De la Peña Ubiña al Moncayo. Una intervención quirúrgica, un rescate en la montaña, una «cumplecumbre» y un encuentro con soledad…

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  • ¿Entonces doctor, después de la operación podré andar?, pregunté mientras me quitaba los pantalones.

  • No sólo puedes, sino que debes, es parte del tratamiento de recuperación. Tú también cómo médico sabes que  lo mejor que hay   para el sistema circulatorio de las piernas es el movimiento…

  • Pues, entonces me iré a la montaña, aquí con la alergia ya no me puedo ni asomar a la puerta de la calle…

El cirujano vascular estaba con la “eco-doppler” afanado en mis piernas midiendo las varices que surcaban desde hacía muchos años como una red de cuerdas que se enredaban en ellas.

  • Y de verdad que no te duelen, me parece increíble, esto no son varices, son cañones…

  • Pues no me molestan, la verdad, si no llega a ser por la trombosis que me dio hace casi dos años no estaría aquí.

  • Pues has aguantado mucho, lo que no entiendo es que no te duelan ni te hayan dado problemas a estas alturas.

  • El dolor es relativo, una vez subí un tres mil con la costilla rota…, le hago  muchos kilómetros a mis piernas para que funcionen bien, ¿ pero hay algún problema en que suba a una cumbre  después de la operación?

  • Al día siguiente de la operación te quitas las vendas, y te pones las medias de compresión fuerte, y a caminar sin olvidarte de la heparina, diez días como mínimo con ella, y lo de andar, donde quieras, pero ten cuidado en esas montañas, lo que hace la gente normal después de una operación es andar en llano…

Pero yo no soy normal, y me agrada no serlo ni pretendo serlo, así que después de la operación en la que mi amiga Pepi me llevó y sacó del quirófano, nos fuimos al mercadillo junto al hospital a comprarme ropa, con la anestesia era más soportable la incomodidad de probármela, siempre quise tener un clon para que fuera a comprar por mí, aunque no pude comprar  pantalones pues con las vendas no me entraban para probármelos, el vendedor del mercadillo se quedó un poco parado al ver mi cuerpo embadurnado de “betadine”  y las vendas asomando por la cintura de mi pantalón, le dije que esto de la anestesia era estupendo y que no me importaría operarme todas las semanas y me contestó  entre risas que  si me operaba todas las semanas que lo hiciera en martes,  que él me esperaría en su puesto de mercadillo después del quirófano con mucho gusto…

Al día siguiente me quité las vendas, no me miré las piernas mucho, aunque su color eran muy moradas, pues lo mejor era no recrearse en el dolor y en las heridas, no me las contemplaría, seguiría adelante en mis planes, una operación de las dos piernas de varices no me iban a parar, no acostumbro a parar…

Así que el viernes día 29 de abril, tres días después de la operación, me levanté temprano y me encaminé a Salamanca donde había quedado con Cris para viajar tranquilamente durante la mañana a la población de San Emiliano, allá en la Babia de León

Mi idea era llamar esa misma mañana a mi médica de familia para pedirle el alta médica tras la operación, pues no me gusta viajar estando de baja médica aunque sea para hacer la rehabilitación prescrita por el cirujano, pero me tuve que parar tras  cada hora de conducción y andar un buen rato, se me dormían las piernas de estar sentado, me habían quitado la mitad de las venas de mis piernas  y era normal que no respondieran, así que decidí no pedir el alta pues necesitaría bastante rehabilitación antes de incorporarme pues mi trabajo es sentado durante horas y podría tener problemas.

Llegué a Salamanca donde Cris me esperaba en la calle, dejé mi vehículo aparcado  en un descampado,  nos iríamos en su mercedes de 30 años de antigüedad pese a lo cual funcionaba genial, pues quedaban otras tres horas de coche y yo no debía conducir, tras tomarnos un refrigerio de jamón y queso que nos había preparado en su piso Salamantino salimos ya prácticamente comidos hacia nuestro destino.

Pasaban las cuatro y media de la tarde cuando llegamos a San Emiliano, nos encaminamos a la casa rural del “Mirador de Ubiña”, que ya conocía pues hace un año vinimos a subir la peña y aunque coronamos no vimos nada con la niebla.

 

La Peña Ubiña la tenemos de frente, no le queda apenas nieve, lo que es mejor para nuestros intereses pues es  una montaña muy peligrosa, es muy imponente, una pirámide muy vertical con una cresta llena de nieve desde donde se puede ver el mar en un día claro…

Han caído varias tormentas esta tarde por lo que suspendimos  el paseo largo que queríamos dar para activar las piernas tras un largo viaje y nos conformamos con darle una vuelta al pueblo que está florido y lleno de primavera incipiente…

Poco a poco fueron  llegando el resto de los miembros de la expedición Ubiña, Lute, Eugenio, Jesús, Caroline, Marga, César, y Toño que era quien dirigía las rutas, con su esposa Dori que no subiría, éramos nueve los elegidos para la gloria, tendríamos posibilidad de tormentas por la tarde pero la mañana nos respetaría, una montaña muy intensa pero que esconde grandes trampas en forma de piedras resbaladizas y afiladas y neveros muy verticales que se cruzan en tu camino.

Nos levantamos a las seis y media, ya un clásico, queríamos estar a las ocho andando y nos encaminamos a la cercana localidad de Torrebarrio, llegamos en cinco minutos  y nos colocamos polainas y comenzamos a andar.

Tras pasar la pequeña localidad donde una fuente brotaba de agua rompiendo el silencio matinal de sus calles, tomamos el desvío a la izquierda ignorando la subida a la iglesia que hace un año nos despistó y nos hizo subir campo a través, pues se ignoraron los “tracks” y la tropa de desmandó desbocada haciéndonos pasar casi dos horas de zarzas y saltos de arroyos…

Pero este año iríamos por el camino, como las personas, ignorando los genes caprinos que tenemos algunos de nuestro grupo, por la pista y la vereda  se sube más de setecientos metros  de desnivel en poco más de dos kilómetros.

No sé qué ocurrió en la pendiente de esa vereda interminable, puede que fuera que las  medias de compresión fuerte  me molestaban demasiado, puede que  las heridas y moratones que tenía en las dos piernas me  rompían el paso   o puede que fuera simplemente que iban demasiado deprisa para mí, pero  me quedé atrás en  calvario, lleno de dudas y de inseguridades en mis piernas  que no me daban la confianza habitual, tantas dudas que asolaban y desconsolaban mi ánimo dictando la zozobra, lo que no suele ser habitual en mí, apenas podía levantar la cabeza para mirar para no quedarme demasiado atrás..

César me esperó en un nevero que me hizo pisar con miedo al resbalar más de la cuenta, pero no me iba aponer los crampones para un paso tan  estrecho en nieve, así que pasé despacio  centrándome en lo que estaba haciendo.

Me quedo otra vez atrás para mi desesperación, pero no puedo acelerar pues créanme, las piernas me dolían aunque yo no me permitía reconocerlo, no sé cuánto tiempo de mi pequeño calvario en tan empinado camino, no sé por dónde pasé, pues mi atención estaba al cien por cien en no dar un traspiés que me hiciera sangrar de heparina…

Y por fin apareció el pratense collado, donde casi había decidido quedarme para no continuar en tan desgraciada y asolada marcha, pero allí de nuevo sucedió el milagro…, Toño dijo que nadie le metiera prisa, que iba a subir despacio pues no estaba en forma y Marga se pegó a mí como lapa diciéndome que íbamos a subir, mis pequeños sollozos de dolor e impotencia sucumbieron ante la vista magnífica de la gran peña que me desafiaba vertical ante mis ojos, prometiéndome precipicios y oquedades de trampas  en la nieve, todo un reto para mi malograda autoestima en esa pequeña subida por la vereda hasta aquí…, así que me  tomaría un antídoto contra la depresión y la desilusión en forma de subida empinada y bastante arriesgada…, estaba de nuevo en mi esencia.

Punto número uno, cero errores, no me podía permitir el más mínimo golpe en mis piernas con una roca y menos aún un traspiés o caída, así que la subida sería en modo meditación, aquí y ahora en cada paso, sin pensar en nada que no fuera el paso que realizara en ese mismo momento.

La primera parte de la subida es un prado verde muy empinado, surcado de una vereda barrosa muy resbaladiza el año pasado, pero este año hay menos barro y menos peligro, paso a paso, me encuentro con sorpresa avanzando sin dificultad incluso con más rapidez y soltura que Toño, que me paro a esperar múltiples veces, todo está en la cabeza, ya no duele ni molesta nada y me tengo que frenar para no acelerar de más mi marcha, peligrando mi concentración absoluta en no dar traspiés…

Empiezan las rocas, les veo trepar a mis compañeros  en algunos pasos, yo no podría hacerlo apoyando contra la roca parte de mis piernas que no sean las plantas de mis pies, mis maltrechas y amoratadas piernas, así que busco la forma de hacerlo sin roce alguno en mis piernas  y lo consigo de manera natural, ya son muchos años trepando y eso se tiene que notar.

La pequeña Ubiña se va empequeñeciendo y un mar de nubes de tormenta empieza a ascender entre  los abrumados horizontes, recordándonos que por la tarde podríamos mojarnos, así que no cejamos en nuestro empeño y seguimos progresando tras reagruparnos en unas grandes rocas.

 

Hay unos pasos de roca sencillos que sorteamos sin dificultad y tras un recodo nos encontramos el nevero, el mismo nevero que casi me hizo volver hace  un año, pero entonces la insistencia de Angeloti y de Lute me animaron  a salir  del mar de dudas que me atenazaban, pues estaba en una situación parecida a la de este año, cuando un accidente laboral me dejó casi un mes de sillón cama y muy malas sensaciones en la montaña. Pero este año era diferente, sabía a lo que me enfrentaba y además bajaban seis montañeros que nos habían dejado huella clara en lo vertical del nevero…

Esperé a que terminaran de bajar y luego me coloco crampones y piolet, toca concentrarse aún más…

El nevero es vertical pero la nieve está blanda, es fácil la progresión, siento algo de tensión, César va conmigo, y vamos viendo como sortear dos rocas que se interponen en nuestro camino nivoso, pero lo hacemos sin problema, la Peña de Ubiña es un compendio de trampas, sin ser montaña difícil técnicamente, por su peculiar morfología caliza, está llena de piedras afiladas, puntiagudas, y de pequeños hoyos ,oquedades y simas que si están cubiertas de nieve son gran amenaza, por ello me esmero en seguir la huella marcada en la nieve, y no me arriesgo a  salirme ni un solo paso, pero en menos de los esperado estábamos César y yo quitándonos los crampones tras haber pasado la mayor dificultad de la ascensión, la nieve de la cresta es horizontal y bastante menos peligrosa…

Estamos en la cresta, nos hemos reagrupado, aquí andamos entre rocas retorcidas y afiladas por el hielo de miles de años, tengo que aumentar mi atención en lo que estoy haciendo pues las vistas  de las nubes levantándose desde la llanura ascendiendo hacia los cielos que se visten de gris, azul y blanco son increíbles.

Antes de entrar en un nevero grabo un vídeo, apenas hago fotos para no romper mi concentración  en no rozarme con ninguna  roca afilada ni  dar ningún traspiés…

 

La cresta sigue ascendiendo  poco a poco, la nieve y las rocas se adormilan en armonía bajo las pisadas de nuestro paso…

La cresta parece que no se acaba, para disfrute y goce mío, rodeado de infinitos cielos que se desploman en  abrumadas letanías de anunciadas tormentas, pero ya veo el geodésico, mi corazón zozobra ante lo que hace poco menos de dos horas era poco menos que un imposible, pero  el rendirse nunca  fue opción para mí…

Nos hacemos algunas fotos, la emoción me embarga, las vistas al mar están tapadas por las tormentas nacientes, el horizonte grisea de brumas agitadas de confusión…

  • Maese Viento, amigo mío, durante gran parte de la mañana no creí en poder subir, me he sentido frágil, torpe y a veces olvidado…

  • Pero sin embargo estás aquí, humano, sin esfuerzo no hay aprecio de lo conseguido, vivís en un mundo vacío que busca la facilidad y la inmediatez para complacer vuestras necesidades más simples y vanas.

  • Y eso a que ha venido, Maese, me has soltado un sermón cuando yo lo que necesito son rumores…, y amores.

  • Pues pocos amores tienes aquí hoy, humano, se marchan sin ti, una vez más…

  • Siempre poniendo el dedo en la llaga, Maese, eres único…

 Cuando me doy cuenta han salido corriendo hacia abajo, casi huyendo, no es la primera vez que me pasa, parece como si la mayoría de los montañeros tuvieran miedo a las cumbres y después de horas y horas de subida son incapaces de estar apenas un minuto en la cima…

Corro y llego a la altura de César y Marga, pero ellos también van corriendo para no quedarse atrás…, no puedo creer lo que estoy viviendo en mi paraíso…

Me han dejado atrás de nuevo, lo que me ha desagradado pues las vistas son impresionantes y no puedo disfrutarlas, traté de grabar varios vídeos pero no me daba tiempo ni de darle al “play”, pues se alejaban dejándome muy atrás,  Jesús que va el primero parece que va a perder el autobús, no alcanzo a ver  a la mayoría del grupo, menos mal que no necesito a nadie en la montaña…

 

Se han parado a comer al final de la arista, parece que las prisas eran hambre, son leones estos Zamoranos…, mal rayo les parta, tanto sufrimiento para subir  y no he podido disfrutar de lo conseguido, algún día echarán de menos las alturas…, no entiendo las prisas cuando vas colgando de los cielos y los horizontes…

Ahora toca concentrarme al máximo, la bajada es sencilla pero peligrosa, nos vamos cruzando con otros montañeros que van subiendo, esta montaña es muy popular, la destrepada si se hace despacio es muy fácil, incluso con las dos piernas moradas y llenas de heridas de la cirugía…

De nuevo estamos en el nevero, César y yo nos quedamos de nuevo los últimos, bajando el nevero hay una zona bastante peligrosa al estar la nieve blanda, así que nos ponemos los crampones para evitar que se rompa demasiado la huella lo que perjudicará a los que vienen detrás, algunos de los que iban delante no lo hicieron, no fueron  solidarios con los que vamos detrás.

Pasamos César y yo sin dificultad salvo la impaciencia de algunos del grupo que quieren marchar sin esperarnos a que nos quitemos los crampones, pero tengo claro que no necesitamos a nadie para bajar, pero al final se esperan tras una regañina de Marga a los no solidarios.

Desandamos el camino tranquilamente, yo sigo en el aquí y ahora en cada paso, no me puedo permitir resbalar en la nieve blanda del camino, pues hay muchos resaltes afilados donde golpearse en las piernas…

Salimos de la zona rocosa, empezamos la zona de prado que resbala bastante, y entonces es cuando ocurrió…

Lute da un traspié y cae rodando ladera abajo, se golpea en el casco con una roca y luego en el pecho deteniéndose por fortuna tras dar tres vueltas por la pendiente, no me atrevo a mirar, con mis piernas me siento bastante torpe, me cuesta llegar hasta él…, está mareado del dolor, no tiene mucha sangre de momento, mueve brazos y pies, lo sentamos en una roca mientras evaluamos si se ha roto algo, parece que por fortuna es una esguince fuerte del dedo gordo de la mano izquierda, le doy un calmante  y le aplicamos hielo en la mano, puede seguir, ha sido un susto, un gran susto, y lo curioso que en la ruta  el mermado era yo…

Bajamos por la senda sin problema, mientras se iba nublando cada vez más, volvimos a nuestra casa rural del Mirador de Ubiña en San Emiliano, sin tener más problemas todos casi enteros…

Aunque  con las medias de compresión fuerte que llevaba puestas me hicieron que  echara humo por mis pesadas y castigadas piernas, y eso que hoy no hacía calor…

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Y al día siguiente Toño decidió que iríamos a Peña Orniz, para lo cual nos teníamos que acercar hasta la localidad de Torre de Babia, desde donde hacía unos meses habíamos subido a la cumbre del Montihuero, de gratos recuerdos para mí…

Salimos del pueblo dejando en un pequeño parquin los coches, mis piernas funcionaban mejor que ayer, y sería la ruta más tranquila al haber más senderos,pero no podía dejar mi concentración en cada paso que daba, pues hoy los peligros venían por el monte bajo que podrían herir mis maltrechas piernas…

Y nos adentramos en el valle, pero en vez de pasar por la laguna de Las Verdes desde donde se sube al Montihuero, vamos más a la derecha para subir en dirección contraria.

Otra vez voy muy rezagado pues estoy muy concentrado en no herirme las piernas con algún piorno, pero a pesar de eso no me impide ver cómo Marga primero y luego César se acercan a Toño que es el que lleva la ruta para decirle que nos hemos salido del “track” y hay que girar a la derecha para subir por una senda, pero Toño les dice que por allí no es, que tenemos que seguir el valle, Toño no es entendedor de tecnologías y va por el monte a la vieja usanza, de memoria, así que no da su brazo a torcer y seguimos adelante, lo que me preocupa un poco, pues no me apetece acabar enriscado por el estado de mis piernas…

Pero en poco nos cruzamos con un montañero que nos dijo tras mis insistentes preguntas que por allí saldríamos al Collado de la Cueta(aunque en el mapa del IGN venga como collado de la fuente Corisco) y que podríamos subir sin problema, así que me tranquilicé a pesar de la intuición de que íbamos perdidos…

Salimos por el valle hacia su final, otra vez me quedo solo al final del grupo, pasamos un nevero  del que disfruto como un niño pequeño…

Estamos en el collado, segimos cruzando nieve durante un hermoso y breve espacio de tiempo.

 Vemos  la Peña Orniz muy lejos, efectivamente nos hemos desviado de la ruta unos cuántos kilómetros, ahora tendremos que bajar al valle para luego subir, esta vez campo a través entre el monte bajo, lo que no es problemático  ya que las matas de brezo, piorno y retama son muy pequeñas debido a la dureza del clima, por suerte para el estado de mis piernas así que nos adentramos en las fuentes del río Sil, lo que es una grata y bella sorpresa para mí…

Tras pasar la vaguada y un arroyo empezamos otra vez a subir, llegamos a una senda señalizada a las fuentes del Sil que parece que va en nuestra dirección pero bajando de nuevo al valle, se ha parado el grupo y están mirando para ir a la Peña que está a nuestra izquierda,  Toño ha decidido que vamos a ir a media ladera para no perder altura. Me quedo atrás de nuevo, no estoy nada convencido, el camino más corto en la montaña es el camino, no entiendo el motivo de hacer la cabra por una ladera sin camino cuando poco más abajo hay uno señalizado muy cómodo, así que ni corto ni perezoso en vez de cruzar el nevero para llegar a la ladera , lo utilizo para bajar hasta el valle, donde está el camino, aunque me quedé muy atrás pensando que iba a  hacer ahora voy mucho más deprisa que ellos andando cuesta abajo en nieve blanda,  he llegado al camino , y avanzo cómodamente mientras ellos caminan sin sendero , yo sin correr y disfrutando estoy llegando hasta su altura y eso que me llevaban muchos metros de distancia…

Y entonces fue cuando sucedió…, Toño se ha caído, no lo he visto, pero parece que se hizo daño en el tobillo izquierdo, se lo ha torcido, le duele bastante,  pero como puede andar no me atrevo a quitarle la bota, pues se hinchará y no podrá dar ni un paso, le doy unos calmantes y dice que está bien, que puede seguir, llevamos un fin de semana muy accidentado…

Vamos por la vereda que yo llevaba, no entendí la maniobra de salirse de un camino para andar monte a través, y ha traído consecuencias en esta ocasión. Toño, dice que no va a subir la Peña Orniz, pues al girar hacia la izquierda el pie le duele y no lo va a forzar más, estamos al pie de la peña y falta la última subida que se sube en poco más  de un cuarto de hora, así que Toño sigue  por la vereda y quedamos en vernos un poco más adelante, no le perdemos de vista y estaremos separados poco más de media hora entre la subida y la bajada.

Queda la última pendiente con piedras sueltas, nieve y algunas rocas, así que me concentro de nuevo, es lo más difícil del día…

Pasamos una zona con nieve un poco complicada pues te hundías en hoyos, y yo hoy no puedo hacerlo, pero tras algunas zigzags y algunas dudas  llegamos…

Las vistas son impresionantes, han costado muchas horas pues dimos gran rodeo para llegar hasta aquí, pero estaremos menos rato del que quisiera ya que Toño nos espera abajo.

 

La peña Orniz es preciosa pero sin Toño nos cuesta mucho disfrutarla, la dicha de un grupo es que estemos todos en la cima y realmente notamos su ausencia aunque estaba pocos metros más abajo esperando que volvieramos…

 

Bajamos hasta él y paramos en el collado que se encontraba a comer algo,yo me detuve  antes a hacer algunas fotos antes de reunirme con ellos pues una vez más, me alimento de las cimas…

Toño dice que se puso nieve en el tobillo y que ahora le duele más, yo no le recomendé que lo hiciera, ahora le va a costar mucho más andar…

Empieza la discusión…, Toño dice que él seguirá andando, que está bien, aunque cojea muy ostensiblemente, alguien dice que hay que llamar al 062, para que venga la guardia civil, Eugenio dice que al 112, que a él le rescató la guardia civil una vez y casi lo matan, yo me he sentado, me duelen bastante las piernas y no puedo estar de pie parado…

Nadie me pregunta, y eso que debería saber yo más que nadie, si fuera mi tobillo llamaría al 112, en esta zona es fácil para el helicóptero aterrizar y si seguimos bajando no tendrá sitio…, pero no es mi pie, y lo que tengo claro que si sigue andando empeorará bastante, pero Toño es cabezón, y dice que bajará hasta una pista y desde allí que se le recoja en coche.

Entra ahora en juego los “tracks” de César, iremos lo más directos posible hasta una pista, a ver si allí podemos subir en coche a recogerle, yo no tengo energía, he consumido mucha en no rozarme con nada durante la ruta, y ya van dos días en modo concentrado, que hagan lo que quieran, me quedo atrás con Toño, y vamos bajando buscando la zona más fácil para su maltrecho tobillo, pero yo me doy cuenta que si voy pendiente de él, puedo acabar  con algún tropezón rodando por los suelos al no estar ágil , y al ir tan despacio me duelen mucho las piernas, así que me siento y espero que vayan avanzando muy despacio a su ritmo, no quiero que tengan otro problema conmigo…

La marcha es muy lenta, la gran cojera de Toño la marca, yo paso mucho tiempo sentado viendo como baja , pasamos primero  una terraza de rocas, y luego nos vamos a meter en otra mucho más complicada, me está doliendo de ver andar a Toño, tendría que haber llamado al helicóptero, se va a dañar mucho el tobillo…

Me han dicho que Eugenio y Lute se han adelantado para tratar de buscar la furgoneta para recoger luego a Toño, esta segunda terraza de rocas ha sido difícil, y además Toño se ha despistado saliéndose del camino, haciéndolo más complicado…, pero hemos llegado a una senda y vemos abajo una pista junto a una explotación ganadera, César nos va guiando con su “track”.

Estamos llegando al camino, suena el móvil de Marga, es el 112, Eugenio y Lute les llamaron pues el camino no se puede   subir con su furgoneta,  luego le llamó la guardia civil, y luego  el GREIM(la guardia civil de montaña), parece ser que subirá la patrulla del pueblo pero si no pueden llegar lo hará el GREIM, que tienen mejores vehículos.

Estamos junto a la pista por debajo de la explotación ganadera , yo me quedaré con Toño esperando a la guardia civil, mientras los demás bajan, por algo soy el médico y Toño es mi responsabilidad, le cambio el móvil a Marga, pues le llamarán al suyo. Nos quedamos a la espera de la guardia civil, en dicha espera no puedo evitar dejar de pensar que Toño por no dar su brazo a torcer cuando nos salimos del  “track” de la ruta, al final se ha torcido el tobillo, son lecciones que nos da la vida, aunque no tengo claro que Toño la pueda aprender…

Han tardado poco más de media hora desde que nos sentamos a esperarlos, viene un“Nissan Patrol” conducido por una guardia civil joven visiblemente nerviosa y de copiloto un guardia civil también joven, que lo veo muy blanco, bastante más de lo normal…

La conductora dice que no sabe cómo han podido llegar, que ha sido un milagro con los barrancos y el barro del camino, que el Nissan no vale para esas cosas, se había parado a nuestra altura para hablarnos y si estábamos bien y ahora tiene que subir a la explanada de la explotación para dar la vuelta al vehículo, se le cala cuatro veces el todoterreno en una rampa de apenas el tres por ciento, me planteo si no será mejor bajar andando aunque llegue más tarde y me duelan las piernas, Toño ya está a “salvo”…

Pero bajamos sin problemas, cuesta abajo es más sencillo y la guardia civil conduce muy despacio para que no nos despeñemos,   en Torre de Babia estaba  Dori esperando a su marido, yo me bajé del “patrol” con alivio y ella se subió, irían al centro de salud de San Emiliano a que le viera el equipo de guardia sanitario.

Estaba allí Lute y Eugenio junto a los vehículos y esperamos a que llegaran el resto del grupo, nos volvimos para San Emiliano pero Cris y yo nos encaminamos al centro de salud con intención de ver a mi colega de guardia para que me contara el alcance de los desperfectos del tobillo de Toño, un ,médico un poco más mayor que yo me dice que debería  ir al hospital pues cree que puede tener una fractura del peroné…

Cosa que hizo al día siguiente mientras parte del grupo nos fuimos a otra ruta, esta vez muy sencilla…

 Y efectivamente, Toño tenía el tobillo roto, tuvieron que reducirle  la fractura del peroné, esperemos que se recupere Toño muy pronto, y lo tengamos de guía nuevamente por esas montañas que tan bien se conoce, pero también espero que en el futuro haga más caso de los que llevan el “track” de la ruta…

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Y nos volvimos de las montañas de la Babia y me planteé hacer un poco de reposo, ya que no había sido muy consecuente con mis piernas al meterle tres rutas, dos de ellas muy intensas y accidentadas, en la segunda me bajó la guardia civil de la  montaña, a quien se lo cuente seguro que pensará otra cosa, teniendo en cuenta como llevaba las piernas…

Pero el reposo me sentó mal, y tuve una flebitis en la pierna izquierda que dolía a todas horas, pero me di de alta médica  para obligarme a andar y a superar el dolor, qué es el dolor…, sino un estado en tu cabeza.

Y dos semanas después llegaba la fecha de mi “cumplecumbre…”, mala fecha por la alergia que me resta y me ataca cada año en pequeña muerte, en pequeño calvario de cansancio y falta de aire…, elegí para tal empresa la cumbre del Moncayo pendiente en nuestro calendario, aunque me temía que la última semana de calor convertiría la ruta alpinista en senderista al desaparecer la nieve…

Así que ese viernes cumpleañero,  al salir de la consulta y sin ni siquiera quitarme el fonendo del cuello me metí en mi vehículo y  empecé a hacer kilómetros para llegar hasta Alcalá del Moncayo  en Zaragoza, recogiendo antes a Eloísa en Trujillo y a César en el Corte Inglés de Alcalá de Henares.

Casi me dejo medio coche entre las callejuelas de Alcalá de Moncayo, me costó maniobrar tras seis horas de conducción, y  allí estaban esperándonos Marga, Cris y JM, por lo que éramos  seis los que nos pondríamos a hacer mi “cumplecumbre” de este año…

Ni siquiera había almorzado, así que hicimos una “cumplecena” y esta vez Cris no le había echado pimientos a la tortilla para mi alivio, un año más, cada año es más agradable sentir que estás vivo y estás sano…

Nos levantamos muy temprano, por la seria amenaza de tormenta y nos dispusimos a llegar hasta el parquin del Santuario del Moncayo, nuestra ruta sería circular, sin ninguna dificultad pues no había nieve, así que dejamos los cacharros de montaña en el coche para nuestro disgusto…

Eran las ocho y media de la mañana, nos encaminamos al Santuario del Moncayo y desde allí tomamos una senda que rodea por su base la montaña del Moncayo, la subiríamos desde el sur, y la senda se adentraba en bosques sollozantes de silencio, donde el canto de los pájaros resonaban suavemente recordando que es primavera, que la vida empieza su ciclo, su ciclo de vida y muerte, muerte y vida, sucediéndose,  alternándose en la suerte de que nada permanece , que todo fluye ,en continuo cambio, en eterna efimeridad de todo lo que existe, hasta del universo…

No estoy nada bien, hace 20 días que me operé de las varices, pero me encuentro mucho peor que en la Peña Ubiña, no sé qué me ocurre, estoy sin energía, me duele el estómago y la cabeza, dormí muy mal, estuve en desvelo casi toda la noche, apenas puedo tirar de las piernas, pero no impide que disfrute  de los bosques y los arroyos que se van cruzando en nuestra pequeña vereda, aunque sea a costa de quedarme atrás en el grupo, una vez más, vamos ascendiendo muy lentamente, nos dirigimos a un collado y desde ahí empezará la subida de verdad, pero paso a paso sigo adelante pese a las malas sensaciones…

Y hemos llegado al collado Vellido, bajamos un poco a ver las vistas, que son pocas y grises, las brumas nos quieren abrumar con sus silencios oscuros prometiendo tormenta y tormento, así que comenzamos a subir por la pendiente amplia de la cuerda que lleva al Pico Lobera, el primero del día, me voy quedando atrás, de nuevo mientras que la vegetación va desapareciendo poco a poco en roca y senda.

Vamos elevándonos sobre el mundo ebrio de gris que se desvela en silencio, pues Maese Viento sopla débilmente, me voy  alejando del grupo, mis pasos se hunden en el fondo de la tierra, sin avanzar, rodeado de brumas me voy retorciendo en mi marcha, paso a paso…

Me hundo…

Mi orgullo me permite respirar…

Todavía…,

A duras penas

 El dolor  me traspasa…,

y no es el de mis piernas.

Es mucho más profundo…,

las nubes se retuercen gimiendo de gris,

…y Maese Viento en su terrible Silencio.

Me hundo

en la oscuridad…

aquella que siempre está…

Oscura

Agazapada

Escondida esperando…,

su terrible turno…

 Y  del cielo oscuro

surge un muro,

delante de mí…,

y allí  está ella…,

siempre ella,

 de nuevo ella…

Esperándome…

 

 

 

…Soledad.

Maldita soledad.

entrometida de daños,

escondida en silencios,

raspada de grises,

colgada en tinieblas.

 

 

 

…Soledad.

Maldita soledad.

Que del infortunio

trastoca mis sueños,

quemándolos  gélidos,

congelándolos de  ausencias.

 

 

 

Soledad

Maldita soledad.

…De las palabras cálidas,

que no brotaron en sus labios

aquellos que siempre soñé,

pero  nunca llegaron a tocar(me).

 

 

 

Soledad…

Maldita soledad…

Que se me desgarra en los ojos,

entre frías y tenues  lágrimas,

ahuyentando de mi rostro

las risas y los colores…

 

 

 

Soledad.

Maldita soledad…

Que se me resbala por dentro,

resquebrajando y rompiendo

como el afilado hielo del iceberg

que parte  y  destroza la quilla…

 

 

 

Soledad.

Maldita soledad.

Lo es en mis sueños,

lo es en mis daños,

lo es en mis pasos,

lo es en mis oídos,

tan dentro y tan fría…

 

 

Soledad…

Maldita soledad,

triste y rasposa,

con su túnica gris,

con sus zapatos negros,

con su rostro afilado,

pálido y sin labios…

 

 

Soledad…

Maldita soledad

sola y solitaria…

triste y melancólica…,

que me mira en su espejo

pero ella  nunca ve a nadie…,

…pues nunca hubo nadie.

 

 

 

Soledad

Triste soledad…

Que me abraza fuerte

secándome los huesos…,

no dejando espacio,

ni para un tenue hilo de luz…,

que me aprieta

cada vez más fuerte,

más impasible,

más implacable,

sin la más mínima piedad…

y entonces cuando la miro

ahogado entre sus brazos,

a punto de morir asfixiado,

no puedo dejar de pensar…,

¡Qué triste y qué sola

está siempre mi soledad…!

 

Se va acabando la cuesta, por ahora, me están esperando junto al geodésico del pico Lobera, se suben a hacerse fotos, yo no recuerdo lo que hice…, supongo que alguna me haría.

Tenemos que bajar para subir a la auténtica cumbre del Moncayo, de nuevo voy quedando atrás, paso a paso en lenta agonía, sigo hundiéndome, arrastrándome, empiezo a cruzarme con senderistas que vienen de la cumbre, lo que me irrita y me molesta, se acaba la cuesta, me esperan de nuevo, esta vez quedo atrás con Marga y en el único nevero que da apariencia de montaña al llano y desértico Moncayo, nos hacemos unas fotos…

Vemos mucha gente bajar de la cumbre del Moncayo hacia nosotros, no me apetece nada llegar hasta ella, ha perdido todo el interés para mí dicha cumbre senderista pero  me ha costado subir, seguimos haciéndolo…

Justo cuando llegamos empiezan a marcharse la mayoría de los senderistas, paramos en la Virgen, donde nos hacen una foto de grupo, llegamos al geodésico, se quedan unos senderistas sentados en  él tomando el bocadillo, no permitiéndonos hacernos la foto, así que nos retiramos a un cercado a tomar un refrigerio donde miles de insectos alados se empeñan en cubrirlo todo, no tengo ganas de comer, no tengo ganas de nada, quiero hacer un vídeo para agradecer las felicitaciones de mi cumpleaños del día anterior, pero casi desisto el realizarlo…

Se han ido los usurpadores del geodésico, me voy con Marga a hacer el vídeo, pero hay un grupo de senderistas cerca  que no dejan de hablar, que me irritan y me sacan de quicio…

Ya se han ido los senderistas, las nubes de tormenta nos rodean, hay previsiones de ellas, por ellas madrugamos, salimos de bajada, me quedo atrás de nuevo, esta vez con César, en el descenso hay una gran pendiente, por la que vienen amenazantes nuevos senderistas, pero me voy apartando de su paso, mientras el viento me golpea el rostro…,¡Maese Viento!

  • Mala subida hiciste, necio humano,¿ acaso se te olvidó el caminar…?

  • Maese Viento…, dónde estuviste, esta vez ella me atrapó y casi me ahoga…, lo he pasado muy mal.

  • Lo sé, necio humano, estuve contigo todo el tiempo, pero no me viste, mirabas sólo la oscuridad, cuando la luz es mucho más fuerte, tú lo sabes…

  • De nuevo muero en mí, no es nada nuevo, mi enciclopedia de desamores que abarca todas las letras del abecedario se abrió de golpe hoy, dejando todos mis daños cegando mis  ojos…

  • ¿Pero no te has dado todavía cuenta?

  • ¿de qué tenía que darme cuenta, Maese Viento?

  • De que ese terrible dolor que te apenaba no era más que una simple resaca, tú que no acostumbras a beber…

  • ¡Una simple resaca!

  • Bebe y come algo por primera vez en el día y verás como la oscuridad se disipa, necio humano, te has caído en el sitio más llano…

Maese Viento tenía razón una vez más…, comí unas barritas, el dolor de estómago no me había dejado comer nada desde ayer, en la “cumplecena” de la noche anterior Cris se puso a mi lado llenándome la copa cuando estaba media y no sabía realmente cuanto vino había tomado, yo que no bebo, ahora empiezo a ser yo de nuevo, me siento mejor en cuanto empieza a subirme la glucemia a mi cuerpo…

Las nubes de tormenta se van agolpando grises pero el día se va aclarando sorpresivamente para mí, cómo puede cambiar tanto en tan poco tiempo, cómo puede tener tanto poder la oscuridad que se esconde dentro de la luz, el dolor nunca es suficiente, nunca fue suficiente, para morir(se),…hasta ahora.

Sin duda lo de enfrente es una tormenta muy fuerte, lo corroboro en la aplicación del móvil, viene hacia aquí por el suroeste, tendremos un tiempo de margen  mientras salta el Moncayo, pero si no nos damos prisa nos alcanzará, así que pasamos el Collado Castilla a toda marcha mientras que dejamos tumbados al sol a los incautos senderistas que perturbaron mi video de la cima, no les deseo que se mojen por ello, pero bajarán hacia el sur , y no se han tomado muy en serio mis advertencias de la tormenta.

Bajamos bastante deprisa y llegamos al parquin, estiramos un poco y nos metemos en los vehículos de vuelta, apenas que nos separamos en nuestros vehículos  de la montaña cruzando sus innumerables bosques , asistimos a una ola de agua que engullía la montaña cubriendo de nubes las cumbres, nos escapamos por poco de una gran tormenta.

Hemos llegado a Tarazona, es un pueblo muy bonito, pero la lluvia nos ha alcanzado, avanzamos medio haciendo turismo y medio buscando un bar abierto don meternos a tomar algún tentempié, al final lo hacemos…

Sigue lloviendo, pese a lo cual deciden seguir de ruta turística, pero yo desisto y me voy junto a César a mi vehículo, tengo allí el dispositivo para el asma, la tormenta me ha provocado un ataque de asma y me estoy asfixiando…

Tras llegar Eloísa de la mini ruta turística salimos tras el vehículo de JM sin tener muy claro dónde íbamos, me paro a llenar el depósito de combustible, lo hemos perdido, seguimos en dirección a Alcalá de Moncayo, y paramos en el monasterio de Veruela, lugar mítico del cisterciense, estamos de suerte, está abierto y hay una visita guiada por el módico precio de 80 céntimos…

Llamamos amarga en el otro vehículo, ellos se han vuelto a la casa rural, así que Eloísa, César y yo disfrutaremos de la visita al monasterio…

El monasterio es mágico, hay una energía espiritual muy potente, y la iglesia es casi una catedral, es impresionante el regalo de la vida, nos cuentan las historias de vida y muerte que durante siglos marcó el monasterio, y nos adentramos en el pudridero donde dejaban los cadáveres descomponerse, donde sentí energías muy frías y oscuras…

El pequeño claustro es una delicia donde Eloísa hizo para mí de modelo…

El día ha acabado mucho mejor que la mañana, no tengo gratos recuerdos del Moncayo, donde me encontró la oscuridad que habita en mí, no puede haber luz sin oscuridad, no puede haber amor sin dolor, no puede haber desamor sin consecuencias, todo en esta vida pasa por algo, y las lecciones de vida que tomas y que te enseñan, no impiden que el dolor siga en lo más profundo de tu alma, quien esté libre de dolor que tire la primera piedra…

  • Maese Viento, seguro que estabas allí conmigo…

  • Te lo dicho y repetido mil veces cien, humano, estoy en todas partes, eres tú quien no me ve.

  • Pero Maese, cómo poder verte en la zozobra, cómo poder escucharte cuando en tus oídos solo está el vacío…

  • Está todo dentro de ti, humano, tú eres el que decide en qué tipo de mar navegas en la travesía de la vida, debes aprender a ser buen marinero, si quieres llegar a buen puerto.

  • Sí, Maese, pero a veces está todo tan solitario y tan frío…

 

 

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