Y cuando ella sonríe,

un universo azul salta

desplegando alas de sueños,

sobresaltando de rosas y aprecios

mi dolorida alma escondida.

 

Y cuando ella me habla,

un son de melodía vuela

cruzando levemente dulce,

mi cabeza deshecha

en sus tonos y sonidos…

 

Y cuando ella me mira,

un sol de especias mimadas

entibia melodiosa y pasiva,

mi piel derretida

en caramelo de deseo.

 

Y cuando ella me roza,

con sus suaves dedos

un rayo de azahar  y chocolate

entrecruza lozano mi cuerpo

en sentidos de nube y menta.

 

Y cuando ella respira,

un pequeño hielo  recorre

fugazmente por mi espalda,

de sentir que su aire tibio

podría también ser el mío.

 

Y cuando ella duerme,

 con sus ojos cerrados

se me enturbia el alma,

de pensar que no volviera

con ellos nunca más a  mirarme…

 

Y cuando ella no está,

pasan las horas muertas

sin aprecio ni alegría,

recordándome en cada segundo…,

que no puedo vivir sin ella…

 

  • ¿Por qué lloras amada mía?, sabes que no puedo soportar tus lágrimas.

Dijo pablo mirando de frente a Marcia mientras se estrechaba contra ella y le secaba las lágrimas cuidadosamente con la yema de sus dedos, como si quisiera atrapar la esencia de cada lágrima…

  • No nos dejarán nunca, Pablo. Ellos nos perseguirán, siempre nos han perseguido, lo sé…, lo he visto esta noche, ya saben que estamos juntos

  • ¿Quiénes son ellos?, amor.

  • Realmente no lo sé…, solo sé que nos buscarán para hacernos daño, nuestro Amor les ofende, les daña…, no pueden consentirlo, y no pararán hasta separarnos…

  • No, Marcia, nunca nos separarán…,¡nunca!. Huiremos lejos, vente conmigo a las montañas, allí donde las praderas se mezclan con las rocas, allí donde los arroyos tapizan el suelo de verde, allí no nos encontrarán. Y si vinieran, allí estaríamos seguros, conozco las montañas mejor que nadie y no nos atraparán…

  • He esperado mil años, Pablo, para verte sonreír de nuevo, nos marcharemos, nos esconderemos, huiremos del mal que nos acecha, y nuestro Amor será la Resistencia…

Y fue entonces cuando Marcia y Pablo   se internaron en las montañas que ahora llamáis Gredos, se instalaron en la zona más alejada  del pueblo, huyendo de las miradas humanas, muy cerca de donde pastaban los animales de Pablo en primavera.

Don Jesús estaba de rodillas postrado con la cabeza agachada delante de un hombre obeso y le besó el anillo de su mano derecha que portaba  una gran piedra granate, siguió en esa postura sin atreverse a decir palabra ni hacer ningún movimiento, se notaba la gran turbación que tomaba su ánimo  por la relevancia de la persona que le había llamado, no es habitual que te requiera el obispo de Ávila, había cabalgado un día entero sin descansar para llegar lo antes posible a la audiencia.

  • Podéis levantaros, Don Jesús. Os he llamado para daros buenas noticias.

  • Decidme Monseñor, estoy a vuestra entera disposición, soy vuestro fiel servidor…

  • Ha llegado hasta mí la noticia de que el señor alcalde de vuestra localidad se ha marchado.

  • Así es, Monseñor. Ha dejado nuestro humilde pueblo para establecerse aquí en Ávila. Según nos han trasmitido…

  • Estás en lo cierto, Don Jesús Martín de Tormes. Por eso os he llamado llamar.

  • Pues decidme, Monseñor. El motivo de que me recibáis en audiencia. Decía Don Jesús mientras un leve temblor de la mano derecha delataba el estado de nerviosismo al que estaba sometido.

  • Pues el motivo es que he pensado en vos para ostentar ese cargo, le puedo decir a mi ilustre hermano Don  Gonzalo de Zúñiga que os tenga en cuenta para el nombramiento.

Una sonrisa afloró en los labios de Don Jesús, que ya suponía que podía ser ese  el motivo de la entrevista, no dejaría escapar la oportunidad, su oportunidad.

  • Monseñor, no merezco ese honor, no os podría  pagar nunca esta prebenda , estoy a vuestra disposición y a vuestros pies, y seré fiel a vos y a la iglesia como nunca antes jamás un caballero haya podido serlo…, balbuceó Don Jesús mirando con sumisión al obispo.

  • Eso es lo que quería oír de vuestra voz, Don Jesús, pero recordad a quien os debéis, seréis mis ojos y mis oídos en la comarca, y en caso necesario seréis mi mano.

  • Monseñor, soy vuestro esclavo y vuestro  humilde siervo y servidor…, desde ahora y hasta mi muerte, no nos arrepentiréis de vuestra confianza en mí.

  • Pues tendréis que agudizar vuestros sentidos, me ha llegado a mis oídos que hay una pareja de herejes en vuestra zona, un hombre y una mujer que hacen las artes oscuras del maligno, no lo puedo permitir que en mi jurisdicción, os encomiendo la misión de encontrarles para ponerles a disposición de la santa madre iglesia.

  • Así será, Monseñor. No pararé hasta encontrarles. Y cuando dé con ellos os los traeré  ante vos sin demora.

  • Marchad, Don Jesús, y os dejo al cargo de este cometido…

Don Jesús se dio la vuelta y salió de la sala sonriendo con su mirada del que ha dado el primer paso para conseguir el poder, ese poder que tanto ansían las personas que viven de espaldas a su verdadera naturaleza humana.