SUEÑO AZUL

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Dentro del mar nací
entre algas de sial,
en un barco añil
salí de las olas del mar.

 

Mi madre era sirena
no sé si del mar,
pero era todas las penas
de mi padre su amar.

 

Un día ella desapareció
tras un buen pecho velludo,
padre y niño dejó
tirados como un felpudo.

 

De padre no era el dudar;
unas buenas botas de goma,
unos consejos de aploma,
y el niño, a trabajar.

 

Entre cajas embarqué
a pesar de mi corta edad,
día y noche arranqué
de los suelos claridad.

 

Entre redes y anzuelos
pasaron varios años,
sin darme cuenta jovenzuelo
y en tierra un extraño.

 

Por fin fui patrón
de la quilla que pisaba
sin tener que ser ladrón
de mi padre lo heredaba.

 

Y libre como alcaudón
raudo como el viento,
en el reino de Poseidón
nadie más era su aliento.

 

Mis ojos eran gaviotas
mis pies eran medusas,
de sal eran mis botas
de algas era mi blusa.

 

Así pasaban años de mistral
en mi barco de añil,
surcando olas de cristal
tras figuras de regaliz.

 

Pero un día en un puerto
una rubia del norte,
me dejó medio muerto
con su buen porte.

 

Mis ojos estaban nublados
de sus cabellos y sonrisas
de sus ojos azulados
y de su voz de brisa.

 

Pero tenía que dejar
mi barco y aparejos
y con ella viajar
si la quería muy lejos.

 

Pregunté a mi corazón
si siempre la amaría
pero ella en su cajón
escondido lo tenía.

 

Cuando mis olas cambié
por verde abril
nunca jamás volví
a ser el que fui.

 

Mis manos de pescador
se quedaron sin red
mis ojos de oteador
se quedaron sin ver.

 

Aquí no luce el sol
ni hay cielo azul
solo triste caracol
buscando sus pies.

 

Desde que el mar dejé
no he vuelto a sonreír,
no veo más agua junta
que el aceite de freír.

 

A veces miro al cielo
y veo las olas del mar
y escucho en mi anhelo
mi nombre clamar.

 

Pero ya no volveré
nunca a salitre oler,
por mucho que empeñe
en ser Dios del beber.

 

El corazón que perdí
ahora sé donde está,
en cajón no se encuentra
sino en jaula de coral.

 

Y mi vida pasará
lejos de la arena
y aunque fuera eternidad
no olvidaría mi pena.

 

Así vendrá la eterna calma
y mi cuerpo bajo un abedul,
pero al fin volará mi alma
por siempre a mi sueño azul…

 

2 comentarios

  1. Manuela Sanz Cerezo

    Que fácil perdemos la esencia por una ceguera que llamamos amor. Ya lo dicen , no hay más ciego que el que no quiere ver… lo peor es que por mucho que oigamos o veamos, no somos conscientes hasta que no tocamos fondo. Hasta que la vida pierde todo sentido y ni , ni siquiera tus hijos, tu sangre, tus raíces consiguen sujetarte a ma vida…. pero si consigues salir del vacío, aprendes, aprendes mucho…Gracias por tus escritos, amigo. Un ABRAZO.

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