En el Viento Blanco del Bisaurín. Cuando el hielo y la niebla te llevan al error…

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Y me es tan difícil escribir esta aventura…, pues fue una de las más intensas que he vivido jamás en la montaña, y me es tan difícil por lo que sucedió  que nos hizo pasarlo mal, y me es tan difícil porque  cuando cometemos  errores tenemos que asumirlos y aprender de ellos para no volver a repetirlos, y me es tan difícil por las circunstancias en ese día de la montaña que te piden lo mejor de cada uno y a veces no lo podemos o no lo sabemos dar, pero por fortuna  tuvo final feliz, y en ella descubrí unos amigos vascos de los que no me pude ni despedir…, ellos me acogieron como uno más, como si llevara con ellos toda la vida, pero la peor parte de esta historia se la llevó Bene, pues a causa de mi error pasó un mal rato en la montaña y a eso no vamos, pues lo nuestro es disfrutar…

Os estaréis preguntando que qué pasó, pues lo siento…, tendréis que seguir leyendo si os pica la curiosidad, pues paso mucho rato escribiendo para que al final nadie lo lea…, ya sé que los videos son muy impresionantes…, pero si queréis estar allí  dejaros llevar en este relato bajo la ira blanca de Maese Viento…

Y mucho tiempo llevaba esperando Enero, pues pensaba ir a Pirineos, y Bene, el maestro de los hielos, sería mi media naranja una vez más, estuvimos pendientes de partes de tiempo y partes de nieve, planeando  hacer el Monte Perdido, y al mismo tiempo nuestros amigos de Cuenca pensaban ir a Aigües Tortes en esos días, pero entonces llegó “Gloria”, la famosa borrasca mediterránea de récords que cubrió de nieve todo el Pirineo Oriental y el  enorme riesgo  de aludes nos obligó a mirar a occidente… Estaba claro Bene y yo iríamos al Pirineo Oscense que linda con Navarra y en esos valles, que conoce Bene desde su juventud, pasaríamos una semana si el tiempo lo permitía…

Era el día 24 de enero de 2020, acababa de salir de la guardia, que una vez más, fue terrible, inhumana, insensata, absurda, como se está volviendo nuestra sociedad infantilizada que no asume sus responsabilidades en materia de la salud propia…, sin apenas dormir preparé lo que me quedaba de equipaje  y sobre las nueve y media de la mañana pasó Bene con su furgoneta a recogerme a Villanueva de la Serena.

No teníamos claro los planes, el tiempo era incierto, no habría grandes borrascas pues Gloria devastaría las costas de Málaga, y se aproximaba una cola de una borrasca por el norte que rozaría sin mucha intensidad, tendríamos posibilidades de hacer algunas cosas en Pirineos…

Nuestros amigos de Cuenca saldrían al medio día y dormirían en Huesca, nosotros paramos en un área a comer en la furgoneta y decidimos que iríamos al refugio de  Lizara, en los Pirineos Occidentales a los pies del Bisaurín, por allí había nevado menos que en la zona oriental y el riesgo de aludes era menor, ellos dejaron la idea inicial( los refugios estaban cerrados por la nieve) y  aceptaron encontrarse con nosotros.

Pasamos Sierra Guara por la nueva autovía de Jaca, allí vimos nieve al igual que por la tierras de Soria, llegamos a Sabiñánigo, el Pirineo aparecía nevado y mezclado de nubes tapando las medrosas cumbres, paramos en Jaca y tras mirar el parte decidimos subir a Lizara esa misma tarde para por la mañana abordar el Bisaurín.

La carretera serpenteaba oscura entre bordes de nieve, las ruedas de invierno agarraban bien aunque apenas había hielo pues las temperaturas marcaban cinco agradables grados, tras muchas curvas en el bosque  y mucha oscuridad estábamos en Lizara, el parquin estaba despejado de nieve por el quita nieves, y nos quedamos a dormir en la misma furgoneta.

Nos despertamos temprano, a las siete, dormí del tirón pero me encontraba lento y torpe, como siempre que le doy un palizón a mi cuerpo en una maldita guardia, la sociedad no nos paga ni nos agradece que nos dejemos la salud y nuestro tiempo libre en ellas…,pero ese es otro tema…, esperamos que amanezca, nuestros amigos de Cuenca vendrán pero lo harán tarde, así que subiremos Bene y yo solos, Bene lleva el “track” en el GPS, yo llevo el GPS que lo pondré a grabar, siempre lo llevo por si hay niebla pues nos traería de vuelta, el día está nublado pero apenas hace viento ni hace frío.

Hay otras furgonetas y vemos que se disponen a subir algunos montañeros,  empezamos a andar con las raquetas en la mano  para ponérnoslas en cuanto salgamos del asfalto.

Son las ocho y media del 25 de Enero del 2020, nos ponemos las raquetas,  pasamos tras el refugio, estoy muy torpe, mi cabeza no está descansada, subimos en zigzag , el paisaje nevado es muy hermoso, para los que no estamos acostumbrados, vamos a un paso tranquilo, no dan malo hasta la tarde  noche, pero  no nos podemos dormir…

El bosque nevado nos rodea y nos invita a seguir, en poco empezamos a atisbar las paredes más bajas del Bisaurín tapado de nubes que nos incita a subirlo.

 

Adelanto a Bene, pasamos una fuente, el camino es ancho y claro, Bene se para y se quita las raquetas pues no hay tanta nieve, yo le imito ya que mi experiencia con raquetas y en la nieve es menor que la suya, me cuesta hacerlo, estoy muy torpe, mientras tanto Bene ha seguido, lo veo muy a lo lejos en el valle…

Me quedo solo y por detrás veo venir un grupo, tienen mejor paso que yo, mi asma de esfuerzo no me hace ser rápido al principio en la montaña…

Me adelantan cuando ya empezaba a hundirme en la nieve y en la cuesta, me abrirán huella, todo un lujo…

Hay una pala de nieve muy empinada, ya he alcanzado a Bene, es difícil progresar con nieve tan blanda, pero con paciencia todo se anda…

La pala de nieve blanda se hace  dura pero al final llegamos al collado del Foratón, aquí nos paramos a resguardo del viento a abrigarnos pues subiremos por la cuerda sur y en ella Maese Viento sopla con fuerza, nos unimos al grupo, son vascos de Bilbao, en seguida hacemos buena amistad con ellos, están esperando que suba el hermano de uno de ellos que viene con esquíes, al final no llegó, parece que se volvió, no está el día para esquíes.

Comemos y bebemos, el día se está poniendo muy mal, cada vez hay más niebla y viento, Bene me dice que tenemos suerte de que esté tapado y no veamos la pendiente  del Bisaurín, es larga y muy empinada, yo hubiera preferido verla, no me asustan las cuestas, más bien me espolean…

Pero ellos van a más ritmo, y en seguida nos dejan atrás, vamos siguiendo sus huellas en la nieve, que está recién caída y blanda, Bene se va hundiendo, hacemos gran esfuerzo, está muy empinado y eso que todavía no llegamos a la pendiente grande…

 

Poco a poco vamos progresando, el viento arrecia, la niebla se espesa, nos encontramos a los montañeros vascos, están sentados poniéndose los crampones, a partir de aquí empieza el hielo.

Bene y yo nos los ponemos también y sacamos el piolet, empezamos subir  con ellos, ellos son seis, Bene viene detrás de mí, y un poco más atrás hay otro montañero vasco rezagado, por delante tengo a los demás…

La placa de hielo es cada vez más dura, apenas se clava el piolet, menos mal que Bene me afiló los crampones antes de venir, estoy tenso, muy tenso, cada vez se ve menos, el viento blanco lo cubre todo, la pendiente es cada vez mayor, me encuentro torpe, mi cabeza no está fresca, ¡malditas guardias!, tengo que clavar la punta del piolet en el hielo duro para asegurarme, la pendiente tiene 50 grados, lo estoy pasando mal, mido cada paso , cada gesto, cada movimiento, un error y no habría forma de detenerse, el hielo es muy duro…, me concentro en cada movimiento, en cada respiración, cerca de mí por arriba hay un montañero vasco al que alcanzo.

Me estoy agobiando un poco, no me encuentro fresco para meterme en una placa de hielo tan pronunciada y peligrosa, pero lo que más me asusta es bajar, siempre es así, estoy agobiado pensando que luego he de bajar por aquí, Bene está un poco más retrasado, veo su figura oscura entre la niebla, voy muy concentrado y bastante agobiado en pensar que luego tengo que bajar, el viento arrecia…, cada vez sopla más fuerte, la ventisca azota nuestros cuerpos en viento blanco que rompe el silencio de la montaña con violencia, pero no siento nada de frío y eso que me dejé el plumas en el fondo de la mochila, siento mi respiración agitada, cada paso lo doy clavando bien los crampones en el hielo, por delante de mí tengo al montañero vasco, veo la oscura silueta de Bene un poco más atrás entre la niebla…, me paro para no perderle de vista

La pendiente ha mejorado, el hielo es igual de duro pero tendrá unos 30 grados de pendiente, me relajo un poco, lo he pasando mal, miedo es lo que sentí, sé que es por el cansancio pues esta placa de hielo no es muy diferente a otras,  soy consciente de que está todo en mi cabeza, no hay ninguna dificultad técnica para lo que yo sé hacer…

Empiezo a hablar con el montañero vasco que viene delante, le cuento mis temores de bajar y me tranquiliza, me dice que lo importante en la bajada son los crampones, que estén bien apretados, que una vez se le salió uno en una placa muy empinada y lo pasó fatal, soy consciente que mis temores son por la falta de sueño y el cansancio mental, no el físico pues apenas hemos andado, cuando veo la silueta oscura de Bene aparecer en la niebla y otra detrás  seguimos progresando, me encuentro cada vez más tranquilo.

 Alternamos tramos de placa dura con otros con nieve blanda sobre la placa, el viento blanco se apodera de todo, te golpea la cara y agita convulsivamente las cuerdas de la mochila, cada vez las condiciones son peores, voy más relajado, sé que no tendré dificultades para bajar, el miedo siempre me asalta en las subidas y la serenidad me llena en las bajadas, aunque esta vez agradezco que no se pueda ver nada, la caída tiene que ser terrible…

La placa se va tumbando, estamos en la antecima, nos hemos parado, nos vamos a agrupar, veo la  negra silueta de Bene acercarse hasta mí, y cuando lo tengo a tres metros que es cuando puedo verle la cara…,¡no es Bene!, bueno será el que viene detrás, eran dos los que tenía detrás…, cuando llega el de detrás…,¡tampoco es Bene!

Detrás no se ve a nadie más…, bajo uno metros, no se ve a nadie, bajo algo más, les pregunto a los compañeros vascos que venían tras de mí…, no le han visto…, por un momento me quedo paralizado, en mi cabeza pasan imágenes de Bene cayéndose en la placa de hielo y siendo engullido por la niebla al precipitarse en el abismo…,me siento desesperado, estoy paralizado, no sé qué hacer, uno de los compañeros vascos baja a buscarle al verme tan perturbado, estábamos en una montaña desconocida para mí, con una niebla impenetrable y hemos pasado una placa de hielo muy peligrosa y en ella…,Bene, mi media naranja ha desaparecido, le he dejado abandonado, sólo, y puede que esté herido…,le he fallado.

Respiro profundo, la angustia es mala consejera, necesito pensar, en un primer momento mi impulso es bajar a buscarle, meterme en la placa vertical de hielo y niebla…, pero…, no se ve más allá de cinco metros…

Me dice uno de los compañeros vascos que faltan 200 metros para la cumbre, apenas diez minutos, hace más de media hora que realmente no sé si le estaba viendo, puede estar ya abajo, que se haya dado la vuelta y esté cerca del coche, ahora caigo que su ritmo es mucho menor al mío en las pendientes…, y he subido sin parar apenas, lo más normal es que se haya quedado rezagado sin más, lleva GPS con el track , él tiene más experiencia que yo en hielo y niebla…, y  si bajo me perderé yo también, seguro…

Estoy más relajado, creo que se habrá quedado rezagado al no seguir el ritmo, y en algún momento he adelantado a alguien en la niebla y lo he confundido con él, estaba muy concentrado en no caer en la placa.

Creo que la opción más sensata es seguir con el grupo de montañeros vascos, con ellos bajaré mucho más deprisa que si voy sólo mirando GPS, y será más fácil dar con él siendo siete que uno, confío en Bene más que en mí mismo…, saldrá de ésta.

Ellos me han adoptado como uno más en el grupo, la verdad que me están apoyando mucho, lo estoy pasando muy mal, no puedo quitarme a Bene de la cabeza…, le doy una pastilla de magnesio a un compañero que le están empezando a dar calambres, ahora soy consciente de la dificultad de la pendiente en estas circunstancias meteorológicas, tendemos a minimizar lo que hacemos, al  menos yo.

Estamos parados comiendo y bebiendo, y les pregunto qué cuánto falta para la cumbre, y me responden que ya estamos en ella, con la angustia ni me he dado cuenta de que llegamos…

 

Uno de ellos me dice que suba dos pasos y que me asome con cuidado, me acompaña hasta el borde del abismo, hay una cornisa de nieve y tras ella la nieve y el infinito…,la sensación de vacío es enorme, rodeado del blanco, azotado del viento blanco que todo lo cubre, sin saber dónde estoy  ni dónde ni cómo estará mi compañero de aventura…

Empeora aún más el viento, bajamos, voy  el último, voy mirando para todos lados buscando a Bene, la angustia es mala compañera, pero hoy me ha tocado llevarla en el equipaje…

Vamos bajando por la placa a buena velocidad, una vez más me encuentro sereno bajando y no veo ninguna dificultad en lo que hacemos, el viento blanco nos atiza la cara con fuerza pero no siento nada de frío, si no le encuentro al llegar abajo daré la voz de alarma, creo que he hecho lo más sensato para los dos…

Estamos en la zona más empinada, la pasamos fácilmente  sin ningún esfuerzo ni problema, bajando parece muy fácil, pero agradezco que no vea la caída…, sigo buscando algún rastro de Bene, no se ve nada, solo se ve el blanco…

Nada más pasar la placa de hielo nos cruzamos un montañero con esquíes que está subiendo, le preguntamos por Bene y nos contesta que  lo ha visto, es un gran alivio, ya está fuera de la placa de hielo, que es el único peligro…,sabía que él saldría del aprieto.

Me he quitado un gran peso de encima, voy ligero y empiezo a disfrutar de la ruta por fin, la nieve nos atiza con fuerza pero para mí ahora es divertido, el blanco ahora es blanco y no negro…

Durante la subida y la bajada de la placa de hielo no hice fotos, no me atreví a sacar la cámara, cualquier movimiento brusco y me podría haber caído, ahora sin peligro con nieve blanda empiezo a hacer fotos y grabar vídeos…

 

Vamos hablando y disfrutando lo que se puede con la ira de Maese Viento, paramos en el sitio que nos resguardamos antes en el collado Foratón, pero ha cambiado el viento, ahora no hay resguardo, comemos un poco y nos relajamos, hemos superado la prueba y la sensación es maravillosa…

 

Bajamos desde el collado ya sin crampones, me caigo varias veces, pues cada vez que saco la cámara para hacer una foto me resbalo en la nieve y doy con mis huesos en blando…, estoy disfrutando como un chaval con mis nuevos amigos de Bilbao…,ellos me hacen sentir como si les conociera de toda la vida, en la montaña te encuentras con las mejores personas.

Delante salieron dos con más prisa pues no se quedarían hoy en el refugio, y otros dos más rezagados me alcanzan pues no avanzo con tantas fotos como caídas…

Quedamos atrás un montañero y yo, se llama Koldo, poco a poco el valle va recogiendo nuestros pasos y la niebla se queda arriba, al mismo tiempo que Maese Viento silencia su voz, vamos hablando y disfrutando, ya se ve el refugio.

En el aparcamiento veo la furgoneta de Bene abierta y a él al lado, también veo a otros con él que serán los amigos de Cuenca, le digo a Koldo que ahora nos vemos en el refugio pues pensaba ver a mis nuevos amigos sin gorros y gafas para poder reconocerles y conocerles…

Llego a la furgoneta y Bene está fuera de sí, son malos momentos, hablamos sobre lo que ha pasado, yo me confundí con la niebla, fue un error, por fortuna no pasó nada, pero él se quedó sólo en la placa de hielo en su parte más peligrosa rodeado de viento y nieve, engullido en el blanco, no es un plato de buen gusto…

Decidimos bajarnos del refugio, ha empezado a nevar copiosamente y para la zona Navarra hay mejores previsiones que por ésta.

Vamos delante y  nuestros amigos de Cuenca;Antonio, Dani y Pablo van detrás en su coche, esta zona se la conoce bien Bene, ya más tranquilos los dos me cuenta su odisea en la montaña.

Iba detrás de mí y cuando se hizo más dura y vertical la placa, empezó a quedarse rezagado, y cada vez más hasta que perdió el contacto visual con el grupo, sacó el silbato y estuvo llamándome a gritos, durante un buen rato, intentó acelerar el paso pero empezaron a darle tirones en las piernas, entonces se paró, bebió y comió algo, lo importante era no perder la calma, el viento soplaba muy fuerte, no se veía nada y la placa de hielo era muy dura y complicada, se había borrado cualquier rastro de pisadas, con el GPS se puso a buscar la vuelta, pero el “track” que llevaba no lo hacía exactamente por donde estaba porque subimos siguiendo a los vascos, bajó haciendo zetas buscando huellas en la nieve, pero no las veía, no sabe el tiempo que estuvo en la niebla deambulando sin saber dónde estaba, pero de repente en la niebla vio dos figuras, eran dos extranjeros que subían a buen ritmo a la cumbre, empezó a bajar siguiendo su rastro de subida, pues ellos siguieron adelante, en poco se habían borrado sus huellas por la nieve pero ya sabía que iba bien y siguió buscando el rastro de sus pisadas, al rato se los encontró de vuelta pues habían desistido de subir y ya no tuvo dificultad en seguir pues ya había bajado lo suficiente para ver el valle y la cuerda, realmente lo pasó muy mal perdido en la niebla en una placa de hielo, estuvo mucho rato deambulando en la niebla a solas sin saber dónde estaba pero sabía que bajando llegaría a algún sitio, y la cuestión era no meterse en problemas o caerse pues se conoce la zona de su juventud.

Mi sentimiento de culpa es muy grande aún hoy pues a la montaña se viene a disfrutar, pero me confundí y por fortuna como yo esperaba supo salir del aprieto, si me hubiera bajado yo solo, habría tardado en bajar mucho más que con los montañeros vascos, y posiblemente me habría puesto en complicaciones mayores que las que él tuvo. No pasó nada pero es una buena lección de montaña, hay que estar lo suficientemente cerca para verse la cara cuando hay niebla, es la conclusión a la que llegué…

Paramos a ver previsiones y decidimos ir al refugio de Linza en el valle de Ansó, mañana si el tiempo lo permite subiremos a la Mesa de los Tres Reyes.

Aquí en el refugio conocimos a dos jóvenes vascos muy simpáticos, Iván y Alex, que se unieron con nosotros a cenar,  estoy agotado emocionalmente, apenas tengo ganas ni de hablar, mañana será otro día…

 

Me quedé con las ganas de darles las gracias a mis seis amigos montañeros vascos que me recogieron en el viento blanco del Bisaurín,MUCHAS GRACIAS.

A ver si volvemos a coincidir en otras circunstancias mejores…

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2 Respuestas

  1. Fran Morales Fuentes

    Vaya odisea, Fran. Menos mal que Bene se las supo ingeniar para, poco a poco, ir buscando la bajada. Nosotros con niebla nunca nos separamos, ya sea por nieve o por caliza. Si hay buena huella, no es peligroso, pero aun así, puede haber una huella que se bifurque, y uno tome un ramal, y el otro se desvíe hacia la otra alternativa… y volveremos a estar perdidos. Fíjate, que con lo fuerte que suena un silbato, y no lo escuchaste, entre la ropa y el viento.
    Ha sido tensa la lectura, Fran… imagino que la experiencia habrá estado muchos días en la recámara.
    Espero la redacción de la Mesa… con ganas.
    Un abrazo, compañero.

    • Fran Pascual

      Buenas tardes, tocayo. La verdad que fue una gran cagada, son cosas que ocurren y los errores enseñan más que los aciertos. Son acontecimientos que te hacen reflexionar mucho y sacas muchas conclusiones, algunas de carácter personal. La vida son momentos y algunos son más complicados que otros, y curiosamente cuando se te complica la vida personal también lo hace en la montaña, todo está relacionado…,un abrazo, amigo.

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