Buscando el Monte Rosa. 1. El senderismo de montaña del tour del Monte Rosa, bajo las ansiadas nieves que nunca llegan. Días 8 al 12 de septiembre.

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Y allí estábamos en martes y trece, día de la buena suerte, en esa laguna de color zafiro, Marga y yo, en poco llegó Angeloti también  hasta nosotros, que  había dejado  a Eloísa y César descansando en la laguna más pequeña  un poco por debajo de donde trascurría nuestra senda, así que en nuestro tiempo de descanso antes de la última cuesta nos habíamos acercado a la laguna más grande para disfrutarla.

La última cuesta…, sí, la última cuesta. Llevábamos caminando desde el día 8 de septiembre, rodeando el Monte Rosa , ese primer día  habíamos partido desde el cantón Suizo de Valais en un pequeño pueblo llamado Stalden hasta la estación de esquí de Saas Fee…

 Y en Gspon, una pequeña localidad Suiza colgada de las alturas del valle, habíamos aterrizado tras bajarnos de un teleférico al que nos subimos en Stalden, la localidad del fondo del valle…

Y estábamos de suerte, acababa de pasar una potente borrasca que había dejado abundantes lluvias los últimos días y en esa misma madrugada, pero por la mañana se alejó dejando las algodonosas nubes despegando del fondo del valle acariciando suavemente el horizonte de verde y azul cielo…


Lo que más llama la atención es lo cuidado que está todo, todas las casas habitadas, de madera impoluta y cuidada, con carteles que marcan caminos bien conservados, esto es Suiza.
El camino se adentra en el bosque de pinos y se nos repiten las imágenes alpinas de prados y bosques con cabañas habitadas donde esperábamos encontrar al abuelo de Heidi…, pero parece que se murió con 89 años, o al menos había una cabaña con su foto y sus enseres…


Pasamos un alto y empezamos a bajar bajo la atenta mirada vigilante de los glaciares que nos acechan en lo alto medio escondidos entre las abigarradas nubes alpinas…
Y bajando encontramos más aldeas, con sus cabañas llenas de flores, salimos al llano, Saas Grund, una pequeña cuidad en el llano del valle, hecha de jardín y césped, seguimos adelante aunque César y Angeloti se quedan de cervezas en una elegante bar…


Marga, Eloísa y yo seguimos aún a sabiendas que nos espera una subida de trescientos metros de desnivel que comienza junto al río y se retuerce entre el bosque, en los que nos encontramos las doce estaciones del calvario de cristo, en capillas pequeñas que nos van sorprendiendo en la pendiente y que nos hace entender el calvario del Señor de los cristianos…, ahora en la gran pendiente que nos hace resoplar…

Al final de la cuesta está Saas Fee donde tenemos nuestro alojamiento y el glaciar de Fee se muestra desnudo ante nuestros cansados y sorprendidos ojos…
No tan sorprendente es encontrarnos a César y a Angeloti  sentados en la puerta del «Hostel», pues después de dos cervezas a ver quién es el guapo que hace la cuesta del calvario habiendo autobús de línea cada media hora…

 

 

 

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Y el día 9 de setiembre nuestro segundo día, tras pasar el paso del Monte Moro  de casi tres mil metros salimos al Piamonte Italiano, bajamos a Macugnaga localidad al este de la punta Dufour(DufourSpitze), la cumbre más alta del Monte Rosa…

Y las luces de la mañana se apresuraban en rozar los hielos pelados del glaciar de Fee, el verano había sido muy duro de calor, y había desnudado de nieve los cuerpos gélidos de los glaciares que ya deberían de haberse vestido de blanco por agosto, y era el día 9 de septiembre y todavía seguía desnudo…

Desayunamos en el complejo “Hostel” que habíamos dormido, hoy teníamos travesía hasta Italia, dejaríamos Suiza por muchos días para adentrarnos en la cara sur de la mole del Monte Rosa.

Un autobús nos bajó hasta la localidad de Saas Grund en el fondo del valle y tuvimos que esperar que viniera otro para llevarnos hasta la presa de Mattmark donde empezaríamos a nadar, allí en los autobuses se sube y se baja sin que nadie te pida billete, si estás alojado en el valle son gratuitos…


Nos ahorramos 10 Km por el valle de paseo, pero nos esperaban otros 17 Km con mil metros de ascenso y casi 1800 m de descenso, el día sería duro de bajada.
Y el autobús nos dejó en la famosa presa tras ascender por la pendiente haciendo curvas en zetas, desde la presa se divisa todo el valle de Saas a nuestros pies y tras alguna foto, bajo el aliento de Maese Viento que nos contempla y nos enfría nos vamos por la carretera del margen derecho de la presa, se podría haber utilizado ambas márgenes pues nos encaminamos hacia el lado opuesto de la presa.

El color azul turquesa del agua le da un tono irreal mientras que las azoradas nubes se relamen de las cimas tapando algodonosamente nuestras vistas, hemos llegado a un túnel, que tiene ventanas al lago, el contraste de la luz matinal baña nuestros ojos de azules y dorados, estamos en Alpes…

 

Pasamos toda la margen de la presa y llegamos al final, allí nos encontramos algunos excursionistas, se ha acabado la fiesta, empieza la subida, la senda bien señalizada se sube de pardo hierba hasta que la altura la deja en roca, grandes lascas nos hacen subir en escalones de bloques, hemos tomado mucha altura y al ser el segundo día de ruta nos está costando un poco (pero mucho menos que la bajada).
Voy por esta vez primero, llego al puerto del Monte Moro, curioso nombre, y allí nos subiremos a la virgen dorada que domina el valle a casi tres mil metros.

Maese Viento sigue hablando con su gélido aliento nos hace abrigarnos y tras algunas fotos, bajamos por los escalones de metal clavados en la roca, están numerados y pone el nombre de la familia que lo donó, parece que este santuario es muy importante.


Bajamos hasta un restaurante desde donde hay un teleférico para bajar, lo miramos de reojo, pero vamos a hacerlo andando aunque sean casi 1800 metros, nos tomamos un capuchino en el ristorante lago Smeraldo, que por cierto no me dejó dormir a la noche, estoy muy peleado con los tóxicos…
César se ha quedado esperando que saliera el telecabina para hacerle fotos, nosotros le esperamos más abajo en un refugio de alta montaña, pero empezamos a marchar, nos quedan muchos metros de bajada y a las siete se suele cenar en estos países…


Bajamos en roca, la bajada tiene mucha pendiente, se nos está atragantando, parece eterna, miramos si llegamos a los pinos que nos anuncian los dos mil metros, cuesta mucho que lleguen a nuestro camino, pero nos adentramos en el bosque con sombra que ahora se agradece, el glaciar de Beldevere nos sale de frente, con su lengua gris de roca que baja hasta cerca del pueblo que vamos, es impresionante y eso que está vestido de nubes que tapan en parte su cuerpo…
Bajamos, bajamos, bajamos, y bajamos, es interminable, es mejor subir que bajar, las piernas nos van a reventar como el dedo del pie de Marga que tiene morado y con la uña medio caída por un tropezón que pegó a oscuras hace un mes…
Ya no sabemos cómo bajar, alguno lamenta no haberlo hecho en teleférico y planea subirse a un poste de los que nos cruzamos para tirarse sobre la cabina, así es la desesperación humana en las bajadas…


Ya vemos el fondo del valle, y allí está Macugnaga, donde nos alojaremos en un hotel, Macugnaga está incrustada en el fondo del valle tres mil metros por debajo de las cimas que tapan las nubes, piensas que si llueve fuerte se podría llevar el pueblo la fuerza del agua, pero cuando sigue allí será porque encauzan bien el agua, impresiona el valle.


Nos dejamos llevar por nuestro dolor de pies y piernas hasta Macugnaga, nos sale primero una iglesia muy antigua con su cementerio a nuestro paso, el pueblo es muy bonito, las casas cuidadas se alternan en el césped con macetas llenas de flores, no difiere mucho de Suiza este pueblo…


Entramos en el hotel, y la recepcionista que se iba a las siete nos dice que no está pagada la reserva y aunque tenemos cena tampoco está pagada, Marga tiene que llamar a Javier, el de la empresa de “ treking” que nos organizó las pernoctas para que se aclarase, y al final se aclara.
Vamos a cenar a un bonito restaurante italianos con un horno de leña a la vista de la que no dejan de entrar y salir pizzas, nos dan la cena a la carta con bebida incluida por la confusión de la llegada, normalmente la media pensión es pasta, ensalada y postre sin bebidas.., así que lo celebramos por todo lo alto mientras luna se une a la fiesta iluminando los balcones de las casas italianas, mañana más y mejor, será la ruta más dura del Tour de Monte Rosa, pero no la más bella…

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Y el día 10 de setiembre en un día interminable de casi 30 km con 1600 metros de ascenso y 1800 de descenso acabamos en la localidad Italiana de la Alagna Salesia, pasando por el collado de Turlo a unos 2800 metros, por una pista de uso militar que se nos hizo interminable…

Y amaneció en la localidad de Macugnaga, teníamos que afrontar la jornada más larga de todo el Tour del Monte Rosa, 27 km con mil seiscientos metros positivos y otros tantos negativos de desnivel, y no hay posibilidad de recorte ni de remonte, por fortuna el cielo inmaculado de nubes nos prometía una jornada libre de lluvia, que nos podría haber dificultado la ruta con la roca mojada.

Comenzamos a andar por el pueblo, vemos que el track da un gran rodeo en dirección contraria pero seguimos las señales hacia el Puerto de Turlo que va en la dirección correcta para luego descubrir que la razón del rodeo era la caída del puente sobre el río, pero posteriormente habían construido uno nuevo un poco más arriba, así que los carteles llevaban razón.

Nos introducimos al girar a la derecha en un valle alpino, lleno de prados y tras pasar un restaurante y un pequeño embalse nos metemos en la senda pradosa  entre los pinos, el frescor de la mañana se va apagando poco a poco, ya comienza la pendiente bastante tendida que nos llevará durante unos 12 km por un camino de piedra bien conservado que luego nos diría César que lo construyeron por motivos militares en el siglo pasado.

Marga ha puesto el modo «Teo»( nuestro admirado montañero mayor que nunca somos capaces de alcanzar) en la marcha, y va por delante parando de vez en cuando para esperarnos, Angeloti lo pasará mal, me preocupa sus meses de inactividad y su evidente sobrepeso, hoy será una dura prueba para su estado físico, y va el último penando en la cuesta…

Yo como siempre trato de ir el último, pero esta vez Angeloti va bastante lento, así que voy un poco por delante de él, César y Eloísa van en los puestos intermedios de la marcha, que se estira ante la gran kilometrada que nos estamos haciendo.

El valle poco a poco se va muriendo a nuestros pies, dejando grandes vistas alpinas de verde y rocas, aunque los glaciares quedan muy arriba un poco alejados de nuestra vista.

Zetas y zetas y luego más zetas, zozobramos en las zetas que tantas curvas dan, Marga y César van muy por delante, me he cansado un poco de esperar pues ya son casi seis horas de subida y aprieto la marcha para llegar al puerto del Turlo, la niebla juega allí a rozar las rocas pudorosas de enseñar su cuerpo, he llegado, hay una virgen en dicho puerto incrustada en la roca, tras saludar a Marga y a César, esperamos a Eloísa y Angeloti, llegan un poco cansados por lo que nos paramos a comer algo, yo tomo unos huevos duros de esos de colores de Suiza, en Italia saben distintos…

 

Se van bajando mis compañeros, yo quedo solo grabando un video, e impregnándome del silencio de la montaña, que es mejor disfrutar en soledad…

La bajada es igual de larga que la subida, y me gusta menos, controlas menos los pasos y te puedes lesionar con más facilidad aunque la pista de rocas bien colocadas te hace sencilla la progresión, hoy es un día senderista, lo que me aburre por momentos…

El valle de la Valsesia queda a nuestros pies, pero para llegar a Alagnia tenemos que dar un gran rodeo hacia la derecha para luego volver a la izquierda, una vez abajo vería que era para esquivar una pared bastante vertical de rocas.

El día se hace interminable, la bajada se hace interminable, pero el paisaje alpino de arroyos y pinos cada vez se hace más frondoso y atractivo, pasamos un puente de madera que sobrepasa un río encajonado y bravío, vemos zonas recreativas y una gran cascada de frente.

Hemos llegado al refugio Pastore a unos 1500 metros de altitud, está lleno de gente de muchas edades y vestidos inadecuadamente para la montaña, no vemos remonte pero César nos apunta que no han podido subir andando, están comiendo y bebiendo a todo lujo, parece más un complejo «resort» que un refugio, pero no nos paramos, la que lleva la consigna del hotel de Alagnia se va a las siete de la tarde y no llegamos, pues salimos bastante tarde , ya que en el hotel de Macugnaga nos dieron de desayunar a las ocho de la mañana.

 

Apretamos el paso por una bajada muy empinada en el bosque y con la desagradable sorpresa de que no veíamos senda al salir de la montaña, así que tras remojarnos los pies en el río Marga y yo(marga llevaba una uña del dedo gordo del pie a punto de caída por un golpe hacía un mes), seguimos dos kilómetros por la carretera que a estas alturas de la película se nos antojó un gran castigo.

LLegamos casi a las siete y media, no estaba la señora de la consigna, pero por teléfono le explicó a Marga dónde estaba la llave, en una caja fuerte detrás del hotel en una pared de la calle.

Y sin ducharnos nos fuimos corriendo al “ristaurante” que teníamos concertada la cena, que habían ocupado nuestra mesa reservada y tuvimos que esperar más de media hora para entrar, lo que me vino muy bien para hacer un buen estiramiento en la plaza del pueblo ante la mirada curiosa de los paseantes a esas horas de la noche.

Cena de pasta italiana con la luna llena asomándose a las ventanas de las casas de Alagnia Salesia…

 

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Creíamos que habíamos hecho la ruta más dura del recorrido, pero no era así, el día 11 de septiembre salimos de Alagnia Valsesia para subir hasta el paso Salati a tres mil metros…

Dónde tomamos el teleférico para bajar hasta Staffal pues no nos daba tiempo a llegar a nuestro destino a tiempo al alargarse la ruta…

Y no llegamos a tiempo  por diez minutos, habían cerrado el teleférico a las cuatro que subía al santuario de Santa Ana, así que 2300 metros subimos de desnivel para llegar al Ristorante Albergue de Sitten, el mejor sitio que hemos estado nunca en los Alpes, en un Altozano en la cara sur de la Cordillera del Monte Rosa, con las cumbres dobles de Liskamm sobresaliendo entre todas las demás…

 

 

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Y por fin un día de descanso, el día 12 de setiembre,  desde al Albergue De Sitten (más un hotel que un refugio o albergue) nos dirigimos al Albergue del Guide Frachey en el valle Italiano de Aosta cerca de Saint Jacques, que a pesar de estar situado a 1200 metros y en la civilización era más refugio que albergue y con muy pocas comodidades, mal cambio después de Sitten.

Y era el día 12 de setiembre de 2022. La última etapa antes de afrontar por fin las nieves del refugio Testa Grigia ,era sin duda la etapa de descanso con tan sólo 8 kms de recorrido, nos lo tomaríamos con tranquilidad pues el tiempo era estupendo y el teníamos día entero por delante…
Tuvimos una cena velada y un desayuno maravilloso en el albergo ristoro de Sitten (2300 metros) que más que albergue era hotel, y de los buenos, las vistas del lugar son de las mejores de los Alpes, con el macizo de Monte Rosa al norte, el dueño del local ,donde éramos sus únicos huéspedes, nos trató como si fuéramos amigos de toda la vida, sin duda, los mejores momentos en un alojamiento de los Alpes en toda la vivencia.


Salimos por un sendero que ascendía al oeste, aunque César tuvo que volver a buscar un olvido pero nos alcanzaría luego más tarde…

Salimos a dos pequeñas lagunas,las lagunas de Salati, y de camino nos encontramos un grupo de senderistas que venían en dirección contraria a la nuestra, comandado por la hija del dueño del albergue, guía de montaña de profesión, terminarían en Sitten su periplo como nos contó su padre la noche anterior…

Tras inmortalizar las lagunas seguimos hasta el collado de Rothorn(2689 metros) , dejamos a las mochilas y a César que no le apetecía hacer el cabra en esa trepada para hacer la cumbre cercana de Saleroforko de 2781 metros…
Teníamos a nuestro alcance el Monte Bettaforca, en la cara sur del Monte Rosa, pero muy lejos a nuestro pesar y muy desviado de nuestro objetivo de hoy en Saint Jackes.

Bajamos con desgana por la empinada pendiente que nos amenaza de hacerlo rodando por la piedra suelta y tras recuperar a las mochilas y a César seguimos ahora descendiendo…
Habíamos cambiado de valle una vez más, esta vez el del río Evancon, seguimos paseando por decirlo de alguna manera hasta llegar al lago de Ciarcierio donde dimos cuenta de muchas fotos…

Y ya por el bosque nos adentramos pasando arroyos y prados en el final de un verano cálido y seco, para llegar hasta Résy, cuatro casas con dos refugios, nos quedamos en el de Guide di Frachey(2072metros), con unas hermosas vistas sobre el valle, y unas mesas que al sol con las butacas nos ofrecieron un digno descanso…
Aunque el refugio dejaba mucho que desear al compararlo con el de Sitten, mañana empezaría la montaña y dejaríamos el » aburrido» senderismo…

Por fin se acabaría el “trekking”, que se me había hecho muy largo, y no por distancia sino porque tener las cumbres tan cerca y no pisarlas, era más duro de lo que podía soportar…,  me estaba desesperando andando entre pinos mientras las nieves no estaban bajo mis pies, al día siguiente subiríamos al refugio de Testa Grigia, sobre los hielos del glaciar del Matterhorn Paradise.

Y nos esperaban las montañas  míticas y místicas…

 

 

 

 

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