De la Presa de Cavallers al Pic Montardo. El sueño de Mirfak, la náyade de Aigüestortes.(Segunda parte). Campamento FEDME Valle de Boí.(III)

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Quedamos a las siete en el aparcamiento de Taüll, esta es la ruta larga, la más larga del campamento. De nuevo ofrecí mi coche para la ocasión, aunque ya previamente la plaza de copiloto estaba ocupada por Cecilio, uno de los  Extremeños de Jerez de los Caballeros, que me habían obsequiado la noche anterior con una exquisita cena de pollo a las hierbas provenzales, ¡que manos tiene Antonio!. Hoy es un buen día, lo presiento, además se vienen con nosotros en el coche dos bellas y simpáticas damiselas, Teresa de Albacete y Mayca de libros, perdón, de Ibros, Jienense casi paisana mía.

Dejamos atrás el baleario de Boí y seguimos por la carretera que se estrecha y sube hasta el aparcamiento de la presa de los Cavallers, allí  la superguía Miriam, experta contadora, nos numera hasta el 45, una breve explicación y subimos por la carretera.

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Nos espera el Estany de Cavallers, en poco llegamos a la represa y  nos dan otra explicación, iremos por una vereda que besa la orilla derecha del Estany, que amodorrado y algo oscuro se deja fotografiar para el momento, nos va a dar bien el sol, nos advierten, cremas y tapaduras de piel…

El ciempiés multicolor se aprieta en el camino, que mudo contempla nuestras pisadas de goma y de metal, avanza con premura, el sol todavía no toca, pero ya nos alcanzará…sin duda.

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Se acaba el Estany, subimos en zetas hasta un valle glaciar, cruzado por un arroyo, Riumalo nos dice sin dudar Gerard, superguía que cierra hoy el avance, y unas marmotas, se asoman perezosas, nos quieren decir algo, será que nos tapemos del sol,… ellas  se han escondido.

Vamos avanzando junto al río, cruzamos un puente de madera, Gerard es una enciclopedia de la naturaleza, nos explica que el acónito es la planta más venenosa del Pirineo y con tres o cuatro semillas, se podría matar una persona, y un capullo tiene cientos.

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Gerard superguía…

Nos enseña las señales en la roca del glaciar que abrazó el lugar, y tras pasar el cartel de inicio del parque nacional de Aigüestortes, nos topamos una cascada que brama su sitio en una foto.

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Toca subir de nuevo, entre grandes bloques de granito y árboles solitarios que rascan hilarantes el cielo que se torna cada vez más azul, sintiendo la ausencia de las nubes. Gerard nos cuenta que  estamos en los Llastres de la Morta, cuyo nombre se debe a una mujer que murió sorprendida por una tormenta de nieve en pleno agosto,…no tendremos tanta suerte, nosotros moriremos de calor…

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Seguimos ahora el valle que tuerce a la derecha y nos encontramos con el Estany Negre, no hace falta echarle imaginación para saber de su nombre, no nos llegaremos al refugio, a la vuelta, seguimos subiendo tras breve parada de reagrupación, vamos rapidito, la distancia es larga.

El sol ya nos alcanza de pleno, es lo que nos quedará para el resto del día, sin sombra reparadora que darnos cobijo, va a ser un día duro.

Salimos a las “Estanys” de Travessani, allí en la cola del ciempiés, Gerard nos explica que tenemos una de las vistas más típicas y hermosas de la zona, sobre el lago aparece un pico muy redondeado, el pan de azúcar, creo que me dijo…

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El camino sigue retorciéndose, subiendo terraza a terraza, y en cada nuevo piso, un Estany…, y al pobre de Gerard lo tengo loco preguntándole nombres que luego no podré recordar, este es el de Les Mangades,… ¡lo recordé…!

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Ahora estamos en el de Les Monges, el último, Miriam lleva todo el camino haciendo de “poli mala”, y no nos deja hacer fotos, nos apremia con razón, pues la ruta es larga, y hay quien tiene que recoger los niños a las cuatro, lo que está creando controversia en el grupo, pocos son los que tienen la obligación de la  vuelta temprana.

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Queda la subida final, Miriam nos apremia a avanzar de prisa, decido ponerme en modo subida…, “apretar el culo y mirarse la punta de las botas”, sin fotos…, doy un acelerón, necesito salir de la fila del ciempiés, mi ritmo de subida es en modo libre…, sin nadie delante ni detrás.

El camino se curva y se empina, recordando a mis piernas  el dolor del modo subida, hoy no me encuentro bien, he bebido poco y comido nada, y apenas dormido ,no esperaba el calor tan sureño, si me faltan sales me darán calambres, bajo el ritmo de subida, no puedo sudar demasiado…

He llegado a la cuerda, me sorprende las vistas de picos  y de  letanía, por poco tiempo, estoy en modo subida y no paro, me cruzo con Dani que nos está controlando desde el collado, sigo subiendo a mi ritmo, queda el último repechón, siempre el mejor, la fila del ciempiés se ha desmembrado, cada uno hace la guerra por su cuenta, y tras una pequeña zona de ligero trepe, llegamos, son las doce y cuarto.

La cima está repleta, nosotros casi cincuenta y otros tanto arriba, no hay sitio ni para echar una foto…

 

 

Las vistas son increíbles, pero es difícil evadirse con tanto personal…, así que fotos y fotos, nos explican todos los picos, creo que fue Gerard…, el verde del Valle de Arán se mezcla con azules de cielo y lagos y marrones de picos desvestidos de nieve, al fondo el Aneto, cima más alta del Pirineo, con algo de blanca vestimenta, encumbrando la Maladeta o Montes Malditos…

Pues...yo
Pues…yo

Es hora de bajar, lo haré en modo foto, quiero disfrutar de lo que me perdí al subir, me quedo casi el último, y algo de silencio puedo tomar, vamos bajando Pedro y yo, los dos en modo foto, ahora veo, pues ahora miro, las montañas encrespadas en olas de marejada , parecen que quieren peinar el zarco celestial…

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El grupo se ha parado a tomar el bocata en el cuello del Montardo, Coll en catalán y Còth en aranés, hay para todos los gustos…

Allí los guías se ofrecen para hacer varios grupos a la vuelta, ya que hay diferentes prisas en la vuelta, me parece una solución muy acertada, y una vez más, nos contentarán a todos.

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Me quedo en el Còth apartado, buscando un poco de silencio, un poco de interior rodeado de tan bellas cumbres y susurrado por Maese…

  • “ Maese, no sé qué me vas a contar hoy, te has olvidado de mi Náyade, la dejaste abandonada en su tristeza…

  • La tristeza es tan bella como la alegría, humano, son las dos caras de la misma moneda, para reír antes tienes que aprender a llorar. Es lo primero que hacéis al venir a este mundo, y lo último que oís cuando os marcháis de él…

  • Vale, Maese, no te enrolles tanto, déjame de tristezas, hoy no toca, cuéntame el final, y por una vez quiero que sea feliz…

    El sueño de Mirfak, la náyade de Aigüestortes.(Segunda parte)

 

 

 

  • Nada más…,

                 rueda…,

                        nada más,

                           sobre su piel,

                                       abajo cae,

                                                compungida,

                                                                         nada más…,

                                                                                 una lágrima….,

                                                                                     sólo esperar,

                                                                                                   nada más…,

                                                                                        otra más,

                                                                                            cae,

                                                                                 tierra oscura,

                                                                                                  cielo negro,

                                                                   mundo infame…,

                                                                          dentro de una jaula,

                                                             estar y no estar,

                                                     en soledad…,

                                                        cielo roto…,

                                      tierra partida…,

                                                          en soledad…,

                                                                   abajo fluyen…,

                                                                          en soledad…,

                                                                                   abajo caen…,

                                                                                          llenas de dolor,

                                                                                    una tras otra;

                                                                                                 sus lágrimas,

                                                                                             … sin parar.

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    Y sus ojos persiguen desde su jaula la silueta de su madre Luna, ha estado llamándola, pero la magia de la Bruja Negra es poderosa, y Luna no es capaz de ver ni oír a través del cieno.

     Y sus lágrimas caen toda la noche sin cesar, y sus ojos rotos reflejan la luna en su  descenso  hacia el amanecer para su inevitable fin…

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    El oscuro de la noche se va rompiendo, y el sol empieza a insinuarse en el horizonte, de repente sus ojos se secan, y su mirada se ilumina con el sol…

    Y una sonrisa aflora en los labios de Mirfak, cálida, hermosa, dulce y llena de esperanza…

    • Ya amaneció… Aquí estoy, linda náyade…, quiero toda tu tristeza para mí, ¿Ya no lloras?, eso está muy mal…, no importa, tienes toda la eternidad para hacerlo…

    • Así es negra bruja, ya no lloro, ni lo volveré hacer para ti…

    • Ya veremos, venga dime…, que tengo otros seres afligidos esperando…

    • Pues decías, ¿qué es lo que aún no ha sido, pero debe de ser y que cuando lo sea, ya no lo será…?

    ¡el día de mañana!, ¡sin duda!. Pues siempre debe de ser, pero cuándo  ya es, dejó de ser mañana,…es hoy.

    • Nooooooo,¡maldita seas!, maldita náyade…

    Y la Bruja Negra entre alaridos desapareció entre el lodo tal como había aparecido, y la jaula de cieno se deshizo sinuosamente dejando libre a Mirfak.

     El brillo del sol había tocado la frente de Mirfak a través de la jaula, y le había aclarado su mente, la noche quedó atrás con sus tinieblas y el sol le sonreía en lo alto, el agua se aclaraba rápidamente con la mirada  de náyade feliz, estaba claro, nunca dejaría de sonreír, la felicidad es más fuerte que la tristeza…, si eres consciente de ella, ahora estaba empezando a entender a Madre Luna…

    El río desapareció en un gran mar en  poco tiempo, no había probado el agua salada, le gustaba más la dulce, pero seguiría adelante.

    Buscaría delfines, seguro que ellos le llevarían hasta Leucosia, los delfines siempre han sido los mejores amigos de sirenas y náyades, y eso hizo, una bandada de delfines le acompañó entre risas, y carcajadas, hasta el arrecife de coral donde vivía Leucosia.

    Leucosia era la sirena más  elegante y disipada del Mediterráneo, todo el día estaba de celebración en celebración, riéndose con los peces de todo, hasta de la sombra de la oscuridad…

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    Mirfak se quedó petrificada al ver el collar que colgaba de su cuello, parecían pequeñas estrellas fugaces…, el Tritón Cano tenía razón, ella las tenía…

    • ¡Anda, pero si es una dulce náyade!. A ti no te conozco, seguro que no eres de río, yo diría que eres de lago, más bien.

    • Ohhh, y como los sabes…

    • Es que he visto a muchas, me relaciono bien, es la clave para pasárselo genial.

    • Me llamo Mirfak, y vengo de un sitio de Estanys entre las montañas, vengo buscando…estrellas fugaces. ¡Qué llevas en el cuello!, ¿no son estrellas caídas?.

    • Estrellas…,mi collar. ¿Estrellas?

    Y a Leucosia le dio un ataque de risa;

    • ¡Qué ingeniosa!, ¡estrellas mi collar!, y no podía parar de reír…

    Mirfak la miraba con sorpresa, con los ojos muy abiertos, no entendía nada.

    • Perdona, prima, perdona. Es que son perlas, me parece increíble que no las haya visto nunca, es que no sales de tus montañas…, hay que viajar de vez en cuando.

    • Entonces, no son estrellas fugaces… Relataba entre dientes Mirfak; Tritón Cano estaba equivocado…

    • Mira, no sé para qué quieres una estrella fugaz, las perlas no tienen nada de estrellas, tócalas, brillan…, pero son frías y nacen en el mar…

    • Entonces,¿ no existen las estrellas fugaces caídas al mar…?

    • Pues no, querida. Pero las anguilas me han contado que en áfrica hay unos animales de gran nariz, que pueden alcanzar las estrellas fugaces y cogerlas…, podrías ir a visitar a la Náyade Menfis, está en el río largo, en el Nilo. Dile que vienes de mi parte, es un poco seria, está todo el día con sus meditaciones y cosas de esas…, pero te atenderá bien, seguro.

    Mirfak estaba muy decepcionada, las perlas no eran estrellas, pero seguía en su empeño de conseguir su estrella, y que no fuera fugaz…

    Buscó de nuevo a sus amigos delfines, y ellos le llevaron por todo el Mediterráneo hasta la desembocadura del Nilo, allí se despidió de ellos, y siguió su camino, cruzó las aguas turbias plagados de caimanes, que le miraban al pasar, sabía que no le atacarían, los animales cuidan de las náyades, igual que éstas cuidan de ellos…

    Una gran y anciana perca le indicó dónde encontrar a Menfis, en una gran cueva tenía su hogar, donde las estalactitas  sonaban en silencio con los destellos de agua.

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    Menfis estaba allí en silencio, disfrutando de la soledad de una gota de agua que caía del techo, con su mirada fija parecía no percatarse de nada, así que Mirfak entró silenciosamente en la cueva…

    • ¿Ya has llegado?, Mirfak. Lo que buscas no sé si lo encontrarás, querida prima, al menos en la tierra… Le dijo Menfis sin mirarla, pendiente de su gota de agua.

    • ¿Y cómo sabes mi nombre, ¿ cómo sabes tanto de mí?, si acabo de llegar.

    • La gota de agua me lo dijo. No puedes sospechar, lo que sabe una gota de agua…, y ni te imaginas, lo que sabe un océano, es cuestión de escuchar, querida.

    Mirfak estaba con la boca abierta, mirando a Menfis, sin saber qué decir…

    • Lo de la leyenda de los Elefantes, es una leyenda, es un animal prodigioso de nariz larga, pero no tan larga como para coger estrellas…

    • Así que, ese animal, el elefante…, no coge estrellas.

    • Nunca los he visto, querida. Pero nadie puede coger estrellas, aunque me han contado que a ambos lados de la nariz tiene como unas estelas blancas que brillan en la noche…

    • Pues yo quiero verlos, Menfis. Necesito encontrar mi estrella, y llegaré hasta el final…

    • Pues son muchas las dificultades, querida. Tendrás que subir las seis cascadas del Nilo, y cuando el gran río de divida en dos, deberás seguir por dónde el agua esté más azul, hasta la cascada de Tis Isat, donde una cortina humeante envuelve todo, y te cubre los ojos de niebla…, allí están, tus elefantes.

    Mirfak después de todo lo que había pasado, quería ver esos animales con sus ojos, y si tenían estelas de estrella cerca de su nariz…

    Durante muchos días remontó el Nilo, y en cada cascada tenía que salir y dar un rodeo por el desierto, su avance era penoso, nunca había visto un desierto, la ausencia de agua era incomprensible para ella.

    Ascendió una a una, las seis cascadas y en cada una de ellas, se dañó su piel con las quemaduras del sol al salir del agua, por fin llegó a la bifurcación del río, y siguió a la izquierda, donde el agua era más azul…

    Unos cuántos días más de marcha, y allí estaba, las cataratas de Tis Isat, el agua humeante creaba una niebla que lo cubría todo, de repente…, en la niebla, vio grandes  sombras que andaban en fila , una tras otra…,el corazón se le iba a salir del pecho.

    Eran los elefantes, unos animales enormes, de enormes orejas, enorme nariz y con dos estelas blancas a ambos lados de la nariz…

    • Señor elefante, señor elefante. Dijo Mirfak al primero de la fila, que se volvió a mirar.

    • Anda, una náyade. Y no eres Polixo, por lo que veo. Qué quieres, dulce criatura…

    • Me han contado que podéis coger las estrellas fugaces con vuestra nariz, ¿Y qué tenéis a ambos lados de la cara, que parece una estela de estrella?

    • ¿Coger estrellas?…¡Qué absurdo!. Por supuesto que no, y esto son colmillos para defenderme, nada de estrellas, ni estelas, ni nada parecido…

    La mirada de Mirfak se apagó, había viajado muy lejos y no había conseguido su estrella. Se despidió de los elefantes y empezó la vuelta, pues ya estaba deseando ver sus Estanys, sus arroyos y todo lo que tenía, que no había apreciado…

    Ya estaba volviendo, con la ansiedad del regreso cuando en la tercera cascada del Nilo tuvo que dar un rodeo muy grande, había bajado mucho el nivel del agua y no podía saltar. El sol calentaba más que nunca, y empezó a sentirse mal por el calor, iba avanzando en el desierto, pero no encontraba de nuevo el río…, se había perdido.

    En su desesperación, se desorientó, y cada vez se adentraba más y más en el desierto, su piel se iba resecando cada vez más, y sus fuerzas le iban abandonando, sus ojos vidriosos buscaban el agua salvadora, sin resultado…

    Estuvo varios días por el desierto, hasta que sus fuerzas le abandonaron y comprendió que iba a morir…

    El sol implacable iba cayendo en el horizonte y con él se iban las últimas fuerzas de Mirfak…, sacó fuerzas de flaqueza y gritó con su último aliento;

    ¡Madre!, ¡Madre!….¡Madre Luna!.

    Os he desobedecido, ahora me doy cuenta de todo, teníais razón.

    ¡Madre!, ¡Madre Luna!, me muero…,…me muero.

    ¡Madre!, ¡Madre!…encontré mi estrella…, ya la encontré

    No hay mayor estrella, más  cálida y brillante que…,

    que la que calienta y palpita  dentro de mi pecho…, ahora lo sé…,…ahora la siento,…siempre estuvo allí.

    Y Luna ya estaba en lo alto, viendo a su hija morir…, no podía soportarlo, no quería que le ocurriera como a la Anjana Branca…

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    Hunter Moon by Sveinjo

    Así que tomó polvo de estrellas y los vertió sobre la cabeza de Mirfak, que cayó  en un suave letargo…

     Y al abrir los ojos, todo estaba oscuro, asustada miró a su alrededor, y cuando su vista se fue acostumbrando, empezó a ver muchas estrellas, y su cuerpo… ¡no estaba!, no tenía cuerpo, ella era una estrella en el firmamento del cielo.

    Y así es , que  Luna transformó a Mirfak en la estrella más brillante de la constelación de Perseo, y la ubicó junto a sus primas las pléyades.

    Y así es, que desde allí cuida con su  luz todos los animales y seres de Aigüestortes, pues desde el cielo manda su brillo y su calor…

    Y así es, que una vez al año, cada 12 de agosto, ella llena el cielo, con la más hermosa lluvia…, de estrellas fugaces.

     

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La bajada nos deja el azul del Estany des Monges llenando nuestros ojos, antes de llegar está Dani en la intersección para que no nos perdamos, desde aquí es fácil seguir, además viene Gerard por detrás.

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Se van sucediendo las lagunas en orden inverso, parecen diferentes, la luz ha cambiado, el sol aprieta en infame calor, se hace larga la vuelta.

Tengo que coger agua de un arroyo, aunque Gerard no me lo recomienda, ya que hay vacas, prefiero la diarrea que la sed, y hasta la fecha en la montaña he bebido de todo tipo de aguas corrientes, sin problema…

Tras marcha pesarosa de calor y muchas lagunas, llegamos al refugio de Ventosa, allí nos reagrupamos y tras saciar mi sed en el chorro gélido del manantial, me pido una cerveza, fotos antes de salir…

Seguimos, se hace larga la vuelta, el ciempiés se ha descompuesto, voy al final como siempre, nos vamos quedando rezagados, los que nos gusta mojar los pies en el agua.

Tras la cascada grande que baja de las LLastes de la Morta, nos encontramos una cascada preciosa, un lujo de rincón.

Cecilio sigue adelante, nos despedimos de los guías que cierran el grupo, nos quedamos Pablo, Pedro, Pepi, Silvia, Lola, Evaristo y yo a disfrutar de la sombra y del rumor de la cascada…

 

Estamos mucho rato ensoñados de  su rumor evanescente, y de pequeños saltos de agua inocente,  y cristalina que mojan las piedras vestidas de humedad,  y al caer la tarde bajamos cuando las sombras empiezan a caminar por el valle, asombrando nuestros ojos con la primera oscuridad.

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Pedro y yo llegamos casi los últimos, casi  a las siete y media a mi coche, donde un cartel cuelga de mi parabrisas, y en cuidada caligrafía, una nota, de dos bellas  damiselas, que se fueron a horas más normales…

 

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2 Respuestas

  1. Isabel

    Me encanta la historia de Mirfak. Gracias por compartir las narraciones, es evocar, rememorar las rutas.
    El vídeo de la cumbre muestra que había demasiadas personas , imposible una panorámica.
    Graciñas por publicar

    • Fran Pascual

      Gracias, Isabel. Es la primera vez que alguien nombra a uno de mis personajes, me ha llegado. Muchas gracias. Siempre estás escribiendo para encontrar el silencio del que lo ha leído, y entonces lo interpretas como indiferencia…,gracias.

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