aparecerá el monte Cervino…, aquí está…

No es la imagen totalmente piramidal que estamos acostumbrados a ver en las fotos, pero al final de la cordillera escarpada se halla, difuminando sus sonrisas de sol, no me atrevo a parpadear no fuera a taparse de nubes, pero lo he visto.

 

César y Eloísa han salido ya hacia el teleférico de la Cime Bianche, nos dijo Javier , el que nos organizó los “tracks” y las pernoctas que estaría abierto hasta las cuatro, pero querían llegar con tiempo para que no hubiera la más mínimo posibilidad de perderlo, así que salieron corriendo por la pista abajo  hacia la telecabina de la citada cima, que no era una cima sino un llano más abajo de donde estábamos, veíamos muchas máquinas trabajando haciendo nuevas pistas de esquí, el contraste de las montañas con la destrucción del progreso me dejó algo entristecido…, me quedé atrás solo haciendo fotos y meditando, Maese Viento diría “ Sois necios los humanos  y las humanas  ya que nadie se quede sin culpa…”

Hemos llegado a la telecabina, apreté el paso tras mi meditación en soledad y estoy en la entrada del edificio, he llegado el primero, y me resisto a entrar, una parte de mí, la más montañera, se resiste a usar un telecabina que es el resultado de la domesticación y destrucción de lo natural,… parece que dentro está todo muy apagado…

Entramos y encontramos  obreros trabajando con sus monos, está todo cerrado, Eloísa está muy cansada y se resiste a creerlo, habla en Italiano con uno de ellos y nos dice que está cerrado, siempre está cerrado en setiembre para labores de mantenimiento, y que para subir al Testa Grigia hay dos horas más y nos indica que se sube por las pistas, Marga ha buscado un track para llegar hasta el refugio, comemos algo a la sombra, nos quedan de nuevo más de dos horas de subida…

Eloísa se resiste a subir andando, continuamente hay vehículos todo terreno subiendo material por toda la zona, así que le acompaño de nuevo al telecabina donde vuelve a hablar con los trabajadores por si pudieran acercarnos  hasta cerca del Testa Grigia, son cerca de quinientos metros de desnivel que añadir a los mil trescientos que llevamos…

Como era natural le contestan que no pueden, están trabajando, esto es Italia y Eloísa no ha ofrecido dinero para que nos subieran, así era muy difícil, yo me he alegrado, pues  no me gusta el teleférico aunque tenga bonitas vistas,…y lo de subir en todo terreno por las pistas casi verticales, no me hace la menor gracia, prefiero mil veces mis piernas contrastadas y ya calientes después de una semana…

Y ESCUCHO a Angeloti llamándonos, se había quedado atrás, después de comenzar la nueva subida de más de dos horas que nos faltaba para nuestro objetivo, el refugio del Testa Grigria.

César que iba en cabeza desdeñó un desvío a la derecha, y prefirió volver a bajar por la pista para cruzar un arroyo, yo junto a Marga y Eloísa seguí sus pasos y busqué un vado sencillo para el arroyo, tras cruzarlo escuché a Angeloti, estaba bastante lejos detrás de mí, pero por sus gestos y mi vista de lejanía, deduje que había encontrado la senda marcada con pintura verde  de la UltraTrail de 420 Km que se estaba disputando. La noche anterior conocimos en el refugio del Guide de Frachey  a un muchacho que estaba en la organización para ayudar a los esforzados corredores para que no se perdieran por las montañas…

Así que me volví y subí directamente hacia Angeloti que seguía ya su camino al ver que los demás ignoraban sus indicaciones…

Llegué hasta donde se encontraba, y seguimos andando guiados por las marcas verdes, ellos han dado un gran rodeo por las pistas de los coches pero con menos pendiente, vemos el restaurante “Bontadini” que nos indicaron de referencia, que está cerrado y en ese momento conectamos con el resto del grupo, nos queda la cuesta final  por la pista hasta el refugio de “Teodulos”, asusta mirar lo que nos falta, tiene mucha pendiente, de esas que son aburridas y muy duras en desnivel.

La pendiente es criminal, estamos notando los más de quince mil metros que llevamos acumulados en nuestras piernas en estos días, yo lo que no soporto es la pista, la cuesta me da igual, no es digno de un montañero desplazarse por donde los coches…

Y de repente todo ha cambiado, llegamos al refugio Teodulos, Maese Viento atiza con fuerza aquí a 3317 metros, esta mañana salimos a 2100 metros pero tuvimos que bajar a 1800 para tomar la senda, a pesar de las voces que nos pegaba el guarda del Guide Franchey diciéndonos que por allí no era, no se enteró muy bien a dónde íbamos, tampoco nunca nos prestó mucha atención, hay una cumbre llamada  Testa Grigia en la otra dirección a la que tomamos , y se quedó con la idea de que nos íbamos a perder, cosa bastante improbable pues todos llevábamos el track oficial en el móvil para conseguirlo. Y llevávamos todo el día ascendiendo, auque al principio tuvimos que bajar al valle buscando nuestra vereda, habíamos cruzado valles, luego bosques, luego prados, gargantas estrechas con lagos y más lagos, siempre en pendiente, casi dos mil metros de desnivel avalaban nuestras piernas en el día de hoy y ya estábamos casi en nuestro objetivo…

 

Y allí estábamos,, mis ojos no daban crédito, el refugio se alzaba sobre la masa descarnada de nieve y afilada de hielos agrietados del glaciar del Matterhorn Paradise, su lengua se perdía más allá de la vista y tras ella los hielos marchaban hasta tocar la Montaña del Matterhorn Paradise, hermano pequeño del Matterhorn que se encontraba a nuestras espaldas, vigilando nuestros movimientos encaminados a ponernos ropa de abrigo rápidamente, pues nos estábamos congelando…

 

 

En la terraza del refugio Teodulos ,que estaba cerrado, había tres montañeros tapados hasta los ojos a punto de meterse en sus sacos, iban a quedarse allí esta noche, lo que me parecía un disparate , pues daban lluvia desde la madrugada y durante todo el día de mañana.

Y allí lo teníamos delante, encaramado en una atalaya sobre nosotros, estaba nuestro objetivo, el refugio Testa Grigia, mezclado con la estación  del teleférico y otros edificios, tendríamos que pasar una lengua estrecha de hielo puro de color terroso y luego encaramarnos al glaciar para subir por un camino de hielo azul duro como la roca, nos da zozobra que estuviera cerrado también este refugio como el teleférico  pero Javier el que nos los reservó, había hablado con el guarda unos días antes, e íbamos sobre seguro.

Y ante mí la majestuosidad del glaciar, mientras Maese Viento azota con fuerza mi cara…

  • “Maese Viento,…¿de qué color es el viento?. ¿ De qué color eres tú?.

  • Y osas dirigirte a mí, tú que tanto tiempo has estado en silencio sin escucharme, ¿acaso crees que estoy aquí para tus caprichos de humano?

  • Maese Viento, me dices que siempre estás ahí, ¿acaso hoy no quiere tu ego herido hablar conmigo?

  • Yo no tengo ego, necio humano, esas circunstancias son vuestras, ¿ y de qué color crees que puedo ser yo…, el viento, aquel que todo lo ve, aquel que todo lo siente, a pesar de no tener sentimientos…

  • Maese, las nubes, el cielo, la montaña, el hielo del glaciar, todos tienen sus colores dependiendo de la luz que le incida, pueden ser blanco, gris, negro, rojo, tantos tonos, pero…, y tú, Maese, nunca he visto tu color…

  • Humano, ¿De qué color es el miedo?

  • Azul

  • ¿Y el amor?

  • Rosa, creo. Pero hay muchos tipos de amor, tantos como personas…

  • ¿Y el dolor?, el dolor humano qué color tiene…

  • El dolor…, déjame Maese, déjame de dolores…, yo era el que estaba preguntando, no tú…

  • Pues esa es mi respuesta, necio humano, el color de todo lo que te rodea lo dibujas tú con tus sentimientos, yo seré del color que tú me sientas, procura que sea de tu agrado…

 

 

Y es mi agrado bajar por la gran pendiente hacia la lengua de hielo suspendida, por fin empieza la acción, el senderismo es muy bonito, pero no tiene color al lado de ponerse unos crampones y pisar hielo duro y pétreo  como el corazón de los que nos dirigen  en este necio mundo, como diría Maese Viento…

Me he quedado el último para ponerme los crampones, bajando parecía la lengua de hielo gris  casi vertical, pero era un efecto óptico, tiene una suave pendiente, con mis crampones en mis pies me siento flotar, en otra dimensión humana, con poder sobre el hielo, con el poder de subir hasta donde los sueños me lleven…

 

 

Me he quitado los crampones, para no pisar roca en una zona antes del glaciar, no quiero que pierdan la poca punta que les quedan, mis compañeros  no lo hicieron, por lo que se me han perdido de vista, salgo al glaciar, es increíble los colores del camino de hielo que nos llevará hasta el refugio, me recuerda el mago de Oz, y me dan ganas de ir bailando mientras me imagino mentalmente los personajes en cada uno de mis compañeros, yo sería el hombre de hojalata…

Me quedo con Angeloti haciendo fotos y más fotos, el Monte Cervino tiene como una fumarola tipo volcán, y las nueves grisean volviéndose amenazantes de la lluvia que caería la próxima jornada, ahora me he encontrado a Marga en nuestra emoción del hielo pétreo…

 

Y el camino de hielo nos dejó en el refugio, donde el guarda que rondaba la treintena nos esperaba, no había nadie, salvo una pareja de mediana edad que por supuesto no era española, nos tomamos una cerveza, subimos al piso de arriba que crujía de madera, no había ducha, un solo aseo, es un refugio, menos mal que estamos solos…

Cenamos, estoy meditabundo,  mañana bajaremos y me preocupa la lluvia, el camino de hielo con la lluvia se quitará la capa superficial que va formando con su paso la oruga de nieve, en algunas zonas tiene mucha pendiente…

He salido a la terraza, está anocheciendo, no hace mucho frío, hará 4 o 5 grados sobre cero, todo está tapizado de nubes, que grisean el glaciar, y grisean las cumbres, y grisean el horizonte dejando mis ojos sorprendidos de la negación del color, la oscuridad que hace apreciar la profundidad de las cosas, el sentido de lo que  se ve y de lo que no se ve…, para quien pueda entenderlo.

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Y apenas pude dormir esa noche, estaba junto a la puerta, y me tuve que quitar el gran edredón que me asfixiaba de calor, mientras me entraba una corriente de aire con la puerta entreabierta, y el sonido de un motor de fondo me perturbaba profundamente…

Pero estaba el primero preparado para partir, apenas desayuné, las previsiones daban lluvia que iría empeorando a lo largo del día, menos mal que decidimos no cargar con el material de alta montaña durante el “trekking” pues hoy  no podíamos haber subido al Breithorn debido al mal tiempo, aunque a mí lo que me ponía era subir desde abajo el cuatro mil y no bajar a Zermatt a por el material y luego subir en telecabina, ahora mismo estábamos a 3500 metros y el Breithorn tenía 4164 metros, desde aquí sería un paseo, pero la lluvia no nos da opción, hay que bajar, sí o sí. He salido después del desayuno a hacer un vídeo desde la terraza del refugio, la soledad asalta la vista y se relame de nubes deseosas de oscurecer horizontes, de entorpecer miradas, que se pierden retocadas de hielos y de cielos marchitos…

 

 

Ha llovido esta noche, y ha pulido el camino de hielo, dejándolo liso y casi brillante, nos hemos puesto los crampones en la terraza del refugio, es increíble para las fechas que estamos que no nieve, chispea débilmente, nos ponemos en modo agua y  nos metemos en el glaciar, nos bajaremos por el camino de “Dorothy” para buscar el reino del mago de Oz…

Eloísa se ha embalado cuesta abajo, me preocupa que en su marcha el viento la pueda empujar pues camina con los pies juntos y te puedes enredar en las correas de los crampones si te desequilibras y bajarías rodando por la gran pendiente  del hielo duro como la roca.

Me voy quedando atrás sin prisa, he visto de lejos subir una oruga y nos preparará el hielo en la zona más empinada…

Y así ha sido, ahora voy más tranquilo por la huella de la oruga, aquí agarran mejor los crampones, estoy sin palabras viendo el mar de hielo que me rodea, el glaciar está totalmente desnudo, el hielo se agrieta en su caída valle abajo, de no ser por el camino de hielo, sería muy complicado bajar por aquí…

 

Nos está respetando el tiempo, no nos llueve apenas, estamos solos, parece que somos los únicos que bajan de la montaña, huyeron todos del mal tiempo…

 

Nos hemos encontrado un arroyo en nuestro camino, hay una grieta que tenemos que saltar, Angeloti decide pasar por una tabla que se mueve bastante haciendo equilibrios, Marga va detrás, yo creo que se pasa mejor por el camino, y de un saltito lo he hecho, Eloísa y César se vinieron por mi salto, era mucho más seguro.

El hielo se deshiela poco a poco, dejando regatos de agua fósil de miles de años mojando mis pies, es sobrecogedor pensar el tiempo que llevaba allí sometida al hielo…, hace unas formas muy caprichosas en su bajada…

 

Se nos está acabando el glaciar, hay una máquina acaparando hielo y lo deposita en el final del glaciar, permitiendo una pista sobre el agua que dejará paso a los vehículos cuando mejore el tiempo, a nosotros nos viene muy bien el puente de nieve para no mojarnos demasiado, así que pasamos y nos quitamos los crampones antes de que se llenen de barro, pues ya no hay hielo, ni nieve.

Hemos dejado atrás la lengua del glaciar, es impresionante ver desde abajo su cuerpo descarnado.

Pasaremos por la telecabina, está empezando a llover más fuerte, no me gusta emplear estos medios pero me gusta menos mojarme y resbalarme en las piedras…

Hemos tenido suerte, hemos accedido al último que baja, son las diez de la mañana, pero el mal tiempo cierra los remontes, nos levantó la valla el encargado  y nos dijo en inglés que pagáramos abajo  al final del trayecto, antes llamó por teléfono a los encargados para que estuvieran esperándonos…

El día se ha cerrado, está todo lleno de nubes, llueve, nosotros nos alegramos de nuestra suerte, la telecabina nos bajará  1300 metros hasta Zermatt, y en su viaje nos eleva sobre los glaciares, parece increíble que existan cosas tan bellas.

Llegamos a Zermatt, allí nos llevan a taquilla, son 51 euros el trayecto, estos Suizos son muy pudientes…

Caminamos por Zermatt, es una localidad de casi seis mil habitantes, es la capital Suiza del montañismo con todas sus facetas, allí no hay vehículos de combustión, se llega en tren y  los vehículos son eléctricos y casi todo el mundo va en bicicleta, parece un paraíso, pero para mí no lo es, el ecologismo es asesino en potencia…, te llegan por detrás en silencio con sus motores eléctricos traidores llevando  un cartel de 25  en un círculo rojo detrás, que supongo que será que no pueden circular a menos de 25 km por hora, al no haber aceras, te pasas todo el día saltando esquivando bicicletas y coches eléctricos, un estrés terrible,  y de fondo el ruido de los helicópteros que hacen las veces de camión llevando materiales a las múltiples obras que hay en Zermatt.

Llegamos al centro, pero sólo César tiene datos, nuestras compañías nos lo cobran aparte, nos tendremos que cambiar a Vodafone, César va delante buscando la pista de “Hostel”, de la misma compañía que el del segundo día en Saas Fee, Angeloti y yo nos hemos perdido, iban corriendo y nosotros nos quedamos mirando las tumbas de los guías que habían muerto en el Matterhorn y en los alrededores, estremecedor, el  Matterhorn(el Monte Cervino en la vertiente Suiza) que domina la ciudad  está tapado y no vemos su rostro.

Angeloti ha tenido que llamar a César, llevamos mucho tiempo perdidos, y ha venido a recogernos, en la montaña es mucho más difícil perderse.

Tras dejar las mochilas en la habitación común y recoger las maletas que nos esperaban en consigna, desde hacía  7 días, llegaron desde Stalden donde empezamos, nos duchamos y salimos a ver Zermatt, allí todo gira en torno al turismo, un río  cruza  la localidad y el cementerio está en el centro del pueblo, todo muy diferente a lo que tenemos en España…

Pero nos volvemos pronto, mañana nos espera el Breithorn, la aventura llama a nuestras puertas, un cuatro mil bien lo merece.

Pero hoy sentimos la maravillosa fuerza de la naturaleza rodeándonos, engulléndonos, abrazándonos, recordándonos que apenas somos un pequeño nada dentro de una mota de polvo…

 

 

 

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