«La fría niebla rasgaba suavemente las copas de los árboles de la pradera, el rumor del río tan familiar para ellas no era consuelo, llevaban días de marcha, y su conocimiento de los bosques les había librado de sus perseguidores, pero se escuchaba el ladrido de los perros,  azuzados por la maldad de Olivier.

  • ¡Vamos, hermanas!, ¡Vamos!, decía Selena.

  • Ya no puedo más, para qué seguir, no quiero vivir, ¡No quiero!, estalló en llanto Ara tapándose la cara.

  • Tenemos que llegar a lo alto del valle, allí entraremos en las montañas, querida, un esfuerzo más. Nieus la animaba.

  • Pero si los tenemos encima, no escaparemos…

De repente junto a una cascada con forma de escalones se abrió un pasadizo, era un pasillo mágico que les permitía huir en el último momento…, Olivier ardía de cólera y furia, las tenía casi en su poder, y  otra vez  se le escapaban de nuevo.

Autor desconocido.

Salieron en lo alto del valle que vosotros ahora llamáis Ordesa, estaban agotadas, la nieve caía sin piedad, el frío las atenazaba, Luna no se podía ver entre las nubes, se sentían muy solas, terriblemente solas, sin consuelo, sin esperanza…

 Entonces se asomaron al borde del precipicio con lentitud, con esa serenidad del que ya sabe todo perdido, Selena asió con la mano derecha a Ara y con la izquierda a Nieus, miró dulcemente primero a Ara y luego a Nieus, se sonrieron, no dijeron nada, todo estaba ya dicho…, sus cuerpos se precipitaron al fondo del valle, junto a una gran cascada con forma de cola de caballo.

Luna aterrada al ver a sus hijas muertas, las trató de abrazar y llevárselas  al cielo, pero como no podía las elevó hasta lo más alto, por encima de  las demás montañas, para sentir más cerca  su presencia, y las petrificó en tres grandes montañas…, las Treserols.

 Era el principio de una nueva existencia, de una nueva era,  presidiendo las alturas, atrayendo las miradas de todo ser vivo, emanando su esencia en el horizonte, llevando en mi aliento de viento sus palabras de silencio y presencia…, sempiterna.

Treserols. imagen tomada de  aragonandonogara.blogspot.com.es. Derechos de los autores de esta foto.

Y desde entonces hasta ahora, cubiertas del blanco de las lágrimas de Luna, se pueden ver desde casi cualquier lugar de  lo que llamáis  Aragón.

Y cuando  los hombres y mujeres alzan sus miradas hacia las Tres Sorores cautivados  por sus altivas siluetas, llenan su corazones de serenidad, humildad y sobre todo, de sueños,… de inmaculados sueños en ojos abiertos.»

  • «Entonces Maese Viento, Olivier venció y nuestro mundo está dominado por la codicia, por los que sólo buscan su provecho sin importarle el mal de los demás…

  • No exactamente, humano. No del todo, hay algo que no te he contado.

  • Pues cuéntamelo, Maese, no me dejes así…

  • Bien, humano, no te he contado que las Tres Sorores tuvieron varios hijos de los tres hermanos, y antes de que llegara Olivier, se los dejaron al Basajarau para que los cuidara. Basajarau los llevó donde Olivier no pudiera  nunca encontrarlos, y sus descendientes se esparcieron por toda la faz de la Tierra.

 

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  • Bueno, y eso en que nos afecta a nuestro mundo,… no lo entiendo, Maese.

  • No entiendes..,¡Nunca entiendes nada!. Pues ya te dije, que el Amor de las Sorores y los tres hermanos, elevó este sentimiento a un nivel nunca antes alcanzado por la humanidad, y desde entonces hasta ahora, el Amor en todas sus formas, lucha cada día contra la Codicia en vuestro necio mundo.

 Y por mucho tiempo que pase y por muchas guerras, hambres, miserias, injusticias y dolor que produzcan   todos los Olivier que os gobiernan y os han estado gobernando desde entonces, no podrán, nunca, ¡nunca jamás!,…vencer al Amor.»