El Faro del Hielo. Cuando la aventura se convierte en épica.

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Y una vez más el coronavirus se convirtió en protagonista de mi vida, y esta vez de una  manera inesperada…

A las puertas de la sexta ola los señores políticos no tomaban ninguna medida mientras los casos iban subiendo cada vez más, y eso implicó que a los sanitarios nos “invitaran” desde arriba a suspender nuestras reuniones de navidad, y eso qué tiene que ver con esta aventura, pues mucho, es el llamado coste de oportunidad pues el día antes de la comida de Navidad de mi centro de salud tenía guardia, y al suspender dicho evento que me agradaba pero no tanto como mi montaña, me dio la oportunidad de tener un fin de semana largo, una nueva aventura, y esta aventura sería de las llamadas a ser épicas , de las que no se olvidan…

Nada más tener constancia de que no iba a tener el evento, y sabiendo que en Gredos no había ni gota de nieve me puse en contacto con mi amiga y compañera de aventuras Marga, nadie como ella lleva tan bien el organizar estos temas de montaña, y le di una sugerencia, Vegarada de León, llevaba años escuchando hablar de este lugar sin tener conocimiento de él.

Como siempre Marga aceptó inmediatamente el reto de organizar, y tras decidir quién  iríamos; Fidel, Marga, Ángel y yo, buscó alojamiento y me mandó un puñado de tracks de rutas con picos como el Oso, Nogaleda, Morala, Huevo y sobre todo  los peñones del Faro…, todos ellos en el  entorno del puerto de  Vegarada, en el corazón de la cordillera cantábrica al norte de León.

Ya estaba cerrado, y tras una intensa guardia, una vez más, en la que apenas pude dormir amaneció. Era mi día de descanso tras la guardia, y aunque en Extremadura todavía no está reconocido oficialmente, en mi centro podemos disfrutar del descanso tras 24 horas de trabajo, por ahora…

Así que me fui a casa, y tras ducharme e irme a reponer la vacía nevera para mi hija Laura, que vive conmigo, tomé una decisión muy importante, me tomaría un café con leche…,sería  el séptimo café en la última  década, pues no bebo café,  y eso significaba que lo mismo no podría dormir esa noche, pero me permitiría conducir con seguridad hasta Plasencia donde había quedado con mi hermano, Angeloti.

Y llegué a Plasencia poco más de las doce y media, y tras dejar mi vehículo en un famoso hotel nos  montamos en su vehículo, pues era mejor para la seguridad de todos, yo no conduciría esta vez.

Y en Salamanca nos esperaba Marga cerca de las tres de la tarde, cuando ella terminaba de trabajar para llevarnos a comer a un restaurante en la esquina  de su calle de las afueras de Villamayor, y tras la comida llegó Fidel, eran las tres y media de la tarde, nos  comprimimos y nos arrebujamos los cuatro en el coche de Ángel  como pudimos, pues los trastos de alpinismo ocupan mucho espacio.

Yo iba en estado alterado por el trasnoche y el café de copiloto hacia el puerto de Vegarada,  aunque nuestro objetivo eran una casas de montaña en Lugueros de ese mismo nombre,donde nos alojaríamos, tipo cabañas en medio del campo y donde Eusebio, el dueño del complejo, alquilaba material y organizaba eventos de montaña, y acudiríamos a él para tomar consejo de las rutas a realizar.

Y pasaron casi tres horas de coche y nos atrapó la anochecida cruzando el cañón de las Hoces de Valdetejera, apenas pudimos disfrutarlas con la penumbra que nos alcanzaba…

Cuando salimos de las hoces no sorprendió un paisaje más propio de Suiza que de España, los pueblos tenían hasta un metro de nieve en las calles y rodeados por todas partes de montañas nevadas, los chicos del sur y del llano no estamos acostumbrados a estos paisaje tan maravillosos.

Y llegamos al lugar del alojamiento, consistía en múltiples cabañas separada en un prado, nos dirigimos a la principal donde nos salió un joven y al poco rato apareció Eusebio, nos llevó hasta la sala donde alquilaban el material, botas, esquíes, piolets, raquetas, todo tipo de material de montaña, estábamos ante montañeros  expertos que vivían de la montaña y en la montaña.

Eusebio es un hombre de edad madura, con su barba recortada que hace de gala de buen humor y de simpatía, y tras múltiples bromas nos dijo…

  • Entonces, Marga, qué queréis hacer mañana, va a hacer muy bueno.

  • Hemos pensado la peña del Faro y el pico del Huevo y para pasado mañana el pico Jéje y el de Nogales.

  • Pero con raquetas no podéis subir, está muy mal de hielo. Es imprescindible piolet y crampones, está muy difícil ahora. Respondió Eusebio cambiando su tono jocoso…

  • Es verdad, no es muy recomendable subir, la Forqueta está muy difícil, la subida es cara norte y no da el sol, y aunque la parte alta está sin nieve, para llegar hay que cruzar unas placas de hielo muy peligrosas, yo me lo pensaría en esta época. -Nos dijo el hombre joven con aspecto de guía de montaña que estaba junto a Eusebio.

  • Entonces que nos recomiendas Eusebio, somos todo oído. Dijo Marga.

  • Pues mirad, hay una pista nueva aquí que da la vuelta durante unos veinte kilómetros y hay unas vistas increíbles, dejaros de subir al Faro que está muy complicado…

  • Eusebio, somos montañeros, venimos a hacer montaña, no pistas.

  • Pues la ruta qué queréis hacer parte del puerto, allí dejáis el coche en el  mesón abandonado y seguís la pista de nieve hacia Asturias hasta llegar a una valla, luego es seguirla hasta la Forqueta, la veréis de lejos, no tiene pérdida, pero me tenéis que hacer unas fotos de la cascada  que hay de camino, al menos quiero una para comprobar que habéis llegado y no os habéis ido de bares.

  • Te daremos miles si quieres, será por fotos. Contestó Marga mientras nos reímos los cuatro pues salimos a mil fotos por fin de semana.

  • Vale, pues si veis que no podéis subir el hielo, hay zonas muy buenas para pasear con raquetas cerca del puerto, pero mirad – nos empezó a dibujar una hoja en blanco la valla, las peñas mientras nos daba explicaciones-, si llegáis al Huevo no volváis por la Forqueta, bajad por el barranco de la derecha que estará la nieve blanda por el sol y ese barranco llega hasta el pueblo de Redipuertas, una vez allí me llamáis y después de invitarme a un vino, que nos tomaremos tranquilamente, os llevo al conductor de nuevo hasta el puerto a recoger el coche.

  • Pues genial, ya tenemos plan para mañana, y además llevamos varios tracks de la ruta, dijo Marga.

  • ¿Y esta noche, que vais a hacer?, hay luna llena que para darse un paseo con raquetas es una oportunidad inigualable, no necesitaréis ni siquiera frontales y estará todo precioso…

Ahí se volvieron a mirarme a mí, pues no había dormido esa noche, y lo lógico es que prefiriera descansar y hacerlo mañana…

  • La luna llena es mañana, no hoy. Dije.

  • Pero mañana puede haber gente, hoy estaréis solos.

  • Pues a mí no me miréis, yo me he tomado un café esta mañana y tengo cuerda para tres días, tengo que cansarme un poco antes de acostarme, así que vámonos.

Llegamos a la cabaña, soltamos las cosas, nos cambiamos y nos fuimos sin prisa y sin pausa al puerto de Vegarada, la ansiedad ante la pequeña aventura nos hacía respirar más deprisa, no hay hielo en la carretera, dejamos el coche junto al mesón abandonado donde hay varias roulottes  estacionadas con gente dentro , seguro que son montañeros.

No colocamos las raquetas, aunque la nieve está helada y sería más propia de crampones que de raquetas. Me siento un poco aturdido, Ángel quiere subir la primera cuesta que ve, le digo que las raquetas son para llano, tomamos una pista de nieve, y nos vamos adentrando en el puerto.

Sale de una roulotte una pareja con dos perros con collares fluorescentes, los perros corretean cuesta arriba y cuesta abajo sin descanso, se ve como si fuera de día, empezamos a hacer fotos al paisaje helado y Ángel se sube una colina, vamos tras él siguiendo las huellas de sus pasos.

Empezamos a probar con vídeos con los diferentes móviles, el de Marga es nuevo y parece que es el que funciona mejor, en el mío sale todo negro, me lo deja y empiezo a grabar…

 

Quedo atrás, la luz de la luna se derrama suavemente sobre las formas redondeadas incandescentes de blanco y nieve, las soledades inundan los espacios de silencios que se abren gélidos de sueños perdidos  y esperanzas incipientes que brotan desde lo alto con el aroma de la luz de la luna, que todo lo ve, mientras sopla una suave brisa, que me toca la cara hiriendo de frío…

  • “Maese Viento, cuanto tiempo amigo…

  • Me has olvidado, necio humano. Yo siempre estuve ahí. Eras tú el que no estabas.

  • Maese, a veces creo que nunca puedo volver a escucharte, pues es el dolor que hay en mí quien me trae tu voz, la soledad que corroe y atrapa, que abriga y ahoga…

  • Déjate de sandeces, humano, si no prestas atención no puedes escuchar, y menos escucharte, estás en tu mundo material y te olvidas del mundo real que hay más allá de tus ojos, y no ves, ni tú ni tus congéneres en vuestras oscuras y mediocres vidas.

  • Maese, ya estás otra vez invernal, contigo no se puede hablar hasta el verano, y mediocre lo serás tú, que tú no eres capaz de hacer que te entienda lejos de las montañas…, y siempre me echas el muerto a mí…”

Hemos subido más y Ángel quiere seguir haciéndolo, pero ni Marga ni yo estamos por la labor, no sé hasta dónde aguantará mi café, esta noche pasada apenas descansé tres horas y encima me viene Maese diciendo que tengo una vida mediocre…

Hemos vuelto a la cabaña donde terminé de preparar una caldereta de níscalos con cerda ibérica casera, no acostamos con la idea de levantarnos a las siete, aunque nos dijeron que no tuviésemos prisa para que el hielo de la Forqueta estuviera más blando, pero nosotros tememos hundirnos en la nieve más que al hielo, para él ya llevaremos nuestros piolets y crampones.

No soy capaz de dormir, miro continuamente la pulsera de mi muñeca izquierda  que marca pasos y pulsaciones y horas de sueño, son más de las doce y creo que me ha contado pasos tumbado, seguro que me contará también estas horas como si estuviera dormido, pero en esa premisa mental no sé cómo ni por qué pero me quedé dormido…

Y ante mí veo  una pared enorme vertical, el cielo está oscuro, las estalactitas de hielo sobresalen en las grietas de la pared, arriba del acantilado que tenemos que escalar, veo una luz, agudizo la vista, es un faro azul, gélido, enorme, imponente, Maese Viento ruge entre los carámbanos de hielo, vamos subiendo la pared agarrándonos a los salientes de las rocas, no veo bien quiénes van…, veo sus figuras pero no tienen cara, la oscuridad se las ha borrado, les digo que saquen el piolet  para trepar por el hielo, quien viene detrás de mí se para y se pone a rebuscar dentro de su mochila buscando el piolet con una mano mientras con la otra se agarra a la pared, no es capaz de sacar el piolet de la mochila, empieza a nevar, me estoy poniendo nervioso, mi compañero sin cara no encuentra el piolet, empieza a resbalarse la mano de la pared, la mochila cae al vacío, y él  se queda colgando con las dos manos de la pared , trato de llegar hasta él, no, ¡No!, ¡Aguanta ¡, ya llego, pero cuando le intento agarrar se me escurre y me quedo con su guante en mi mano izquierda mientras cae en el negro abismo…

Ha sonado el despertador de Ángel, que le tocó dormir conmigo, estoy bastante cansado, el segundo día tras la guardia es casi el peor, la cabeza no funciona bien y tienes mucha dificultad para concentrarte por el cansancio acumulado de los dos días intensos sin casi dormir, me siento inquieto, creo que he soñado algo desagradable…, pero no termino de recordarlo.

Desayunamos y salimos con todos los trastos al puerto de Vegarada ,y dejamos el coche en el mismo sitio que la noche anterior, nos acercamos a un chozo , le  hacemos fotos y comenzamos a andar, ya ha amanecido, son las nueve de la mañana, el cielo impoluto de nubes azulea con la debilidad del invierno, dando gelidez a los seis bajo cero que marcaba el coche, pero no hace viento y en cuanto empezamos a andar dejamos de sentir frío, seguimos una pista y luego otra que vimos la noche anterior, y tras pasar un vallecito comenzamos la subida, yo voy por la izquierda, ellos por la derecha junto a la valla que nos dijo Eusebio, escucho pasos tras de mí y me pasan a gran velocidad dos montañeros, un hombre y una mujer, que me rebasan casi sin esfuerzo, yo todavía pago el desgaste de los dos días anteriores, caminan en línea recta y  ellos también van hacia los Peñones del Faro, no sé por qué…, pero algo de inquietud me entra cada vez que pienso en la Forqueta del Faro del hielo…

 

 

Siento algo de ansiedad, no nos lo han pintado bien, y mi cabeza va muy lenta y me siento bastante cansado, cuando pasen unas horas empezaré a sentirme mejor, necesito de muchas horas de esfuerzo para calentarme, me he juntado con ellos, nos quitamos ropa, Ángel se para que se le ha movido un crampón, se lo coloca de nuevo, pasamos una garganta estrecha y salimos a una explanada donde está la famosa cascada…

Es preciosa, paramos a hacernos fotos y vídeos, el agua se debate entre el blanco, tomando rugidos sordos en  su caída inmaculada…

 

Seguimos subiendo y tras pasar una cuesta nos encontramos a la Peña del Faro  de frente, desde aquí parece factible, pero la subida es muy vertical, y está a la sombra, habrá hielo en el faro del hielo…, la pareja de montañeros nos van marcando el camino y vamos siguiendo sus huellas, van subiendo en la cuesta por el margen derecho del barranco.

Yo ya saqué el piolet, hace rato, al igual que Marga y les doy una voz  a Ángel y Fidel para que lo hagan pues van delante y en ladera sin haberlo sacado, Ángel ya lo ha sacado, y Fidel todavía no, le digo a Marga que le insista en que lo saque pues yo voy el último a larga distancia y me responde.

  • No, es que Fidel no tiene piolet, es que nunca lo ha usado, dice que se siente cómodo con los bastones y no lo necesita…

Me freno en seco, no puedo salir de mi asombro, no puedo creer que alguien venga sin piolet a la montaña invernal, y menos con las condiciones de hielo de la Forqueta, de repente empiezo a recordar el sueño de anoche, mi acompañante no tenía cara,¿ sería Fidel   el de mi sueño?, tengo claro que por la Forqueta  no podemos ir, según dos tracks de rutas  que llevo  se puede pasar rodeando las peñas  por la derecha, aunque Eusebio no nos dijo nada, estoy un poco agobiado, no estaba en mis planes esta situación y si pasa algo, al ser médico me toca el problema, mi cabeza no piensa bien hoy…, no está contemplado volverse a estas alturas, el día es precioso, sin nubes, sin viento, me he quedado atrás en mis cavilaciones, que sea lo que Dios quiera, pero no me hace ninguna gracia esta desagradable sorpresa.

Hay mucha cuesta, voy bastante detrás, en parte por mi cansancio, en parte por mis dudas, en parte por mi sueño de anoche, no me lo puedo quitar de la cabeza, me esperan arriba de la cuesta, he decidido seguir, y si hay hielo duro nos volvemos y ya está…, no pasará nada.

Vamos de frente hacia la peña, los dos montañeros expertos ya fueron hacia la Forqueta  y están allí tratando de subir, nos quedamos Ángel y yo mirando conteniendo la respiración, aunque estén lejos captamos su tensión, el que va delante se ha subido a una roca y mira con nerviosismo alrededor de ella buscando una vía de subida, ahora le vemos que se ponen de cara a la pared y empiezan avanzar en horizontal muy despacio, seguro que van con piolets de escalada en hielo, lo están pasando mal…

Se nos acaban de aclarar las dudas, iremos hacia la derecha, hay más subida, pero desde aquí parece factible, me coloco delante, me gusta hacerlo cuando empieza la fiesta, estoy nervioso, la cuesta técnicamente me parece muy sencilla y tengo idea de por dónde iré, pero hay mucha pendiente, es muy peligrosa y hay que hacerlo despacio.

Subo tratando de hacer zetas en la nieve, está muy dura, el crampón clava bien, Fidel va detrás de mí, Marga después y cierra Ángel, voy concentrado en cada paso, la sensación de peligro es grande por la dureza de la nieve donde brillan cristales de hielo, voy a buen ritmo sin prisa ni pausa, me tengo que parar para cambiar de mano el piolet cada vez que giro en una zeta, me va diciendo Fidel por dónde tirar para no pasar placas de hielo, escuchamos gritar de júbilo a los montañeros desde lo alto, lo han tenido que pasar muy mal en la Forqueta, ya veremos nosotros que nos depara ,…el Faro del Hielo.

De repente Ángel se ha parado, y nos dice que se le ha salido un crampón, hago ademán de detenerme, estamos en una zona con muchísima pendiente, Marga le dice a Ángel que no nos podemos parar, yo continúo adelante, siento mucha tensión, Ángel se ha quedado atrás en una placa de hielo con un crampón salido, y lo peor, Marga tiene razón, no debo parar, yo no tendría problema pues tengo el piolet anclado a la cintura y en un momento dado me puedo fijar al suelo y permanecer en la pendiente con seguridad, pero Fidel al no llevar piolet, si el bastón no clava en el hielo sólo tiene el apoyo de sus piernas que se va a ir cargando a medida que pasan los minutos y si da un mal paso no podría pararse si se cae…, mi sueño no se me quita de la cabeza, no me atrevo mirar atrás por si veo a Fidel sin cara…

Siento mucha presión, y al mismo tiempo angustia por Ángel, no me gusta dejar atrás a un amigo y compañero, en la montaña somos hermanos y tenemos que ir codo con codo en las dificultades, prefiero no pensar, sigo subiendo lo más rápido posible por si tengo que bajar de nuevo a ayudar a Ángel, pero antes debo llevar hasta arriba a mis otros dos compañeros, me concentro en cada paso y le dejo a Fidel que diga por dónde ir, pues es él quien corre más peligro, son momentos interminables, la parte final tiene más pendiente y será más peligrosa, yo iría a la derecha que no se ven rocas pero se ve el hielo brillar, Fidel me lleva hacia la rocas y me encuentro  andando por hielo cristalizado…

Me paro, estoy un poco agobiado, estoy nervioso, no lo veo, hay hielo y roca, es muy peligroso, mi sueño de anoche…, es la misma roca y el mismo hielo, no me atrevo a mirar a Fidel, creo que viene detrás…

  • Tengo que dar marcha atrás, me he quedado enriscado, por aquí no subáis, esperad.

  • Ya vamos por aquí Fran, dijo Marga avanzando a mi derecha llevándose a Fidel.

Siento mucha ansiedad, estoy en un mal sitio, rodeado de rocas y hielo, como en mi sueño, pero de repente sucede…, al irse Marga y Fidel por su cuenta, noto como si me quitaran mil kilos de la mochila, me paro, respiro, miro a mi alrededor, y lo que era un precipicio mortal y muy peligroso, ahora que estoy solo me parece una tontería, una cuestecita muy sencilla, mi sueño de anoche se ha desvanecido, nadie viene detrás…, y  los crampones me dan un extra de  seguridad al pisar en la hierba.

Ha cambiado la película en un segundo, he subido el último tramo en apenas un minuto sin dificultad, está todo en la cabeza, lo que sentía no era mío, era el sueño de anoche y la responsabilidad de sacar de allí sanos a mis compañeros.

He llegado arriba y bajo por la cuerda buscando la salida de Fidel y Marga, pues yo trepé más arriba, le ayudo a soltar los bastones a Fidel para que pueda trepar, tiene cara, menos mal, ya  está a salvo, bajo a ayudar a Marga, pero ella puede sola, ella siempre puede, aunque no se lo crea, ella es la que más sabe de montaña de nosotros, se desenvuelve genial…, está al filo de lo imposible.

Estamos los tres a salvo, realmente no era tan difícil, el problema era la responsabilidad de subir a alguien que no lleva piolet, repercute a todo el grupo, y mi sueño de anoche…,¡Angel!, desde aquí no le veo la cara, sería él…,¡el de mi sueño de anoche!

Ángel está lejísimos, me siento mal, muy mal, de ver a mi hermano sólo en la pendiente, ya se puso el crampón, sube en línea recta,  temo que se agote, viene con muchísima tensión, se dirige recto hacia la pared, le grito para que se venga por la nieve hacia nosotros, no me hace caso, sigo gritándole, me va a dar un infarto, se está metiendo en la roca vertical…, se está introduciendo en un oscuro acantilado, como en mi sueño…

Marga me dice que le deje, que él desde allí tiene que decidir su subida, ya no le vemos, estoy rezando todo lo que sé…, si cae no lo veré, en mi sueño lo veía caer, no lo hará…, grabo un video de  la zona por la que salimos…

 

Tendrá que escalar 20 o 30 metros más alto que nosotros, me voy corriendo a la salida de la canal donde se metió, mientras voy haciendo fotos…

Tras diez eternos minutos o quizá fueron diez horas, aparece en la canal…

Le grabo los últimos metros de la salida de la canal, pero me excedí de tiempo y el móvil  me lo borró, así que nada más sentarse le grabé de nuevo contando lo que le había ocurrido…

 

Decidió ir por la canal pues no se fiaba de andar de lado, de lado era más fácil que se le saliera el crampón, la verdad que ha sido media hora de infarto, y  en teoría  era una rampa muy sencilla que se nos complicó por cuestiones de material…, mi sueño no se ha cumplido, aunque temí que pudiera pasar, la misma pared, el mismo hielo, faltaba el faro azul…, ahora iremos a por él…

Las vistas son increíbles, la recompensa infinita, y más tras el sufrimiento, hacemos fotos y fotos, ahora subiremos por una arista, hasta la cumbre del Faro, el Faro del Hielo…

 

Hoy no gano para sustos, subimos por la arista de vistas maravillosas, vamos en zona de rocas, pero de repente tenemos que pasar una zona con gran acúmulo de nieve que es casi vertical, quiero parar a tomarme una barrita para pasar el peligro con la cabeza con glucosa, pero Marga se lanza a la pendiente y Ángel detrás, miro con resignación a Fidel y a sus bastones y seguimos…

Fidel va delante de mí, prefiero no mirar, me da pánico verlo en la pared de nieve con dos bastoncitos, espero que lo de hoy le sirva de lección, a la montaña nevada no se va NUNCA sin piolet.

Estamos en una zona complicada, sigo las huellas de Marga, voy clavando mi piolet en la pared de nieve y me dejo caer sobre él, voy muy seguro con tres apoyos, Fidel lo pasa mal, pero hay una huellas profundas que van hasta la cima, y tras escalar en la nieve hasta el pasillo de las huellas, ahora todo es muy sencillo…

Estamos en la cumbre, es preciosa, aunque tengo que  reconocer que me tiemblan las piernas de miedo, y no es por mí…

Comemos, disfrutamos, es todo maravilloso, vemos los dos montañeros experimentados en la cumbre del pico del Huevo detrás de nosotros, es más alto que éste pero se sube paseando por un sendero que ha dejado Maese Viento sin nieve…, allí iremos después.

  • Esta vez lo habéis pasado mal, humanos. Aunque no es para tanto, siempre hacéis las cosas más difíciles de lo que son, ¿Aprenderéis algún día?…

  • Maese Viento, bufff, hemos sudado tinta, ya lo viste, ya sabes que donde está el cuerpo está el peligro…

  • Pero os habéis sometido al peligro de manera insensata, sois necios los humanos…

  • Calla, calla, Maese, que ya tengo lo mío, no me hace falta que tú hurgas en la herida, no me ha gustado nada dejar Ángel sólo, ya me ocurrió una vez hace dos años dejar a un amigo sólo en una placa de hielo, pero esa vez fue por confusión y esta ha sido por elección,…Maese.

  • Pues que os sirva de lección, humanos, lo que hace cada individuo repercute seriamente en el grupo…

  • Maese…, y el sueño, no ha ocurrido, pero…¿todavía puede suceder?

  • Donde está el cuerpo está el peligro, humano. Lo has dicho tú.

Nos cuesta bajar, es precioso el sitio, pero tenemos que hacerlo, parece que soy yo el más templado para salir el primero por la pendiente de hielo de la arista que nos saca de la cumbre, salgo primero y aprovecho para grabar al resto del grupo…

 

 

Estamos disfrutando muchísimo, pero nos vamos hacia el  pico del Huevo, en su subida nos cruzamos con los dos montañeros expertos, se llaman Andrés y Belén y han venido a colocar un Belén en el Pico Huevo, Andrés es Asturiano y me explica que estamos en el corazón de la Cordillera Cantábrica, desde aquí las vistas son inmejorables, nos cita montones de cumbres que nos rodean, van a bajar por donde subimos nosotros , no quieren repetir la experiencia de la Forqueta y eso que llevan dos piolets de escalada en hielo como supusimos de lejos, acertamos a subir por la Puerta del Faro, que es la pendiente que hicimos con  la explicación de Andrés, Belén viene desde La Coruña y me dijo que había escuchado pisandocumbres, son ya siete años escribiendo, me llena de satisfacción  saberlo…

Se marchan y yo sigo subiendo, llego el último y las vistas son  increíbles…

 

Pero estoy muy preocupado por la bajada, no quisiera bajar por la placa de hielo que subimos, aunque es sencilla, te condiciona la ausencia de piolet, aunque mi sueño era subiendo no bajando, decidimos que vamos a bajar por el barranco de la derecha y miro por el lugar que nos dijo Eusebio pero hay una gran cornisa que se está desprendiendo, por allí no podremos, desde aquí vemos múltiples huellas de esquíes que salen de la Forqueta, que está al frente de nosotros, y van por la  cara sur de la Peña, para allá iremos…

Llegamos justo al inicio de la cuesta de la Forqueta o Collado del Viento (según he visto en un mapa), y así es, aquí sopla bastante y hay hielo en la bajada…, paramos a hacer fotos…

Me coloco primero al tirar recto en una cuesta abajo, ahora hay mucha pendiente, Fidel viene detrás y me dice que mejor bajemos por los piornos, le hago caso inicialmente no muy convencido, Marga también, pero llega Ángel y nos dice que para qué queremos los crampones, no son para andar por piornos, lleva razón salgo a la nieve y en poco me voy a la zona soleada y el hielo agarra muy bien, he bajado en muy poco tiempo…

En la Forqueta sopla el viento, y vemos diferentes huellas y pisadas que cruzan en horizontal hacia Redipuertas, decido descender un poco, pues me gustan más unas huellas que los esquíes, es cara sur, la nieve está blanda, voy primero siguiendo las diferentes huellas andando en horizontal, Fidel me pregunta si le dejo ir primero pues llevo mucho desgaste con la nieve blanda, le contesto que cuando salgamos de esta zona, que tendremos que parar a quitarnos ropa, estamos sudando y el sol nos castiga sin compasión…

No quitamos la ropa en un rellano, ahora va Fidel delante, vamos de nuevo junto a la pared, se adelanta bastante pues yo me paro a hacer fotos…, pero a lo lejos veo una zona muy complicada, un puente de nieve sobre la roca…

Al pasar el puente Fidel ha caído un par de metros,  pero no hay peligro, no ha llegado a perder el equilibrio y lo ha hecho de pie, la nieve está blanda y ha bordeado el puente de nieve hasta salir a zona segura, yo clavo mi piolet en la nieve y paso despacio la zona apoyado en él, casi colgando de la pared, Marga y Ángel van detrás de mí…

Hemos pasado el puente de nieve con algo de emoción, y ya hemos dejado atrás la zona horizontal, toca bajar, comemos un poco en una zona sin nieve, miramos las diferentes opciones, pero elegimos bajar por un valle que termina en piornos.

Bajamos por el valle deprisa, Ángel se queda rezagado, nos vamos hundiendo en la nieve, dudo si quitarme los crampones, empezamos a quedarnos clavados en la nieve…

Decidimos seguir de momento sin ponernos las raquetas pues parece que la zona con menos nieve está cerca, pero al pasar una zona más vertical nos quedamos los cuatro hundidos en la nieve, imposible avanzar, nos tenemos que poner las raquetas.

Me he hundido hasta la cintura y un bastón se ha quedado encallado y al sacarlo he perdido un tramo, utilizo el piolet para sacar la pierna hundida, y me quedo sentado en la nieve…

Me quito los crampones y los guardo, me coloco con mucho cuidado las raquetas, tengo las nalgas mojadas de estar sentado y he perdido la sensibilidad, la vida en la nieve es muy dura…, he visto los patinazos que ha pegado Fidel con las raquetas al ponérselas, estoy sobre  aviso. Me las coloco con cuidado, rescato el tramo del bastón cavando con el  piolet que guardo y saco el otro bastón…

Cuando trato de dar un paso es como subirse a una tabla de surf, patinas sin parar, al principio asusta, pero cuando con los bastones  te frenas  y vas clavando puntas para frenarte algo parecido a tener esquíes,  pasamos la zona dificultosa, y veo a Ángel que se está metiendo en la pendiente que ya hay poca nieve con las raquetas,  así que me paro y me las quito, la nieve sólo se hunde hasta los tobillos y con piornos las raquetas es un suicidio.

Estamos en un barranco, enfrente hay un camino, estamos un poco cansados de tantas dificultades, pero veo que habrá que cruzar un arroyo para llegar al camino.

Voy delante de Fidel, Ángel primero y Marga detrás, le dice Ángel a Marga que se  agarre con cuidado  a un olivo para pasar, la nieve de repente de estar blanda se ha puesto helada y dura como el hielo, aquí da la sombra al estar cerca del río, hoy pasaremos por todos los tipos de nieve y dificultades…

No me gusta patinar, nunca tuve patines de niño, mi infancia fue encerrado en un piso estudiando todo el día sin poder realizar ejercicio, así que me he sentado y me he vuelto a poner los crampones mientras mis compañeros siguen dando patinazos, apenas les veo ya…

Me puse los crampones, bajo corriendo, paso a Fidel y veo a Ángel que está tratando de cruzar el arroyo, para ello se ha tenido que lazar saltando sobre un arbusto, se van a matar…

Yo con mis crampones pasé el arroyo por donde quise, pues se clavan en las piedras del lecho y no te resbalas, sólo tienes que buscar que no esté muy profundo,  pasé sin problemas y subí por la ladera helada, he vuelto a buscarlos, siguen saltando el río…

Ya lo hicieron, ahora tendrán que subir la pendiente helada hasta el camino, van sin crampones, me bajo y trato de hacerles huella para que no se maten demasiado, estamos en el camino…, por finnnnnnnnnnn.

En el camino ya hay nieve a ratos, yo no me quito los crampones, pues prefiero ir buscando nieve dura y hay mucha, nos encontramos dos muchachos y nos dicen que el pueblo está a 5 minutos, que ellos van a ver las cascadas del arroyo, es una ruta señalizada, nosotros no tenemos muchas ganas de volver para verlas, y apenas quedará una hora de luz, son las cinco y media de la tarde…

Estamos entrando en el pueblo, y hay una gran cascada en la entrada, donde cuatro señoras vestidas de domingo fuman su cigarro tras ver la cascada, me parece terrible ver fumar a una mujer, y más cuando son mayores, Marga ha llamado a Eusebio y vendrá al único bar de Redipuertas a recoger a Ángel que es el conductor…

Llega Eusebio y entre bromas nos tomamos un café calentito (yo un cola cao) y él su vino que le prometimos, ha sido una jornada épica, hemos tenido de todo tipo de dificultades y lo hemos disfrutado muchísimo…

Llegamos a la cabaña y preparamos una buena cena para celebrarlo, mañana también hará bueno pero iremos a una ruta más corta pero también con dos cimas, el Jeje y el Nogales, a ver cómo se nos da pues se acostaron todos muy temprano y me quedé el último en ir a la cama.

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De vuelta en Vegarada, aparcamos en nuestro sitio de siempre, son las nueve de la mañana van llegando cada vez más coches. Nos colocamos los crampones y de una roulotte cercana salen Andrés y Belén, nos dicen que también van hacer las dos cumbres que nosotros y se volverán temprano al coche pues Belén tiene   mucho camino de vuelta, otra pareja de una furgoneta que están junto a nosotros y ayer también vimos, nos dice que para el Jeje hay mucho hielo y que ellos no se van a arriesgar y ya se marchan, yo miro de reojo a Fidel y sus bastones, me encuentro vacío después de la tensión de ayer.

Andrés y Belén marchan muy deprisa, nosotros nos quedamos en el nido de ametralladoras republicano de la guerra civil, allí se le salió el crampón a Ángel, Marga le ayuda a colocárselo, seguimos ascendiendo, se le vuelve a salir, avanzamos un poco más y encaramos la cuesta directamente, veo en el mapa que la valla que acabamos de cruzar llega hasta el Pico Jeje, así que tomamos la directa por lo más empinado, después de que Ángel se volviera a colocar de nuevo el crampón, tiene mal las cinchas, menos mal que ayer no se le salió tantas veces.

Vemos un gran desplome de  nieve así que pasamos una ladera a la derecha para evitar subir a la zona inestable directamente, otra vez se le ha salido el crampón a Ángel…

Vemos detrás de nosotros al Faro del Hielo donde estuvimos ayer, hoy hay nubes que se lo saltan como si fueran olas en un acantilado, la niebla se ha metido en esa parte de la montaña, hemos tenido muchísima suerte otra vez, viene una borrasca de camino y esta tarde se nublará y caerá más nieve.

Seguimos subiendo y alcanzamos la cuerda, hay una cornisa que amenaza con caerse…

 

Vemos de frente a Andrés y a Belén, están llegando al Pico Nogales, el Jeje lo dejaron detrás, están empezando a llegar nubes y tapando nuestras cumbres, Ángel y Marga están de nuevo colocando el crampón rebelde.

Vamos ascendiendo y de repente vemos a Andrés y Belén bajar por una pared de nieve casi vertical, no me atrevo a mirar, pasan con dificultad pero bajan, estamos muy cerca del Jeje, pasan nubes continuamente y se cubre por momentos, me entran dudas de si merece subir a la cumbre pues parece que hay hielo, y no me atrevo ni a mirar a Fidel y sus bastones…

Hay dos esquiadores calzándose los crampones, hay mucho hielo en la subida, pero queda muy poco, han llegado Marga y Ángel que venían más atrás, ellos quieren subir, yo dudo y dudo, la niebla tapa la cumbre por momentos, son nubes que pasan a mucha velocidad…

Pero parece que hay un claro, así que me lanzo a la cumbre tras vacilar, y subo deprisa hacia ella, llego tras pasar una zona de hielo y Maese casi me tira de espaldas…

 

Maese es fiero, frío y terrible, las nubes amenazan continuamente con engullirnos  en la niebla blanca, aquella que te deja sin saber hacia dónde andar, pero estamos en la cumbre y las nubes no se paran dejando ver el horizonte…

  • Maese…, he subido. Creí que no lo haría, estás fiero y gélido hoy, casi me has tirado al llegar a la cumbre…

  • Lo hice a propósito, necio humano, hago lo que me place cuando me place, por eso soy el viento.

  • Pues gracias al piolet pude subir con seguridad, me habrías tirado muy posiblemente. Los crampones y el piolet te dan la fuerza en la montaña…

  • La fuerza, la verdadera fuerza no está donde piensas, necio humano, ignoras la realidad de vuestra naturaleza.

  • Otra vez me sorprendes, Maese, a qué te refieres con eso de la verdadera fuerza, no llego a entenderte…

  • La fuerza humana, necio humano, reside en dos sitios que tú no ves con tus ciegos ojos…

  • Déjate te adivinanzas y dímelo, Maese, me estás congelando aquí arriba y me tengo que bajar…

  • La fuerza reside en el CORAZÓN humano que da la tenacidad en vuestras acciones, pero la verdadera FUERZA está en el GRUPO, los humanos evolucionasteis en la cooperación entre los individuos de vuestra especie, individualmente no sois casi nada…

  • Es cierto, Maese, no lo había pensado nunca, pero no te pongas tan bravo al decírmelo que ya me has helado, hasta el corazón…

Los dos esquiadores siguen hacia el Nogales, pero nosotros nos bajamos, el viento nos va a tirar…

 

En cuanto salimos de la cumbre Maese se silenció, parece que hoy no quería que estuviéramos allí, vamos a bajar por la derecha por donde suben varios esquiadores que estamos viendo, la nieve está dura, pero por allí no hay mucha pendiente que nos ponga en dificultades…

Disfrutamos de la bajada, tranquilamente, pues el coche está cerca y el fin de semana ha sido para enmarcarlo…

 

Hemos llegado al coche, y de ahí a la cabaña donde Eusebio nos dejó que dejáramos las cosas, hemos recogido el equipaje y hemos comido…

Ha sido una aventura de las que no se podía quedar en el tintero…,hasta la próxima.

 

 

 

 

 

 

 

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3 comentarios

  1. Francisco Morales

    Fran, la verdad es que me has tenido en ascuas. Leí y leía, y me imaginaba que iba a suceder algo catastrófico. Me ha encantado la intriga que le has aportado a la redacción. Un encanto leerte, amigo.
    Ahora viene un puente en Andalucía… y nos vamos a Bohoyo. Dormiremos en Béjar, y haremos toda la garganta pasando noche en el pequeño refugio del Belesar. Este año no habrá casi nieve, no como aquel año que fuiste tu, y la bajada por Navamediana se os hizo eterna.
    Un abrazo, tocayo… y gracias por escribir.

    • Fran Pascual

      Hola tocayo,ya no me saltan las alertas cuando alguien comenta…, ya sabes que me gusta echarle pimienta a lo que hago y a lo que escribo, la verdad

    • Fran Pascual

      Hola tocayo, ya no me saltan las alertas cuando alguien comenta, será que han cambiado la configuración del sitio. La verdad que pasamos un rato malo con Ángel abajo viendo como se metía en la pared por la parte más vertical, por fortuna no pasó nada…, vamos de fregado en fregado, a ver si coincidimos en alguna ruta…

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