• Maese Viento, así que el mañana ya no lo es, pues es hoy, por favor, amigo mío, sigue contándome la historia de Culibillas, que me dejaste en ascuas…

  • Qué amable te pones cuando quieres algo, humano, todos sois iguales…, unos ególatras,… sólo buscáis vuestro interés.

  • Maese, no empecemos…, que tienes todo el invierno por delante para ponerte gruñón, venga amigo, sabes que sin ti en la montaña no soy nada…

  • Pues calla y escucha, humano, pues sabes que no te sobra el tiempo…

                    4.La huida.

Y qué es lo más preciado de una vida humana,  vosotros que apenas vivís en un breve suspiro, yo que todo lo veo con mi aliento de viento, siempre lo siento, siempre lo sé,… es el tiempo, es  vuestro tiempo.

Efímero como la caída de una hoja, delgado como el rayo de luz que se cuela en el bosque, continuo  como la onda de una lágrima que cae en el lago…, sois casi nada, los humanos, pero sin embargo…, … os siento.

Balaitous no cejó en su empeño de alcanzar el refugio de Culibillas, más bien lo contrario, el tiempo, el preciado tiempo esta vez  corría a su favor pues los sitiados morirían de hambre y sed en lo alto de la montaña, por lo que se atrincheró esperando que la fruta madura cayera del árbol…

Desde el refugio rojo tras el júbilo de su primera victoria, luego se fueron dando cuenta de lo desesperado de su situación, no quedaba otra que esperar, mientras tanto, Culibillas se entristecía y languidecía al sentirse responsable de tanta destrucción, así que decidió escapar una noche, mientras todos dormían, para entregarse a Balaitous.

Esperó que el silencio se adueñara del refugio y cuando la noche se hizo espesa se acercó a la empalizada con intención de saltarla, y cuando estaba a punto de sobrepasarla notó que alguien le agarraba por detrás del hombro derecho, se volvió sobresaltada, y se encontró cara a cara con Arafita, su madre.

  • Hija mía, no puedes hacerlo.

  • Madre, por favor déjame marchar…, tengo que detener esto.

  • Sé que estás perdida, ten paciencia. Pero tu destino no es lo que acabas de elegir…, ven conmigo que te tengo que enseñar algo…

Arafita la llevó hasta su estancia, rebuscó entre sus pertenencias que estaban apiladas en un rincón y sacó un pequeño cofre, luego se fueron a un lugar solitario donde nadie podía escucharlas.

  • Esto te pertenece, es tuyo. Sé que ha llegado el momento, de que lo sepas…

  • Qué tengo que saber, Madre.

Sacó del cofre un pequeño colgante con una pequeña piedra blanca redonda  y se lo colocó en el cuello a su hija.

  • Escucha con atención, hija mía. Pues solo una vez lo he de contar, así como tú lo harás con tu hija primogénita cuando llegue el momento;

Hace muchas generaciones el mundo era diferente a lo que hoy vivimos, los seres mágicos velaban por el bienestar de los humanos, y entre ellos estaban las tres fadas, hijas de la Luna, que eran las encargadas de mantener la felicidad y la armonía entre los humanos.

Pero un día un genio maligno envenenó a las Tres Fadas y ellas perdieron sus poderes, pues se hicieron humanas, y  luego de sentir el Amor y la felicidad murieron por obra del mismo genio, Olivier, que trajo el dolor, la guerra y la peor de las pestes…, la codicia.

 Pero el Amor de las Fadas, conocidas como las Tres Sorores no se extinguió pues tuvieron hijos, que quedaron al cuidado y la tutela del Basajarau, el ser mágico protector de los bosques, y los protegió y escondió de la ira de Olivier, que los buscó infructuosamente durante años y años para destruirlos, así que la lucha entre el Amor y la Codicia sigue a lo largo de nuestro tiempo.

Basajarau escogió a la hija mayor de cada Fada y le entregó un colgante con una piedra lunar y les contó que tendrían que hacer lo mismo con su hija mayor cuando llegara el momento, pues la transmisión del Amor se hace de madres a hijas, y  será una mujer, hija de las hijas de las Sorores, quien acabará con el reinado de Olivier…

  • No sé si serás tú esa persona, hija mía. Pero ha llegado el momento de que lo sepas. Somos descendientes de Nieus, la Fada del entendimiento y la humildad, por eso puedes hablar con los seres más pequeños y humildes, y por eso entiendes lo que nadie entiende…

White Fairy by Martanael.

Culibillas que  estaba en silencio se abrazó a su madre.

  • Madre, yo haré lo mismo con mi hija. Cuando salgamos de aquí, saldremos…, no sé cómo, pero lo haremos…, lo sé, ahora lo siento.

Pasaron algunos días y Culibillas tenía su corazón lleno de ilusión y esperanza,  llevaba la cajita con la piedra lunar  guardada en su bolsillo izquierdo,  de nuevo su sonrisa florecía en sus labios pues el entendimiento le había vuelto.

Al tercer día tras la luna llena se ciñó  un vestido blanco y se sentó en una piedra mirando las montañas que hay enfrente a la montaña roja.

De repente cuando el sol se aproximaba al horizonte en su nueva caída, un relincho se escuchó en toda la montaña, y por lo alto de la cresta de las montañas apareció un unicornio blanco al galope, que se detuvo en el borde de la roca que estaba justo encima de la empalizada. Todos los sitiados y sitiadores estaban maravillados por el animal, cuyo blanco resplandecía en la luz mortecina del atardecer.

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Culibillas se subió rápidamente al unicornio, se giró hacia los sitiadores y gritó:

  • Balaitous, ¡Balaitous!, ¿no queréis ser mi esposo?, ¿no queréis tomarme? Pues si tenéis hombría tendréis que alcanzarme, vuestros hombres no saben cabalgar ni a una sucia rata negra, no me atraparéis, ¡ni en cien vidas!

El unicornio empezó a andar desafiante por la cresta de la montaña, despacio, como mofándose de las tropas de Balaitous. Que encolerizado gritaba a sus huestes;

  • A los caballos, ¡a los caballos!, sucios bastardos, ¡una bolsa de oro para quien me traiga la cabeza de esa zorra…!

Y salieron  tras  Culibillas, ella por la cresta de la montaña y sus perseguidores por el valle al pie de ella que se encamina hacia Formigal…

 

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   Lo he pasado muy mal, Maese. ¡Qué mal rato con el dichoso pie!

·        Necio humano, eres, temes al dolor como todos los de tu especie…

·        ¿Y por qué no iba a temerle Maese?,  pues nadie quiere el dolor, te hace el tiempo insoportable.

·        Eso es, hace vuestro tiempo insoportable…, pero no os dais cuenta del sentido del dolor…

·        ¿El dolor tiene sentido?, no me lo puedo creer, Maese.

·        Todo tiene un sentido, todo tiene un porqué…

·        Y cuál es ese sentido Maese…, ilumíname, una vez más.

·        El dolor os hace estar más vivos, pues sentís el presente  segundo a segundo y tenéis vuestras mentes en él, no lamentando el pasado o preparando el futuro…

·        Pues visto así no es tan malo, pero no me convence…

·        El dolor os hace más humanos, y si sois capaces de  superarlo os hace más fuertes y conscientes del valor de vuestra vida, de vuestro tiempo…

·        Bueno, bueno. Maese, déjame de dolores y cuéntame algo más de Culibillas, por favor, que ahora puedo escucharte pues ya estoy libre de ese dolor que me hacía tan consciente…

·        Pues calla, humano y presta atención, pues mi voz no estará ahí para ti para siempre…

 

                      4.b. La Peña Foratata.

Y vosotros humanos os creéis que sois dueños de vuestras vidas y de vuestros actos, cuando no sois conscientes de lo que estáis haciendo en este momento, en cada momento, siempre estáis mirando  el pasado o pensando en el futuro que está por venir…

Sed el dueño de los hilos que pretenden manejar la marioneta de vuestra  forma humana, dejad la mente a un lado y permitid que la intuición y vuestra alma sean los guías del destino, viviendo con plena consciencia el presente…

Mis manos de viento acariciaban los rubios cabellos de Culibillas, había llegado a Formigal antes que sus perseguidores, los caballos no podían competir con la velocidad del unicornio, por eso estaba a la espera de que los soldados estuvieran cerca de ella, pues quería alejarlos del refugio rojo de Anayet.

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Cuando tenía a los soldados a tiro de una piedra les dio la esplada  y comenzó a correr ladera arriba, no muy velozmente para que sus enemigos no la perdieran de vista, Balaitous venía detrás de su tropa cabalgando y perjurando, azuzando a sus hombres para alcanzar a Culibillas.

Culibillas aminoró la marcha y se fueron acercando cada vez más mientras cruzaba el bosque y empezaba a ascender por la ladera de una peña de roca blanca.

Entonces se paró desafiante, se sonrió y siguió hacia arriba por donde había más pendiente, aquí los caballeros de Balaitous apenas podían ir montados en sus caballos y se bajaron de ellos, y en cuanto tocaron la roca, ésta comenzó a moverse y empezó a engullir a los hombres  de Balaitous…

 

Eran hormigas blancas, que en cientos de miles se subían sobre los hombres y les cubrían asfixiándolos  y empezaron a trepar también  por las patas de los caballos, y éstos presas del terror  corrían  despavoridos ladera abajo, mientras Balaitous observaba de lejos como morían sus hombres que se bajaban o se caían de los caballos…

Culibillas entró en una cueva desde donde observó la terrible escena y en donde le esperaba Farmica la reina de las hormigas blancas.

El ejército de Balaitous se retiró a sus dominios  tras dejar un contingente frente al fuerte de Anayet para seguir el sitio,  tras esta nueva derrota, Balaitous incendió la aldea de Culibillas.

Estaba desconcertado y por primera vez en muchos años  volvía a sentir miedo, ese miedo que le era tan familiar. Se encerró en su torre al pie de la gran montaña  y nadie le vio durante muchos días.

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Ardía el pasado de Culibillas con su aldea, ella lo observaba tristemente, sabía que no podía volver con los suyos, sitiados en el fuerte rojo, pues antes de que llegara el unicornio, habló con Anayet  y le contó a su padre lo que iba a pasar, pues ella lo había presentido, en la anterior noche luna se lo había mostrado.

–         Tengo miedo, hija mía, temo por ti. Eres lo más importante que tengo.

–         No os preocupéis padre, todo saldrá bien.

–         Antes de que te vayas tengo que darte algo, hija mía.

Anayet sacó una pequeña bolsita que tenía en un bolsillo interior de su sayo, y se la puso en sus manos.

–         Es un amuleto, me lo dio mi madre cuando estaba en su lecho de muerte, me dijo que yo era el primogénito y que tenía que llevarlo antes que mis dos hermanos, no entiendo su significado pues falleció nada más dármelo, pero creo que te protegerá.

Culibillas abrió la bolsa y se le iluminaron los ojos, cuando descubrió un colgante con una piedra blanca, y se lo guardó en el bolsillo derecho.

Volvió a la cueva de la Peña que ahora llamáis Foratata, y que tiene forma de hormiguero pues las hormigas blancas las moldearon para hacerla su hogar después de la riada, estaba triste, muy triste, de nuevo se sentía perdida…

–         Que no os colme el desaliento, querida Culibillas le dijo Farmica. La reina de las hormigas blancas. Cuando llegue el momento sabréis qué hacer, siempre lo sabéis.

–         Pero no sé si volveré a ver a mi familia, ellos siguen sitiados en el fuerte y llegará en invierno, no podrán soportarlo…

–         No os preocupéis por ello, todo se arreglará, todo tiene su momento, ten esperanza, querida Culibillas,  Balaitous  te quiere a ti,  no gastará más hombres en atacar a tu familia, y aquí estás a salvo.

–         Pero porqué tanto interés por mí, si hay mil mujeres más bellas que podría tener sin esfuerzo.

–         Pero querida, tú no eres una mujer cualquiera…, él  cree que eres la elegida.

–         Pero a Balaitous  qué le importa que sea yo la elegida…, entonces Culibillas se quedó muda y su expresión cambió a una mezcla de asombro y temor, – salvo que Balaitous y Olivier sean lo mismo…

Farmica respondió con su silencio.