No me digas que fue un sueño…
Un pétalo de color blanco unido a seis más forman una flor, una flor blanca se cuelga de una rama y se aprieta junto a muchas más flores blancas con sus pétalos blancos en un brazo blanco, brazo blanco del cuerpo inmaculado de un árbol, de dos árboles, de tres árboles, de cuatro árboles, que se abrazan, y se mezclan en la distancia, se enredan entre sí en el color de blanco de cientos de árboles que forman la llanura inmaculada y cándida que sinuosa sube por breves colinas , colinas blancas de la vega extremeña que ocupan mi vista en un día de marzo, pero, no, ¡No quiero estar aquí!
Y al mirar las colinas blancas, no veo árboles, no veo flores, veo en su lugar níveos trazos, que se difuminan en montones de nieve y siento el sonido sobrecogedor del silencio en el azul infinito, infinito hielo, siento que sigo en mi sueño…, donde se fusiona la montaña, el hielo, la nieve, el mar y la noche boreal en sus prístinos colores…¡ no!, ¡no me digas que fue un sueño…!
Cierro los ojos y escucho la voz de Maese Viento, solapándose en el frío de mi cara, la roza, la toca, me habla, y me dice que abra mis ojos humedecidos de melancolía, pues el sueño fue mucho más que un sueño, el sueño de la realidad del ártico…
Si, en el ártico, en la belleza de los colores nítidos; azules…, azules celestes, azules pálidos, azules prusia, cobalto, índigo, turquesa, y el garzo profundo reflejo de mis ojos deshaciéndose de grises, grises perla, grises acero, grises pizarra ,y todo comprendido en el blanco, blanco inmaculado, el blanco que lo abarca todo, inmaculado de sombras, sombras suaves, sombras luminosas de tenues sonidos marinos que se arrojan en la playa, rodeándome, hablándome, enseñándome sus formas tranquilas, sus cuerpos gélidos de hielo y témpano donde se incrustan las coloridas casas de madera, dando contraste a la nitidez helada,… todo es tan hermoso en Lofoten, tan bello, que a veces es hasta doloroso…, Lofoten, las islas Lofoten, las islas de la belleza nítida.
Y el sol arrebolándose tras las nubes, tratando de sobresalir de las nieblas, tímido y jovial de la mañana que parece que nunca avanza, que siempre es temprano, pues la luz no madura a tonos cálidos, en este reino del frío el color es de hielo y el calor es el de tu corazón que se emociona al ver tanta belleza…
Lofoten, las islas templadas de hielo, la suave conquista de la Aurora que se mueve en la oscuridad elegante con su baile etéreo lleno de tonos imposibles que alumbra la noche tapando las estrellas, estrellas tímidas del brillo de la aurora, todo aquí en Lofoten es inefable…,¡no!,¡No me digas que fue un sueño!
¡Maese Viento, por favor!, llévame allí ahora…
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Te dije el andén 4, no el 3. Te has metido en el otro tren.
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Me dijiste que venía de Trondheim, César. Así que estuve buscando el andén 4 y como no lo veía, pensé que tenía que ser el andén 3, pues viene a esa hora uno de Trondheim y va a Oslo S.
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Pues yo vengo a por ti en el otro, te has montado en el tren de una compañía privada, y no me puedo cambiar, te han cobrado el doble por el mismo trayecto.
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Pues no lo entiendo, dos trenes a la misma hora y el mismo recorrido pero el privado vale el doble, me han cascado 24 euros.
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El tuyo es el de los guiris, los locales no se meten en él.
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Pues va lleno, esto está a tope y veo noruegos.
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Pues chico, no lo entiendo, les sobrará el dinero a la gente, asómate afuera y me saludas, estoy viendo tu tren, mi andén está justo arriba del tuyo y acabo de llegar. Vine desde Oslo a recogerte al aeropuerto y nos volvemos cada uno en un tren diferente.
Y justo en ese momento se cerraron las puertas, el tren partía, humano se despidió de César en la conversación del whatsapp, puso la mochila grande y la pequeña que llevaba para este viaje en un portamaletas junto a la entrada y se sentó tranquilamente, …por fin se podía relajar y empezar a disfrutar.
La verdad que era una “cagada” el haber tomado el otro tren a Oslo S, César había venido desde Oslo S al aeropuerto a recogerlo, pero César, ferroviario hasta la médula siempre estaba encantado de viajar en el tren y en veinte minutos se encontrarían en la estación de tren de Oslo S(Sentrum).
Humano le había propuesto hacer a su amigo César este viaje a Lofoten, y aunque inicialmente se negó por temas laborales unas semanas más tarde aceptó, César es un ferroviario amante de su profesión, y por ello viaja mucho durante todo el año por todo el mundo, suele hacerlo en solitario pero a veces coincide con humano.
Humano había decidido ir este año al ártico con los días sobrantes del año pasado de libre disposición de su trabajo, que tenía que gastarlos antes de marzo. Era una forma de exponerse a situaciones de frío y meteorología extremas bastantes controladas, la montaña siempre es más compleja y peligrosa. Siguiendo las señales sintió que tenía que ir a Lofoten, y cuando por Facebook le llegó la publicidad de “Mountainpics adventures”, sintió que ese era su viaje, eso es lo que se dice siempre a sí mismo pero en realidad es que me escucha cuando yo le hablo, a veces consigue hacerlo, la mayoría de los humanos estáis sordos a mis palabras.
Humano estaba disfrutando del viaje, parecía que vivía un cuento de navidad, nieves, bosques de blanco en el atardecer dorado, casas de madera, luces azuladas y amarillas que se filtran entre los edificios que se alternaban delante de la vía del tren que avanzaba silenciosamente…
Siempre lo más estresante para él era llegar al destino, tenía que hacer tres horas y media de viaje en coche hasta el aeropuerto de Madrid y luego dejar su vehículo en un parking, ir al aeropuerto y pasar los controles del aeropuerto, nunca se acostumbraría, a la sensación de peligro de la carretera en el viaje de Madrid, luego le venían diciendo que si no tenía miedo a la montaña…
Son las cinco de la tarde y ya anochece en Oslo, humano llegó y se bajó del tren, subió desde su andén en una empinada escalera mecánica hasta la estación y se colocó delante del cartel informativo a esperar a César, César llegaría 5 minutos más tarde en otro andén de las 19 vías de la estación.
Pasan diez minutos, César no aparece, le manda un whatsapp, -estoy en los carteles grandes-, al poco rato le contesta –Qué carteles-, – En los que ponen las salidas y llegadas de los trenes,- Ah, en los paneles informativos, si acabo de pasar por allí, ahora mismo, no te muevas de allí , que ya te me has perdido en el aeropuerto que no lo hagas en la estación.- Ah, Vale , César, no sé cómo no me has visto, llevo un parka rojo que parezco Papá Noel.-
Por fin César y humano se encontraron, César había alquilado un pequeño apartamento por poco más de 400 euros tres días cerca de la estación, se dirigieron allí para dejar el equipaje y luego decidieron ir a conocer Oslo S ya anochecido, César había llegado al medio día desde Bergen, ya llevaba dos día viajando en tren por Noruega.
Humano maldijo su mala cabeza, se había dejado su gorro de invierno estilo trapero o “ushanka”, y a pesar de que llevaba capucha con borde de piel su gran pluma rojo, se le estaban congelando las ideas…
César le explicó todas las actividades que podrían hacer desde ese momento, jueves por la tarde, hasta el domingo por la tarde que se irían a Lofoten donde le esperaba la aventura de una semana coordinada por Pablo Losada de “Mountainpics adventures”.
Si se compraban con la aplicación “ruter” un billete para la zona 1 de Oslo ,tenían por once euros todos los viajes que quisieran en el ferry del fiordo de Oslo y en autobús, tranvía y metro durante 24 horas, visitarían las islas del fiordo, la estación de esquí donde podrían hacer senderismo en nieve y además tirarse en trineo por una pista nocturna de 2 km que acababa en la estación del metro y te volvía a subir para volver a tirarte, muchas actividades en Oslo cubierto de nieve y hielo con temperaturas más bajas de lo habitual para esa época.
El tema era el tiempo, daban temperaturas por debajo de los doce bajo cero para el día siguiente, menos quince los siguientes días con posibilidad de nieve, pero humano sabe que estas previsiones cambian continuamente y solo yo sé lo que va a ocurrir, porque yo soy quien empuja las nubes a mi antojo, yo soy quien lleva el calor hacia las zonas frías, yo soy quien remueve el mar en olas, ya sabrás quien soy, necio humano que no me escuchas, pues tus oídos sordos no están tras tus orejas y tus ojos que no ven no están en tu cara…
Todos me conocéis, sabéis quien soy, pero no lo sabéis. Creéis que me conocéis pero no tenéis ni idea.
Creéis que Yo Soy quien silva en la reja de la ventana, quien tuerce las ramas de los árboles con mi ira, quien te roza los cabellos y te los alborota, quien te corta la cara en la fría mañana, el viento.
No, Yo Soy mucho más, mucho más que el simple viento, debes saber que cada vez que susurras, que gimes, que comes, que hablas, que respiras… yo lo siento, yo lo sé.
Yo Soy aquel que seca tus lágrimas…, cuando te afliges,
Yo Soy aquel que sostiene tus risas…, y las lleva a otros oídos,
Yo Soy aquel que te arranca los suspiros,… cuando sueñas.
Pues todo lo sé de ti, en tu sangre viajo y en tus células, habito,…silenciosamente, sigilosamente, sin que lo sepas.
Os conozco muy bien, humanos, os creéis muy inteligentes, muy listos, malgastáis vuestro limitado tiempo en penar el pasado y en preocupar del futuro que nunca sucederá, rellenáis el espacio con vuestro ruido, y os lo lleváis a todas partes, teméis escuchar mi voz, que siempre os dirá la verdad, estáis sordos y ciegos, y nunca me veréis ni escucharéis si sólo oís el ruido de vuestras necias cabezas…
Vosotros, los humanos, os atribuís la capacidad de ser la única especie racional, ¡Ja!, necios, tontos, estúpidos, lelos, botarates, sois lo peor que ha visto la Madre Tierra, os aferráis a poseer cosas materiales, y vuestra avaricia no tiene límites, queréis poseerlo todo y nada es vuestro ni lo será nunca, ni siquiera cuando lo destruyáis, y cuando desaparezcáis del planeta sólo yo os recordaré, por un breve instante, tan breve como vuestro necio paso por Madre Tierra.
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Maese Viento, por favor. Para ya. Te has vuelto a adueñar de la narración de mi historia.
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Me pediste volver al ártico, cumplí tu deseo. Estás aquí de nuevo, así que cierra tu abertura bucal y vive de nuevo, necio humano.
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Sea así, Maese. Sólo te pido que a veces me des algo de voz…
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Haré lo que me venga en gana, humano, y tú lo sabes.
En Oslo los supermercados abren hasta las once de la noche y algunos son de 24 horas, la vida en Oslo es muy cara comparándola con los que viven en España, cualquier hamburguesa cuesta 30 euros y un plato más elaborado se va a los 50 euros en coronas noruegas.
César y humano visitaron las calles iluminadas de Oslo Sentrum, en muchos sitios seguían con decorados navideños y la nieve se adueñaba de las aceras en cuanto salían de las calles principales, humano estaba pasando mucho frío, no paraba de acordarse del sombrero olvidado en el apartamento, se acercaron al puerto y vieron las saunas flotantes junto al mar, se prometieron probarlas si había ocasión.
Al final del día acabaron en un supermercado comprando comida prefabricada para cenar en su apartamento. Pues la factura de comer comida basura en un restaurante se acercaría a los cien euros.
Amanece en Oslo, el día está gris de mis nubes con algún copo que dejo escapar, César y el humano se han dirigido al puerto en busca del Ferry de las diez de la mañana, hasta las cinco de la tarde pasará entre todas las islas del fiordo de Oslo en un barco por cada hora.
El barco zarpa puntual, el frío hace encogerse en sus ropas a humano que mira sorprendido los colores del mar, mientras el reflejo de la fortaleza de Oslo se mira en sus aguas, se desplaza lentamente y silenciosamente sobre las aguas, aquí en Oslo casi todo es eléctrico, hay cruceros de gran calado atracados en el puerto y mientras de desliza deciden no bajarse en una primera vuelta al archipiélago para ver desde el barco todas las islas; Hovedoya, la más grande, Lindoya, Nakkholmen, Bleikoya y Gressholmen-Rambergoya.
Las islas cubiertas de nieve se asientan dentro del agua surcadas por casas de madera de colores vivos destacando entre los árboles, los humanos alternaban la cubierta del barco con las cabinas y salones para entrar en calor.
Humano cerraba los ojos y escuchaba el susurro del agua salpicando, veía como se acercaba cada puerto de cada isla en el zigzagueante surcado del navío de isla en isla quebrándose en su trayecto para pasar junto a la tierra animada de casas de madera de todos los colores, vacías, casi en su totalidad, pues los más de diez grados bajo cero no hacían muy habitables esas islas en invierno, pese a ello todos los días durante siete horas las islas estaban comunicadas con el puerto de Oslo por este servicio público en barco.
César y humano se han bajado en el puerto de la isla de Hovedoya la más grande, parecen ser los únicos turistas y hasta dentro de una hora no volverán a tener otro barco, así que quieren aprovechar el tiempo y comienzan a caminar, no les queda otra opción, la sensación térmica es inferior a quince bajo cero y quedarse quieto es congelarse.
Primero se acercan al embarcadero de la isla, los barcos están aprisionados por el hielo dentro del puerto y no se ve alma humana por ninguna parte.
Ahora van a la zona del Este de la isla buscando la escuela del mar, caminan entre la nieve por un bosque denso invernal, para su sorpresa llegan tras pasa una playa y a través del bosque a la escuela del mar y se encuentran niños con sus tutores dentro de la instalaciones, por un instante se creyeron solitarios en la isla, pero no era así.
Se recorrieron la isla tranquilamente, humano sentía que el tiempo se había detenido, se había congelado de hielo, en el azul dominante todo se acompasaba al ritmo lento del hielo que crecía bajo sus pies, el sol acomplejado apenas se asomaba entre la nubes y todo se intercalaba en segundos de hielo y témpano que enlentecían el tiempo al ritmo del corazón sorprendido de la belleza de madre tierra que se expresaba en cada paso , en cada árbol, en cada rincón de nieve que cada vez superaba en belleza al rincón anterior.
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Para que luego digas humano que te silencio, y encima te ayudo a expresar con palabras lo inenarrable que sientes dentro de ti.
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Maese, ¡no rompas el hechizo del momento!, anda, déjame caminando en mi silencio, solo roto por mis pasos y los de mi amigo César. No quiero irme de aquí, déjame congelado en este momento para siempre…
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No lo digas muy fuerte, humano. Que si soplo con fuerza lo puedo hacer cuando quiera.
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Joooo, Maese. Te lo tomas todo literal. Anda, me callo y sigue con la narración.
Y a medida que los segundos avanzan el sol aparece sobre el mar, se ha deshecho por un momento del abrazo de las nubes que le quieren adormecer en su lecho invernal, como si quisiera dar un tono cálido a la gelidez solitaria de la isla, César y humano han llegado a una playa y luego arriba se encuentran unos cañones de rojo apuntando al mar, como si su mirada de plomo quisiera anunciar la llegada sobre el mar de algo nuevo, algo que consiguiera parar el tiempo totalmente, humano suspira mirando la silueta de la siguiente isla, han decidido abandonar Hovedoya, tomarán de nuevo el barco hasta Lindoya.
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Son las 13.30 y llegan de nuevo al puerto de Hovedoya, ocho minutos según el cartel antes de que atraque el barco, que en apenas diez minutos les dejará en el puerto de Lindoya Ost, y una vez allí la idea es cruzar la isla para llegar al puerto de Lindoya Vest y desde allí volver a Oslo.
Pero esta isla está llena de casas multicolores de madera, prácticamente todas invernando vacías con sus botes o barcos en sus jardines esperando el verano para ser revividas de su letargo.
De nuevo comienza su periplo caminando por la nieve, entre las casas y el silencio de mi voz que apenas suena en sus oídos, están de suerte, el sol y mi silencio hacen que no tengan los humanos tanto frío, de nuevo el tiempo se detiene gélido de blancos y azules hielo y azules marinos contrastados por el cielo imperante de nubes que taparán en breve al sol atemorizado de frío…
Pasos y más pasos, se asoman a cabañas atrancadas por la nieve blanda, algunas están vacías con un colchón en medio y apenas una mesa y una silla, son raros estos noruegos, piensa humano, se cruzan con una pareja cargando bolsas de plástico.
Son las 15.30 horas y han decidido volver a Oslo, sus pasos se cansaron de la soledad insular, en la pequeña caseta del atracadero de Lindoya Vest hay una diminuta estantería con libros medio atenazada por la nieve, ven llegar de repente una pareja de noruegos entrados en edad y sin mediar palabra se dirigen hasta la estantería donde dejan más libros para ser leídos, Noruega es otro país muy diferente a España…
El barco llega de nuevo, el mismo joven que de todos los trayectos, se encarga de abrir y cerrar la gran puerta de embarque, siempre han coincidido en el mismo barco de los dos que están haciendo el servicio continuamente, César y humano entran corriendo a la cabina buscando el calor que les ha faltado durante varias horas…
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Esto del bono es un chollo, vamos bien de hora, si quieres tomamos el metro cuando lleguemos a Oslo y nos acercamos a la estación de esquí a ver la pista de trineos, está iluminada y no cierran hasta las diez de la noche.
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Vale, César. Ya que estamos aquí nos acercamos, no podemos desperdiciar el tiempo. Aunque eso de tirarse en trineo no es algo que me emocione demasiado en la idea.
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Bueno, nos acercamos y vemos. Que parece que hay bastante nieve. Hace unos días no había apenas nada.
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César y humano se alejaron del barco que les había brindado minutos intensos en su pasado y se acercaron hasta la estación de metro más cercana, allí esperaban con esquíes algunos viajeros.
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Oslo es la única capital del mundo que tiene un metro que te lleva hasta una estación de esquí, es un lujo.
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Con razón Noruega encabeza el medallero de los juegos olímpicos de invierno , no tenía ni idea de esa circunstancia, César.
Se suben al metro, que en poco se convierte en tranvía, la nieve les rodea por todas partes, desde las islas vieron nevar en esta parte de la ciudad, los barrios externos de Oslo están cubiertos por una capa gruesa de hielo y nieve pavimentándolo, las casas se cuelgan de las laderas en el ascenso de tren con lagos al fondo del valle y la luz del día agotándose poco a poco.
De repente, en una parada, suben decenas de jóvenes con sus trineos y sus cascos, y se mezclan con los esquiadores que se han ido subiendo, mas parece un “forfait” de Suiza que un metro.
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Cinco paradas más adelante llegaremos a Frognerseteren, la estación de esquí , la pista de trineo sale de allí y es de 2 km y cuando llegas al final de ella te subes al metro en esta parada y te vuelves de nuevo a Frognerseteren para volver a tirarte todas las veces que quieras.
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Bueno, ya sabes, vemos que tal está la pista y decidimos.
Humano no estaba nada convencido de tirarse por una pista de trineos, la velocidad no es algo que le atraiga demasiado, desde niño sufre de vértigo, pero vértigo de mareo con los movimientos bruscos, no vértigo de miedo, pero esta vez se han invertido los papeles, César es el que anima a Humano a hacer cosas peligrosas, el mundo al revés.
Se han bajado del metro, y preguntan por el alquiler, bajando la cuesta hay varios sitios, entre resbalones por el hielo entran en el primero que se encuentran y tras rellenar una ficha por unos módicos diez euros les dan un trineo con casco, y también hay guantes, botas y gafas de ventisca de alquiler.
Toman su trineo y se encuentran con un japonés con su hijo de diez años, César le pregunta que qué tal y les dice entre risas que es un poco peligroso que le han dado dos veces por detrás, humano se está acongojando, no le gusta que le den por …
Van caminando buscando la pista, y se encuentran a un noruego de más de cuarenta años, les dice que es muy peligroso, que los trineos no tienen freno y la pista está llena de hielo y es imposible frenar, que tiren con todas sus fuerzas de las bridas para hacerlo, normalmente hay más nieve y no se alcanza tanta velocidad al bajar.
César está entusiasmado, se tira por la pista que en un inicio es bastante llana y se puede controlar.
Humano va detrás, no quiere tomar velocidad, pues siente que no hay nada de control y nunca se ha tirado en un engendro de ese tipo.
Vienen unos jóvenes por detrás, le han golpeado sin hacerle daño, otro pasa rozándole por la izquierda a velocidad vertiginosa, mientras el patín en el hielo suelta chispas, está nevando y está haciéndose de noche.
Humano lo está pasando mal, va más tiempo andando que en el trineo, teme que le alcancen por detrás a más de 60 Km por hora o más que se puede alcanzar con el hielo. Una adolescente se ha salido de la pista y se ha caído por el talud, la nieve le amortigua el golpe y no se llevó ningún árbol por delante, consigue volver4 ayudada por sus amigos entre risas.
Humano está sudando tinta, ve trineos peligrosos por todas partes, pero cuando hay hielo es más seguro tirarse en trineo que ir andando, se le está haciendo larguísimo el trayecto, está deseando ver el tren, al final la pista es muy empinada y ha tomado velocidad, la nieve se le salta a la cara. Le arden los ojos y no ve nada, las gafas de ventisca las lleva en la mochila de la espalda, como si tuviera ojos en la espalda, Humano maldice su estupidez.
Por fin ha llegado a la estación, sano y salvo, el trayecto más largo de su vida, le han adelantado treinta adolescentes muertos de risa, y él maldiciendo la experiencia…
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Venga, nos tiramos otra vez. Que esto mola. No hemos pillado demasiada velocidad con toda la gente que había en la pista. A ver si esta segunda hay menos gente.
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De verdad, César. Hay que tirarse otra vez…, he rezado para llegar abajo. Me parece muy peligroso, si te sales hay árboles para estrellarse.
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Venga, que no es para tanto. Esto consiste en no salirse, luego el trineo se para solo en la pista cuando tiene que pararse. Venga, tío, vamos otra vez.
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Joooooo, vale. Respondió humano mordiéndose los labios, poca ganas tenía de jugársela de nuevo.
Humano no está nada convencido, prefiere las placas de hielo en una ventisca en la niebla a diez bajo cero en una montaña de tres mil metros, es un entorno mucho más controlado que una pista llena de adolescentes a 60 Km por hora con trineos que saltan chispas de sus patines…
Se bajan del tren y ahora toman la pista desde arriba, humano no se fía y va caminando, la pista hace una curva muy vertical con hielo azul muy resbaladizo al final de la recta, decide sortearla caminando por fuera.
César se ha lanzado y en medio de la curva se ha parado un padre con dos hijos de unos doce años, el más pequeño se le ha parado el trineo, César no puede frenar, pues están justo en medio de la curva en la zona con más pendiente, se los lleva por delante a los dos trineos, les pasa por encima…pero, no les ha pasado nada. Humano ya estaba pensando en llamar a un helicóptero sanitario…
Humano toma una decisión, todo a nada, vida o muerte, en realidad no es tan trágico, le he dicho que no le va a pasar nada, y esta vez va a confiar en mí.
Así que ha pensado que si es el más rápido bajando nadie le puede chocar por detrás, solo tiene que tratar de no salirse y de no espachurrarse contra un árbol, para ello se pueden dar patadas al talud y manotazos en la pista como ha visto hacer a los que bajan rápido, lleva guantes de goretex y botas de alta montaña, no es problema el hielo.
Respira profundo y tras pasar la recta donde se salió la adolescente, se lanza, lleva esta vez las gafas de ventisca puesta en la cara y no en la espalda, la velocidad es cada vez mayor, en una curva cerrada se superpone sobre las maderas de la valla de seguridad del peralte y se vuelca, rápidamente se vuelve a montar pero esta vez toma carrerilla, no le darán por detrás, escucha los patines chocar contra el hielo , siente las chispas saliendo de ellos, solo es tratar de no estrellarse contra un árbol, no es tan difícil, la nieve le salta sobre la cara, pero con las gafas ve por donde va, más chispas, adelanta a varios y cuando se da cuenta está en la estación, ha tardado menos de un minuto es llegar, y está sano y salvo…
César no llega, han pasado casi diez minutos, está empezando a pensar que se ha podido quedar empotrado en un árbol, por fin, César, aparece.
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Qué ha pasado César, por qué tardabas tanto.
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Es que me han llegado unos por detrás y les he dejado pasar, y luego iban muy despacio así que no podía tomar velocidad para no llevármelos por delante.
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Pues yo he bajado en dos minutos, me he quedado totalmente cubierto de nieve, parezco el cuervo blanco de Odín.
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¿Nos tiramos otra vez?
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Creo que me hecho daño en mi pierna lesionada, me está doliendo bastante, en alguna patada al talud he tenido que dañármela, es la que siempre me lesiono, que rollo.
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Bueno, de todas formas se está haciendo muy tarde y mañana hay que madrugar, mejor entregamos los trineos.
Y así es como César y humano acabaron su primer día en Oslo volviéndose al apartamento a comer comida prefabricada, pues es más barata que la comida basura en un restaurante, mañana con el bono de 24 horas volverán a la estación de esquí de Frognerseteren para hacer una ruta por la nieve explorando los confines de la montaña que rodea a Oslo.
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Y Odín estaba sentado en su trono en su espera matinal de sus dos cuervos Huginn y Muninn.
“Hugin y Munin
Vuelan cada dia
Sobre Midgard
Me preocupa Hugin
que no regrese,
pero más me preocupa Munin,
si desapareciera”
Y los ojos de Odín son sus cuervos, que vuelan cada mañana sobre el mundo de los humanos para informarle antes del desayuno, Hugin es el pensamiento pero Munin, es mucho más importante para él, es su memoria.
Esta mañana Munin no ha regresado, Odín no sabe cómo enfrentar la falta de Munin, baja de su trono y decide asomarse a Midgard, llama poderosamente con su voz a Munin, Munin no aparece.
Decide bajar a Midgard a buscarlo por sí mismo, y cuando baja se encuentra sorprendido en un mundo diferente al que había forjado, en las aldeas había edificios coronados por una extraña cruz.
Odín ya no se sentía poderoso en Midgard, era invisible para los humanos, recorrió envuelto en su oscura túnica, caminos, pueblos y aldeas buscando a su leal cuervo Munin, y entonces fue cuando llegó a la ciudad de Trondheim, allí encontró a Munin clavado en una cruz, sus plumas se habían vuelto blancas, y cuando Odín consiguió liberar a Munin de la cruz, le miró dos veces y alzó su vuelo marchándose para no volver.
El rey Olaf Tryggvason había ordenado crucificar a Munin que se volvió blanco del dolor y se olvidó de su Dios Odín para siempre…
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