La Covacha desde el Refugio del Brezo. Cielos, nubes, rocas, prados,  arroyos…,  reviviendo tu niño interior.

publicado en: Gredos, Rutas | 2

Y un buen día cuando tenía cinco años, le pedí a mi yo adulto que nunca olvidara a su niño interior, aquel que ríe, disfruta, sueña y vive con ilusión cada minuto de la vida, cada instante con la curiosidad de descubrir un mundo nuevo, un mundo vivo y hermoso en el que ser feliz…, pero realmente no fue así…

Llevaba demasiado tiempo sin hacer lo que me gusta, dos problemas de salud, el último que pudo ser muy grave, me habían demostrado una vez más lo importante que es vivir cada momento de la vida como si fuera el último, llevaba mucho tiempo sin hacer grandes cumbres y mi estado físico estaba lejos de la normalidad, pero le propuse a Ángel, mi hermano gemelo de las cumbres, que hiciéramos La Covacha, una de esas cumbres que para acceder a ellas tienes que estar un día entero luchando con la naturaleza, una gran prueba para mí…

Me levanté a las seis de la mañana ,salí de Villanueva de la Serena y  encaminé mi vehículo hasta el inicio de la pista del refugio del Brezo en Losar de la Vera, dos horas después  junto al restaurante Puente de Cuartos, que regenta mi hermano,  me esperaba en su vehículo, ascendimos por la pista hasta llegar en diez minutos al camino donde nos esperaba Miguel, pastor de Losar de la Vera, la persona que más sabe de estos parajes pues vive en ellos desde siempre y que nos serviría de guía y junto a él venía Peter, un polaco vecino de Miguel que también vive en plena naturaleza y disfruta con ella…

Así que los cuatro jinetes del apocalipsis subimos en coche por la pista que serpentea cruzando la garganta de Vadillo por su parte alta, para dejar el vehículo junto al refugio del Brezo desde donde podemos ver toda la figura de las montañas que  esperaban en silencio nuestros pasos…

Son las nueve de la mañana, tenemos que estar de vuelta sobre las ocho de la tarde como muy tarde pues con el toque de queda a las once de la noche es el margen que tengo para volver a Villanueva de la Serena…

Empezamos a andar, Miguel nos dice que podemos subir por la cuerda (la parte más alta) para luego volver por el fondo de la Garganta de Cuartos y nos parece bien, así que tras ver un cuco posado en un árbol tomamos una pequeña vereda que asciende entre los carabones, como le llama Miguel, aunque  yo les llamaría escobas, piornos , plagaverde o enemigo público número dos de la humanidad(después del mosquito).

En poco perdemos la senda entre los piornos, Miguel se pierde también buscando agua en un arroyo  y nosotros tiramos a nuestra derecha hasta llegar a un prado con rocas redondas y maravillosas vistas.

Miguel va más por arriba, mientras nosotros vamos caminando entre los carabones , que se interponen una y otra vez en nuestro camino hacia la cuerda,  por los pasos de vacas nos vamos deslizando  como podemos, pero llega un momento en que me encuentro atrapado entre los carabonales, algo muy normal en Gredos…

Consigo salir a la vereda tras las indicaciones de Ángel, estamos en la cuerda que divide la garganta del Guijo y la de Cuartos,  aquí tomamos una senda que nos lleva hasta la cumbre del Estecillo, es la mayor pendiente que hay que salvar en el día, pero es senda de manera que apretamos el paso  pues el resto del día puede no ser así, no va a ser así, no habrá senda…

Quedo al final del grupo algo distanciado, no tengo buena forma física después de mi largo tiempo de inactividad, y el asma alérgico empeora con el esfuerzo , voy casi forzando, además no desayuné  pues se me había acabado la leche y el famoso día del Trabajo en el que no se  trabaja me dejó sin compra…

Sigo apretando el paso para no quedar demasiado atrás, empiezan a aparecer nubes en los dos valles, pero las que vienen desde la Garganta de Cuartos nos amenaza con taparnos en forma de niebla…

De vez en cuando paran a tomar una fruta, momento que yo aprovecho para alcanzarles, voy casi forzando por culpa de mi inactividad, nos vamos elevando sobre el valle, las nubes siguen jugueteando a ambos lados de la cuerda por la que ascendemos, mientras Maese Viento nos recuerda que aún no ha llegado la primavera en las cumbres, haciéndonos despertar a la realidad con su fría voz…,¡Maese Viento!

  • “Maese Viento, amigo mío, cuánto tiempo. ¿No estarás enfadado conmigo, pues llevo meses sin escucharte?”

  • Y por qué me voy a enfadar, humano, acaso crees que me importa que me escuches…, sigues siendo pretencioso como todos los humanos…

  • Pues normalmente te enfadas conmigo por no saber hacerlo…

  • Ja, necio humano, si no has sido capaz de escucharte a ti mismo…

  • Maese, si me escucho y ahora te escucho a ti.

  • Eso crees, y qué hiciste con tu niño interior, ¿acaso has actuado bien con la persona que más debiera importarte?, ¿lo has hecho…?

  • Maese…,¡qué invernal me vienes hoy!, es que…, yo. Maese, ¿Qué quieres decirme?…, una vez más me he perdido.

  • Lo sabes muy bien, humano, pero no lo quieres reconocer, largo camino tienes hoy, quiero escucharlo de tus labios, hasta que lo hagas no te dejaré…, sé honesto contigo mismo.”

Sigo andando a la estela del grupo, la niebla  nos sigue amenazando  por detrás, pasamos el alto de las Mesas con facilidad, lugar que tanto hielo tenía el día que Ángel y yo nos conocimos, vamos ahora entre los carabonales ascendiendo poco a poco, ya vemos el Estecillo donde empieza realmente la ruta, donde empieza lo montañero…

En esta pequeña cumbre disfrutamos  como niños   en un pequeño nevero que nos recuerda que estamos en la cima de una montaña, las risas y las fotos se adueñan de todo, alimentando los momentos de disfrute y jolgorio, de  luz y felicidad, reviviendo el sentido de la vida, reviviendo nuestros niños interiores.

Tomamos un tente pie corto, viene la Cuerda Mala, su nombre lo dice, es un resalte de rocas difícil de franquear con hielo, allí destreparemos para bajar a una collado antes de subir a las Azagayas, la montaña es como la vida misma, subes para bajar y luego subir de nuevo…

Me he quedado atrás de nuevo pues paré para abrigarme,  Maese Viento sopla frío y duro desde el lado de la niebla…

 

  • “ Te estoy esperando, necio humano, tienes algo que decirte…,¿a qué esperas?

  • Maese, déjame ahora, no ves que estoy destrepando entre la nieve, vas a hacer que me mate…

  • No busques excusas…, sabes que no pararé hasta que lo sueltes…”

Había varios pasos un poco complicados pues la nieve recién caída del día anterior lo hacía resbaladizo, la roca es redondeada y a veces difícil el asirse, pero mi niño interior disfrutaba del momento como en un parque de atracciones, mientras Maese me atizaba por el costado, y ahora sé que no me va a dejar en todo el día…

He pasado la Cuerda Mala, Ángel y Peter esperan un poco más adelante, ahora hay una senda que asciende de nuevo entre carabonales que nos dejan en el alto de Las Azagayas, aquí nos volvemos a juntar los cuatro pues Miguel siempre va bastante más rápido, él juega en casa y está acostumbrado a andar entre riscos y matojos, y con las laguna del Barco de fondo, nos hacemos fotos y fotos.

 Miguel ha salido disparado una vez más, esta vez iremos por una zona  de trepadas y grandes precipicios, tendremos  pasos complicados, pues queda nieve, eso acelera un poco el pulso, pero despacio se hace todo.

Hemos bajado un poco, pisamos nieve, vamos cresteando por la cuerda evitando la nieve, que está blanda,  grabo a Ángel tras la primera dificultad del día , mientras que Miguel y Peter están muy lejos.

 

Ahora hay una trepada un poco larga, es sencilla a pesar de la pendiente no hay nieve…

Hemos pasado la primera cima que no tiene nombre en el mapa, desde aquí divisamos la laguna cuadrada, hay un nevero que nos hace ser de nuevo lo que somos, niños grandes riendo y disfrutando una vez más como si no existiera un mañana…

Al filo de los precipicios seguimos atareados, ya vemos La covacha al fondo pero antes hay que pasar otra cumbre, nos llevará rato, Maese Viento cubre nuestras espaldas con su gélido aliento que nos hace apretar el paso para no tener que abrigarnos…

  • “ Has decidido decirte lo que tanto te cuesta soltar, hazlo de una vez…

  • Maese, hoy estás pesadísimo, no ves que estoy feliz…, déjame estar, ¡por favor!

  • Hoy estás feliz…, humano,  no  lo olvides los demás días, no lo vuelvas a hacer…

  • Jooo, Maese. No ves que acabo de pasar por un precipicio por el que patinaba con la nieve, déjame en paz ya de una vez…

  • No lo haré, humano, hoy no.

Seguimos trepando y destrepando con la cuerda mientras las vistas a nuestra izquierda se suceden de precipicios y a nuestra derecha de letanías, por fin hemos pasado lo peor…

 

Bueno, no del todo, tras bajar del alto de la cruceta para evitar la nieve hemos tenido que deslizarnos con el culo por una roca un poco lisita, un tobogán para mi niño interior, hasta los pasos peligrosos son hoy un juego,… de niños.

Pisamos más nieve, y por fin veo La Covacha, Miguel ya está allí, lleva un rato parece, tengo que rodear para evitar un nevero con mucha inclinación, pero tras hacerlo llegamosssss…

Las vistas desde la covacha son impresionantes, en un lugar único en Gredos, una vez más estoy aquí y creo que es por quinta vez…

” Escúchame, soy tu sueño,

el que te hizo volar,

sobre nubes y montañas

con tus pies de titán.

Mírame, cuanto puedas abarcar,

ahora es todo tuyo,

siente la caricia helada del viento

que te silba en efluvio.

Degústame, soy la luz de tus ojos,

que en blanco níveo atrapada,

vuela en nube ensoñada

de mares de cielo y azul.”

Grabé un vídeo, apenas he podido comer, Ángel y yo somos conscientes de que nos falta toda la vuelta y hemos tardado más de cinco horas en subir, sin apenas parar, un mundo será la bajada. Así que tras algunas fotos salimos detrás de Miguel y Peter que ya partieron tras apurar su almuerzo…

 

Pasamos un pequeño nevero  de nieve y vemos a Miguel dudar, se ha enriscado y viene de vuelta, tenemos que cruzar un nevero muy empinado para tomar la bajada que va al Collado de los Riscos Morenos, Ángel asume la responsabilidad de cruzar la nieve, Miguel no está feliz, no le gusta la nieve, pero está blanda y cruzamos de nuevo parándonos a jugar como niños esta vez con los guantes, el mundo puede ser siempre azul si dejamos a nuestro niño interior soñar, reír, ilusionarse…, pero por desgracia no nos queremos, no sabemos amarnos a nosotros mismos pues nadie te enseña a ello…

Pasamos entre lisas rocas por lo que es la bajada a la laguna de los Caballeros pero bajaremos a ella, tenemos que volver al refugio que está al sur, un gran desnivel que afrontamos directos entre piedras sueltas y algún Carabonal, Ángel queda atrás mientras las vistas a Extremadura me llenan de frente y Maese Viento agita mi oído…

  • Has decidido ya a hablarte, humano, esta vez ahorra tus palabras conmigo y úsalas para ti. Sabes que debes hacerlo…

  • Maese, una vez más tienes razón, pero es tan complicado perdonarse a uno mismo…

 

 

Lo siento, lo siento tanto…

te abandoné…,

mi niño más hermoso…,

mi niño interior.

Te dejé en  la soledad…,

abandonado…,

dentro de la oscuridad.

  Tus risas se apagaron,

 y tus cielos se derrumbaron,

 …yo permití que ocurriera.

Lo siento, lo siento tanto…

permití que los demás te dañaran,

pues  no supe defenderte.

Dejé  que te  quitaran todos los caramelos,

mientras para ti tomé la hiel…

Lo siento, lo siento tanto…

pues le di todo mi amor a los demás ,

esperando que ese  amor volviera,

mientras a ti te di la exigencia,

para ti tomé el desamor…

Lo siento, lo siento tanto,

 pues tus cielos perdieron su azul,

 tus nubes se volvieron negras,

 tus  días se  tornaron fríos,

tus noches se volvieron interminables,

en  eterna oscuridad,

 y casi te dejé morir…,

abandonado  en el dolor,

…perdido en la soledad.

 

Lo siento, lo siento tanto…

esperaba de ellas,

que  te dieran el amor,

que nos dieran  su amor,

pero nunca creí que lo merecieras…,

nunca creí que lo mereciéramos,

y nadie te puede amar,

si no te amas a ti mismo,

no se puede culpar a nadie…,

 pues todo está dentro de nosotros,

y nadie nos puede dar…,

lo que no nos damos nosotros.

Nos hemos vuelto a juntar los cuatro donde se atisba un sendero muy perdido señalado  por hitos de piedras, en esta zona nos contó Miguel que hay cuarzos  de cristales perfectos, estoy deseando encontrarlos, mi niño interior está deseando de buscar tesoros, espero que me haya perdonado…

Miguel una vez más ha desaparecido entre los carabonales, es incorregible, no está acostumbrado a tener compañía en la montaña, su casa… Yo seguí recto a la derecha y me encuentro un rollo de piedras blancas entre los carabonales, mi niño salta de alegría, me he olvidado de todo, estoy buscando tesoros, me da igual llegar tarde con el toque de queda, escudriño el suelo sonriendo  y saltando cada que encuentro un cristal, Ángel se ha adelantado buscando a Miguel, y Peter tan niño como yo, está un poco más abajo en otro rollo blanco buscando  cristales, mientras el sol sale de en entre las nubes tocando con sus rayos nuestra piel, haciéndonos sentir tan vivos, tan niños, tan grandes, tan maravillosos, en un arco iris de múltiples colores…

He seguido andando tras coger algunos cristales, Peter y yo nos quedamos solos, bajamos  hasta una pradera en la que nos sorprenden múltiples arroyos, con sus infantiles voces tocando nuestros oídos con sus risas primaverales consentidas de mullidos sueños verdes y pequeños saltos cristalinos de vida risueña…

 El verde del prado nos abraza como una madre protectora, acunándonos en su nana de rumores de aguas dulces y frescas, tocadas de cielos infinitos de nubes ensoñadas que me tapan el sol risueño, no quiero despertar…

 

Creo que he vuelto a la realidad, Peter está más abajo y he visto un refugio que es un chozo muy bonito, le digo a Peter que vayamos allí, pues no vemos camino y lo normal es que salga de allí pues parece que estamos los dos perdidos…

Crucé un gran arroyo y cuando me dirijo al chozo escucho a Peter gritarme que iba más abajo haciéndome señales, el ruido del arroyo me impide escucharle, ha visto a Ángel, está abajo esperándonos y de Miguel ni rastro, así que bajo hasta el chozo y tras verlo brevemente, tengo que volver sobre mis pasos y   cruzar de nuevo el arroyo, desciendo por el prado junto al arroyo que tanto me había abrazado con su rumor, Peter y Ángel están ya a mi vista.

Voy caminando deprisa por la empinada pradera, ahora cruzo pedriscales, ahora otro arroyo que viene por la izquierda, el agua cae por todas partes en un sinfín de regueros de vida y ensueños…

Tras cruzar el arroyo me encuentro a los tres esperándome, ha aparecido Miguel, nos cuenta Ángel que  bajó hasta el chozo y al no encontrar  a Miguel le llamó al móvil, y le dijo que se esperara en el lugar en el que se encontraba, Miguel me recuerda cada vez más  a una película de los años noventa, “El guía del Desfiladero…”

Hay tres caminos de vuelta y hemos elegido el del medio pues allí se encuentran los tejos milenarios, dignos de ver, mi niño arde de curiosidad de verlos…

Ángel y yo cruzamos con un poco de  dificultad el arroyo que vinimos bajando para tomar el camino que nace junto a él y nos llevará a los tejos, Peter y Miguel van más adelante.

Siguiendo la senda pasamos otros arroyos pequeños, ahora tenemos que bajar a la garganta que se nos cruza en nuestro camino para volver a subir hacia los tejos, ya va costando el nuevo descenso, Peter que no lleva bastones ha hecho alguna toma de suelo involuntaria, yo no lo hago de milagro, llegamos a la garganta y  Miguel nos advierte de la presencia de un rebaño de machos cabríos justo enfrente, un regalo más en el día de hoy…

Cruzamos el arroyo, y un poco más arriba pasamos un manantial cristalino, donde  estaban emboscados algunos machos cabríos para fotografiarles, Ángel  y Miguel los “cazaron”.

 

Subimos la senda, y en poco estamos en los tejos que están protegidos por una valla. Elegimos uno solitario que nos pilla más cerca de nuestro camino, vamos un poco renqueantes a estas alturas del día.

Es impresionante la efigie del cedro milenario, disfrutamos como niños entre sus ramas, y admirando su retorcido y grueso tronco que nos cuenta historias de cientos de años…

De nuevo toca subir y ahora salimos  a un prado, estamos siguiendo señales que vienen de los cedros y nos llevaran al refugio donde nos espera nuestro vehículo, al salir del prado veo que  nos vamos a meter en la espesura del monte, Ángel y Miguel discurren sobre la mejor manera de volver, Miguel quería subir por el camino de arriba que rodea durante kilómetros por el borde de la garganta, Ángel dice que es mejor seguir los postes que vienen desde los cedros aunque descienden toda la garganta para cruzar el río y luego asciende de nuevo, pero son muchos menos kilómetros. Me paro un segundo para fotografiar un poste y ubicarlo en el GFS, no fuéramos  a tener que volver ya que la espesura del monte es muy grande.

Pero cuando levanto la cabeza estoy sólo, me meto a la derecha entre enormes piornos o carabonales, se anda muy mal, no les veo, les llamo, me dicen que vaya a la izquierda, reptando me introduzco entre los matojos del demonio, y los veo de nuevo, Miguel se ha vuelto a escurrir entre las plantas y no sabemos dónde está, buscándole perdemos  la senda y nos encontramos en una ladera vertical en la que hay que aferrarse a las ramas de las retamas para bajar y no caer, ¡estamos atascados!,   ahora que creíamos que se había acabado la aventura después de casi diez horas de trepadas, luchas con piornos y descensos vertiginosos, estamos en la peor de la situaciones, el suelo resbala, y vemos abajo el puente muy lejos, yo voy muy lento, no quiero hacerme daño con una caída o una rama atravesada, estoy muy torpe, no he desayunado ni comido hoy apenas tres barritas de “huesitos”, noto la hipoglucemia, Peter me espera junto a un arroyo muy resbaladizo, cubierto de musgo, Miguel ya está abajo esperándonos y yo no veo la salida de este embrollo, ¡este Miguel!, hasta que no nos despeñe no va a parar como el guía de la película de los años noventa…

No sé cómo ni cuánto tiempo me llevó, pero estamos fuera, hemos cruzado el puente y hay una vereda preciosa…

Hasta el coche todo es subida, se va a hacer duro, vamos mal de tiempo y no puedo parar a comer, tengo un salchichón que tiene que estar exquisito en la mochila pero me van a cerrar con el toque de queda…

Empiezo a subir de nuevo el último, Peter también se va quedando rezagado,  la senda es preciosa, se me ha olvidado el cansancio, cruza enormes retamas que por fortuna no tienen flor, ¡maldita alergia!, llevo todo el día peleando con mi asma y ya parece que por fin voy mejorando…

La senda estrecha de verde prado se retuerce subiendo con serenidad dejándonos unas vistas inmejorables a la garganta de Cuartos y sus cumbres, el momento es sublime, las sombras luchan con la garganta perdiendo su oscuridad a medida que ascendemos, Peter y yo estamos reventados…, pero muy felices.

Me adelanto un poco y dejo a Peter atrás, quiero comer un poco antes de bajar pues tengo casi tres horas de coche de vuelta, pero a medida que subo me voy encontrando más feliz si cabe, con el gozo de vivir y sentir en un día tan maravilloso…

Hemos llegado, nos hacemos una foto en la fuente del refugio en la que Peter no quiere salir y nos hace la foto, parece que es un “grandísimo” fotógrafo…, o es que estaba despeinado y no veía bien…

Son más de las ocho de la tarde, nos deleitamos por última vez con las vistas a la garganta y emprendemos la vuelta…, llegaré  a las once en punto justo a tiempo para que no me detengan los estados de alarma. Gracias Peter, gracias Miguel, gracias Ángel ha sido un día inolvidable…

  • “ Te olvidas de mí una vez más, humano, lábil es tu necia memoria.

  • Lo siento, Maese, no te he olvidado, créelo amigo. Gracias Maese…

  • ¡Pero eso es todo, humano, no tienes nada más que decir…, habla o calla para siempre, no dejes las cosas a medias…!

  • Sí, Maese, tienes razón…

Perdóname,

mi niño interior,

mi niño más bonito,

pues ahora  ya sé,

que te amo,

 ahora sé que me amo,

ya no necesito a nadie,

para tener el amor,

ni para sentir la vida,

ya lo he comprendido.

Perdóname,

mi niño más hermoso,

mi niño interior.

Perdóname…,

por favor…

Pintaré tus cielos de mil colores,

con tonos de melodías…,

y llenaré tus sueños

de globos mullidos de risas,

y nadaremos juntos

entre  nubes infinitas,

y nos revolcaremos

entre arenas doradas

de suave tacto y dulce sabor,

 y tus ojos brillarán plenos…,

de ilusiones cada día.

Y nos abrazaremos con amor,

cada mañana, cada instante, cada día,

…pues no te faltará un abrazo,

y el ahora  será el instante…,

más hermoso,

para estar contigo,

para sentir contigo,

y dejaremos el pasado atrás,

sin volver ni para mirar.

Y tu sonrisa no se borrará

de nuestro rostro,

…nunca más.

Perdóname…,

mi niño interior…,

y nunca más,

sentirás la  soledad,

…nunca más,

estaremos solos,

mi niño más hermoso,

pues  ahora sé que te amo.

Y  siempre te amaré…”

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2 Respuestas

  1. Francisco Morales

    La Covacha. Pues yo la he subido sólo una vez, inspirado por ti, claro, y por la hermosa garganta de Los Caballeros. La parte alta tenía nieve. Dormimos en Malacatones y por la noche un ratón nos robaba los frutos secos… ¡que bueno!
    Que estrés con el maldito toque de queda…
    Buenos marrones os habéis metido esta vez, con la espesura. Esa vegetación rastrera es temible, y por la zona baja, que alcanza mayor porte… acaba con la paciencia de cualquiera.
    La verdad es que me ha gustado esta propuesta, pero yo la haría cargado, para dormir en algún pequeño refugio y vibrar con la emoción de la noche en esos parajes, escuchando lo que Maese Viento tenga que decir en ese instante.
    Bueno, Fran, espero que estés mejor. Nosotros ya hemos salido 3 veces de la provincia (en coche… andando nos hemos escapado unas cuantas veces más, además durmiendo en alguna cumbre con toque de queda). Este sábado pasamos noche en la Maroma. Estuvo increíble.
    Un saludo, y gracias por tu relato, tus fotos, tus videos… tu tiempo. Gracias.

    • Fran Pascual

      Holaaaa, tocayo. Poco a poco volviendo a la realidad.Tienes razón, hay que volver y dormir en un chozo de los que hay en el valle o bajo las estrellas, tiene que ser sublime…,lo apunto. Ya mismo tiro para Pirineos, estoy nervioso de pensarlo. Ya poco a poco volviendo a la normalidad, este año me tengo que desquitar. Un abrazo, amigo.

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