El Almanzor por su vertiente sur desde el santuario de Chilla. Rocas, pendiente, pendiente, rocas y naturaleza salvaje

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Hace mucho, mucho tiempo, un hombre miró a las montañas desde la comarca de Navalmoral de la Mata, una inmensa cordillera se levantaba desafiante mostrando verticales barrancos y unas cumbres solitarias y altivas, que  pedían a gritos ser alcanzadas…

Sí, ese era mi sueño, subir a Gredos por la vertiente sur, la dura, la difícil, la que no está hecha para los paseítos domingueros…así que después de volver de mi querida Sierra Nevada, me encontré fuerte  y con mucha moral para intentarlo.

En esta ocasión nos íbamos a juntar Miguel Ángel espartano, Alejandro, aún con secuelas de la enormes úlceras que tuvo en los pies en el Mulhacén,  y yo.
Me levanté poco antes de las cinco de la mañana, había quedado con Miguel Ángel a las seis en Trujillo, y de allí partimos hacia el Santuario de Chilla en Candeleda, un sitio precioso.
Llegamos sobre las ocho menos cuarto a Chilla donde ya estaba Alejandro, que venía desde Madrid, siempre llega primero…esta vez habíamos parado  a tomar medio churro y una buena tostada en Candeleda.

El santuario es eso, un santuario, un vergel a pie de montaña, rodeado de bosques, con fuentes y vistas a la llanura, comenzamos a andar a las 8: 05 de la mañana, el día iba a ser muy largo y duro.
Miguel Ángel llevaba un track en el móvil, yo otro en el GPS, así que comenzamos mal ,puesto que desandamos un largo trecho para coger lo que era un atajo, que no se hizo atajo al desandar la mitad del camino.

Nos encontramos en  una cuesta de helechos, salimos  al camino y luego tiramos entre helechos a la izquierda por una mini vereda dejando la pista forestal, parece que el barranco de Chilla no es muy pródigo en caminos, con razón en todas las rutas de esta zona del wikiloc te pone que es difícil o muy difícil.

Una vez más nos despistamos, mi GPS marcaba por arriba, el de Miguel Ángel por abajo y nosotros en medio…así que en media ladera estuvimos un rato peleándonos con retamas y helechos, hasta que tiramos hacia abajo donde había una pequeña senderita.

Ya en la senderita se hace más fácil la progresión, pero yo no iba bien, mis piernas no funcionaban, dos días antes había comenzado con mi asma alérgico y el oxígeno no les llegaba, el día iba a ser muy, muy, duro…
Con un ritmo más alegre, vamos Alejandro y yo progresando por el valle mientras Miguel Ángel espartano, va con la moto puesta y  vemos su camiseta verde a lo lejos…

Divisamos en letanía la Portilla Bermeja, el último hito antes del Almanzor, parece inalcanzable, una quimera  posar nuestros pies en semejante altura.

Portilla Bermeja al centro con nieve., Almanzor izquierda, derecha El Sagrao.

El valle va bajando o quizá nosotros vamos subiendo, la cuestión es que al rato nos encontramos saltando de piedra en piedra en el lecho del río, siguiendo pequeños hitos de piedras y al GPS, el sol no calienta, requema y Maese Viento silencioso hace que notemos su ausencia, apenas son más de las diez y la sensación de calor es terrible, el fondo del valle es un horno…

Pasamos al lado de un arroyo que bajaba del Peñón del Casquerazo, al otro lado de la montaña está la laguna del circo de Gredos, desde este lado no lo parece.

Saltamos y saltamos de roca en roca, de guijarro en canto rodado ,como ranitas hasta que el río gira a la derecha buscando su nacimiento, nosotros lo cruzamos y vamos a la izquierda,dirección al Sillao.

Como teníamos previsto subiremos hacia el Sillao de la Peña de Chilla, donde nos espera la senda del Tío Domingo, un camino…¡Un camino!.
Miguel Ángel sigue subido en su moto y apenas le hemos visto un par de veces de cerca en toda la mañana, ya ha pillado el cuestón y está casi a mitad, mientras nosotros parábamos a coger agua, a partir de aquí va a ser difícil encontrarla.

La rampa no hay senda ni vereda, ni nada que se le parezca, algún hito de piedra y a pelearse como uno pueda, con piornos, espartos, cantuesos, piedras y pendientes, mucha pendiente…
Mis piernas no van, Alejandro tira de mí, avanzo metro a metro, paso a paso, piedra a piedra, hace mucho calor, ni gota de aire, me duele hasta el carné de identidad, hay que subir, no se acaba la rampa, son casi quinientos metros de desnivel de golpe…

Del manual del sufridor avezado…no mires el GPS para ver los metros de distancia o de desnivel que falta, no mires arriba, tu moral no soporta verlo…, y te vendrán las preguntas de siempre, ¿qué hago yo aquí?, asfixiado, muerto de calor y con las piernas medio rotas…quién me mandaría venir a esta ruta…y todas esas lindezas que suelta tu cabeza cuando sufre…
La respuesta pues, el sufrimiento a veces es necesario, Sin sufrimiento no existe la felicidad,  la recompensa será inmensa…y sobre todo, piensa en otra cosa, evade la mente del momento, mira tus pies y concéntrate en cada preciosa piedra del camino…que te llevarán al limbo de las alturas y el gozo del reto superado…

Poco a poco, y casi sin esperarlo, estamos en el camino del Tío Domingo, y en el Sillao, ¡por fin…! , Son las doce y media, voy  peor que mal, el oxígeno me falta…maldito asma, he llegado gracias a Alejandro que me ha ido esperando, la montaña estrecha amistades y saca lo mejor de cada uno, Alejandro es una persona que no tiene que esforzarse para sacar lo  bueno que hay en él, un tesoro…

 Vemos de lejos venir muy ligeros dos personas, son dos montañeros vascos, muy buena gente, entablamos conversación con ellos, van para el Almanzor y vienen del Raso, por allí parece que hay camino,…yo ya sé que no llegaré al Almanzor, pero a la Portilla Bermeja voy a llegar aunque sea a cuatro patas, quiero ver la otra vertiente y saber que he subido a más de 2400 metros, hasta lo alto, aunque no sea lo más alto…

Miguel Ángel estaba sentado esperándonos,y casi sin cruzar palabra se ha ido detrás de los vascos… ya no lo volveremos a ver hasta arriba,  me parece…

El Sillao es un collado que hay entre la Peña de Chilla y la cuerda que va a la Portilla Bermeja, hay una vereda marcada por hitos, que no se acaba aunque lo diga un cartel,  va a ser complicado, quedan seiscientos metros de desnivel y hay que cruzar varios precipicios. Con las vistas a la Peña de Chilla , nos  paramos,  y Alejandro me ofrecen un compuesto energético de naranja y taurina, me recuerda el anuncio del Tauritón…para subir el ánimo, así que me tomo el compuesto que sabe a crema protectora de sol, un poco de powerade y un poco de vistas sobrecogedoras de las cimas para llenar el espíritu…
El caminito va bordeando peñas y barrancos, las nubes vienen a saludarnos, y  a nuestros pies yace el lecho del río Chilla por el que subimos en mil doscientos metros de desnivel, parece increíble la pendiente.

Peña de Chilla. 2000 metros.
Garganta de Chilla por la que ascendimos.

Sin pausa ni prisa seguimos la senda que se empina por momentos, voy viendo lucecitas…menos mal que Alejandro tira de mí y que tengo claro que a la Portilla llegaré, aunque sea arrastrándome…,hay que prestar más atención, hay que tener cuidado de no caerse, el cansancio te deja sin reflejos…
Tenemos vistas del barranco de Tejea, impresionante y riscos y más riscos, esto no se acaba, nos cruzamos  con un grupo y al ver mi cara nos han dicho que nos falta al menos una hora, la pendiente es terrible…maldito asma.

Seguimos sorteando rocas y más rocas, primeros neveros, hay muy pocos, es cara sur,  por fin se ve la Portilla, las piernas me van a reventar, tomo una decisión, lo que queda lo subiré sin mochila, pocas veces la suelto, es parte de mi organismo, así que me tomo el tercer plátano, cojo la cámara, el GPS y un abrigo por si acaso y la dejo escondida entre las rocas, Alejandro va mucho mejor que yo y prefiere llevarla.

Portilla Bermeja al fondo,nuestro objetivo, por fin.
La Garganta de Chilla cayó a nuestros pies.
Mi pobre mochila, triste y abandonada…

Nos vamos aproximado, nos queda la última cuesta en arena rojiza, lo que le da el nombre a la Portilla, me van dando fuertes tirones musculares en ambas piernas, apenas puedo andar, pero subiré, subiré…por un momento miro arriba, faltan cincuenta metros no puedo más… hay nieve, me voy a matar aquí apenas puedo alzar la pierna para dar el paso por los calambres, me voy a dar la vuelta…

Uno, dos, tres, milagro…no sé si fue el plátano o mi cabeza, de repente se pasan los calambres y me digo que puedo, se va disipando el dolor y el sufrimiento en breves segundos…empiezo a subir como si nada hubiera pasado, sigo sin entenderlo aún hoy.
En la Portilla Bermeja, tras resbalarnos y patinar por la arenilla, nos encontramos a nuestros amigos vascos, traen un mensaje de Miguel Ángel, se lo han encontrado cerca del Almanzor y nos dice que vayamos bajando sin esperarle de vuelta, pero que vayamos despacio que se ha quedado sin batería en el móvil y por lo tanto sin GPS, y no sabe si sabrá volver…estoy alucinando en colores, sólo en el Almanzor y sin el GPS, esperemos que no le pase nada, nunca ha subido antes y la trepadita final hay que saber por dónde es pues te puedes enriscar muy fácilmente y además si te caes o te doblas un tobillo allí sólo, eres pasto de los buitres, los vascos cuentan que  se han dado la vuelta en un paso muy estrecho a pocos metros de la cima, hay  quinientos metros de caída rebotando, un flipe…

Iker y Miguel, los montañeros vascos, son de Salvatierra en Álava o Araba, cuando les cuento que en diez días voy para allá a subir el pico más alto del País vasco, Aitxuri, 1551 metros, se ofrecen a llevarnos, una gran alegría, tener excelentes guías para la siguiente aventura y entrada de este blog…esquerrik asko.

Iker y Miguel. Excelentes montañeros vascos.

Son las tres de la tarde, hacemos fotos y más fotos, disfrutamos del momento, la laguna grande a nuestros pies, las grandes cumbres de Gredos nos saludan risueñas, pero ahora viene lo peor, la bajada, son casi dos mil metros de desnivel y casi 15 Km., y si lo hacemos por donde hemos subido las piedras nos van a destrozar las piernas.

La lucecitas, son miles de moscas del nevero,..nos querían merendar.
Laguna de Gredos a través de la Portilla Bermeja,2416 metros de altura, nos quedamos a 180 metros de desnivel para llegar al Almanzor.
Lo que habíamos subido,casi 2000 metros de desnivel.

Estamos un rato en la Portilla esperando a Miguel Ángel,es una locura, el Almanzor es muy peligroso, si no has subido antes,y más sin GPS…, decidimos volver donde tengo la mochila que hay buena panorámica, y esperarle allí mientras comemos algo, llegamos en muy poco tiempo, nos sorprende ver la pendiente que hemos superado, estamos esperando, son las cuatro, tenemos que bajar, si le ha pasado algo tampoco nos vamos a enterar esperando y si bajamos al menos podremos pedir ayuda, lo cierto es que debería estar ya aquí hace rato…

Alejandro saca el silbato y pita varias veces, ni rastro, y desde donde estamos hay gran panorámica, ya no podemos esperar más ,se nos  va a hacer de noche, vamos muy despacio haciendo fotos y haciendo tiempo, hay muchas piedras con formas, una que parece un moái de la isla de Pascua, y esta otra una parejita cobijada en su casita…

Aunque vamos despacio , parando y tocando el silbato de vez en cuando, se baja con relativa rapidez, hay tramos con mucha pendiente, cada vez me voy encontrando mejor, cuesta abajo no limita tanto el asma y de Miguel Ángel ni rastro, la verdad que hay que ir pensando qué hacer si llegamos abajo y no aparece…
Estamos otra vez en el Sillao de Chilla, nos paramos, Alejandro saca su mapa y decidimos seguir por el camino un trecho y luego ver que vamos a hacer, la idea de volver por el río se nos hace muy árida.

La Peña de Chilla otra vez de vuelta.

Estamos otro rato esperando y comenzamos a andar despacio, hay un trecho con gran panorámica de lo andado pero cuando giremos ya no habrá opción de saber nada de él hasta abajo….y justo antes de girar, veo una figura verde, viene muy despacio, es él, está vivo, y entero. Le tocamos el silbato y hacemos señas pero no nos ve, seguimos hasta el extremo del camino donde hay una gran roca y se nos ve mejor, ya casi ha llegado al Sillao, nos ha visto, le hacemos señas de que vamos a seguir, tenemos que decidir la bajada y son las cinco y media.
Estamos donde tendríamos que bajar según el GPS, dudamos, no sabemos si el autor del track, sabía lo que hacía, Alejandro dice que ha leído, que se baja por Descargaderos pero que es duro…sacamos el mapa, miramos y  vemos un riachuelo y muchos prados, nos viene muy bien, nos queda poca agua…iremos por ahí.

LA Portilla queda atrás
Bajaremos campo a través.

Miguel Ángel sigue sin aparecer, tenía que habernos alcanzado, me vuelvo para atrás, no le veo, ha tenido que bajar por el mismo sitio, se va a destrozar las piernas por el río, bueno, al menos ya es más difícil perderse y es fácil que llegue antes que nosotros, son las seis y llevamos otra media hora esperándole.

La bajada por los descargaderos, sin duda, fue lo mejor que hicimos ese día y puede que en mucho tiempo, es una bajada preciosa, nada que ver con el lecho del río pedregoso y cocedero de calor.

Vamos bajando junto a un arroyo, el agua es muy fresca, el prado es blandito, un alivio para nuestras piernas, vamos mirando GPS, el track va a la izquierda, pero por aquí se va bien, hay un paso un poco más difícil con unas cascaditas, mirando se hace bien.

Estamos llegando a los descargaderos, es un sitio increíble, es un prado berrocal de grandes piedras redondas, tipo meseta, todo verde con vistas increíbles al muro de Gredos, un sitio idílico, nos asomamos al río, hay una caída de 500 metros, la parte de arriba con mucha pendiente pero bajable, el final no está claro, no nos arriesgaremos, por los descargaderos se ve una bajada larga pero mucho más sensata, además, el track va por allí, rezaremos para que no nos engullan los piornos…

El sitio es increíble, hay unos chozos de pastor y el pastoreo que  hace que se pueda circular fácilmente entre los enormes piornos, benditas ovejas o cabras , no las hemos visto…
Los paisajes son preciosos, el piso es prado, un alivio para nuestros pies, vamos por minisenderitos, tratando de coger la dirección más adecuada para llegar al Santuario, la verdad que se está portando bien el track de Juan Desnivel, nos lleva por el mejor sitio, nos encontramos un roble solitario centenario, es precioso, me tomo el último plátano, estamos disfrutando de la bajada al mismo tiempo que tenemos ansiedad porque se nos pueda hacer de noche en medio de una ladera empinada y sin caminos…

El roble solitario, digno de un cuento de brujas, puede que Maese Viento me sople en otra ocasión.

Ahora toca gran pendiente, dejamos atrás piornos y cantuesos, ora son retamas, vestidas de blanco nieve, nos topamos con el arroyo del Chorro, ahora toca pelearse con helechos, de aquí al final, en el arroyo dudamos, hay una cascada y un paso difícil, al final hacemos caso al GPS aunque tenemos que subir de nuevo, es un bosque de robles con árboles enormes, el sitio es precioso, hemos pasado un sitio complicado, ya es más llano seguimos entre los helechos, apenas se ve la senderita que llevamos, son las ocho escuchamos voces, abajo en el río hay gente bañándose…¡Qué valor!, y que alivio, civilización, llevamos dos horas bajando por plena naturaleza sin ver vestigio humano, no nos gustaría quedarnos a oscuras en una ladera…

Estamos donde desemboca el arroyo del Chorro en la garganta de Chilla, es un sitio precioso, hay múltiples cascadas entre praderas y bosques primaverales y un poco más abajo un precioso chozo con la Portilla Bermeja y el Almanzor sobre su techado.

Portilla Bermeja en la lejanía…

Cruzamos el arroyo y nos acercamos al río, cruzamos sin dificultad a pesar de venir con mucha agua, nos queda el último tramo siempre el más largo, siguiendo el GPS, vamos por pequeñas senderas ladeando  entre los helechos en un bosque, siguiendo la misma altura para llegar al camino final.
Creemos que estamos cerca y que cogeremos un buen sendero, no es así, los helechos y los árboles caídos nos obligan a subir y bajar continuamente, en la última prueba, creo que estuvimos cerca de una hora progresando dentro del bosque, muy bonito pero el cansancio hacía mella  y las ganas de llegar también…

Las codiciadas peonías, rosa regalo de primavera…

Por fin, tras un último prado helechoso, el camino, nos ha costado tres horas de descenso por zonas medio salvajes llegar al camino, en nuestra alegría nos habíamos olvidado lo que era un camino y decidimos seguir por él en vez de atajar, y no sólo andamos más, sino que los pies nos ardían acostumbrados a lo mullido del bosque…Miguel Ángel espartano tiene que estar bien calentito…

Anocheciendo a las 9.30 en el santuario, tras trece horas de ruta,llegamos al coche, y apreciamos una vez más la belleza de este paraje.

Sentado en una terracita está Miguel Ángel espartano tomando la cervecita y nos relata sus aventuras y desventuras de su ruta, según nos cuenta tardaba más, porque se encontró dos bellas damiselas en lo alto del Almanzor enriscadas, en pantalón corto, «tenis» desabrochadas sin calcetines y con una bolsa de playa, sinceramente pensé que le había azotado el sol y el calor y estaba delirando…pero nos enseñó la foto en el móvil…¡Hay gente para todo!, dice que se quedó apenas a tres metros de la cumbre y que pudo bajar gracias a unos que iban con cuerdas…Ay, Miguelito, ¡no tienes mucha más cabeza que las bellas damiselas…!
Afortunadamente todo salió bien en un día repleto de aventuras y vicisitudes y la cervecita estaba de escándalo…

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