Buscando la aventura en Azerbaiyán. 2. En las nieves del monte Atatürk.

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“Ganaste un mundo pero perdiste tu  alma;

  …y cuando cierren las puertas al atardecer,

      ya no podrás  volver a  salir;

   pues  nadie quiere  abandonar la senda,

  una vez que  empieza este camino.

 

Y  aunque  es un  camino   muy largo,

   en este mundo que no tiene fin,

  nunca hallarás  aquí la soledad;

  pues  en el jardín de los infiernos,

   siempre habrá más Ángeles Caídos.

 

 

 

Y las piedras sobre las que estás caminando,

han ido  marchando contigo,

con la luz de  luna para guiarte;

y aunque  hieran tus pies al andar,

 ya no podrás dejar de caminar.

 

 

 

Ganaste un mundo pero perdiste tu  alma;

 pues sentiste la luz de la luna en tu piel,

heriste con la roca áspera  tus manos,

buscaste la voz cortante del viento en tu cara,

 y tocaste  la senda del frío con tus botas.

 

 

 

 

 

 

 

 Y seguirás caminando con tus pasos,

a lo largo de tu mundo de frío y nieve,

y   toda la gente  que conoces,

 pensará  y dirá que  estás  en la noche…,

¡del jardín de los infiernos!.

¡Ganaste un mundo pero perdiste tu alma!»

 

 

 

Y estábamos en las tiendas de campaña en el campamento de aclimatación en la expedición en el Cáucaso Azerbaiyano para subir a su cumbre más alta, el Bazardüzü, una cumbre de 4550 metros, pero antes haríamos la cumbre de Atatürk de 3758 metros para irnos acostumbrando a las alturas.

Son las cinco y media de la mañana, es de noche, Orhan nos llama a levantarnos, nos prepara un café de desayuno y algo de comida, el trayecto de subida al Monte Ataturk es corto pero exigente, unos 1200 metros de desnivel en apenas 5 km por una pedrera que desemboca en una canal estrecha y llena de paredes verticales.

Es de noche cuando nos levantamos a desayunar, pero poco a poco las tinieblas se van disipando dejando un día gris y nublado, la marcha es corta pero bastante empinada, tenemos que pasar por una angosta garganta con una enorme pedrera custodiando su entrada desafiando nuestras ganas de ascender…

Empezamos sin prisa pero sin pausa, primero caminando por el prado que se va empinando con el avance de nuestros pasos, llegamos a un campamento con una letrina, parece que hasta aquí suben militares y hay espacio para poner tiendas.

Vamos sorteando grandes rocas entre la hierba hasta que llega un momento que tenemos que empezar a subir por la pedrera, hay varias sendas muy pequeñas que seguir a lo largo de la pedriza pero ninguna está marcada ni es sencilla de hacer, Angeloti está sufriendo mucho en la subida, no tiene buena forma después de 6 meses trabajando sin descanso.

Nos metemos por la garganta estrecha de elevadas paredes, tenemos que tener cuidado para que no caigan piedras para los que vienen atrás, el tiempo va empeorando por momentos, nos preocupan las tormentas pero de momento no escuchamos truenos.

Babek va al frente de nuestra comitiva que se estira por momentos, Orhan se va quedando atrás esperando a Angeloti que no lo está pasando bien…

Se nos mete la niebla y nos caen delgados copos, casi diría que granizo muy fino, dejamos el fondo de la garganta para empezar a ascender por la pared izquierda, que es una pedriza en este lugar de la ascensión.

 

Llegamos a una gran pared y ahí nos volvemos a juntar apenas quedan 70 metros de ascensión pero la niebla no deja ver nada, dejamos unos minutos de recuperación y seguimos, se me está haciendo muy corta la subida, la cumbre es de 3757 metros pero empezamos a andar a los 2500 metros, no llevamos ni 5 km no me ha dado tiempo de enterarme, espero que el Bazardüzü sea un poquito más largo y con muchas menos nubes…

Estamos en un llano, pero la cumbre está 500 metros al suroeste con una pendiente muy suave, no vemos nada, salvo la nieve y la niebla,  de repente, se le cae a Nayana el móvil en la nieve y por la cuesta empieza a deslizarse rápidamente  hacia Rusia, perdiéndose en la niebla, Babek sale corriendo tras él sin poder alcanzarlo, será muy difícil recuperarlo.

 

Seguimos en la niebla acercándonos cada vez más a la cumbre cuando una brisa comienza a darme en el rostro, algo gélida y confusa.

  • Maese Viento, otra vez nos encontramos, esta vez muy lejos de mi casa, ya sé que me vas a decir que estás en todas partes y no te escucho, pero me alegra oírte.

  • Sabes que nunca entenderé que te sorprenda el oírme, necio humano, o mejor dicho escucharme, casi nunca escuchas, nunca escucháis los de vuestra especie, perdidos en vuestras exiguas existencias alejadas de vuestra esencia.

  • Muy profundo me vienes hoy, al menos no estás invernal, he tenido mucha suerte contigo hoy, ya sabes que yo siempre escucho, siempre trato de hacerlo…

  • No me mientas, necio humano, no te mientas. Te pasas todo el tiempo sumergido en tus pensamientos de futuro o de pasado, sin sentir lo que estás haciendo en este momento, que es lo único que existe realmente, humano, cuántas veces he de recordártelo, nunca estás en el presente.

  • Claro que lo estoy, Maese, siento tu aliento frío en mi rostro, siento las nieblas que cubren de blanco mis ojos y mi pensamiento, y siento como mis oídos se llenan del sonido de mis pasos que se hunden en la nieve, siento cómo el  peso de mi cuerpo comprime la nieve contra la tierra esparciendo su blandura en la huella de mi bota arrancando un crepitante sollozo agudo…, qué más puedo pedir Maese. Bueno, te pido que se abran las nubes para ver las vistas, me lo debes…

  • Cómo que te lo debo, yo no te debo nada, necio humano, siempre hago lo que me place cuando me place por algo soy el viento.

  • Vale, Maese. Pero hazme caso esta vez aunque sea por una vez,… una vez más.

Y en poco tiempo nos encontramos un busto humano que nos indica que hemos llegado a la cumbre de la Montaña Atatürk, el que fuera presidente de la primera república laica y democrática de Turquía, Mustafá Kemal Atatürk.

A pesar de lo corto de la subida, y la ausencia de vistas, nuestra euforia es grande sin olvidar que esta cumbre es un paso previo de aclimatación para subir a la cima del Bazardüzü, nuestro objetivo real de este viaje.

 

Hace un poco de frío, por lo que en poco nos disponemos a volver por donde hemos subido y de repente sucede el milagro, Maese Viento sopla con mayor intensidad y se abre la niebla dejando las vistas a nuestra mirada…

Nos ponemos a hacer fotos al paisaje nevado y nublado mientras que Orhan y Babek buscan con insistencia el móvil de Nayana ahora que hay visibilidad, Babek parece que se va a bajar hasta la próxima Rusia con la que compartimos montaña.

Comenzamos a descender y vemos en nuestro camino de vuelta despejado de nubes otra cumbre cercana  que se puede ascender, pero el grupo   empieza a bajar por donde vinimos, Angeloti y yo nos quedamos atrás haciendo más fotos, sabiendo que Babek continúa buscando el móvil de Nayana bastante más atrás de nosotros, no entendemos las prisas por bajar de una cumbre que tanto tiempo nos costó ascender, es la maldición que me persigue por donde voy, montañeros que se pasan horas y horas subiendo para luego bajar corriendo de las cumbres sin apenas disfrutar de las cimas, es uno de los motivos por el que cada vez voy más en solitario a la montaña, a mi ritmo, a mi aire, sin que me apremien subiendo , ni tampoco bajando, siempre he sido partidario de la montaña con pausa, disfrutando de cada momento…

Entonces de repente a lo lejos veo alguien que se separa del grupo y empieza a ascender hacia la cumbre próxima en vez de bajar, me quedo un poco pensativo, Babek está atrás y Orhan va delante, y tiene que ser de nuestro grupo pues no hay nadie más en la montaña, dejo atrás a Angeloti y voy bajando rápidamente hasta llegar al último de los que bajan de nuestro grupo  y le pregunto si es de nuestro grupo el que sube, e Iñaki ,que es la persona referida me dice que sí, miro atrás veo la niebla que asciende desde el sur y que puede taparnos de nuevo, no he visto a nadie con GPS grabando la ruta salvo a los guías, dudo un segundo y decido ir detrás de la persona que se ha separado del grupo, si la niebla le tapa puede ser un problema, salgo corriendo literalmente cuesta arriba con todo lo que me da el cuerpo, y en apenas 5 minutos llego hasta él que se da la vuelta y me espera al verme llegar, es Artemio el canario, estamos al lado de la cima así que sin dudarlo vamos los dos como niños pequeños detrás de nuestra cima, apenas hemos tardado otros tres minutos en llegar, hacemos fotos de una placa y un busto, vistas no hay, pues la niebla nos alcanzó, es la cumbre del presidente Heydar Aliyev padre del actual presidente de Azerbaiyán, cargo que se pasan de manera vitalicia de padre a hijo en esta república presuntamente democrática como la de Rusia.

Apenas dos fotos y salimos cuesta abajo corriendo por la nieve, nos tienen que estar esperando,  tiro de GPS pues la niebla se cerró, y en cinco minutos en  el cruce nos encontramos a Babek que ya ha vuelto de su infructuosa búsqueda del móvil de Nayana, nos bajamos los tres hacia el grupo que está apenas cien metros más abajo esperándonos en la gran roca , nos cae una buena reprimenda pues salimos del grupo para hacer una cumbre cuando el grupo estaba ya descendiendo, y han pasado bastante frío en su espera de que bajáramos , siento de veras no haberme vuelto cuando llegué a la altura de Artemio, mis ganas y curiosidad de ver lo que ponía en la cumbre me pudo, aunque he de reconocer que gustó ir corriendo sin notar falta de aire pues este año apenas he hecho montaña, gracias Artemio por esta pequeña aventura de 15 minutos aunque luego nos cayera una reprimenda, y quien pasara frío le recuerdo un viejo dicho Noruego, “ no existe el frío sino una persona mal abrigada”, a la montaña hay que ir con ropa adecuada  aunque el guía en este caso Orhan, dijera que no iba a ver nieve en estas fechas, hacía 15 años que no nevaba en septiembre , pero nevó, la montaña es siempre montaña y es impredecible, yo llevaba todo mi ropa de invierno sin importarme si habría nieve o no, 4750 metros son muchos metros y el Cáucaso me causa mucho respeto como cualquier montaña de más de cuatro mil metros.

Nos bajamos por el mismo sitio ahora todo es más sencillo cuesta abajo, por la gravilla suelta se baja de escándalo, nos paramos en la garganta con vistas a las paredes que recuerdan Capadocia, donde nos hacemos fotos.

Hemos llegado al campamento, me ha sabido a muy poco y eso que estoy en muy baja forma, Orhan nos propone cenar cordero, y la mayoría que no es vegetariana le parece muy bien.

Picamos algo y todo el mundo se mete en las tiendas a la siesta, yo no puedo, tengo mucha energía, apenas hemos andado diez kilómetros, aunque mis piernas están cargadas por ser el primer día, así que me siento en una gran roca después de un pequeño paseo, el prado lo compartimos con ovejas, con los mastines que los cuidan y caballos, todos ellos vigilados por un pastor, pues las manadas de lobos abundan y tienen que vigilar de cerca, y por la noche las cercan y las rodean por los seis mastines de manera que los lobos no tengan oportunidades.

Y allí en el silencio del prado, no tan silencioso pues las ovejas se acercaban cada vez más a mí, estaba suavemente la voz de Maese Viento acariciándome el rostro…

  • Parece que no has ido a echar la siesta cómo los demás, necio humano, acaso te crees mejor que ellos.

  • Maese Viento, amigo mío, estás hoy muy áspero. Nadie es mejor que nadie, todos venimos y acabamos en el mismo sitio. Déjame hacer lo que me venga en gana. Tú siempre lo haces, pues eres libre, eres el Viento. Escúchame tú ahora, pues yo lo hago…

          Déjame respirar tu aire fresco por la nariz, despacio,  déjame,

 déjame sentir las nubes que se desvisten de azul ante  mis ojos,

déjame oler el suave tacto de la hierba verde que tocan mis pies,

déjame saborear las nieves distantes que se asoman en horizonte,

déjame, déjame en este momento de silencio que todo lo comprende,

 todo lo llena, todo lo mece, en el espacio de tus brazos de viento,

que habla, que susurra, que silba silencios de espacios y vacíos,

déjame, déjame Maese,  tú sabes que me he caído cientos de veces…,

, pero siempre me he levantado, y aunque me sangre el corazón,

aquí estoy, una vez más, aquí en pie, sintiendo, respirando,

dispuesto a mojarme en todos los charcos, una vez más.

 Y no me juzgues por ello, no me juzgues, pues lo que hago es…

    simplemente…          VIVIR

Me he despertado de mi letargo por el balido del rebaño de las ovejas, mientras estaba sentado aparecieron un pastor joven, Babek y Orhan,  y han rodeado a un cabrito, que será nuestra cena, y así es, vivimos porque otros mueren para nosotros, aunque seas vegano, también acabas con la vida de vegetales, el vivir requiere de la muerte…

Y esa noche Orhan y Angeloti prepararon estofado de cabrito, y nos acostamos con nuestros sueños en la cumbre de Bazardüzü, que al día siguiente vendrían vehículos  todo terreno a recogernos para llevarnos hasta el campamento base  a más de tres mil metros, parece que empieza por fin la aventura…

Y nos metimos en las tiendas con algún nublo, pero según nos contaban no había previsiones de lluvia y a partir de pasado mañana habría un sol muy bueno hasta final de semana, parece que tendremos nuestra cumbre de 4500 metros si la montaña lo permite…

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26 de septiembre de 2023. La Retirada.

No sé qué hora era, pero me desperté por el sonido de la lluvia en el techo de la tienda, salí como un resorte de la tienda a coger los petates que estaban fuera y meterlos bajo el techo de la entrada, habíamos confiado en las previsiones y las dejamos fuera y se estaban mojando, no son impermeables.

La lluvia aprieta lleva horas lloviendo, ha amanecido, la lluvia está transformándose poco a poco, primero en pequeño granizo muy fino y finalmente en copos grandes, esto no estaba en el guion, no podrán subir los vehículos todo terreno a recogernos.

Y no queda otra opción, Orhan pide por teléfono al pueblo unas mulas para bajar nuestros petates y recogemos las tiendas en medio de la gran nevada.

 

Tendremos que volver andando hasta Xinaliq , bajo una intensa nevada, es el final de la aventura de Bazardüzü, con nieve recién caída será imposible subir, nos bajamos contentos por la belleza de la nevada pero tristes por la sensación de que nunca subiremos a nuestra cumbre, es la sensación agridulce de contemplar la naturaleza en su esplendor y al mismo saber que te va a impedir conseguir tus sueños, la montaña es así, pero aquí seguirá…

 

Dejó de nevar y luego de llover, nos encontramos en un cruce a los todo terreno que estaban esperando a las mulas, nosotros seguiríamos andando, Angeloti aprovechó para hacerse foto con los conductores y con Babek.

 

Llegamos en un par de horas a Xinaliq, que en lo alto de su colina domina la parte más remota del Cáucaso.

 Y nos asentamos en una casa lugareña, tienen una letrina de bloques afuera en la parte posterior, donde hay un pequeño lavabo con un grifo, es la única agua corriente que parecen disponer, en la planta baja hay una  alargada sala con una gran mesa y en  la planta de arriba están nuestras habitaciones.

 

Antes Nayana, Carolina, Angeloti y yo nos habíamos dado un paseo por el pueblo, las calles sin asfaltar con construcciones muy precarias estaban en lo alto de una colina desde las que se divisa todo el valle, a esta altura, los 2100 m, no hay árboles prácticamente por lo que los lugareños se calientan con unos bloques  de estiércol seco con paja, para los que tienen unas estufas diseñadas para ello, la vida tiene que ser muy dura aquí, no tienen conducciones de agua en esta parte del pueblo y por supuesto agua sucia tampoco por lo que tienen que salir a sus letrinas en invierno a varios grados bajo cero, un niño nos interceptó y nos llevó a un museo etnográfico donde habían muchos aparejos, billetes y fotos.

 

 

Cenamos, y nos acostamos, al día siguiente subiríamos a una cumbre de más de 3700 metros llamada según Orhan , Kinalik dagi o algo parecido.

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27 de septiembre de 2023. La cumbre fallida.

 

Nos levantamos otra vez a las cinco y media, el día estaba radiante y totalmente despejado de nubes, parecía una mala broma lo de la gran nevada del día anterior que nos había impedido ir hasta el campo base de la cumbre del Bazadüzü,  haríamos la cumbre consolación de 3700 metros, similar al Teide en altura, sería una ruta larga y con un gran desnivel, Orhan nos había preparado para pasar el río un camión del ejército ruso, por el que nos bajaron por un torrente  muy inclinado con enormes rocas hasta el río, donde contuvimos la respiración,  y cuando llegamos al lecho del río puede hacer una grabación pues ya no eran necesarias las dos manos para agarrarme…

 

El camión nos dejó al lado de un puente que no necesitamos cruzar, pues lo hizo el camión por nosotros y se marchó por donde nos había traído…

 

Cuesta, pendiente ,  cuesta y pendiente durante  varias horas frente al poblado de Xinaliq, antes tuvimos que esquivar unos mastines que  defendían un rebaño, no nos atacaron porque éramos muchos.

 

 

 

 Fuimos tomando altura con Xinaliq a nuestra espaldas custodiando nuestro paso ascendente…

Hasta que llegamos en una subida de mil metros   hasta el cambio de vertiente , y allí se acabó la ruta, la cumbre anhelada tenía una cresta muy fina cubierta de nieve recién caída, la más peligrosa que existe y encima sin piolet y crampones, era un suicidio, y además para empezar a subir hacia la cresta teníamos que pasar una ladera de 45 grados, que no estaba pisado ni por las cabras, una montaña totalmente virgen donde no suben ni las cabras montesas, así que tras un rato de diversidad de opiniones y risas varias nos dimos la vuelta.

Y nos bajamos hasta el pueblo de Xinaliq de nuevo…

Y para celebrar la vida nos subimos a una pequeña fiesta improvisada en los alto del camión militar que estaba aparcado en la puerta de nuestra residencia temporal…

 

 Nos sobró la tarde y salí a ver la puesta, nos encontramos varios del grupo en la colina y bajamos a la plaza del pueblo, donde apareció Orhan y  y estuvimos hablando con los lugareños, allí no ves móviles ni tablets, los niños juegan, se pelean y lloran cuando se pegan, me sorprendía ver niños que actuaban como niños, cada vez más difícil de verlos en nuestras calles de occidente.

Los hombres del pueblo estaban esperando al ganado tras la puesta del sol, primero llegaron las vacas, conducidas por un solo lugareño( se van turnando  por días para cuidarlas, luego los terneros que los traían los niños y luego las ovejas y cabras, y los animales se iban repartiendo por las calles para ir hasta la casa de su dueño que estaba en la plaza esperando la llegada de los animales, la vida muy diferente a como la hacemos aquí, las mujeres están en su casa pues apenas las veíamos salvo en la puerta barriendo.

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Y al día siguiente hicimos un pequeño trekking hasta el cercano pueblo de  Galaxudat donde disfrutamos de las vistas a la desnudez del Cáucaso, y de frente la cumbre de Kinalik que nos había negado su ascenso,  sin poder ver ni de lejos el Bazardüzü , una víbora pequeña mordió a Babek en el dedo índice por querer jugar con ella, menos mal que estaba recién alimentada y el veneno estaba menos recargado, no llegó a perder el dedo en esta vez…

Y en el cruce de la carretera con la entrada a la aldea de Galaxudat nos recogió el mismo minibus de la ida con su chófer mecánico corredor de carreteras y montañas.

 

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Nos volvimos a Bakú, allí estaría nuestro día libre, hicimos turismo, pero lo que más me gustó fue por la noche con luna llena, las fuentes con  sus edificios modernistas destacaba en la oscuridad , aunque la mayoría del grupo se lo perdió al volverse al hotel por la tarde, mañana era día de vuelta y saldríamos para el aeropuerto a las dos de la mañana.

 

Y así se acabó nuestra aventura Azerbayana, no hicimos cumbre del Bazardüzü, pero lo importante es la aventura, las risas, y las amistades que surgen de la convivencia en estos días tan intensos.

Gracias Orhan, gracias Pako Crestas y gracias a todos, espero que nos volvamos a encontrar muy pronto…

 

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