En Lofoten. 5. Subiendo al Ryten. Aurora aparece. Redamancia.

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“Ella me miraba con sus ojos verdes
brillando de sueños y estrellas
sus labios cerrados no emitían palabra alguna
no había nada qué decir,
estaba todo dicho,
 entre ella y yo no hacían falta palabras,
no hacía falta nada
en el silencio que todo lo dice…
Rodeándome con su abrazo,
danzando juntos en la noche,
brillando e iluminándolo todo,
 y su sonrisa permanente entre estrellas,
dando giros y giros para mí.”
He despertado, estoy en la cabaña de Myrland  de Pablo Losada, creo que he soñado algo hermoso pero no lo recuerdo bien,  pero recuerdo el amargo  sinsabor del nuevo desdén de Aurora, anoche una vez más faltó a la cita, a nuestra cita, lo nuestro es un amor imposible.
Ayer Maese se portó bien y despejó las nubes, pero ella no apareció, tantos kilómetros de desamor ya empiezan a pesar en mi ánimo, pero hoy puede ser el día en que ella muestre su rostro, los pronósticos del tiempo dan una ventana de tiempo menos malo, para el resto de los días dan más de quince centímetros de nieve al día, todos los días, a todas horas, una quimera poder ver el color de sus ojos…
Nos hemos levantado a desayunar a las ocho de la mañana para salir a las nueve, Pablo nos va a llevar hoy a una ruta larga de raquetas de nieve, hacia el mirador de Ryten sobre la bahía de las ballenas, parece que si se cumplen pronósticos, será el mejor día en el tiempo de los días que nos quedan.
Tomamos de nuevo nuestra furgoneta y cruzamos la parte dela carretera  que está en obras, aquí trabajan continuamente, sea la hora que sea.

Amanece de nieves y leves grises que tiemblan acuciados de blancos gélidos  timpánicos de témpanos y reflejos en la carretera.

 

Avanzamos por el fiordo junto al agua que parece un río, pero es mar adentro de las montañas de Lofoten, mientras suena la música de “The Cramberries”, y el sol se esfuerza por asomarse para darnos la bienvenida.

 

Buscamos el pequeño pueblo de Fredvarg, allí comenzaremos nuestra ruta, se suceden los blancos y los grises, las curvas y las rectas nos llevarán indeleblemente hacia una realidad del presente que se presenta como un sueño de blanco y nevado, queriendo dejar atrás la deriva del pasado…

“Atado a un pasado
 que se ha acabado
A la deriva
En línea recta
Sé que todo lo que fui
ya se ha terminado.
Naturaleza muerta,
bajo el agua,
golpe bajo.
Ojalá pudieras ocultar lo que sientes.
Y a la luz de la luna observé
Una nueva vida
a la que pertenecer y conservar.
A la deriva en línea recta
Me persiguen
Vidas viejas desangrándose desnudas
como fantasmas de la negación,
Y te persiguen
Y vienen hacia ti
Y te encontrarán de nuevo.
Ojalá pudieras ocultar
cómo te sientes…”
Adrift Jesse Marchant 2024
Y en un borde de la carretera  Pablo deja la furgoneta junto a la pequeña localidad de Fredbarg, saca las dos bolsas petates y empieza a repartir raquetas de nieve y bastones, empieza la aventura más larga que tendremos en Lofoten.

Hemos empezamos al pie del fiordo de Torsfjorden y tras bordear el lago de Einagsvatnet oculto de nieve, Seguiremos ascendiendo hasta el mirador de Ryten sobre la bahía de las ballenas que mira al norte hacia el polo norte, para después bajar a la bahía cruzando por el lago de  Forsvanet.
 Caminamos unos metros por la carretera y empezamos la vereda cubierta de nieve que nos hace pasar un bosquete, el sol se esfuerza en dorarnos las espaldas de cielos, horizontes , y líquidos distantes de letanías.

Hace frío pero el andar nos obliga a pararnos para quitarnos ropa, la blanca cuesta se empina tras pasar el lago de Einagsvatnet que pasa a nuestro lado sin que apenas nos percatemos de su presencia al estar enterrado en la nieve,  mientras al sur el sol nos reta a sacar fotos de Lofoten y Pablo nos las va haciendo de uno en uno  en un recodo del camino.
A medida que ascendemos aparece en nuestro ojos la nórdica playa de Sandbotnen, que riega nuestros ojos de azules y blancos y de grises punteados de cumbres nevadas…

La raqueta me aprieta el empeine del pie izquierdo me está destrozando el paso, me voy quedando atrás cojo en mi dolor que no cede a pesar de ajustar la raqueta, nuestra fila humana asciende  reptando por  del desierto blanco, retocado de dorado que nos sigue persiguiendo.

Alguna otra fila humana se nos cruza ascendiendo, y a nuestra izquierda se asoman los rostro pétreos de las cumbres que dominan al sur la bahía de las ballenas o kvalvika, el Kjerringa con sus 623 m y el Litljordtinden con sus 758 metros, nosotros nos dirigimos al Ryten que domina la bahía al norte con sus 543 m.

Una asiática solitaria con su gorro de osito y su pantalón amarillo sube tras nosotros mientras Maese Viento se afana en soplarnos historias de fríos y soledades nórdicas…
Llegamos al mirador de Ryten, apenas 50 metros por debajo del Ryten, desde aquí se domina toda la bahía.

 

Maese Viento azota pero no persistimos en nuestro empeño de inmortalizar el momento, Pablo nos va haciendo uno a uno foto con la bahía detrás.

Y allí estábamos sobre las nieves y los hielos que flotan sobre el mar, sobre las caídas de que nos rodean en despertares de blanco y grises, solo nos faltaba volar…
“Despiértame,
hay estrellas alrededor
 despiértame
de mi sueño de agujero negro
 despiértame
 nos vestiremos de astronautas
despiértame
 y el sol saldrá.
Toma mi mano y escapemos.
Hoy volaremos.
No tengo miedo.
No tenemos miedo.
Somos libres.
Iremos lejos
Tan lejos.”
White Angels. Kwoon. 2024.
Ins

Nos bajamos de nuestro sueño, quedo atrás, la raqueta me está destrozando el pie, mientras se asoma el sol mirando si volamos de una vez entre las cumbres del sur de la bahía arremolinando Maese Viento las ateridas nubes deshilachándose en las gélidas cumbres…

 

He alcanzado a María, se ha quedado atrás en el descenso al lago de Forsvatnet, ella tiene la peculiaridad que ha inventado una nueva forma de descender con raquetas en pendiente de mucha nieve, el “descenso canario”, consiste en caerse en la nieve cada tres pasos y levantarse sin casi tocar el suelo, estoy admirado de cómo ha desarrollado en tan poco tiempo una técnica tan depurada y además va alisando la nieve en planchado perfecto  para mi paso…

Paramos a comer en el lago a resguardo de Maese Viento, Pablo compró contenedores de aluminio y preparó el almuerzo para hoy, yo estoy más interesado en arreglar la raqueta que me está gangrenando el pie que en comer y parece que al fin lo voy a conseguir, no perderé el pie, al menos hoy. A Moi le ha sentado algo mal de la comida, baja la cuesta bastante revuelto.
Desde el lago el descenso sobre la bahía nos llena de sueños de olas que se baten sobre el blanco, con la montaña de Kjerringa detrás.

 

Y la arena acoge nuestros pasos enraquetados…
La playa nos acoge en su seno como si fuéramos ballenas de la bahía…
Cruzamos la playa y Pablo nos lleva hasta el oculto refugio de surfista de “Makuna  Matata”, donde hay que doblar el espinazo para entrar.
Disfrutamos de la pequeñez del refigio que parece sacado de un cuento de Talkien , pero ahora toca  otra vez subir una gran pendiente para dejar la playa.

Así que ascendemos en nuestra soledad perforando el manto de nieve, camino del collado de Moltinden  tomando de nuevo los 200 metros de altura, parece que estamos subiendo una montaña de los Alpes, pero nos saca de nuestro error el sonido de las olas a nuestras espalda, inaudito para mí hasta ahora.
En el collado Maese Viento nos alcanza gélido y nos obliga a taparnos con lo que tenemos de ropa.

Aquí todo parece sacado de un cuento nórdico, mires donde mires hay paisajes que podrían ser los más bellos que has visto en tu vida.

 

 

Pero al bajar nos alcanzan las vistas a  Lofoten y en poco nos metemos en un bosque petado de nieve, que va  a hacer nuestras delicias el cruzarlo.
Alcanzamos la carretera, nos queda un km por ella, nos quitamos las raquetas para caminar .Son más de las cinco y cuarto cuando llegamos de nuevo a la furgoneta en la carretera, recogemos  las raquetas y los bastones, nos volveremos a Myrland , hoy es el día que más esperanza hay de un encuentro con Aurora.

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Hemos llegado a casa, tenemos toda la noche de espera con Aurora pues parece que se ha despejado y posiblemente sea el único día para verla, pues dan nublado y nieve para lo que queda de semana.
La sección femenina del viaje, Marta, María y Omaira  se ha metido en el jacuzzi y entre risas y palabras gordas han cumplido con el baño de nieve, ya se pueden considerar auténticas Noruegas…

La espera de Aurora, mi amor imposible,  se hace larga, Pablo desde su habitación de arriba ve el cielo donde suele aparecer, a las diez y poco aparece Aurora suavemente, salimos y con nuestros móviles captamos colores verdes que no se aprecian en la realidad, Aurora no se decide a darnos su visita, no nos ofrece su baile, entre estrellas,
Vamos haciendo fotos, pero la sensación es que su timidez nos acompaña, no habrá romance. Marta está muy empeñada en verla, es la que más ganas y energía emplea. No subimos a las habitaciones, y a las once y media Pablo nos advierte  por un whatsapp  que está otra vez, nos bajamos, sigue siendo débil, es un poco decepcionante, algo más que en Inari. Nos subimos un poco cansados de su desdén…
Son las 00:05, en el whatsapp, llega un mensaje de Marta, aquí está otra vez, apenas llevo 10 minutos en la cama, da pereza salir, Rafa ya está dormido y César masculla algo entre dientes pero no se levanta. Con trabajo me levanto, me bajo con pequeña ilusión, y al salir al porche, me encuentro con los ojos de Marta llenos de brillo y de ilusión, sus ojos  reflejados de verde, se ha hecho casi de día, y en el cielo,ahí estaba por fin. Aurora en su baile estelar…

Cruza todo el cielo como un río de agua blanco verdoso, se gira  sobre sí misma soltando por los bordes destellos de rojo y naranja, Aurora, mi Aurora, baila para mí, por fin.

 

Marta y yo no damos crédito, es lo más hermoso que hemos visto jamás en el cielo, y su voz habla solo para nuestros oídos, no todo el mundo puede escuchar su susurro…

Con este romance ya puedo morir feliz, Aurora y yo en redamancia…
“Ella me miraba con sus ojos verdes
brillando de sueños y estrellas
sus labios cerrados no emitían palabra alguna
no había nada qué decir,
estaba todo dicho,
 entre ella y yo no hacían falta palabras,
no hacía falta nada
en el silencio que todo lo dice…
Rodeándome con su abrazo,
danzando juntos en la noche,
brillando e iluminándolo todo,
 y su sonrisa permanente entre estrellas,
dando giros y giros para mí.”
Pisandocumbres 2026.
“ Y entonces dije que si descubrimos
que el mundo se acaba mañana,
me contentaría sabiendo que tus labios
fueron los últimos que toqué
con los míos…”
Hiatus
Fortune´s Fool. 2013.

REDAMANCIA.

Es el acto de amar a quien te ama, definiéndose como el amor correspondido, recíproco y pleno.

 

 

 

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